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ISSN 0124 - 0897


No. 8- Noviembre de 2.003
EL CONFLICTO ISRAELITA-PALESTINO, A LA LUZ DE LA TRADICIÓN GRUPAL DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL


Angel Unfried
VIII semestre de Psicología

Introducción

La memoria de los habitantes de Israel y Palestina ya no alcanza para recordar por qué y desde cuando se encuentran inmersos en una guerra fraticida y sin cuartel, que tiñe de sangre todas las rutas históricas de este pueblo único, dividido por las fronteras artificiales de la política, la religión y después el odio.

En estas latitudes ya somos expertos en el tema de la inutilidad de los procesos de paz abiertos en medio de procesos electorales, intereses individuales de sujetos concretos e intereses económicos a escala nacional e internacional ( Los Estados Unidos y su “casual” presencia en todos los irresolutos conflictos bélicos del mundo, y la participación mediadora casi imperceptible de la ONU .)

Pero, mas allá de todos estos intereses que obstaculizan el avance y perpetúan la forma circular del proceso, está un hecho de fondo: la carencia de una verdadera voluntad de cambio de parte de los actores armados y la incapacidad de los líderes de los bandos enfrentados, de imponer su liderazgo y las razones políticas por encima de los sentimientos irracionales arraigados en el alma del pueblo, que terminan constituyendo el verdadero motor sempiterno de la guerra : La guerra se alimenta del odio surgido a partir de la guerra misma.

Después de una cadena de intentos fallidos y promesas incumplidas por ambas partes, tanto en el caso Colombiano como en el medio Oriente, el proceso de paz termina por arrojar su víctima más importante: La esperanza. Aquellos pocos implicados que pudieran llegar a creer que la solución no está en las armas y que todo conflicto es negociable, terminan pereciendo en medio del fuego cruzado o asumiendo la inutilidad de una respuesta concertada en medio del odio.

Es difícil precisar el verdadero momento y las causas del inicio del conflicto, pero es necesario subrayar que el recrudecimiento es cotidiano, así como el agotamiento de alternativas de solución. La comprensión de lo que ocurre en el Medio Oriente puede exigir una reflexión profunda que tal vez no sea posible desde un marco culturalmente ajeno a la realidad de ese contexto.

El artículo principal del cual parte esta reflexión es “Israel : conversación de guerreros”, fue tomado de la revista El Malpensante, y consta de una densa conversación de soldados israelíes pertenecientes a las fuerzas elites de las zonas de ocupación en Hebrón, Jenín, y la franja de Gaza. Allí se evidencia la crudeza de los tiempos de guerra a través de los testimonios de desensibilización ante la crueldad, que la costumbre va minando en los corazones de los soldados.

Se destaca otro documento, “La infancia en el campo de batalla”, tomado de la revista virtual “Fusión”, en el que los protagonistas son los niños participantes en el fuego cruzado. Los artículos complementarios enmarcan el contexto bélico, recordándonos la crueldad de las manifestaciones violentas en que se materializa el sentimiento mutuo de odio.

Aun cuando las reflexiones principales giren en torno a la situación de los soldados, como seres individuales que poco a poco van perdiendo su capacidad y voluntad de decidir por sí mismos, y de los niños, como actores de un conflicto que les es tan propio como extraño, el tema de estas páginas no se limita solo a éstas dos ópticas, sino que abarca la realidad dolorosa, las causas, los hechos, los protagonistas y las proyecciones futuras del conflicto que sirve como escenario de la deshumanización militar y el maltrato infantil.

Las aparentes contradicciones que se plantean en esta presentación, no son otra cosa que distintos modos y perspectivas para abordar un mismo tema.


Desde la tradición grupal

Este fenómeno social al cual venimos refiriéndonos, nos da la impresión inicial de ser meramente colectivo y haber ahogado la capacidad de individualidad de sus actores en la espesura del pensamiento y el sentimiento del grupo. Es por ello que la tradición grupal constituye una herramienta fundamental para la comprensión de los hechos. Para este análisis es importante rescatar desde esta tradición, tres marcos de referencia fundamentales y clarificadores: El Holismo sociológico, El Volkgeist, y la Psicología de las masas.

El Holismo Sociológico aparece implícitamente en el concepto de Homo Sociologicus desde Emile Durkheim, pero es enunciado formalmente con sus respectivas leyes, por May Brodbeck. Las leyes del Holismo Sociológico según este autor son: ”Conexión empírica entre los atributos y los comportamientos del individuo, y los atributos y comportamientos del grupo, intentan explicar y predecir el comportamiento del individuo dentro del grupo, y son cohesivos : congregan individuos que mantienen una determinada mentalidad de relaciones interpersonales”. (Brodbeck 1958)

En nuestro caso concreto estas leyes tienen representación en las manifestaciones, actitudes y sentimientos de la gran mayoría de los individuos pertenecientes a los pueblos en conflicto. Para el caso de los soldados de los puntos de control, la actitud negativa hacia los palestinos acompañada de sentimientos y actitudes de rechazo y odio que se desarrollan al interior del pueblo israelita, no parece penetrar, de acuerdo con estos testimonios, desde la mente del grupo hasta los combatientes, la verdadera causa de su agresión por parte de los soldados no es solo afectiva sino que implica factores personales de índole estrictamente individual, así como la influencia ejercida desde arriba por parte de las órdenes de los superiores, o el peso simbólico de la religión.

La expresión más clara y contundente de esto es el caso de los niños que crecen en un odio que se aprende tan tempranamente y se siembra tan hondamente en sus corazones, que llega a adquirir la apariencia de transmitirse genéticamente. Se trata de un odio irracional que habita en a esencia de la nacionalidad y que va mucho más allá del asunto territorial y la problemática religiosa que los niños escasamente alcanzan a comprender.

En este sentido la revista Fusión expresa : Los niños(...) forman parte de una historia y de una causa común y representan las esperanzas y sufrimiento de su pueblo. Tanto los niños palestinos como los israelíes, no tienen la oportunidad de elegir, tienen que asumir una situación que les viene dada. A ambos, se les educa para combatir a su enemigo, que puede aparecer en cualquier momento.

En el corazón y la mente de estos niños convergen las heridas que perpetúan la guerra entre estos dos pueblos: las del cuerpo causadas por las balas de un fuego cruzado que en últimas ellos terminan reproduciendo, y las del alma, ambas causadas por el odio bien aprendido que será casi insalvablemente replicado en la siguiente generación.

El verbo aprender no debe ser entendido en este contexto solo como un proceso cognitivo de adquisición de información. Aunque es cierto que los israelíes mayores enseñan a a sus hijos a odiar a los palestinos y que los palestinos cultivan en su comunidad un antisemitismo tan apasionado que puede llegar a significar hasta el sacrificio de la propia vida, el odio no solo se aprende, se respira, se siente, se vive en carne propia, y aún con más dolor y fuerza cundo se trata de una venganza.

Parte de la esencia de ser palestino o israelí, dentro de la zona de influencia del conflicto, consiste en odiar a a otro ( no como individuo, sino como parte de una colectividad enemiga en la que se diluye su individualidad ). En el Volksgeist de ambos pueblos figura, junto con la religión y las costumbres, esta fuerza supraindividual constitutiva, definitoria y esencial.

“Debido a la larga duración de los conflictos entre palestinos e israelíes, son varias las generaciones de niños que no han conocido la paz, no han experimentado la seguridad, es decir, no conocen una situación de normalidad”.

Cuando las causas y las razones se han diluido en el tiempo, solo mantienen su fuerza creciente los sentimientos. Lo que se hereda de una generación a otra entre estos dos pueblos, no son los motivos de un odio justificado, sino la carga afectiva de una fuerza sentimental carente de un fondo racional asequible al pueblo promedio. Ante el desconocimiento de los intereses económicos y políticos que orientan el conflicto, el pueblo se sumerge en un estado de propensión emotiva a la acción en la cual se diluye su posibilidad de elegir. Dentro de lo planteado por Gustave Le Bon y Scipio Sighele,, esta es una de las características que definen la masa, de acuerdo con la cual “en el alma colectiva se borran las aptitudes intelectuales, y en consecuencia la individualidad” ( Le Bon, 1983 )

En esta misma línea, el principio de irracionalidad de la masa, se traduce en las acciones violentas, que aunque a veces son emprendidas por sujetos únicos, no tienen una motivación individual, sino que hallan sustento en la pertenencia a la masa : el suicida palestino que se ata una bomba al cuerpo para matar consigo a 14 israelíes, no lo hace en su nombre, ni por un razonamiento político, sino como miembro de una colectividad que actúa sobre él por medio de la sugestión, conduciéndolo a un estado de euforia en el que es capaz de darlo todo por ser fiel a la palabra. Aún en estas acciones individuales, si se quiere, podemos ver en cada sujeto representada una masa.


BIBLIOGRAFÍA

  • BLANCO Amalio. Cinco tradiciones en la Psicología Social. 2° Ed, Morata, Madrid 1995