CONCIENCIA Y DESARROLLO HUMANO |
| Por: Carlos Acosta B. Profesor Programa
de Psicología E-mail: acarlos@guayacan.uninorte.edu.co Una persona quiere aprender a manejar su carro. Decide entonces entrar a una escuela de manejo y ahí le enseñan, entre otras cuestiones, las normas de tránsito, primeros auxilios, señalizaciones, y, por supuesto, las destrezas para conducir correctamente un vehículo. ¿Estas actividades hacen que dicha persona sea un buen conductor? Otra persona entra a un extenso curso sobre democracia y ahí le plantean una serie de conocimientos sobre esta forma de gobierno: historia, aspectos filosóficos, tipos de democracia, etc. ¿Estos conocimientos conducen a que esta persona se convierta en un demócrata? Los ejemplos sobran respecto a circunstancias en las cuales no necesariamente los individuos responden acorde con las situaciones pedagógicas que en un momento dado de su vida se les han planteado. En efecto, por asuntos relacionados, entre otras, con la idiosincrasia no siempre un individuo con un doctorado en ética se comporta de manera ética. De igual forma, unos conocimientos profundos en culinaria o pedagogía no hace que forzosamente alguien sea un buen cocinero o pedagogo. Con base en lo anterior podemos afirmar que una cosa es lo que una persona piensa, es decir, lo que procesa racionalmente y otro asunto es lo que esa persona siente. En términos más sencillos, un individuo puede saber mucho respecto de algo y otra cosa es sentir que quiere hacer algo con ese conocimiento. Con un ejemplo queda más clara la idea: una persona puede tener un doctorado en democracia o psicología clínica, puede hacer clases sobre algún aspecto de la democracia o la psicología clínica, tener investigaciones y publicaciones sobre estos tópicos; pero, al mismo tiempo, ser un tirano o un perverso en su casa u oficina. ¿Por qué ocurre esto? Porque un asunto es el pensar y otro el sentir. El disponer de categorías, datos, perspectivas teóricas de autores, etc. sobre la democracia o la psicología clínica, no necesariamente lleva a que esa persona ponga en práctica eso que sabe, es decir, sienta la necesidad de acoplar o ser consistente entre lo que piensa y lo que siente. Lo anterior por las mismas razones que un Ph. D. en cancerología puede, al mismos tiempo, ser un gran fumador. No se excluyen los casos en los cuales estos estudiosos ni siquiera se dan cuenta de eso que hacen. Sin entrar a considerar, entre otras, las complejas teorías psicológicas, sociológicas y antropológicas y teniendo claridad que una sola palabra no explica los hechos, se puede sin embargo -para buscar una mayor sencillez y comprensión de la situación planteada- afirmar que la idiosincrasia juega un papel fundamental en el modo como se piensa y se siente. En este orden, un factor central en la idiosincrasia y que se puede traer a colación -para enriquecer estas ideas acerca de una manera de ver el desarrollo humano, es decir, el conocimiento de sí mismo a través del pensar y el sentir- es el nivel de conciencia que las personas tienen cuando enfrentan las situaciones de la vida. Hay muchos conceptos de conciencia. Ferrater (1994), Norman (1981), Hilgard (1980), Navarro (1995), Wilber (1990), entre otros, presentan muy variadas acepciones. Esto se presenta por la existencia -como en cualquier otro concepto con matices filosóficos- de diversas maneras de enfocar estos asuntos. Para los efectos de la sencillez que se quiere mantener, en este texto puede comprenderse conciencia como el "darse cuenta como soy". Con solamente comprender el significado de "darse cuenta como es uno", pero de manera muy sincera, ya se puede empezar a considerar que la persona tiene un cierto grado de conciencia, pues en estas condiciones se posee un nivel de alerta respecto al comportamiento que puede permitirle, por ejemplo, subsanar un error al darse cuenta que él no reaccionó como espera que reaccionen los demás en una situación específica. Aunque parezca increíble hay individuos que nunca se han preguntado, ¿cuáles son mis defectos y virtudes? Nunca es nunca. Si en una entrevista de trabajo o ingreso universitario se formula la mencionada pregunta, estas personas se sorprenden y, a veces, ni entienden lo que se les quiere indagar en dicha entrevista. Esto último ocurre aun en aspirantes a programas de postgrado. Es importante subrayar que la honestidad es fundamental en este proceso del conocerse así mismo. Siguiendo la misma línea de ideas que se han señalado, un individuo puede hacer una exhaustiva investigación bibliográfica sobre el concepto de conciencia, abordando varias disciplinas de las ciencias sociales, tomando varios autores, diferentes épocas e idiomas, su etimología, etc. y, sin embargo, no necesariamente esto hace que este individuo gane conciencia de su modo de ser. Se pueden observar en la persona en mención apetitos desmesurados de poder , o ser avaro, o tener un ego desbordado, o -en general- tener el conflicto interpersonal o la incomprensión como característica permanente e inclusive, no darse cuenta de eso que hace. Es importante enfatizar que el tener algún grado de conciencia no hace que las personas queden eximidas de sus defectos. El desarrollo humano es un proceso de construcción permanente, de superación de barreras etapas por etapas. La clave es tener conciencia de que se está en crecimiento personal a través del conocimiento de sí mismo, a pesar de que se presenten en algún momento dificultades y por ello la pasión humana haga su aparición. En este sentido, una persona puede estar molesta con alguien por algo que ha ocurrido, estar conciente de las palabras duras que está utilizando con ese otro y, simultáneamente, decidir no detenerse. Naturalmente habrá otros casos, para esa misma persona, en los cuales, se da cuenta lo que ha hecho un mes después de ocurrido los acontecimientos. En la primera situación hubo conciencia a pesar de que actúo con agresión verbal. En la segunda situación hubo conciencia sólo que se dio un mes después. Un proceso de desarrollo humano como se está planteando tiene muy variados matices, pero lo importante es estar conciente de lo que se hace, antes, en o después de la acción. Cualquiera de estas circunstancias es siempre mejor que no ser conciente de nada de lo que se hace durante la vida. Así pues, el darse cuenta de manera honesta, o sea, el tener algún grado de conciencia de sí, es fundamental en el desarrollo humano, tal como se está proponiendo en este texto. Aunque se considere un complique no se puede dejar de mencionar que la honestidad puede estar contaminada por la idiosincrasia, es decir, una persona puede no darse cuenta que es deshonesta en razón a poseer un nivel de conciencia muy bajo; incluyendo en esta categoría, entre otros, a los individuos con trastornos psicológicos. Por lo anterior, hay que poner las cosas en un panorama de proyecto de vida, de querer querer, de querer ser, de estar dispuesto a enfrentarse honestamente consigo mismo salga lo que salga de adentro, de querer colocar su desarrollo humano como una posibilidad de ser. Esto disminuye un poco -se insiste que es sólo un poco- la probabilidad de introducir sesgos en el proceso de conocerse a sí mismo. A manera de cierre tenemos entonces un concepto de desarrollo humano que involucra integral y recíprocamente el pensar y el sentir o como tal vez sea mejor escribirlo el sentir-pensar. Por el lado del pensar, el darse cuenta como se piensa -lo que también se ha llamado metacognición- es importante para la organización y desarrollo del pensamiento ( Burón, 1993; Elder y Paul, 1998, entre otros). Por el lado del sentir, el darse cuenta como soy, es importante para desarrollar cada día un proyecto de ser mejor persona. El diálogo socrático, entre otros, ha mostrado ser útil para el primer caso (el pensar), (Paul, 1993 y 1996; Keig, 1992, entre otros). La introspección socrática, entendida como una secuencia heurística de preguntas (y repreguntas) y respuestas, ha sido utilizada con resultados positivos por el autor de este texto a nivel de la consulta privada de psicología clínica, para el segundo caso (el sentir). En el próximo número de Discernimiento se hará una exposición detallada sobre los aspectos conceptuales y metodológicos de la introspección socrática. BIBLIOGRAFIA BURON, J. Enseñar a aprender: introducción a la metacognición. Bilbao. Mensajero. 1993. ELDER, L. y Paul, R. Critical thinking: developing intellectual traits. Journal of developmental education. Vol 21. No. 3. 1998. 33-36 FERRATER, J. Diccionario de filosofía. Barcelona. Alianza. 1994. HILGARD, E.R. Consciousness in contempory psychology. Annual Review of Psychology. Vol. 31. 1980. 1-26. NAVARRO, A. Psicología cognoscitiva. EN: Puente, A. Psicología cognoscitiva: desarrollo y perspectivas. Caracas. McGraw-Hill. 1995. NORMAN, D. Perspectivas de la ciencia cognitiva. Barcelona. Paidós.1981. PAUL, R. Critical thinking. Santa Rosa (ca). Foundation for critical thinking. 1993. PAUL, R. How to teach through socratic questioning. (part I, II, III) videos serie. Santa Rosa (Ca) Foundation for critical thinking. 1996. KEING, P. A socratic lesson on the elementary teacher´s responsability in the teaching of science. Journal of science teacher education. Vol 3, No. 2. 1992. WILBER, K. El espectro de la conciencia. Barcelona. Kairós. 1990. |