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| TERAPIAS PARA NIÑOS TRASTORNADOS | ||
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Por:
VANESSA NARANJO G.
Estudiante de VIII semestre de
Psicologìa de la Universidad del Norte. e-mail:
vnaranjo@unimail.edu.co
RESUMEN
La
perturbación mental es un estado del ser, caracterizado por aberraciones en
los sentimientos que tiene un individuo respecto a sí mismo y al medio
ambiente. La existencia de este
trastorno se deduce del comportamiento. La
identificación de niños en riesgo de presentar desórdenes conductuales
consiste en la detección temprana de condiciones adversas en el ambiente
social del niño, lo cual es la mejor manera de iniciar un acertado
tratamiento. Esta investigación
bibliográfica presenta un panorama de las
terapias aplicables a niños con perturbaciones mentales, haciendo para ello
una descripción general de afecciones como la psicosis, los desórdenes
conductuales, o perturbaciones pasajeras, proporcionando información
importante y alternativas para su tratamiento a tiempo. PALABRAS CLAVES:
Terapias, trastorno, tratamiento, infancia, terapeuta. ABSTRACT The
mental disturbance is a state of the being, characterized by aberrations in
the feelings and point of view that an individual has respect to itself and to
the enviroment. The existence of this disorder is deduced from the behavior.
The identification of the children at risk of presenting conductual
disorders consists of the early detection of adverse conditions in the social
atmosphere surrounding the child, which is the best way to initiate a guessed
right processing. This bibliographical investigation presents a view of the
therapies applicable to children with mental disturbances, doing for it one
detailed to description of headings like conductuales psychoses, disorders, or
fleeting disturbances, which provides important information and alternatives
for its precocious treatment. Key words:
therapy, disorders, treatment, infancy, therapist. “Ninguna
civilización puede existir si no protegemos a nuestros niños”
INTRODUCCION
Los
trastornos o Perturbaciones Emocionales no son un problema nuevo, aún cuando
el término no fuera utilizado sino hasta 1900 por Reinert, la historia
registra las tentativas humanas por comprender las condiciones que pueden
incluirse bajo este nombre. Quizá la más acertada sea que es un estado del
ser, caracterizado por aberraciones en los sentimientos que tiene un individuo
respecto a sí mismo y al medio ambiente. La
existencia del Trastorno emocional se deduce del comportamiento.(1) TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS EN LA INFANCIA
PSICOSIS INFANTILES
Las
psicosis se manifiestan por una patología que afecta a todas las áreas de la
función mental: conducta, cognición y emociones. Son relativamente raras (4
a 10 casos/10.000 niños), pero plantean importantes problemas de asistencia médica.
Pueden dividirse en 4 categorías principales, que se diferencian por la edad
de comienzo, la evolución y el pronóstico: autismo, trastorno penetrante del
desarrollo de comienzo infantil, trastorno por disgregación infantil y
esquizofrenia infantil (14). AUTISMO
(Síndrome
de Kanner)
El
autismo es dos veces más frecuente en los niños que en las niñas y la tasa
de concordancia es significativamente mayor en los gemelos monocigóticos que
en los dicigóticos, lo que subraya la importancia de los factores genéticos.
El síndrome se define por sus manifestaciones de la conducta, mientras
que el nivel de función intelectual y la presencia o ausencia de lesión
neurológica se registran por separado, utilizando un sistema de diagnóstico
multiaxial. SINTOMAS, SIGNOS, DIAGNOSTICO Y PRONOSTICO En
general, el autismo se manifiesta durante el primer año de la vida y nunca más
tarde de los 3 años. [1]El
síndrome se caracteriza por un distanciamiento extremo (falta de creación
del vínculo, rechazo a los abrazos y a mirar a los ojos, ausencia de
establecimiento de relaciones recíprocas), insistencia en la propia identidad
(resistencia a los cambios, realización de rituales, afición morbosa a los
objetos familiares, actos repetitivos), trastornos del lenguaje y la fonación
(que varían desde un mutismo total a un retraso del comienzo de la fonación
o, incluso, una acusada idiosincrasia en la utilización del lenguaje), y un
rendimiento intelectual muy irregular. En
los niños autistas, los tests psicológicos resultan muy difíciles de
valorar; en general, los resultados son mejores en los que miden el cociente
intelectual (CI) que en los de verbales y pueden mostrar rendimientos
intelectuales normales en algunas áreas, pese a que en la mayoría revelen
retraso. En todo caso, en manos
de un psicólogo experimentado, la prueba tiene una gran utilidad en la
predicción del pronóstico. Casi
todos los niños con CI <50 tienen mal pronóstico; con CI más elevados,
el pronóstico mejora en alrededor de la mitad de los pacientes. El pronóstico
depende en gran medida de la cantidad de lenguaje útil que el niño utilice
hacia los 7 años. Los síntomas tienden a mantenerse constantes durante todo
el desarrollo, aunque en algunos casos aparecen síntomas de esquizofrenia
(ideación delirante y alucinaciones) cuando el paciente alcanza la
adolescencia o primeros años de la vida adulta[2]. La
exploración neurológica revela habitualmente hallazgos no focales (p. ej.,
mala coordinación durante la marcha, sacudidas mioclónicas, estereotipos
motores), pero alrededor del 20 al 40% de los niños (sobre todo en los que
tienen CI <50) desarrollan convulsiones antes de la adolescencia. TRATAMIENTO Los
niños más gravemente afectados se benefician, tanto en el hogar como en la
escuela, de la aplicación sistemática de una terapia conductista, técnica
que puede enseñarse a los padres. Esta terapia ofrece beneficios
considerables a los niños autistas que ponen a prueba la paciencia de los
padres más cariñosos y de los profesores más dedicados. TRASTORNO PENETRANTE DEL DESARROLLO DE
COMIENZO EN LA INFANCIA Síndrome similar al autismo pero que comienza a una edad más tardía (36 meses a 12 años). El
trastorno se manifiesta por relaciones sociales anormales (p. ej.,
distanciamiento, relaciones afectivas inadecuadas, dificultades para entablar
amistades) y por manierismos abigarrados, que suelen consistir en movimientos
raros, gestos extraños y patrones de lenguaje poco habituales.
Aunque algunos rasgos pueden aparecer a una edad más precoz, el
proceso no se manifiesta en su totalidad hasta después de los 36 meses.
Al igual que el autismo, el proceso evoluciona con la ausencia característica
de ideación delirante y alucinaciones. Exceptuando
la edad de comienzo tardía, este síndrome parece ser una variante clínica
del autismo. Además, coexiste y
tiende a confundirse a menudo con los síntomas del síndrome de Tourette, el
trastorno obsesivo-compulsivo y con el trastorno por déficit de atención.
El tratamiento y el pronóstico
son similares a los descritos antes para el autismo. TRASTORNO POR DESINTEGRACIÓN DE LA INFANCIA Grupo
heterogéneo de síndromes que comienzan después de los 3 años de edad, con
un desarrollo previo normal.
Algunos casos de trastorno disgregativo de la infancia se
identifican después como síndromes neurodegenerativos específicos (p. ej.,
infecciones por virus lentos [v. en Infecciones víricas de sistema nervioso
central, degeneración cerebromacular juvenil, etc.); en otros no se
identifica causa alguna. Es típico
que los niños se desarrollen de forma normal hasta los 3 o 4 años (con
adquisición del lenguaje y de los hábitos higiénicos y con una conducta
social normal). Entonces, se
produce un período de malestar vago y de cambios de humor con irritabilidad y
quejas, al que sigue una acusada regresión, con pérdida de los hitos del
desarrollo que habían alcanzado. Los pacientes sufren un deterioro que afecta
a todas las áreas del desarrollo, hasta alcanzar niveles muy acusados[3].
La evolución es inexorablemente grave y el niño necesita atención
durante el resto de su vida. En los casos de etiología dudosa, la esperanza
de vida puede ser normal. No existe tratamiento específico alguno. ESQUIZOFRENIA INFANTIL Estados psicóticos que suelen comenzar después de los 7 años de edad y que se manifiestan por alteraciones de la conducta similares a las de la esquizofrenia del adulto. Existen
pruebas que indican que el estrés ambiental desencadena la enfermedad en niños
con predisposición genètica. Aunque se ha propuesto que estos pacientes podrían
sufrir una alteración del metabolismo de la dopamina, no se han obtenido
pruebas que lo demuestren[4]. La
prevalencia del trastorno aumenta con la edad y se caracteriza por la pérdida
de interés por el entorno, apatía, embotamiento del afecto, trastornos del
pensamiento (bloqueos y perseverancias), ideas de referencia, ideas
delirantes, alucinaciones y pérdida de control del pensamiento. El diagnóstico se basa en los fenómenos clínicos
descriptivos. LA DEPRESIÓN EN LOS NIÑOS Casi todos los autores aceptan la existencia de la depresión en la infancia, si bien los trastornos graves del estado de ánimo son comparables a los que los adultos, como el trastorno bipolar, son raros a estas edades. SINTOMAS, SIGNOS Y DIAGNOSTICO Las
manifestaciones fundamentales de la depresión infantil son similares a las de
los adultos, pero relacionadas con las vivencias típicas de los niños, como
el trabajo escolar y los juegos. Los
síntomas consisten en aspecto triste, apatía y retraimiento social,
disminución de la capacidad para el placer, sentimiento de rechazo y falta de
estima, molestias somáticas (cefaleas, dolor abdominal, insomnio), episodios
de conducta alocada y payasadas y sensación persistente de culpa.
Las reacciones depresivas crónicas evolucionan con anorexia, pérdida
de peso, sensación de abatimiento e ideas de suicidio.
En ocasiones, la hiperactividad, la agresividad y la conducta
antisocial enmascaran una depresión. Los
grados extremos de irritabilidad y agresividad, más que un estado de ánimo
depresivo propiamente dicho, son muy frecuentes. Cuando estas manifestaciones
coexisten con los síntomas y signos afectivos típicos de la depresión del
adulto, es más adecuado hacer un diagnóstico de trastorno del estado de ánimo
que de trastorno de adaptación o de trastorno de la conducta.
Los trastornos del estado de ánimo pueden afectar a niños con retraso
mental, en los que muchas veces se hallan enmascarados por los síntomas somáticos
y las alteraciones de la conducta. Una
historia de trastornos cíclicos y antecedentes familiares de enfermedad
bipolar pueden ayudar a establecer el diagnóstico diferencial. TRATAMIENTO Es
preciso valorar el ambiente familiar y social de los pacientes, con objeto de
detectar posibles tensiones capaces de desencadenar trastornos de este tipo.
El tratamiento directo del niño debe ir acompañado de las medidas adecuadas,
tanto en el entorno familiar como en el escolar, haciendo especial hincapié
en el refuerzo de la autoestima y del mantenimiento funcional. En las crisis
agudas puede ser necesario un breve período de hospitalización[5]. LA RELACION TERAPEUTICA Es
característico de la consulta de psicología infantil la falta de iniciativa
del niño en la demanda de ayuda por lo que una de las primeras tareas del
terapeuta consiste en estimular la motivación del niño hacia el tratamiento.
Es frecuente que los niños empiecen el tratamiento de forma involuntaria y
sin beneficiarse de una auténtica ayuda por parte de los padres[6].
Los niños suelen exteriorizar sus conflictos internos y, en la
situaciones nuevas, tienen tendencia a presentar reacciones de transferencia
espontáneas y globales[7].
La
presencia en determinadas edades de mecanismos primitivos tales como el
rechazo, la proyección y el aislamiento puede condicionar el proceso terapéutico
basado en las capacidades de síntesis e integración (ambas inmaduras en los
niños). Igualmente, las presiones ambientales ejercidas sobre el terapeuta
son habitualmente mayores con los niños que con los adultos. Por
lo general, los niños no tienen unas facultades de expresión verbal tan
desarrolladas como los adultos, por lo que es de vital importancia que el psicòlogo
infantil lo valioso que es la comunicación no verbal.
La expresión de los gestos, la postura del niño y su movilidad, así
como el contenido, la forma y configuración de su juego y posturas pueden
expresar tantas cosas como sus palabras. Los
modos de comunicación entre el niño y el clínico son de vital importancia y
deben adaptarse para ofrecer al niño un contexto y una atmósfera que
permitan establecer una adecuada comunicación.
Los distintos modos de comunicación son: el juego (escenificación de
imaginaciones que se identifican con personas de su entorno), el diálogo
imaginario (historia inventada), el dibujo (espontáneo o sobre un tema
sugerido), el diálogo tradicional cara a cara, el uso de pasta para moldear,
o el uso de juegos con arena o agua. El
lenguaje del clínico debe ser accesible al niño y debe tener en cuenta su
edad y nivel de desarrollo. Ha de
ser lo suficientemente amplio como para que se sitúe entre el uso de frases
cortas, palabras simples, repeticiones frecuentes y el uso de formas de
comunicación no verbal a la que los niños son muy sensibles, o de formas más
complejas de diálogo semejantes a las de la entrevista con pacientes adultos.
Es necesario crear un ambiente en el que el niño pueda sentir que sus
palabras y acciones son consideradas por el terapeuta como algo serio. La
participación de los padres es de gran ayuda en la terapia.
En la práctica, hay varios grados de participación paterna.
Con los niños en edad preescolar, la mayor parte del esfuerzo terapéutico
va dirigido hacia los padres, sin alcanzar directamente al niño.
Por otro lado, los niños pueden recibir una psicoterapia sin
participación alguna de los padres. En
el caso de que el adolescente pueda sostener la terapia por sí solo, la mayoría
de los terapeutas prefieren mantener una alianza informativa con los padres a
fin de obtener información adicional sobre el joven. La consideración de la participación de los padres
condiciona la resolución de cuestiones relacionadas con la confidencialidad
en la terapia con niños. TIPOS DE TRATAMIENTO Los
psicólogos infantiles tratan niños y adolescentes con trastornos mentales
que varían en sintomatología, etiología, severidad y cronicidad.
Las manifestaciones de estos trastornos están fuertemente
influenciadas por la edad y por la dotación intelectual y emocional del niño,
el medio en el que vive y las expectativas sociales colocadas sobre él. En
un extremo del espectro clínico están aquellos niños cuyo trastorno mental
es de tal severidad y cronicidad que necesitan un cuidado intensivo, global y
muy duradero (trastornos profundos del desarrollo). Otro grupo de niños presentan una sintomatología que es
mucho menos severa, mucho menos crónica y que requiere diferentes
intervenciones con las que se produce una gran mejoría (fobia escolar,
trastorno por déficit de atención con hiperactividad).
Un grupo intermedio estaría formado por los niños con condiciones
ligeramente crónicas; pero que tienen un pronóstico relativamente bueno con
un tratamiento intensivo a largo plazo (trastornos afectivos, anorexia
nerviosa). Otro grupo serían los
niños cuya enfermedad es primariamente somática; pero que necesitan un
tratamiento, unas habilidades y una ayuda psicológica o psiquiátrica.
Finalmente, podríamos citar a aquellos niños que sin tener patología
psiquiátrica actual tienen un alto riesgo de presentar complicaciones psiquiátricas
(niños con retraso mental, parálisis cerebrales, epilepsia o deterioros
sensoriales). Las
intervenciones psicoterapéuticas con niños difieren de las del adulto y del
adolescente tanto más cuanto más joven es el niño. El niño presenta unas defensas más frágiles, una menor
capacidad cognitiva, una ansiedad fácilmente estimulable, un super-yo
limitado y una mayor prevalencia de actitudes mágicas y omnipotentes. El niño se encuentra en el proceso de desarrollar nuevas
estructuras de personalidad y, muchas veces, sus acciones y sus síntomas son
el reflejo de este proceso. Dentro
de esta visión general, basada en la sintomatología clínica, se señala el
uso de las técnicas específicas para cada una de las situaciones. A
continuación estudiaremos, de manera sucinta, los grupos terapéuticos más
frecuentemente utilizados: terapia por el juego, terapia conductual,
psicoterapia individual, terapias con implicación de la familia, terapia de
grupo y psicofármacos. Terapia por el
juego Muchos
niños tienen dificultad para expresarse a través de un nivel verbal. La
inmadurez de su lenguaje y un vocabulario limitado, restringe su habilidad
para identificar sentimientos y preocupaciones. Estos niños pueden expresarse
de una manera más efectiva utilizando métodos no verbales, tales como el
juego libre. El lenguaje del juego refleja, de una manera preconsciente, las
presiones y demandas de la vida diaria. Los cambios en las características
del juego de los niños suele ser una de las quejas principales de los padres
cuando acuden a consulta. La consulta del terapeuta debe estar llena de
juguetes con los que el mundo del niño pueda ser proyectado y las cuestiones
que plantee el terapeuta deben proporcionar una situación que facilite la
emergencia de estas historias. El
juego supone una expresión sofisticada del nivel de inteligencia del niño.
Las investigaciones indican que los niños que muestran más actividades
fantasiosas espontáneas tienen niveles más altos de inteligencia verbal y de
rendimientos académicos. El
juego es fundamental para el desarrollo en el adulto de las habilidades para
la resolución de problemas y de las estrategias de enfrentamiento. Erikson
plantea las preferencias del juego en las distintas edades en relación a los
conflictos con los que se enfrenta el niño.
Así, los niños entre 1 y 3 años se enfrentan a conflictos
relacionados con la autonomía frente a la vergüenza y duda, y prefieren los
juegos analógicos. El niño
entre 3 y 6 años se enfrenta a conflictos relacionados con la iniciativa
frente a la culpa y disfrutan con juegos cooperativos, de fantasía o dramáticos
en los que simbólicamente se resuelven conflictos por medio de la fantasía y
la imitación de los adultos. Los
niños con edades entre 6 y 12 años se enfrenta a conflictos académicos o de
laboriosidad y prefieren juegos con roles y juegos de reglas complejas como el
ajedrez. Algunos
autores hacen una clasificación del juego en 4 grupos. Grupo I, donde el tema central es la preocupación ansiosa por el
cuerpo y donde los sentimientos de inutilidad pueden ser denegados por fantasías
compensatorias de grandeza. Los juegos preferidos están relacionados con las
funciones y partes del cuerpo. En
el grupo II, el tema central está relacionado con las relaciones pre-edípicas
y el miedo a perder el amor de los objetos y el juego se focaliza en el
aprendizaje del retraso en las gratificaciones (desarrollo de la capacidad de
tolerancia a la frustración) y los juegos preferidos son las imitaciones y
juego de mamás con muñecas u ositos. En el grupo III, aparece el juego dramático espontáneo y cursa con
una gran variedad de emociones y roles con fantasías de naturaleza social o
creativas. El juego con otros
ayuda al niño a prepararse para los roles adultos.
El grupo IV se basa en
las relaciones con los hermanos y en el temor al super-yo que aparece
aproximadamente a los 6 años. Predominan
los juegos organizados y de cooperación con los hermanos, los amigos y los
padres. A
pesar de que el juego se ha utilizado en intervenciones diagnósticas y terapéuticas
no existe aún una teoría clara del juego normal o anormal.
El sistema simbólico del niño está intacto cuando su nivel de
desarrollo cognitivo, juego, lenguaje y auto-conocimiento está organizado
significativamente. El uso
excesivo del juego o la fantasía puede tener implicaciones negativas
especialmente cuando el niño utiliza la imaginación como defensa, para
escapar de los problemas o cuando predominan las fantasías de violencia,
sangre o daño a otros. La
evaluación y la terapia del juego se usan para descubrir y resolver
problemas. Se basan en la teoría
psicoanalítica y su finalidad es interpretar la conducta del niño para
descubrir sentimientos profundos reprimidos y fijaciones.
Hay dos tipos de terapias de juegos: la estructurada que se utiliza con
niños con retraso mental y la no estructurada que se basa en la premisa de
que cuanto menos sea el intrusismo, más cosas revelará el niño.
El fin de la terapia de juego es separar la fantasía de la realidad y
ayudar al niño a asimilar la realidad de su mundo. Los
niños muy ansiosos exhiben conductas en las que se observa una ruptura del
contenido del juego, realizan actividades no relacionadas con temas
previamente iniciados. Los niños
psicóticos presentan una intensa ansiedad que limita sus percepciones y se
focalizan en detalles específicos; cuando progresa la ansiedad, desconectan y
crean un mundo autista. Los niños
con déficits orgánicos desarrollan juegos momentáneos en los que son
frecuentes las acciones repetitivas y las fugas de ideas.
Los niños fóbicos limitan el uso del espacio permaneciendo en una
esquina durante toda la sesión y los niños hiperactivos y distraídos se
mueven por toda la habitación, tocando todas las cosas de manera impulsiva
incapaz de desarrollar o estructurar el juego espontáneo. La
terapia de juego se diferencia de otros tratamientos porque usa el contacto físico
activo y el control. Se utiliza
mucho en niños autistas y psicóticos a los que se les fuerza a reconocer la
presencia del terapeuta y si le ignoran, el terapeuta alza la voz. Aunque la
terapia de juego no está indicada para todos los niños es especialmente
valiosa para niños con problemas psicosociales, deprivación temprana y baja
autoconfianza. Los padres pueden aprender los ejercicios y actuar de
terapeutas del niño. Los
principios de la terapia del juego asumen que una interacción recíproca
fomenta el desarrollo del niño y están basados en el modelo de interacción
madre-hijo en el que el apego promueve la autonomía y la creación de un
ambiente estimulador y de apoyo al desarrollo normal.
Se utilizan 4 tipos de conductas maternas: Estructurar (la conducta materna establece límites para fomentar en
el niño el aprendizaje de los límites corporales e incluyen definir, ser
severo, tranquilizador, hablar firmemente, clarificar, tomar responsabilidad),
Desafiar/Retar (tomar el pelo al niño,
incordiarle, alentar su paso a la
acción y fomentar la autonomía y separación), Introducir (hacerle cosquillas, ser alegre, balancearle,
sorprenderle de una manera controlada para que el niño no esté
sobreestimulado ni abandonado) y Criar/nutrir
(alimentar, dar mimos, cogerlo, apreciarlo, tocarlo cariñosamente y estimular
el contacto corporal). El
valor terapéutico del juego y del uso de la imaginación se deriva del
hallazgo de que: 1) La imaginación ayuda a reducir el estrés, y cuando se
usa en técnicas de relajación aumenta su poder terapéutico; 2) El soñar
despierto ayuda al niño a planificar un futuro más efectivo. Si ellos
ensayan las acciones que desean emprender y revisan las acciones tomadas en el
pasado, pueden aprender a crear conductas y controlar impulsos; 3) La
imaginación ayuda al niño a controlar los hábitos no deseados; 4) La fantasía
ayuda a ser más sensible al estado de ánimo y necesidades del otro. El desarrollo de la empatía requiere un entrenamiento y una
imaginación activa; 5) La terapia ayuda también a aprender más acerca de sí
mismos, a aumentar su autoconcepto, la imagen corporal y su ego.
El uso actual de la relajación y las técnicas de imaginación pueden
ser útiles en el alivio de problemas médicos como estrés, trastornos del
sueño y en el control del dolor intratable en niños. Terapia
conductual Las
terapias conductuales se engloban dentro de un modelo teórico conocido como
modificación de conducta y que parte de la base de que la conducta anómala
se rige por las mismas leyes que la conducta normal y que existe la
posibilidad de modificarla. Su objetivo es promover la extinción de la
conducta actual que se considera desadaptativa o instaurar una nueva conducta
que la sustituya. Dentro de la terapia conductual coexisten cuatro
orientaciones diferentes: el análisis funcional de la conducta, la orientación
mediacional, el aprendizaje social y la orientación cognitiva[8].
Las
terapias conductuales se engloban dentro de un modelo teórico conocido como
modificación de conducta y que parte de la base de que la conducta anómala
se rige por las mismas leyes que la conducta normal y, que existe la
posibilidad de modificarla. Su
objetivo es promover la extinción de la conducta actual que se considera
desadaptativa o instaurar una nueva conducta que la sustituya.
Dentro de la terapia conductual coexisten cuatro orientaciones
diferentes: el análisis funcional de la conducta, la orientación
mediacional, el aprendizaje social y la orientación cognitiva. 1.
El análisis funcional de la conducta Considera
que la conducta está determinada por factores ambientales y recurre para su
control a los principios y métodos del condicionamiento operante que
considera que la ocurrencia de una conducta está determinada por las
consecuencias que de una manera contingente, es decir en tiempo y espacio, le
siguen y que actúan de reforzamiento para su mantenimiento o de castigo,
provocando su no aparición. Estos
principios se aplican a través de dos grupos principales de técnicas: las técnicas
que provocan el aumento de aparición de las conductas y aquellas que las
disminuyen. Entre las primeras se encuentran: moldeamiento, reforzamiento
positivo, feedback, economía de fichas, contrato de contingencias e
instrucciones. Entre las técnicas
que disminuyen la aparición de las conductas están: extinción, castigo
positivo, coste de respuesta, tiempo fuera y control de estímulos[9]
. 2. La orientación
conductista mediacional Parte
de que hay una serie de variables que actúan entre los estímulos y las
respuestas y que influyen en las conductas[10].
La variable mediadora más utilizada desde esta orientación es la
ansiedad. Estas técnicas se
rigen por los principios del condicionamiento clásico y se dirigen
fundamentalmente a los problemas de ansiedad. Estos principios hacen
referencia a que las conductas surgen como respuesta a la asociación de una
serie de estímulos. Los estímulos
incondicionados (EI) son aquellos estímulos o situaciones que espontáneamente
provocan una respuesta (RI). Si presentamos junto a este EI un estímulo
neutro, es decir, que por sí solo no provoca la aparición de ninguna
respuesta, asociándolo, lo condicionaremos a él, provocando con su sola
presencia una respuesta condicionada. Estos
son los principios explicativos de la ansiedad como respuesta condicionada a
un estímulo condicionado. Por
ejemplo, el aprendizaje de una conducta fóbica a las ratas se puede realizar
asociando la rata blanca, un estímulo neutro en principio que no le provocaba
miedo, a un ruido fuerte (EI) que provoca en un niño pequeño un gran temor.
De manera que cada vez que el niño se acercaba a la rata , provocaban un
ruido que producía el temor del niño (14).
Después de un cierto tiempo presentando estos estímulos juntos, el niño
manifiesta la misma conducta sólo con ver la rata, en ausencia del ruido. El
miedo asociado en principio al ruido (EI), se ha asociado a un estímulo en
principio neutro (EC). Las
principales técnicas derivadas de esta orientación son: la desensibilización
sistemática desarrollada por Wolpe, la exposición y prevención de
respuesta, la implosión y los procedimientos aversivos. 3.
Orientación cognitivo-conductual Es
una terapia en niños y adolescentes que es una técnica muy nueva y todavía
en expansión. Se basa en la
importancia de los procesos cognitivos como reguladores de la conducta y
supone que los procesos cognitivos distorsionados son los causantes de las
conductas alteradas, por lo que se intenta modificarlos a través de una serie
de técnicas basadas en la psicología del aprendizaje.
La idea central es que muchos de los problemas psicopatológicos de los
niños se derivan de deficiencias cognitivas (una ausencia de un procesamiento
cuidadoso de la información que le ayudaría en la situación determinada) y
de distorsiones cognitivas o tendencias a construir inadecuadamente y a
distorsionar las situaciones en las que se encuentra.
Este tipo de técnicas han sido aplicadas a una amplia variedad de
trastornos psiquiátricos infantiles (trastornos depresivos, trastornos de
conducta, trastorno de ansiedad y niños con enfermedades físicas graves) y
con ciertos beneficios aunque todavía es demasiado pronto como para poder
elaborar una indicaciones generales precisas y seguras.
Las modalidades más importantes son las técnicas del condicionamiento
encubierto de Cautela, las técnicas de reestructuración cognitiva de Ellis,
Beck y Goldfried, las técnicas de enfrentamiento, las técnicas de resolución
de problemas, las técnicas de autocontrol y las técnicas
cognitivo-estructuralistas. El
procedimiento de la terapia cognitiva se puede comparar a una investigación
científica que sugiere una secuencia: 1.º) obtención de datos lo más
fiable y válidos posible; 2.º) formulación de hipótesis basadas en estos
datos y 3.º) comprobación y revisión de estas hipótesis en base a la nueva
información obtenida. Los datos
serían los pensamientos automáticos derivados de las verbalizaciones y de
los escritos del paciente. El
terapeuta acepta estos pensamientos como una representación verdadera, pero
no necesariamente exacta, de la realidad.
Los pensamientos automáticos de los adolescentes pueden aparecer en
los arranques emocionales dentro de la sesión o se pueden obtener a través
de técnicas proyectivas (poesías, contar historias o discutir películas o
programas de televisión). El
terapeuta primero intenta elicitar los pensamientos automáticos y una vez
identificados busca evidencias específicas en contra cuestionando al niño
sobre las circunstancias globales y sobre detalles específicos de una situación.
A veces este proceso revela un patrón de pensamiento distorsionado que
ocurre a través de una serie de situaciones.
Para los adolescentes es importante no mostrarles prematuramente los
pensamientos particulares porque pueden defraudarles.
Una metáfora como la del buen o mal entrenador puede servir para
esclarecer el concepto de pensamiento automático: el buen entrenador tiene en
cuenta distintas opciones, el mal entrenador es super crítico y exigente. Posteriormente
se le ayuda al adolescente a identificar los errores de lógica en su
pensamiento (p.ej. inferencia arbitraria o sobregeneralización) y se le enseña
a reconocer y corregir estos errores ayudándole a evaluar continuamente el
grado en que sus pensamientos reflejan la realidad y se le ayuda a identificar
o a inferir las actitudes asumidas que están debajo de este patrón de
pensamientos negativos recurrentes (una actitud frecuente es la expectativa a
fallar). El terapeuta ayuda al paciente a ver que tales creencias pueden no
ser necesariamente reflejo de la realidad.
P..ej. puede usar la lógica, la persuasión y la evidencia para
mostrarle al paciente que su creencia puede ser más una idea o hipótesis que
requiere validación, que un hecho. El
terapeuta no solo ayuda a desarrollar bases para la validación empírica de
sus actitudes o creencias, sino que también le ayuda a reconocer las
cogniciones basadas en estas actitudes. Las
técnicas cognitivas están diseñadas para facilitar cambios en síntomas
específicos de la depresión como inactividad, autocrítica, ausencia de
gratificaciones y deseos suicidas. Normalmente una sesión empieza con la
revisión de la tarea asignada para casa, focalizada sobre los pensamientos
del paciente y después se desarrolla y planifica la siguiente tarea. En
las sesiones iniciales el terapeuta debe enfatizar el aumento de la actividad
y de las interacciones con el ambiente. En el curso de tales cambios el
paciente aprende a reconocer, aportar y relatar pensamientos asociados con
conductas particulares, actividades o cambios de humor.
Conforme la intensidad de la depresión va disminuyendo, los pacientes
aprenden a recoger, examinar y comprobar empíricamente sus pensamientos automáticos
negativos. En las siguientes
sesiones, las actitudes en las que se apoyan estos pensamientos son
identificadas y sometidas a validación empírica a través de las tareas
asignadas. Sólo si el paciente
está menos deprimido, el terapeuta puede emplear esta técnica de cambio
cognitivo. Las tareas son críticas
para el tratamiento porque ayudan al paciente a desarrollar objetividad sobre
las situaciones a identificar actitudes y creencias y a desarrollar
conceptualizaciones alternativas. 4. Psicoterapia individual En
contraste con las técnicas de conducta, las aproximaciones psicodinámicas se
focalizan en la experiencia interna del niño o del adolescente.
La esencia de la psicoterapia individual es el desarrollo de una relación
entre el terapeuta y el paciente en el contexto de la cual se promueva, de
alguna manera, un cambio en algún aspecto del estado mental del paciente. Elementos
básicos en todas las formas de psicoterapia infantil son el desarrollo de una
adecuada relación de trabajo, la valoración de los sentimientos del niño
dentro de este contexto y el uso de la relación para ayudar a resolver los
problemas del niño. Se han
descrito muchos tipos de psicoterapias que difieren en los propósitos,
procedimientos y bases teóricas. La
terapia de apoyo tiene el propósito de ayudar al paciente a enfrentarse mejor
con la situación actual y puede utilizarse con niños que se enfrentan con
estrés agudo o severo y que es probable que disminuya a lo largo del tiempo
(p.e., ingreso de un padre en el hospital).
En el extremo opuesto de este situación se sitúa el psicoanálisis.
Su propósito es aportar un cambio radical en el estado emocional y en
las reacciones del paciente y el objetivo es explorar completamente la vida
inconsciente del niño o del adolescente y sus fantasías en relación con
cualquier problema hallado en el contexto de la relación entre el pacientes y
el terapeuta. Si
bien hay muchas escuelas de psicoterapia individual que presentan una gran
diferencia entre ellas, podemos definir una serie de criterios básicos:
No criticar al niño, pero teniendo en cuenta que su aceptación no significa
la aprobación de todo lo que él hace.
Recordar que la mayoría de los niños no vienen a la consulta por propia
iniciativa.
No entrar rápidamente a una discusión de los síntomas a menos que ello sea
propuesto por el niño.
Intentar entender los sentimientos del niño desde su punto de vista. La
experiencia del niño al airear los sentimientos negativos o al revelar los
malos sentimientos en relación con el mismo y no ser rechazado o criticado
puede resultar terapéutica.
Recordar que aunque la expresión libre de los sentimientos debe estimularse
hay que poner, al igual que en otras situaciones, una serie de límites. En
algunas ocasiones puede ser adecuado el definir los limites de permisión en
la primera sesión. El
primer nivel de ayuda es el simple proceso de aceptación de los sentimientos
del niño. En otros casos este
proceso no es suficiente y es necesario un intercambio emocional con el niño
y una mayor duración en el tiempo. En
esta transacción emocional el niño muestra conductas y actitudes semejantes
a las que muestra hacia los padres o hacia las figuras importantes de su vida.
Los sentimientos y conductas que emergen van a ser trabajadas a través
del análisis de la relación niño/terapeuta. En el tercer nivel se añade la
interpretación y su misión es poner los problemas y los conflictos en
palabras para ayudar al niño a entenderlos. Las interpretaciones deben ser
aplazadas hasta que el significado del juego o de las palabras del niño se
vuelva muy claro. En
general, podemos decir que por lo que respecta a las psicoterapias psicoanalíticas
individuales, la diferencia con el psicoanálisis infantil reside
principalmente en la frecuencia de las sesiones y en el nivel de regresión
que ello representa y no en la naturaleza del proceso terapéutico. El menor número
de sesiones semanales, al limitar la regresión, limita a su vez la amplitud
de lo que se transfiere sobre el terapeuta y permite permanecer más
concentrado en los conflictos subyacentes a los síntomas. Otras
técnicas psicoterapéuticas tales como los métodos estratégicos también
pueden ser utilizados en forma individual.
Son métodos esencialmente pragmáticos que se basan en la creencia de
que los problemas de los individuos se relacionan con las operaciones de
repetición de secuencias conductuales. Estos
métodos incluyen, entre otros, el "re-enmarcamiento"
("reframing"), la connotación positiva, la prescripción del síntoma,
la predicción de recaídas, la declaración de incompetencia y el uso de metáforas
terapéuticas. El reframing se
refiere al hecho de dar un significado diferente a algo, ya sea un síntoma,
una conducta repetitiva o un sistema de creencias a través de cambiar el
contexto emocional o conceptual. Las
metáforas terapéuticas son historias que, de alguna manera, se relacionan
con la situación del niño. Ayudan
al niño a través de la sugestión y de la presentación de otras
posibilidades que no habían sido vistas hasta ahora.
Son muy adecuadas para niños que son receptivos a los cuentos contados
por su familia o a otros tipos de historias. Este tipo de terapias se
convierten en técnicas para alcanzar unos caminos mejores y socialmente más
aceptables que lleven al mismo final que la conducta anómala. 5. Terapias con implicación de la
familia Si
bien en muchos casos el tratamiento del niño resuelve la sintomatología que
motiva la derivación, a veces es necesario la participación de los padres
bien sea para recibir información o consejos sobre la situación clínica o
sobre la evolución del tratamiento de su hijo o para plantearles la
posibilidad de un tratamiento para ellos mismos. En
las técnicas de consejos para padres el
tratamiento se asienta sobre una visión del niño como paciente y el propósito
es capacitar a los padres para entender el trastorno psicològico de su hijo,
los factores que lo han desencadenado y aquellos que contribuyen a su
mantenimiento. Kraemer describe
el tratamiento de consejo como aquel en el que el psicòlogo es educador,
consejero y director. Las
habilidades requeridas para la terapia de consejo son distintas de las
referidas para la psicoterapia individual por ello es necesario derivar al niño
o a los padres a otro terapeuta cuando la meta y el foco del tratamiento se
modifiquen. En
algunos casos el foco principal del tratamiento serán los padres y la
participación del niño en el tratamiento es poca o casi ninguna.
Son aquellos casos en los que los síntomas del niño se han presentado
como un motivo de derivación pero la investigación clínica revela que la
conducta del niño es el resultado de situaciones ambientales que ocurren de
forma natural o que son secundarios a los problemas psicològicos de los
padres[11].
El primer supuesto dio origen al modelo de entrenamiento parental
(focalizado en enseñar a los padres nuevas habilidades para el manejo de la
conducta del niño y que inicialmente se practican con el terapeuta para
posteriormente realizarlas con el niño) y a la terapia familiar conductual
(derivada de la anterior y basada en el hecho de que el entrenamiento parental
unidireccional puede ser insuficiente por lo que es necesario realizar una
valoración previa del ajuste familiar para corregir posibles patologías
psiquiátricas en los padres). En
la terapia familiar el foco de tratamiento es el sistema familiar y el
principio central y común a las distintas modalidades existentes es que los
miembros de una familia ejercen influencias y presiones entre sí, las cuales
son algo más que las suma de las influencias individuales entre ellos. La
terapia de familia debe ser el tratamiento de primera elección en los casos
en que la sintomatología del niño o del adolescente es el resultado de una
disfunción del sistema familiar. Los
tipos de intervención en terapia de familia son muy diferentes pero, básicamente,
se dividen en directos, indirectos o estratégicos. Si bien toda terapia de
familia es sistémica (ya que va encaminada a la modificación de un sistema)
el grado e intensidad de este componente es muy variable.
La intervención directa consiste en ofrecer a la familia vías
alternativas de funcionamiento y los métodos indirectos o estratégicos se
basan (al igual que en la psicoterapia individual) en el uso del
"replanteamiento" y la connotación positiva, la comunicación metafórica,
uso de directivas paradójicas, prescripción de rituales y tareas, declaración
de la impotencia terapéutica, prescripción de terapias interminables y el
uso de un grupo de consulta que actúe como un "coro griego" que
ofrece opiniones escindidas o que discute sobre la familia enfrente de ellos. Mientras
que el sujeto de tratamiento familiar es el grupo completo, en algunos casos
los cambios en el sistema familiar global se producen a través de
modificaciones de los subsistemas familiares. En cualquiera de los casos o de
las situaciones es el "sistema de funcionamiento de la familia", o
camino por el que los miembros de la familia se interrelaciona e
intercomunican, el que dirige la terapia y no el estado mental de los miembros
individuales. En los casos en los que la psicopatología de los padres o del
niño así lo necesiten debe realizarse, además de la terapia de familia, el
tratamiento psiquiátrico preciso. 7.
Terapia de grupo Los
niños pueden comunicarse unos con otros con gran facilidad y, a menudo, sin
palabras y sin elaboraciones verbales complejas. El camino a través del cual los niños interactúan en un
grupo juega un papel muy importante en formar y en influenciar las conductas
sociales de los niños y en modelar sus identidades personales. Esta peculiaridad, cuando se realiza en un grupo, aporta al
terapeuta una oportunidad única para observar la conducta actual del niño,
para clarificar el diagnóstico y para una interpretación gradual de los
significados del juego o de las interacciones.
La utilización de grupos de tratamiento es particularmente ventajosa
dada la específica necesidad de relación que tienen los niños o
adolescentes para con personas de su misma edad. En
los grupos infantiles la esencia del proceso es permitir a los miembros
ayudarse unos a otros a través de las interacciones y del modelamiento recíproco
y la función del terapeuta es facilitar un intercambio constructivo y
beneficioso. El proceso grupal ha
sido comparado con el que ocurre en los test proyectivos pero con la
diferencia que, en el grupo, el material es vivo y multidimensional y cada niño
participa activamente[12] . Si
bien, tanto los niños como los padres con trastornos psicològicos pueden ser
tratados en grupo, este tipo de terapia está particularmente indicada en niños
que tienen graves dificultades para las relaciones interpersonales.
La teoría y las técnicas grupales oscilan entre las aproximaciones
psicoanalíticas, psicodinámicas, psicodramáticas, gestálticas,
transaccionales, conductual cognitiva y sistémica. La elección de una u otra
depende tanto de la preparación del terapeuta como del estadio evolutivo,
tipo de problema y grado del déficit intrapsíquico o interpersonal que
presente el niño. Las
aproximaciones actuales a la terapia grupal son el resultado evolutivo de la
terapia de actividad grupal, de la terapia de actividad-entrevista y de la
psicoterapia grupal psicoanalítica[13].
Las demandas comunitarias han conducido a la introducción de modelos
de grupo a corto-plazo y a la
introducción de modificaciones estructurales y técnicas en relación con las
composiciones de los grupos (edad, homogeneidad, heterogeneidad, frecuencia),
el papel de los miembros y las funciones y contratransferencias a las que se
enfrentan los terapeutas. CONCLUSIONES
Las
psicosis se manifiestan por una patología que afecta a todas las áreas de la
función mental: conducta, cognición y emociones. Las teorías de las causas de la perturbación mental son
variadas y van desde las que
consideran las fuerzas externas al niño, hasta las que involucran el
componente biológico. Del
conocimiento de esta bibliografía por parte del terapeuta dependerá la gama
de posibilidades de tratamiento que se le puedan ofrecer al niño.
Además, la importancia del papel de la escuela como lugar para la
identificación precoz de los trastornos mentales y como fuente de tratamiento
debe ser valorada, entendida y potenciada. BIBLIOGRAFÍA
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los niños perturbados. México. Fondo de Cultura Económica 2.WEST, Jeanette: Terapia de juego centrada en el niño, México, Manual Moderno,
1994. 3.Via internet http://psinet.com.ar/rif/rif03033.htm
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5. Via internet www.sites.netscape.net/pauchardhafemann/saludm.html
6. Via internet www.drwebsa.com.ar/aap/alcmeon/14/a14_04.htm
7 Via internet www.nacion.co.cr/ln_ee/1999/diciembre/05/opinion4.html 8. Vía internet www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol1num3/art_8.htm
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10. Vía internet. http://www.intersep.org/manual/a10n10.htm
11.
Vía internet .
http://www.oei.es/n3976.htm 12. Vía internet http://www.kiron.freeservers.com/contenido/terapias_de_grupo.htm 13. Vía internet . http://www.diariomedico.com/psiquiatria/n141099.html
[1]
NEWCOMER, Phyllis. Cómo enseñar a los niños perturbados. México.
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WEST, Jeanette: Terapia de
juego centrada en el niño, México, Manual Moderno, 1994. [3] Via internet www.chasque.apc.org/spu/revabr2000/autores2.htm [4] Via internet www.sites.netscape.net/pauchardhafemann/saludm.html [6] Vía internet www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol1num3/art_8.htm [7]
Via internet www.psinet.com.ar/rif6/110.htm
[8] Vía internet. www.psinet.com.ar/rif6/110.htm [10] Vía internet. www.psiquiatrìa.com/psiquiatria/vol1num3/art_8.htm [11] Vía internet www.intersep.org/manual/a12n3.htm [12] Vía internet www.bulimarexia.com.ar/trata.html [13] Vía internet www.gva.es/bs/dd/biblioteca/wwwcas/busquedaclave.htm |