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EL DESEMPLEO COMO ESPEJO INTERIOR CIRCUNSTANCIAL |
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Por:
Juan Carlos Rodríguez Vargas
Resumen En este
artículo, se toca el tema del desempleo como una oportunidad de dar una
mirada hacia dentro y replantear muchos aspectos de la vida, explicaré las
etapas del efecto del despido y algunas conductas psicológicas, relacionadas
con la economía, que determinan también el efecto Psicológico en una
persona que pierde su empleo. Palabras Claves: Desempleo, Economía, Psicología Económica.
Abstract In
this article, the topic of the unemployment will be explain like an
opportunity of giving a look toward inside of and to restate many aspects of
the life, I will explain the stages of the effect of the discharge and some
psychological behaviors, related with the economy, that this behaviors also
determine the Psychological effect in a person that loses their employment. Key Words: Unemployment, Economy, Economic Psychology.
"Si no necesitas trabajar para comer, necesitarás trabajar para tener salud. Ama el trabajo y no dejes que nazca la mala hierba de la ociosidad"... Guillermo Penn Cerca del 10% [1]
de la población colombiana está cesante y con riesgo de desarrollar una
depresión o convertirse en un desempleado crónico, aunque si incluimos el
incremento en la denominada Tasa Global de Participación (lo que quiere decir
que ahora hay más personas que salen a buscar trabajo), este índice se
elevaría a un 20% [2]
aproximadamente. La
experiencia de perder el empleo puede ser tan traumática que, según la
escala de evaluación de ajuste social de Holmes y Rahe [3],
se encuentra dentro de los 10 principales estresores en la vida de un ser
humano, después de la muerte del cónyuge, divorcio, enfermedad grave
personal o matrimonio, y puede llevar a un individuo predispuesto a
desarrollar problemas de salud mental como la depresión, o bien, a no
encontrar más empleo y pasar a ser un cesante crónico, excluido del sistema.
Pero también puede ser el primer paso para una decisión de cambio en el
estilo de vida que signifique la realización personal. La
magnitud de los efectos se debe a que el empleo no sólo es un medio para
obtener un bienestar económico, sino también para obtener gratificaciones,
interacciones sociales, identidad y autovaloración. El trabajo influye en la
autoestima y brinda una identidad del rol. En otras palabras, ser médico,
ingeniero, docente o secretaria tiene que ver con cómo el sujeto quiere que
los demás lo vean y cómo éstos realmente lo perciben. También brinda un
sentido de pertenencia a un grupo, al ofrecer la posibilidad de interacción
con personas que tienen metas comunes. Y de legitimización ante la familia y
ante la sociedad [4].
De
todo lo anterior podemos decir que el primer efecto del despido es un golpe a
la autoestima. Según explica el Psicólogo Mario Morales [5],
de la Universidad Católica, una persona que pierde su empleo pasa por siete
etapas, desde el shock inicial hasta la internalización de la experiencia.
Algo similar a lo que ocurre en
los procesos de duelo, frente a las enfermedades o divorcio. 1.
Estado de shock o perplejidad:
el sujeto se angustia y sorprende, no entiende qué le sucede. 2.
Negación de la realidad: dependiendo de la
severidad del cambio acontecido, el despedido puede negar o minimizar la
realidad. Lo primero significa que el sujeto concibe que la realidad permanece
igual y que fácilmente encontrará nuevo trabajo. Por ello, por ejemplo, se
toma vacaciones o realiza el viaje soñado. La minimización significa culpar
a situaciones externas, como las crisis económicas o la reducción de
personal. Tampoco el sujeto disminuye su nivel de gastos. 3.
Desorientación y pena: el individuo pierde
el sentido, se reevalúa toda su vida, pero tampoco toma decisiones, es una
espera improductiva. 4.
Aceptación de la realidad: recién entonces el
sujeto asume su nuevo estado en forma positiva y toma decisiones. 5.
Búsqueda de actitudes y conductas:
luego de asumir su nueva situación, la persona comienza a buscar nuevos
empleos, a probar nuevas formas de resolver la crisis. Generalmente, busca
trabajos similares al que tenía, y si fracasa se abre a otros horizontes. 6.
Búsqueda de sentido de la nueva situación:
El sujeto reorienta su vida entorno al nuevo escenario, ya sea un nuevo empleo
o nuevas posibilidades. 7.
El proceso culmina cuando la persona internaliza los significados
respecto a sí mismo y al mundo exterior y los incorpora a su conducta diaria. Otros
efectos inmediatos con la pérdida del trabajo son: la disminución de los
contactos sociales, donde es el propio sujeto el que se siente segregado; la
desestructuración del tiempo, ya que el gastar las 24 horas del día es un
imperativo básico del ser humano, desde que nace. Y el trabajo, al igual que
el juego en los niños, cumple la misma función llenando gran parte de ese
tiempo. Y no sólo para no estar ocioso, sino para estructurar la personalidad
y las relaciones con los demás Todo
esto conlleva consecuencias sobre la salud mental de los sujetos: éstos se
vuelven ansiosos, insatisfechos y no pueden concentrarse; pero hay factores
como el alto compromiso personal con el empleo y la edad, que hacen disminuir
o aumentar los efectos de la pérdida del trabajo, como también influye la
interpretación personal que cada individuo le da a la causa de su desempleo.
Aunque, la pérdida del empleo puede ser el comienzo, también puede ser la
oportunidad para replantear la vida. Para ello se requiere de autocontrol, ser
capaz de guiar la propia vida. O simplemente, puede servir para reforzar lo
que ya se ha hecho. Así, el desempleo se convierte en un “espejo interior
circunstancial” de la persona; “espejo interior”, ya que nos hace llevar
a cabo un proceso de autorreflexión, y así replantear nuestras vidas, y;
“circunstancial”, ya que el desempleo, por sí mismo, al no ser
autoprovocado, y, además, en personas para quienes el trabajo los hace auténticos
y reafirma sus vidas, es un hecho circunstancial en sí mismo, es decir,
sucede porque esa experiencia se dio en la vida sin uno provocarla. Según
Carlos Descouvières [6], existen unas conductas
psicológicas, relacionadas con la economía, que determinan también el
efecto Psicológico en una persona que pierde su empleo, estas son: el
consumo, el ahorro y el endeudamiento. 1.
Consumistas: Son individuos que basan su autoestima en las
posesiones materiales. Valoran éstas en relación con el status quo que ellas
reportan y en base a su apariencia y significados utilitarios. En cambio,
quienes se orientan menos hacia los objetos materiales tienden a valorar sus
bienes por las relaciones simbólicas con otros individuos, por ejemplo,
regalos. Los
investigadores norteamericanos Richins y Dawson encontraron en 1992 que las
personas materialistas declararon que deseaban, o necesitaban, tener ingresos
50 % más altos que los que no eran materialistas. Otras investigaciones
indican que son menos dados a hacer donaciones de órganos y a ejercer la
caridad. 2.
Compradores compulsivos: Se estima que el 10 % de la población de
EE. UU. pertenece a esta categoría, es decir, son incapaces de dominar un
impulso. Este tipo de personas compra productos congruentes con su autoimagen
o con la que desean tener. Aún así, son individuos con una baja autoestima
que previenen sentimientos negativos hacia sí mismos mediante la compra de
objetos. Actúan bajo un súbito y espontáneo deseo, no evalúan
racionalmente los productos que adquieren, así como tampoco las consecuencias
de su comportamiento. 3.
Endeudados: La capacidad de adquirir deudas, a veces inmanejables,
está ligada estrechamente al autocontrol del sujeto, según explica Carlos
Descouvières. Este tipo de personas tiene un estilo más débil de
administración del dinero, es decir, son más desorganizados, y no se sienten
protegidos financieramente; en otras palabras, sienten que no tienen el
control de determinadas situaciones y que no pueden manejarse de manera
adecuada en el ámbito financiero. Además,
son incapaces de postergar la gratificación que otorgan los bienes
materiales. Según diversas investigaciones, una persona que está satisfecha
con su nivel económico estará más proclive a compararse favorablemente con
otras y menos proclive a extender su gasto con dinero proveniente de créditos.
Otros estudios han elaborado un perfil del endeudado: son individuos menos
educados o con menos capacitación, jóvenes, que usan el crédito para
influir en otras personas o para sentirse mejor ellos mismos y que tienen más
tendencia a la toma de riesgos y a la búsqueda de sensaciones. Además,
expresan mayor ansiedad respecto a los asuntos financieros, creen menos en sus
capacidades y poseen un locus de control externo mayor, es decir, se dejan
llevar por las circunstancias de la vida. También suelen usar vías de escape
como los juegos de azar, se confían de las herencias o regalos, en vez de
reducir sus gastos.
[1]
MONTAÑO, Jorge. Repunta Empleo Temporal: Emisor. En: El Heraldo,
Barranquilla (6, May, 2000); p. 8A. [2]
COLPRENSA, Santafé de Bogotá. El Desempleo Llegó al 20%. En: El
Heraldo, Barranquilla (23, Abr, 2000); p. 12A. [3]
PAPALIA, Diane E.; WENDKOS OLDS, Sally. Psicología.
McGraw-Hill. 1a. ed. México: 1995. p. 371. [4]
DESCOUVIÈRES,
Carlos. Psicología Económica. Editorial Universitaria. 1a. ed. Chile:
2000 [5]
DESCOUVIÈRES, Carlos. El precio del sobre azul: Quemando etapas. 1a. ed.
Chile: 1998. [6]
DESCOUVIÈRES, Carlos. El precio del sobre azul: Personalidades
económicas. 1a. ed. Chile:
1998. |