Angel
Unfried
VIII semestre de Psicología
Introducción
La
memoria de los habitantes de Israel y Palestina ya no
alcanza para recordar por qué y desde cuando
se encuentran inmersos en una guerra fraticida y sin
cuartel, que tiñe de sangre todas las rutas históricas
de este pueblo único, dividido por las fronteras
artificiales de la política, la religión
y después el odio.
En estas latitudes ya somos expertos en el tema de la
inutilidad de los procesos de paz abiertos en medio
de procesos electorales, intereses individuales de sujetos
concretos e intereses económicos a escala nacional
e internacional ( Los Estados Unidos y su “casual”
presencia en todos los irresolutos conflictos bélicos
del mundo, y la participación mediadora casi
imperceptible de la ONU .)
Pero, mas allá de todos estos intereses que obstaculizan
el avance y perpetúan la forma circular del proceso,
está un hecho de fondo: la carencia de una verdadera
voluntad de cambio de parte de los actores armados y
la incapacidad de los líderes de los bandos enfrentados,
de imponer su liderazgo y las razones políticas
por encima de los sentimientos irracionales arraigados
en el alma del pueblo, que terminan constituyendo el
verdadero motor sempiterno de la guerra : La guerra
se alimenta del odio surgido a partir de la guerra misma.
Después de una cadena de intentos fallidos y
promesas incumplidas por ambas partes, tanto en el caso
Colombiano como en el medio Oriente, el proceso de paz
termina por arrojar su víctima más importante:
La esperanza. Aquellos pocos implicados que pudieran
llegar a creer que la solución no está
en las armas y que todo conflicto es negociable, terminan
pereciendo en medio del fuego cruzado o asumiendo la
inutilidad de una respuesta concertada en medio del
odio.
Es difícil precisar el verdadero momento y las
causas del inicio del conflicto, pero es necesario subrayar
que el recrudecimiento es cotidiano, así como
el agotamiento de alternativas de solución. La
comprensión de lo que ocurre en el Medio Oriente
puede exigir una reflexión profunda que tal vez
no sea posible desde un marco culturalmente ajeno a
la realidad de ese contexto.
El artículo principal del cual parte esta reflexión
es “Israel : conversación de guerreros”,
fue tomado de la revista El Malpensante, y consta de
una densa conversación de soldados israelíes
pertenecientes a las fuerzas elites de las zonas de
ocupación en Hebrón, Jenín, y la
franja de Gaza. Allí se evidencia la crudeza
de los tiempos de guerra a través de los testimonios
de desensibilización ante la crueldad, que la
costumbre va minando en los corazones de los soldados.
Se destaca otro documento, “La infancia en el
campo de batalla”, tomado de la revista virtual
“Fusión”, en el que los protagonistas
son los niños participantes en el fuego cruzado.
Los artículos complementarios enmarcan el contexto
bélico, recordándonos la crueldad de las
manifestaciones violentas en que se materializa el sentimiento
mutuo de odio.
Aun cuando las reflexiones principales giren en torno
a la situación de los soldados, como seres individuales
que poco a poco van perdiendo su capacidad y voluntad
de decidir por sí mismos, y de los niños,
como actores de un conflicto que les es tan propio como
extraño, el tema de estas páginas no se
limita solo a éstas dos ópticas, sino
que abarca la realidad dolorosa, las causas, los hechos,
los protagonistas y las proyecciones futuras del conflicto
que sirve como escenario de la deshumanización
militar y el maltrato infantil.
Las aparentes contradicciones que se plantean en esta
presentación, no son otra cosa que distintos
modos y perspectivas para abordar un mismo tema.
Desde la tradición grupal
Este
fenómeno social al cual venimos refiriéndonos,
nos da la impresión inicial de ser meramente
colectivo y haber ahogado la capacidad de individualidad
de sus actores en la espesura del pensamiento y el sentimiento
del grupo. Es por ello que la tradición grupal
constituye una herramienta fundamental para la comprensión
de los hechos. Para este análisis es importante
rescatar desde esta tradición, tres marcos de
referencia fundamentales y clarificadores: El Holismo
sociológico, El Volkgeist, y la Psicología
de las masas.
El Holismo Sociológico aparece implícitamente
en el concepto de Homo Sociologicus desde Emile Durkheim,
pero es enunciado formalmente con sus respectivas leyes,
por May Brodbeck. Las leyes del Holismo Sociológico
según este autor son: ”Conexión
empírica entre los atributos y los comportamientos
del individuo, y los atributos y comportamientos del
grupo, intentan explicar y predecir el comportamiento
del individuo dentro del grupo, y son cohesivos : congregan
individuos que mantienen una determinada mentalidad
de relaciones interpersonales”. (Brodbeck 1958)
En nuestro caso concreto estas leyes tienen representación
en las manifestaciones, actitudes y sentimientos de
la gran mayoría de los individuos pertenecientes
a los pueblos en conflicto. Para el caso de los soldados
de los puntos de control, la actitud negativa hacia
los palestinos acompañada de sentimientos y actitudes
de rechazo y odio que se desarrollan al interior del
pueblo israelita, no parece penetrar, de acuerdo con
estos testimonios, desde la mente del grupo hasta los
combatientes, la verdadera causa de su agresión
por parte de los soldados no es solo afectiva sino que
implica factores personales de índole estrictamente
individual, así como la influencia ejercida desde
arriba por parte de las órdenes de los superiores,
o el peso simbólico de la religión.
La expresión más clara y contundente de
esto es el caso de los niños que crecen en un
odio que se aprende tan tempranamente y se siembra tan
hondamente en sus corazones, que llega a adquirir la
apariencia de transmitirse genéticamente. Se
trata de un odio irracional que habita en a esencia
de la nacionalidad y que va mucho más allá
del asunto territorial y la problemática religiosa
que los niños escasamente alcanzan a comprender.
En este sentido la revista Fusión expresa : Los
niños(...) forman parte de una historia y de
una causa común y representan las esperanzas
y sufrimiento de su pueblo. Tanto los niños palestinos
como los israelíes, no tienen la oportunidad
de elegir, tienen que asumir una situación que
les viene dada. A ambos, se les educa para combatir
a su enemigo, que puede aparecer en cualquier momento.
En el corazón y la mente de estos niños
convergen las heridas que perpetúan la guerra
entre estos dos pueblos: las del cuerpo causadas por
las balas de un fuego cruzado que en últimas
ellos terminan reproduciendo, y las del alma, ambas
causadas por el odio bien aprendido que será
casi insalvablemente replicado en la siguiente generación.
El verbo aprender no debe ser entendido en este contexto
solo como un proceso cognitivo de adquisición
de información. Aunque es cierto que los israelíes
mayores enseñan a a sus hijos a odiar a los palestinos
y que los palestinos cultivan en su comunidad un antisemitismo
tan apasionado que puede llegar a significar hasta el
sacrificio de la propia vida, el odio no solo se aprende,
se respira, se siente, se vive en carne propia, y aún
con más dolor y fuerza cundo se trata de una
venganza.
Parte de la esencia de ser palestino o israelí,
dentro de la zona de influencia del conflicto, consiste
en odiar a a otro ( no como individuo, sino como parte
de una colectividad enemiga en la que se diluye su individualidad
). En el Volksgeist de ambos pueblos figura, junto con
la religión y las costumbres, esta fuerza supraindividual
constitutiva, definitoria y esencial.
“Debido a la larga duración de los conflictos
entre palestinos e israelíes, son varias las
generaciones de niños que no han conocido la
paz, no han experimentado la seguridad, es decir, no
conocen una situación de normalidad”.
Cuando las causas y las razones se han diluido en el
tiempo, solo mantienen su fuerza creciente los sentimientos.
Lo que se hereda de una generación a otra entre
estos dos pueblos, no son los motivos de un odio justificado,
sino la carga afectiva de una fuerza sentimental carente
de un fondo racional asequible al pueblo promedio. Ante
el desconocimiento de los intereses económicos
y políticos que orientan el conflicto, el pueblo
se sumerge en un estado de propensión emotiva
a la acción en la cual se diluye su posibilidad
de elegir. Dentro de lo planteado por Gustave Le Bon
y Scipio Sighele,, esta es una de las características
que definen la masa, de acuerdo con la cual “en
el alma colectiva se borran las aptitudes intelectuales,
y en consecuencia la individualidad” ( Le Bon,
1983 )
En esta misma línea, el principio de irracionalidad
de la masa, se traduce en las acciones violentas, que
aunque a veces son emprendidas por sujetos únicos,
no tienen una motivación individual, sino que
hallan sustento en la pertenencia a la masa : el suicida
palestino que se ata una bomba al cuerpo para matar
consigo a 14 israelíes, no lo hace en su nombre,
ni por un razonamiento político, sino como miembro
de una colectividad que actúa sobre él
por medio de la sugestión, conduciéndolo
a un estado de euforia en el que es capaz de darlo todo
por ser fiel a la palabra. Aún en estas acciones
individuales, si se quiere, podemos ver en cada sujeto
representada una masa.
BIBLIOGRAFÍA