No. 6 - Mayo del 2000 |
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EL EGO: UN ACOMPAÑANTE SIGILOSO |
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| Por: Carlos Acosta B. e-mail: acarlos@uninorte.edu.co
El punto de vista sobre el ser humano planteado en los otros artículos del autor en "Discernimiento", se ha caracterizado por situar al mencionado ente en una condición de inacabado que para lograr su trascendencia, es decir, completar su esencialidad requiere superar su limitada situación psicofísica, construyendo a partir de ésta su naturaleza fundamental de humano. De esta manera se está entendiendo en dichos artículos que tal humanización se presenta siguiendo las ideas de Sócrates, conocidas principalmente por medio de Platón cuando se trabaja honestamente en un proceso de conocimiento de sí mismo. Así, en el diálogo de Alcibíades (130e), Platón pone a hablar a Sócrates sobre este aspecto de manera muy precisa: "en consecuencia, al prescribirse el conocimiento de sí mismo, lo que se nos ordena es el conocimiento de nuestra alma". Esta idea aparece también entre otros-- en Apología (38a) cuando Sócrates expone: "una vida sin examen no tiene objeto vivirla". Así pues, estos artículos del autor en "Discernimiento" están; por un lado, defendiendo la noción de que el autoconocimiento es probablemente el factor que determina la condición de lo humano y, por el otro, proponiendo la Introspección socrática como un medio para construir un proyecto que conduzca a este autoconocimiento. Así, en este proceso de autoconocimiento desarrollado por medio, entre otros, de la Introspección socrática la persona se tropieza con una serie de obstáculos mentales llamados pasiones o movimientos del apetito sensitivo que además de acompañar a las personas en la cotidianidad impiden de manera permanente el camino hacia la trascendencia. Estas pasiones se pueden agrupar de muchas maneras y en este orden han originado diversos puntos de vistas filosóficos y religiosos. En este artículo se asumirá la categorización realizada por Singh (1988) que ubica a las pasiones en cinco categorías a saber: la ira, la lujuria, el apego, la codicia y el ego. Estas características de los individuos naturalmente se dan por grados o matices. Aunque se puede asociar la Introspección socrática con cada una de estas pasiones y las combinaciones posibles, en esta edición se hará alusión sólo al ego, dado que las características de éste son probablemente muy especiales, sobretodo por el sigilo y el camuflaje que lo caracteriza cuando se presenta frente al yo de las personas; es decir, en la vida cotidiana, como también en un proceso de autoconciencia, su identificación es frecuentemente muy complicada. Así, este acompañante es diferente a la ira en cuanto a lo visible y fácil de detectar cuando se presenta; por ejemplo, en una situación de discusión o pelea. Otro tanto se podría decir de la lujuria; por ejemplo en una circunstancia de glotonería o de alcoholismo. En otras palabras, la ira y la lujuria son probablemente muy fáciles de observar sus matices e implicaciones; pero, por el contrario, el ego en sus distintas grados-- requiere de un poco más de cuidado, ya que parece exigir una lupa especial para la observación en el otro o en uno mismo. En este sentido, si una persona en una conversación con unos amigos busca la forma de expresar que estuvo de compras en Canadá u otro país, aun cuando no sea pertinente tal alusión, entonces parece claro que este individuo necesita decir esto para impresionar a los otros, sentirse bien, captar la atención, ganar prestigio, etc. Este ejemplo parece mostrar en términos de la vanidad o presunción y a veces de arrogancia-- el ego que tiene esta persona. Esto ocurre, igualmente, cuando, por ejemplo, una madre hace referencia a los singulares talentos de su hijo inmediatamente después que escucha que alguien comenta sobre los éxitos de los hijos de un vecino. Pero existe todavía un grado más sutil del ego el cual es probablemente mucho más complicado para detectar su presencia y, por tanto, se necesita más de la cautela en la vida cotidiana, como también dentro de un proceso de conocerse a sí mismo o de crecimiento personal. Así, en una situación en la cual una persona va conduciendo su automóvil hacia un determinado sitio y en el trayecto otro intenta sobrepasarlo, hay la tendencia en algunos individuos de automáticamente acelerar un poco, a efectos de impedir que sea adelantado por el otro conductor. En este ejemplo se requiere de un poco más de autoconciencia para detectar que probablemente el ego se ha sentido un poco disminuido cuando alguien yendo de apuros intenta aventajarlo en la vía. Igualmente, las manifestaciones del ego se presentan según se está indicando-- cuando alguien siempre o con mucha frecuencia cree ostentar la verdad sobre algún evento o circunstancia. Esta situación se muestra, por ejemplo, cuando un individuo defiende que su grupo religioso es el que está con Dios y los otros están perdidos en el mundo por tener una creencia diferente. En este caso parece claro que la persona en mención no ha superado este tipo especial de ego y tal vez requiera de un poco más de autoconciencia para darse cuenta que este acto de vanagloria y desprecio como truco de la mente-- puede obstaculizarle su trascendencia. Así mismo, una crítica que se exponga, aun en un medio académico, podría también contener a este yo sigiloso. Como bien lo ha planteado Singh (1988) "nadie critica a otra persona sin tener oculto un interés propio". Así, al justificar el acto de criticar, alguien podría hacer alusión que sus intenciones han sido de ayudar, apoyar, aclarar, etcétera algún aspecto que se esté haciendo o discutiendo; pero, ¿será solamente eso?, ¿habrá algo más? En este orden, una Introspección socrática podría ayudar a dilucidar el fondo de este asunto. Otro ejemplo de esta pasión podría ser cuando un individuo decide no ir a una fiesta porque a éste lo invitaron "de boca" y no por medio de unas tarjetas que si enviaron a otros. Hay, igualmente, un ego probablemente muy sutil tal vez el más agudo de todos en el cual es importante tener cuidado durante la observación o auto-observación, pues parece ser muy difícil de identificar y manejar: el ego de ser humilde. Una persona manifiesta este ego, por ejemplo, cuando tiene la firme convicción de que es humilde; pero --con mucha frecuencia-- hace alusión a sus amigos que no usa anillos ni collares, compra sólo ropas de marca no conocidas y que no tiene problemas en salir a la calle con una camiseta un poco desteñida. Es importante expresar que, a pesar del largo tiempo que se pueda llevar practicando estos procesos introspectivos, como entes en proceso de humanización, es completamente natural y válido en algún momento de la vida manifestar algún grado de ego. En este sentido, es obvio, en términos de los niveles de conciencia, la diferencia entre una persona que expresa algún matiz de ego a sabiendas que lo es y expresarlo sin tener conciencia del mismo. Sin entrar a dilucidar las cuestiones psicológicas que subyacen a estos comportamientos, si es importante dentro de un proceso de autoconocimiento revisar --a través de la Introspección socrática u otra estrategia para tal efecto-- estos aspectos de la vida, pues forman parte también de las cuestiones que se necesitan superar dentro de un proceso de trascendencia. Por ello, se ha planteado en los otros artículos de "Discernimiento" que el crecimiento espiritual no es solamente tener la devoción y cumplir con los compromisos que la institución le propone, sino también ésta debe verse reflejada en el comportamiento rutinario dentro de la vida social, familiar y personal. La próxima vez que ubique su automóvil salido un poco de la raya indicada en el estacionamiento y alguien se lo haga ver, antes de reaccionar verifique y autopregúntese hasta dónde tiene razón la otra persona, pues esta es otra situación propicia para que el ego se presente con su brazo armado cual es la ira. Aunque difícil de creer para algunas personas, la espiritualidad también está presente en estas circunstancias mencionadas; pues además de lógico, es importante y necesario examinar el proceso de ser humano desde una perspectiva integral, o sea, ver las cosas desde una coherencia entre lo devocional y lo personal.
BIBLIOGRAFÍA Platón. Alcibíades o de la naturaleza del hombre. Aguilar. Buenos Aires. 1955. Platón. Diálogos. Vol. I Gredos. Madrid. 1985. Singh, A. Los Dos caminos. Sant Bani. Bogotá. 1988
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