PSICOLOGIA E INGENIERIA GENETICA |
| Por: José Amar Amar, Decano División de
Humanidades y Ciencias Sociales E-mail: jamar@uninorte.edu.co De las muchas cuestiones que sorprenden a los seres humanos, existe una que en los últimos años ha asumido un papel protagónico. Me refiero a los sorprendentes avances de la ciencia y la tecnología. Hace algunas décadas estalló la primera bomba atómica y la humanidad se sorprendió de la capacidad destructiva que el mismo hombre podía desarrollar sobre sus semejantes y sobre el planeta. Vivimos muchas décadas al borde del extremismo general como producto de los avances científicos en energía nuclear y la confrontación política entre dos grandes superpotencias. Pero también nos sorprendimos cuando con el desarrollo científico, especialmente de la física, se inició la guerra por el dominio del espacio y un astronauta llegó a la luna demostrando una vez más como la ciencia y la tecnología eran la herramienta más poderosa para el aumento de las capacidades humanas. Por último, hace sólo unos años fuimos sorprendidos por otro descubrimiento impensable para las mayorías, como es el fenómeno de la clonación, que nos hace trizas el paradigma newtoniano de ciencia y nos hace penetrar en un mundo impredecible. Los hechos científicos generalmente no son productos de una iluminación, son el producto del trabajo de muchos años, de muchas personas. El científico en cierta medida es una persona cuya mayor parte de su vida hace una labor anónima y sólo cuando ocurren hechos demasiado sorprendentes, es que la humanidad se da cuenta de que existen. Es así como muy pocas personas saben que existe una disciplina científica que mucho más pronto de la que creemos podría cambiar radicalmente el futuro de la humanidad como es la Ingeniería Genetica. A partir de impresionantes descubrimientos esta disciplina se está planteando problemas que tienen un tremendo compromiso ético, como por ejemplo: ¿cómo debe ser la vida humana?, o ¿cómo debe ser la gente?, o aún más grave: ¿qué clase de gente debe haber?. A esto se le agrega otro grupo de cuestiones como es el avance de las tecnologías basadas en la neurobiología, la psicología y la inteligencia artificial, que han aumentado considerablemente la capacidad para alterar las vivencias de las personas y controlar sus motivaciones y conductas. Los métodos para cambiar la composición genética de las personas se han desprendido de tres enfoques esenciales: a) El primero, mediante cambios en el ambiente, como puede ser los descubrimientos de la medicina, la superación de la pobreza y otros cambios sociales; b) El segundo, consiste en seguir alguna política eugenésica para alterar las pautas de procreación; y c) La Ingeniería Genetica, que se vale de enzimas para agregar o sustraer eslabones de la cadena de ADN. Esta última alternativa, seguramente, será el centro de interés de la ciencia durante el siglo XXI. El hombre penetrará en los lugares más profundos del universo de su propia naturaleza buscando la creación humana más cercana de la perfección: un super hombre, como nos hablaba Nietzche, donde los dioses parecerán ridículos ante este hombre que probablemente nacerá sin enfermedades congénitas, con una vida muy sana y prolongada por más de 150 años, con una inmensa capacidad intelectual e incluso con algún tipo de inteligencia específica predeterminada desde su procreación, con una mucha mayor estabilidad emocional e interaccionando cada vez menos con sus semejantes y cada vez más con ordenadores, telecomunicaciones y con robots. Inmenso desafío de la Psicología ante esta nueva realidad. Es probable que ese contexto jugara un papel aún mucho más importante, pero seguramente muy distinto al perfil profesional con que hoy se forman los psicólogos. Para esto es necesario que la psicología vaya dejando atrás teorías del desarrollo humano que nacieron en la primera mitad de este siglo, y que reflejaban la realidad humana producto de condiciones científicas, sociales y culturales muy distintas a las de ahora. No nos debe dar temor buscar una mejor aproximación al mundo científico tecnológico porque podemos jugar un inmenso papel en el desarrollo de una ética para que este incontenible desarrollo de la ciencia no termine volviéndose sobre el hombre mismo. |