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| Sören Kierkegaard: el hombre en búsqueda del hombre. | ||
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Por:
José Eduardo Lozano Jiménez
Carlos Andres Romero Katty M. Vargas Cantillo e-mail:
carlosjavi@hotmail.com [1] En el siglo XIX el
hombre se encontraba en un momento de su historia donde se veía absorbido,
por voluntad propia, en una sociedad mecanicista creada por él mismo, donde
la identidad, la singularidad, la autonomía, la individualidad se veían
diezmadas por el naciente capitalismo y la cada vez más floreciente
industrialización, propios de la época.
El hombre se hallaba encasillado y resquebrajado como consecuencia del
pensamiento racionalista que reinaba a partir de Descartes y Hegel.
El racionalismo, después de muchos años de arduo trabajo, llegó al
punto de convencer a la humanidad de que la “mera razón” es la esencia
del hombre, y a partir de esta se puede llegar a una verdad objetiva. Su
creencia de que existía una verdad concreta y absoluta se apoderó de otras
actividades del ser humano, fuera de la filosofía, y creó una sociedad
alienada con un estilo de vida y producción regido por principios sistemáticos
y repetitivos. Cabe agregar que
no creemos que los racionalistas sean los verdugos de la historia.
Así como el movimiento existencial considera que la crisis es un
estado humano y al enfrentarlo y superarlo reafirmamos nuestra existencia,
consideramos que la raza humana vive en constante dinamismo y desarrollo, y
hasta en crisis, y este siglo XIX extremadamente racional fue la manera de
tocar fondo y a partir de ahí resurgir con las nuevas herramientas que nos
brinda el movimiento existencial. Esta crisis o cambio
constante de la humanidad no llegó a su fin con el existencialismo.
En nuestra propia realidad, Colombia, vivimos situaciones que
consideramos absurdas, bien sea la violencia y los secuestros, pero debemos
tomarlo como un paso más en nuestra existencia y trabajar duro por superarla,
sin caer en la desesperanza. Sören Kierkegaard, filósofo
danés, es uno de los más acendrados representantes del despertar del
adormilado hombre del siglo XIX. Antes que nada, Kierkegaard, penetra en las
profundidades del ser humano desnudando su auténtico sentido de ser: su
existir. Para lograrlo, se interroga a sí mismo, descubriéndose como un ser
dinámico, en constante devenir y con la inevitable, contundente e
impostergable capacidad de elegir. Sin embargo, es consciente que la mayoría
de los hombres se hallan inmersos en una vida ajena a sí mismos, en la que,
en lugar de reconocerse y crearse, se pierden, se dispersan y se alejan cada
vez más de sí. Pero, aunque parezca
paradójico, el vivir “por fuera”, parafraseando a San Agustín, es el
prerrequisito indispensable para aspirar a un retorno sobre sí mismo; porque
¿Qué sentido tendría volver sobre sí, cuando nunca hemos salido?. No
obstante, este retorno implica una ruptura, implica hacer un cambio de vida e
iniciar un nuevo itinerario: implica decidir, optar por un renacer, partir del
no-ser al ser. Como leemos en sus Migajas
filosóficas: “el hombre se hace consciente de haber nacido en el
instante, puesto que su estado anterior, al que no debe referirse, era el
no-ser. Se hace consciente de su nuevo nacimiento en el instante, pues su
estado anterior era, ciertamente, el no-ser”[2]. Pero esta nueva etapa,
la de nacer auténticamente, la del abrirse paso de la muerte del no ser a la
vida dinámica del ser sólo es posible cuando, como diría el Águila de Hipóna[3],
se haga un redite ad cor –vuelta
al “corazón”- y esto se logra chocando contra el fondo oscuro de nuestra
vacuidad. Sólo cuando despertamos de nuestro conformismo pasota, cuando
abrimos los ojos y nos encontramos desnudos, descubrimos nuestra finitud y,
paradójicamente y a pesar de ello, nuestra opción de ser aut-aut[4].
Pero ser lo uno o lo otro, implica decidir y esto, a su vez, implica angustia,
la angustia de ser libres y poder optar y, con ella, de poder acertar o
fracasar; sí, la angustia de saber si aquello por lo que se opta es lo mejor,
lo que más conviene al proyecto vital o no, o si realmente se está
decidiendo motivado por un auténtico sentido o no. “Así, es la angustia el
vértigo de la libertad. Surge cuando, al querer el espíritu poner la síntesis,
la libertad fija la vista en el abismo de su propia posibilidad.”[5] Pero no pensemos que la
pregunta por la propia existencia, que hace una llamada a la interioridad,
exige un divorcio con el mundo. Si bien Kierkegaard, como Heidegger al hablar
del ‘descuido del ser’, reconoce que el hombre que “vive
fuera de sí” está sumergido en el “mundo de las cosas”, perdiéndose
y alienándose, también reconoce que sólo en ése mundo puede auténticamente
ser. Para Kierkegaard, el hombre, como ser dinámico, en camino, debe vivir un
itinerario, un proceso, que él ha dividido en tres ejes fundamentales: el
estadio estético, el estadio ético y el estudio religioso. El hombre que
vive en el “estadio estético”[6]
es aquel hombre del
“mundo[7]”
que prefiere vivir en la granja como un simple jornalero –sin que esto sea
malo[8]-
pudiendo vivir como rey en un palacio, disfrutando de las comodidades de su
riqueza interior.[9] El hombre del mundo es
el hombre plenamente estético, aquel que no sabe nada del Espíritu, que
ignora su destino, pues no le pertenece.[10]
La falta de espíritu por la definición estética hace que el hombre del
mundo no conozca su sentido, se pierda en lo efímero que no es él y de este
modo desespera.[11] El hombre del mundo vive
de lo exterior, que vive enajenado y desespera de lo otro, no de sí mismo.
Vive en la inmediatez, se pierde como uno más en el universo material, y,
sobretodo, vive en las categorías de la estética. El hombre del estadio
ético, por su parte, “es el individuo que se elige éticamente, se elige
concretamente como tal individuo preciso (...). el individuo tendrá entonces,
conciencia de ser ese individuo preciso, con esas capacidades, esas
disposiciones, esas aspiraciones, esas pasiones, influido por un ambiente
preciso. Pero, al tomar así conciencia de sí mismo, acepta todas esas cosas
bajo su responsabilidad. Tiene su lugar en el mundo, en la libertad elige él
mismo su lugar”.[12] Como podemos apreciar,
el hombre “ético” es un hombre que vive en el mundo, que es del mundo,
que disfruta del mundo; pero que no se pierde en ese mundo, sino que, más
bien, lo disfruta y encuentra en su relación común su propio sentido. Es
decir, es un hombre que vive como estético; pero que va más allá,
encontrando su auténtico sentido. “La ética es lo que hace que el hombre
devenga lo que deviene; por lo tanto no hace del hombre algo distinto de sí
mismo; no aniquila lo estético, sino lo transfigura”.[13] El estadio religioso,
finalmente, hace mención a la relación hombre continente y finito con Dios
inmanente e infinito. Al estadio religioso sólo puede aspirar el “caballero
de la fe”; sin embargo, este no es un “pozo” del que la corriente
fenomenológica existencial haya bebido. Como hemos visto hasta
el momento, es Kierkegaard el “verdadero individuo”[14],
quien silenciosa y sutilmente participó como precursor del pensamiento
existencial. Y es éste hombre de época y de una profunda intuición por lo
humano, quien se ha constituido en uno de los pilares fundamentales sobre
los cuales reposa la propuesta fenomenológica existencial y gracias al cual
hoy día sabemos un poco más de nosotros o, al menos, ignoramos un poco menos
de lo que antaño. El hombre aun esta
consumido en un materialismo, estamos alienados o como diría Kierkegaard auto
alienados, hemos dejado de ser o sencillamente nunca nos hemos atrevido a ser,
a existir, nos hemos quedado relegados en un auto abandono, teniendo como
prioridad el mundo objetivo y
dejando a un lado la subjetividad del ser humano. Este autor nos muestra cómo
el hombre está sumergido en el racionalismo y nos abre las puertas a ver las
cosas desde otras perspectivas, a no olvidar al
hombre subjetivo, nuestro interior, a tener un diálogo con nosotros
mismos y reflexionar sobre el rumbo que está teniendo su vida, al querer, a tener un vínculo entre el mundo, a tener un
vínculo contigo, vínculo que estaba o que está aun olvidado en
nuestra sociedad; con esto no queremos decir que esta propuesta no estaba de
acuerdo con la racionalista, ni mucho menos pretendemos botar a la basura el
mundo objetivo y quedarnos en la subjetividad;
lo que se quiere, más bien, es ver al hombre en todos sus ámbitos,
como dice Ferrater Mora
al hablar de Kierkegaard
“ El hombre no puede ser un animal sociable, o un ente psíquico, o biológico.
En rigor, el hombre no es ningún <ente> porque es mas bien un
existente.”[15] Su propuesta, su
pensamiento y, por supuesto, su sentimiento vital envuelve toda la concepción
de la existencia y es una de las banderas filosóficas del movimiento. Los
psicólogos posteriores, como Binswanger, Boss, Bally, entre otros, bebieron
de la fuente clara de Kierkegaard y, gracias a él, abordaron al hombre en un
sentido cada vez más auténtico y real. Ahora es nuestro tiempo, el tiempo
del hombre en búsqueda del hombre. Es nuestro aquí y ahora, nuestro instante
inmediato. Es nuestra labor. Decidir, nuestro objetivo. Actuar, nuestra auténtica
existencia. Con este texto
esperamos darle una visión de lo que es y como surgió la teoría de
Kierkegaard, y, mas importante aun, invitar a los lectores a reflexionar a
partir nuestro punto de vista. Y recordemos.. “Se puede tener la buena suerte de hacer mucho por otro, se puede tener la buena suerte de conducir a otro donde uno desea. (...) Pero este resultado no esta en mi mano; depende de muchas cosas, y, sobre todo, depende de si el quiere o no. (...) Pero si puedo hacer una cosa: obligarlo a darse cuenta.” 15 Bibliografía KIERKEGAARD,
Sören. Migajas filosóficas. Valladolid : Trotta, 1997 KIERKEGAARD,
Sören. Estética y ética. Buenos Aires : Nova, 1959 KIERKEGAARD, Sören. El concepto de la angustia. Madrid : Espasa-Calpe,
1967 KIERKEGAARD, Sören. Tratado de la desesperación. Buenos Aires :
Leviatan, 1997 KIERKEGAARD,
Sören. Mi punto de vista. Madrid
: Sarpe, 1985. MAY,
Rollo. Existencia. Madrid : Gredos, 1977. FERRATER
MORA, José. Diccionario de filosofía. Madrid : Alianza, 1981. Vol 3 ------------------------------------------ [1] Artículo presentado en el segundo semestre académico
de 2000 en la asignatura Fundamentos básicos de V semestre del Enfoque
Fenomenológico-Existencial. [2] Estudiantes de VI semestre del Programa de
Psicología de la Universidad del Norte, 2001 [3] KIERKEGAARD, Sören. Migajas filosóficas.
Valladolid : Trotta, 1997. Pág. 36 [4] Léase Agustín de Hipona. [5] Expresión latina que traduce “o lo uno o lo
otro”, empleada por Kierkegaard en: KIERKEGAARD, Sören. Estética y ética.
Buenos Aires : Nova, 1959. Pág.7 [6]
KIERKEGAARD, Sören. El concepto
de la angustia. Madrid : Espasa-Calpe, 1967. Pág. 61 [7]
KIERKEGAARD, Sören. Tratado de
la desesperación. Buenos Aires : Leviatan,
1997. P.15 [8] Mundo para Kierkegaard tiene, desde su formación
cristiana, una fuerte, mas no unívoca, inclinación Joánica. Para claridad a
este respecto, citamos algunos apartes de esta postura: [1]
“Cuando el mundo los odie, recuerden que, primer que a ustedes, el
mundo me odió a mí. No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo,
pues el mundo ama lo que es suyo. Pero ustedes no son del mundo, sino
que yo los elegí de en medio del mundo; por eso el mundo los odia.”
(San Juan 15,21). - El subrayado es mío -. En Biblia Latinoamericana. Madrid
: Paulinas, 1992. P.234. véase también, en la misma edición, San Juan 16,10
y 1 San Juan 3,6. Sin embargo, como los mismos Evangélios, reconoce el mundo
como creación buena de Dios. [9] Ser campesino, jornalero o habitar en una granja
no es cosa en nada despreciable, pero en el campo de la vida, donde vivir estética
o éticamente son la prioridad, sí connotaría cierta torpeza por parte de
los hombres, cierta “tristeza ridícula”. Ibid, pág. 58 [10] Ibid [11] “...la definición estética de falta de espíritu
no provee el criterio; (...) ya que la estética no puede definir en qué
consiste realmente el espíritu, ¿cómo puede ser capaz de responder a una
cuestión que no le concierne?”. Ibid. P.60 [12] Cfr.
P.61 [13] KIERKEGAARD, Sören. Estética y ética.
op. cit pág. 130 [14]
Ibid., pág. 133 [15] MAY,
Rollo. Existencia. Madrid : Gredos, 1977. Pág. 51 [16] FERRATER MORA, José. Diccionario de filosofía.
Madrid : Alianza, 1981. Vol 3 15
KIERKEGAARD, SÖREN.
Mi punto de vista. Madrid : Sarpe, 1985.
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