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Septiembre /99

"LOS NIÑOS CRIADOS ENTRE ANIMALES"
Por: Est. José Eduardo Lozano Jiménez.
jlozano@bonga.uninorte.edu.co
Programa de Psicología
II semestre
 
Es este el tema de una producción de Truffaut titulada "El niño salvaje". El estudio que se puede dirigir desde esta propuesta se orienta en función de la inteligencia y su desarrollo aún en condiciones en las que los seres humanos parecen no tener muchos paradigmas, si los tienen, para configurarse como tales. El entramado planteado nos lleva a entender cómo el individuo criado entre animales es capaz de adquirir las pautas, por así llamarlas, conductuales y los patrones motrices, afectivos e instintuales de sus supuestos congéneres. Estos datos fueron hallados, así como la inquietud de plantear y desarrollar el presente artículo, en el tomo segundo de un texto llamado "Enciclopedia de la Psicología", editado en Barcelona por Océano en el presente año. El texto que, a propósito, versa sobre la inteligencia, se encuentra acompañado por algunas fotografías; sin embargo, el que hace relación directa con el de la citada producción está aderezado por una enigmática ilustración. En ella aparece un niño, tal vez niña, sucia, harapienta – no sé por qué, pues el hecho de criarse con animales no implica que hallado por la supuesta "civilización" y por ella acogida se continúe en tal estado de abandono- introvertida y en posición paradójicamente entre ofensiva y defensiva, con ojos tristes y expectantes, inquisidores y totalmente vulnerables. El título "Los niños criados entre animales" acompañado por esta emotiva ilustración nos produjo sentimientos e intelecciones bastante diferentes a los que con seguridad el autor pretendía despertar. Pues bien, al leer tal título y observar, que no ver, la disiente fotografía no quedó más que resignarme a ver a los niños que verdaderamente son criados por animales y que entre ellos viven o, en otras palabras, los niños que diariamente y con penetrante indiferencia observamos a diario en nuestras calles. Niños que serán hombres, niños sin padres, niños drogadictos, niños abandonados. No pretendo elaborar una posición moralista ni ética sobre esta situación, tan sólo pretendo tocar a la puerta de la psicología y de su discurso y ver no sólo qué dice sino qué hace concretamente a este respecto. Y la psicología no son Piaget, Wundt ni Freud u otros tantos difuntos exitosos. No, la psicología somos nosotros, sus herederos, los hombres y mujeres de carne y hueso que pretendemos en el día a día hacer vida lo que los predecesores actuaron con pasión. El discurso psicológico es nuestra vida, nuestras palabras, nuestras acciones.
 
Los "niños" los encontramos día a día y los "animales", aunque nos cueste aceptarlo, somos nosotros mismos, quienes con indiferencia miramos impasibles la realidad dolorosa que, supuestamente, no nos toca. Y con todo, decir "animales" sería demasiado, pues hasta ellos, como lo presenta Truffaut, son capaces de acoger a niños humanos y aceptarlos en su comunidad como sujetos insertados y queridos, movidos por el elemental sentido común existente incluso entre las comunidades animales más simples. Así, pues, que el título "Los niños criados entre animales" es una burla a la verdad que diariamente habla cuando por las calles nos tropezamos con pequeños sudorosos, de ojos tristes y mirada ensombrecida.
 
¿Qué hace la Psicología frente a esta situación? ¿Qué hacemos nosotros frente a esta verdad? Importantes teorías y estremecedoras investigaciones, sin dejar de lado las estadísticas, desarrolladas por la psicología social así como por los amantes de la temática del Desarrollo humano arrojan resultados que inexorablemente nos conducen a la reflexión. Encomiables esfuerzos de colaboración multilateral avalados por la psicología se tratan con frecuencia. Lazos inter e intradisciplinarios se tejen para producir una red de seguridad social y de apoyo al otro. Negar estos avances, como la buena voluntad de diferentes sectores, sería tan inadecuado e injusto como afirmar que es mucho lo que se está haciendo.
 
Quizá podamos pensar que esta problemática es más de carácter sociológico, religioso y económico, quizá, pero la comprometedora verdad dice lo contrario. No hace falta decir nada para saber que la realidad nos pertenece y nos toca profundamente. Conformarnos con lo hecho o con lo poco que se hace no es fruto de una actitud consciente hija de la psicología. ¿Qué hacer? Es una pregunta que todos nosotros debemos formularnos día a día, y no con el deseo de ser los grandes y filántropos salvadores altruistas del género, sino los pequeños y fuertes obreros que con cariño y dedicación co-laboran en la re-creación de personas que como nosotros tienen derecho a Ser. Es, ciertamente, una titánica labor que con seguridad no dejará frutos inmediatos, pero recordemos que alguno debe sembrar la semilla para que la planta, después de mucho tiempo, germine, y para que, con todavía más tiempo y cuidado, dé frutos. Algunos de ellos, como siempre, serán insípidos y desabridos; pero otros, la gran mayoría, esperamos, serán jugosos y nos llenarán de un mayor deseo de continuar en la empresa comenzada. Empresa que dará sentido a nuestra vida y a la de otros tantos que con nosotros cuentan y en silencio caminan.