Mauricio
Herrón
VII semestre de Psicología
Una
de las grandes tareas que se propuesto la raza humana
a lo largo de su historia ha sido la de comprender su
propia naturaleza, su esencia. En el transcurso de esta
ardua tarea (aproximadamente 3.000 años) han
sobrevenido varias y extensas áreas de estudio
con este objetivo común, tales como la filosofía,
la medicina, psicología, antropología,
por mencionar algunas. Sin embargo, hoy en día,
creo que no podemos decir que se haya desarrollado dicho
objetivo en su totalidad, las razones aun por qué
pueden ser cuantiosas. Una posible razón es que
el hombre ha sido “fragmentado” a lo largo
de la historia en un conjunto de “porciones”
que paradójicamente, pareciese que divergieran
al mismo tiempo que se complementan entre sí.
De acuerdo estoy en que se hable de una fragmentación,
pero aquí mantengo la fiel creencia de que el
primero de los conceptos que componen la paradoja anterior
dista de ser aplicado, implícita y/o explícitamente,
a dicho conjunto de porciones, y que es tal vez la divergencia
entre las áreas de estudio que tratan de comprender
a tales mendrugos lo que ha suscitado que se refiera
al ser humano como una entidad fragmentada a veces sin
relación correspondiente entre sus partes. Por
otro lado, si lo peor de esto es que dentro de cada
una de estas áreas divergentes de estudio existentes
diferencias epistemológicas, metodológicas
y ontológicas, algunas veces significativas,
entre sus representes, más aún resulta
el hecho de que presida el dogma sobre la reflexividad
dentro de las posturas de éstos, sobre todo,
en cuanto a la concepción de hombre se refiere.
De
esta última reflexión, a mi manera de
ver, así como no han de ser excluidos dentro
de tal categoría muchos teóricos sobresalientes
pertenecientes a las áreas de estudio mencionadas,
tampoco lo es en este caso Soren Kierkegaard. Este filósofo
y teólogo Danes concibe al hombre como un ser
individual cuya existencia descansa en una dialéctica
espiritual, definiendo la existencia como un proceso
de realización del individuo consigo mismo por
medio de la libre elección entre alternativas
y el propio compromiso. Su dialéctica espiritual
consiste en como se actualiza el espíritu humano
en forma individualidad por medio de la transición
de tres estadios: el estético, el ético
y el religioso, en el cual el individuo alcanza la máxima
expresión de sus existencia subjetiva, siendo
éste el responsable de tal transición
o, en el extremo de los casos, de su irreflexivilidad.
Aunque parezca extraño, a pesar de acudir al
reclamo de la subjetividad, Kierkegaard da por sentado
que dichos estadios comprenden la existencia de cualquier
ser humano. Tal generalización, a mi modo de
ver, aunque parece ser reflexiva por tratar de comprender
la existencia subjetiva de los seres humanos en tres
estadios espiritualmente dialécticos, no es más
que una pretensión dogmática de concebir
al hombre. Al toma dichos estadios espirituales como
universales, Kierkegaard, antes de expandir las posibilidades
del ser humano, lo que hace es militar su existencia
a un poco democrático sistema, en el cual, la
tan heterogénea raza humana sólo tiene
la posibilidades, por decirlo de alguna manera, de pretender
a tres formas distintas de existir.
Tal
situación se ha de prestar, por aquello de la
heterogeneidad, aciertas anomalías en cuanto
su universalidad. Aunque no pretendo desbaratar la teoría
Kierkegaardiana en un par de páginas, si me parece
oportuno para dar validez a mi reflexión, exponer
un contraejemplo real en el cual, a mi juicio, no aplica
coherentemente la teoría Kierkegaardiana de la
transición de estadios.
Según
Kierkegaard, el hombre estético esta dominado
por la sensibilidad, por el impulso y la emoción,
caracterizado por la ausencia de principios morales
universalmente determinados, contrario a lo que sucede
en el estadio ético en donde el hombre acepta
determinados principios y obligaciones morales, sometiéndose
a los dictados de la razón universal a través
de los cuales define la forma y consistencia de su vida,
su existencia. Y en el estadio religioso, en el cual,
como dije antes, el individuo alcanza la máxima
expresión de su existencia subjetiva, presentando
una relación con Dios como un alto personal y
trascendente (Copleston, 1989), que sería equivalente
a la autoafirmación del espíritu, es decir,
su más alto grado de trascendencia. Ahora, la
pregunta es ¿puede estar comprendido un individuo
en dos de estos estadios simultáneamente? Yo
creo que sí.
Este
sería el caso de un individuo que, en contra
del Estado y del monopolio globalizado de la desigualdad
social y económica, busca defender unos ideales
de igualdad que descansan en una filosofía puramente
comunista; sería el caso entonces de los pioneros
del movimiento guerrillero que tuvo sus inicios en Colombia
en la década de los 50. Para un sistema político
Kierkegaardista, cada una de estas personas se encontraría
enmarcada dentro de un estado estético debido
a que no esta sujeta a principios morales y éticos
universalmente establecidos, es decir, que como el pagano,
estaría sumergido un el placer y en la irresponsabilidad
de su propio vida. Pero ¿sería correcto
afirmar esto? ¿Se encontraban aquellas personas
inmersas en el placer y la total complacencia desgracia
de si inevitable sensibilidad, solo por no atender a
unas normas universalmente establecidas? Yo creo que
estas personas luchaban, en ese entonces, por su libertad,
por la justicia ante un sistema corrupto de gobierno
que suprimía a una gran parte de este país.
No creo que esto sea paganismo como le llama Kierkegaard.
Pienso por el contrario, que antes que nada estas personas
buscaban autoafirmarse , reclamar su existencia como
parte significativa de un sistema que hasta entonces
los excluía; no veo el porque el espíritu
sea en este caso vago y sin fuerza como sería
característico del estadio estético, y
mucho menos como una necesidad de placer justificada
en la sensibilidad. Quiero dejar claro que sin embargo
no estoy de acuerdo con los medios que utilizaron estos
individuos para conseguir tal fin; me centrado sólo
en sus motivos. Y aunque actualmente se duda fervientemente
de dichos motivos, se sabe muy bien que en principio
fueron genuinos.
Los
que he querido mostrar aquí es que Kierkegaard,
y en general cualquier teórico que pretenda dar
resultados positivos (si se llegase a poder) del objetivo
planteado en principio, no debería, a mi modo
de ver, establecer teorías en forma dogmas o
determinismos, pues en el ser humano caben sin duda
alguna excepciones a la regla. Más bien deberíamos
acudir, como proponen Karl Jaspers, Auguste Comte, en
otros, a la reflexión como una posible vía
para llegar (repito, si se puede) a comprender la naturaleza
del ser humano en toda su complejidad.
BIBLIOGRAFIA