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Marzo /99

EL MITO Y LO DAIMÓNICO

Por: Jean David Polo
VII Semestre de psicología
email: jdpolo@bonga.uninorte.edu.co

La psicología es la ciencia del hombre. Como tal, no es su pretensión, aunque de hecho sucede, ver al hombre condicionado o reflejado en experimentos de laboratorio, ni tampoco reducirlo a manifestaciones instintivas y que sólo tenga la oportunidad de definir su vida hasta los cinco años de edad. Es por eso, que al tomar en cuenta la libertad del ser humano, ni la poderosa razón puede darle explicación. Así lo demuestra el cambio de paradigma en la ciencia que ha planteado Elsy Bonilla y otros, que le han dado a la ciencia una labor que ya no se limita simplemente a explicar, sino que además debe comprender los fenómenos planteados desde la realidad humana.

El psicólogo actual es un individuo en medio de una sociedad ávida, necesitada de soluciones, no solamente en una forma de problema - solución, sino de observar y comprender las implicaciones de las mismas en el mundo circundante. Como un ejemplo de la labor ideal que el analista debe realizar está, en el mito de Edipo Rey, cómo el sabio Tiresias le pregunta - tratando de extraer la verdad por más dolorosa que ésta sea - al acongojado rey si en verdad quiere saber, porque en ese saber se encuentra un gran sufrimiento para él como individuo. No hay sino que leer los clásicos griegos para darse cuenta de las diferentes pautas que extraen de los laberintos de las mentes humanas, sobre todo tragedias por el estilo de Edipo Rey. Aparte, Dostoievsky con sus "Hermanos Karamazov" muestra la destrucción de ciertos individuos, que como plantea May, pierden el rumbo por la destrucción de sus mitos.

En el siguiente artículo se tratará de mostrar la enorme importancia de los mitos, no solamente de manera histórica y teológica sino también psicológica, junto con las diferentes implicaciones que estos pueden llevar.

"El mito es una forma de dar sentido a un mundo que no lo tiene", y no lo tiene por que se encuentra fraccionado.

Lo daimónico es, según May, "toda aquella fuerza que posee al ser humano ( ... ) y lo lleva a realizar acciones". Es por eso que cuando el daimón posee al individuo, él debe tener el control, de lo contrario, lo daimónico se convierte en una fuerza diabólica, destructiva.

En el mundo actual se ha convertido en un problema, la pérdida del mito, como lo expone Joseph Cambell, de tal forma que el individuo siente una gran angustia por tener que afrontar la vida de manera solitaria. El hombre de este mundo vive ante "el dilema de la disociación sujeto - objeto", un dilema que no le permite la integración con sus mitos, de tal forma que el sentido de la vida se desvaloriza y alcanza niveles muy bajos. Lo diabólico se hace fuerte sin haber un mito que lo oriente y se convierte en una fuerza que lentamente va llevando al individuo a una peligrosa vacuidad ( vacío ).

Milán Kundera en su libro "La inmortalidad" muestra a una persona sin mitos (Agnes ) que no es capaz de encontrar una forma de darse sentido. Toma la actitud que Kierkegaard denominó como: "el caballero de la fe", pero no lo hace desde una perspectiva constructiva ( es decir, el acto de hacerse responsable del problema: afrontarlo y solucionarlo ), sino que por el contrario se sume en una melancolía y soledad que lentamente acaban con su "libertad de ser y hacer"; se siente que no encaja en el mundo y que este mundo es hostil con ella. Esta es justamente una consecuencia de la pérdida del mito que convierte lo demoniaco en una fuerza que aísla al hombre hasta convertirlo en un juguete del destino y no en el controlador del mismo.

Nietszche en su Zaratustra plantea la muerte de Dios y con ella una destrucción del mito sobre el cual la humanidad ha descansado desde hace mucho tiempo, de tal forma que la responsabilidad del individuo es por fin de él, por eso también advierte que el esquema de símbolos está en decadencia, que se desmorona sin más avisos.

En un principio el ateísmo se propuso como solución pero el resultado, como expuso Dostoievski casi un siglo antes, fue el enunciado: "si Dios no existe ¿Todo está perdido?".

Antiguamente los mitos se lograban ver el mundo más claramente, es decir, que permitían identificarse con esas historias y como plantea Max Müller "Eran la esencia del grupo". Renombrados dioses, diosas, héroes y heroínas simbolizan la necesidad humana de sentirnos protegidos en un universo en el que nos sentimos solos. Es un hecho interesante, el ilustrado por May, que solo cuando un ángel cae y se transforma en demonio es justamente cuando su vida se torna significativa. Solo el arcángel Miguel muestra poder solamente al luchar contra demonios.

Fausto encuentra un sentido real a la vida cuando conoce a Mefistófeles quién en medio de la apuesta y las diferentes tentaciones hace que Fausto comprenda que es allí, en su parte diabólica, donde encuentra su forma de reconciliarse con todo su ser que se ha dividido en múltiples fracciones.

Es interesante también cómo el interés por el mito se ha hecho más generalizado, y queda demostrado con el hecho de que genios de la talla de Freud, Camus, Sartre y otros tantos, encontraron en la mitología tanto material que permite indagar en el ser.

Los escritores míticos transforman la humanidad por medio de sus escritos representando claramente la naturaleza humana, así, en ellos se pueden encontrar las respuestas faltantes en el mundo y tal vez llegar a la integración comprensivo del ser humano.