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Septiembre /99

EL SENTIR-PENSAR: UNA MANERA DE VER AL SER HUMANO

Por : Carlos Acosta B.
acarlos@uninorte.edu.co
 
Desde Aristóteles se ha defendido que el hombre –en genérico— es un ser racional. En efecto, esta cualidad humana, que había iniciado su tránsito desde los presocráticos y concretado en Aristóteles, se fortalece en la Modernidad y desde entonces Occidente, en general, descubrió una nueva manera de realizarse en el mundo y con esto prácticamente se terminó de disolver el mito como referencia para la vida.
 
Si revisamos la historia de la humanidad, teniendo en cuenta todos los eventos ocurridos, ¿podríamos decir que es la historia de un ser racional?, ¿podríamos afirmar que ha habido un progreso en su condición trascendente a partir de esta racionalidad?, ¿los campos de concentración son un símbolo de la razón humana?, ¿hasta dónde una irracionalidad se ha disfrazado de humana?
 
Desde un punto de vista occidental se puede reconocer que hay dos grandes pensadores que han trabajado con profundidad sobre la naturaleza del ser humano: Platón y Aristóteles. En el mismo sentido de Whitehead se podría decir que la filosofía occidental está constituida a partir de notas de pie de página de estos dos griegos.
 
Por el lado de Platón se puede afirmar que planteó un ser esencialmente espiritual y con muchas potencialidades trascendentes, pero distraído en y por el mundo sensible –es decir, se centró más en lo que se ha llamado en los otros textos del autor en los varios Discernimientos como el sentir-- con la posibilidad de encontrar el Bien en el mundo de las Formas y, de esta manera, completar el proyecto de convertirse en realmente humano, es decir, llegar a la Forma humana. Esta situación se puede plantear como de quietud y paz mística.
 
Sobre Aristóteles se puede expresar que generó un concepto en el que el ser humano es esencialmente racionalidad –o sea, se centró más en el pensar— con la posibilidad de crecer y realizar su proyecto de vida por esta vía. Si bien este filósofo sentó las bases de un nuevo logos, no hay que olvidar que el mismo Aristóteles dejó insinuado desde su racionalidad que había algo más cuando expresó, respecto al ser humano, que cuando éste se perfecciona es el mejor de todos los animales, pero cuando no tiene ley ni justicia es el peor de todos los animales.
 
En este orden el mundo occidental decidió "experimentar" por el lado de la idea de Aristóteles y consideró como poco civilizado seguir "explicando" las cosas por el sentido encontrado desde los mitos. En ese momento no se reconoció la necesidad de unir las dos cualidades (sentir-pensar) y de esta forma potencializar la condición de lo humano, sino que se inició un proyecto en la búsqueda de la mayoría de edad. A partir de esta idea se puede plantear que el mundo de hoy se encuentra en pleno apogeo de la racionalidad y de los productos tecnológicos, en donde casi todo es posible. En estas circunstancias la ciencia y tecnología actualmente se pueden caracterizar por la arrogancia y realización de todo tipo de acciones --muchas de éstas para distraer más al ser humano-- ya en plena mayoría de edad. Una consecuencia importante de esta situación es el estrés y la obsesión por el tener propio de un mundo del devenir, es decir, del movimiento en el sentido de Platón.
 
Pero a pesar de todo, y sin que fuera muchas veces explícito, al ser humano lo ha venido acompañando su sentir, sus afectos, su sombra, un aspecto oculto que algunos hoy le llaman: la inteligencia emocional.
 
Desde principalmente Freud y los neofreudianos se ha puesto de manifiesto, se ha colocado en el escenario psicológico el sentir, ese aspecto oculto y perspicaz que estos investigadores llamaron el inconsciente. Este "gusanillo", que ha hecho reír y llorar a la humanidad, junto con la razón, han escrito la historia de este animal político.
 
Se propone en este artículo –y en el mismo sentido de los otros textos del autor referidos en Discernimiento-- que el ser humano básicamente es sentir-pensar, dos cualidades íntimamente concatenadas, recíprocamente relacionadas, pero discriminables. La acción, al no poseer autonomía propia, queda supeditada en estas cualidades.
 
Respecto al lado racional no es necesario agregar nada más, pues en general las personas entienden de lo que se trata. Por el lado del sentir no siempre los individuos son conscientes de éste, como tampoco de sus efectos en el comportamiento humano –como la sombra que acompaña a un individuo en una playa, pero que no se da cuenta de ello-- y, mucho menos, su preponderancia sobre el pensar.
 
Para ilustrar este asunto se expone un ejemplo: una persona muy inteligente y exitosa se siente atormentada porque a su compañero de trabajo lo han ascendido a un mejor puesto dentro de la organización. Este individuo se puede considerar a sí mismo como un gran creyente, asistir formal y cumplidamente a un sitio de meditación u oración, así como también tener don de buena gente y ser consciente de sus actos, pero puede que no se de cuenta que la envidia que tiene también es una pasión. Incluso puede ocurrir que otro compañero de trabajo le haga ver este asunto y, sin embargo, considere que aquel está equivocado.
 
El sentir es un estado o condición del ser humano que tiene una amplia posibilidad de aspectos o matices y, a excepción del último aspecto que se expondrá más adelante, siempre se presenta –vale la pena volver a insistir— en relación con el pensar para constituir un proceso integral de sentir-pensar. A continuación se indicará una manera de ver estos aspectos o matices con relación a este lado tan importante del ser humano, pero teniendo en cuenta que éstos no son independientes y no necesariamente implican un orden en las vivencias. Estos aspectos del sentir deben considerarse más bien como "ventanas" que relacionan a las personas con la existencia.
 
Un primer aspecto del sentir –colocando las cosas desde lo más burdo hasta lo más sutil en el sentido de Platón-- se ubica en lo corporal de las personas. Vale señalar que los individuos generalmente son conscientes de esta condición a través de las sensaciones propioceptivas. Un ejemplo de este estado se presenta cuando alguien siente un dolor de espaldas o siente placer por un masaje que está recibiendo. Es tan generalizada la cuestión del tener por encima del ser que muchas veces las personas verbalizan esta situación en términos de "tener" un dolor de espaldas. En este estado se puede decir que la racionalidad se da plenamente y el mundo se vuelve una extensión del cuerpo.
 
Un segundo aspecto del sentir se refiere a los afectos, sentimientos y, en general, lo que en psicología freudiana se ha llamado conjuntamente como mente consciente e inconsciente. Un ejemplo de esta condición se puede observar cuando un jugador presenta grandes dificultades, en términos de lucha interna, en el manejo de su dinero una vez entra a un casino; como también cuando éste siente una gran alegría por acercarse el momento para ver a su amada. En este estado se puede decir que la racionalidad queda subordinada en gran parte a la mente inconsciente.
 
Un tercer aspecto del sentir se puede explorar en las manifestaciones estéticas del ser humano o su ausencia, es decir, cuando se expresan un conjunto de sensaciones en una actividad o situación de aprecio o realización de lo que culturalmente se considere bello o feo como ausencia de ésta. Un ejemplo de este aspecto es la situación en la cual una persona realiza y/o aprecia o desprecia, es decir, vive la belleza o fealdad a través de una serie de diferentes expresiones en la vida: el atardecer en un llano o la monstruosidad de una película. Entre más sentida sea la realización, se espera sea más impactante la vivencia. Con base en esto se puede afirmar que las obras de arte se vuelven universales en la medida en que generan un sentir más sublime. En este estado se puede decir que la racionalidad se vuelve un obstáculo.
 
Un cuarto aspecto del sentir –que es mucho más sutil y hasta negado por muchas personas— es la intuición. En ésta la persona --de manera global e inmediata – y sin que medien procesos del razonamiento tiene un conocimiento certero o relativamente certero sobre alguna situación o cosa. Un ejemplo de esta condición se da cuando una madre, en algunas ocasiones, se siente inquieta o preocupada por su hijo que está en un determinado sitio y éste en efecto a sufrido un percance. Esto mismo se puede observar a través del optimismo y seguridad respecto a algo conveniente y adecuado que puede ocurrir en este mismo hijo. Es común escuchar estas circunstancias en algunas madres, pero ellas y las personas, en general, no le prestan atención a estos asuntos. En este estado se puede decir que la racionalidad se llena de incertidumbre y perplejidad.
 
Un quinto aspecto del sentir –que se presenta de manera más excepcional— se manifiesta cuando una persona vive, rápida o prolongadamente, una experiencia mística, entendida ésta en el mismo sentido de la contemplación platónica en el mundo de las Formas. Se pueden considerar bien ilustrativos de este tipo de sentir las experiencias reveladas por San Francisco de Asís, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Avila y San Juan de la Cruz, por sólo citar algunos ejemplos del Cristianismo. En este estado se puede decir que la racionalidad no existe, pues se presenta un estado de consciencia del sólo sentir.
 
En resumen las cinco "ventanas" o medios que se han considerado respecto del sentir son: el cuerpo, los sentimientos, lo estético, la intuición y lo místico.
 
En este orden se puede observar –interpretando a Platón— que el sentir se convierte en una cualidad, estado o condición esencial en el ser humano, ya que permanece en el trayecto de la existencia desde lo sensible a la Forma, mientras que el pensar, según se está proponiendo, es más bien un devenir susceptible según el estado donde se presente el sentir y aun no tiene expresión en el mundo de las Formas. Se puede agregar que cada estado del sentir genera un nivel diferente de consciencia.
 
La introspección socrática –según se ha esbozado en el Discernimiento 3— sería una manera o medio para desarrollar el sentir y sus correspondientes estados de consciencia. Así, esta introspección se caracteriza inicialmente por estar muy cargada de racionalidad, pero después, y teniendo en cuenta la práctica que se realice, puede permitir la búsqueda de un sentir más trascendente, es decir, un auténtico desarrollo humano.