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ISSN 0124 - 0897


No. 8- Noviembre de 2.003
LA DIALÉCTICA ESPIRITUAL DEL INDIVIDUO SEGÚN KIERKEGAARD


Mauricio Herrón
VII semestre de Psicología

Una de las grandes tareas que se propuesto la raza humana a lo largo de su historia ha sido la de comprender su propia naturaleza, su esencia. En el transcurso de esta ardua tarea (aproximadamente 3.000 años) han sobrevenido varias y extensas áreas de estudio con este objetivo común, tales como la filosofía, la medicina, psicología, antropología, por mencionar algunas. Sin embargo, hoy en día, creo que no podemos decir que se haya desarrollado dicho objetivo en su totalidad, las razones aun por qué pueden ser cuantiosas. Una posible razón es que el hombre ha sido “fragmentado” a lo largo de la historia en un conjunto de “porciones” que paradójicamente, pareciese que divergieran al mismo tiempo que se complementan entre sí. De acuerdo estoy en que se hable de una fragmentación, pero aquí mantengo la fiel creencia de que el primero de los conceptos que componen la paradoja anterior dista de ser aplicado, implícita y/o explícitamente, a dicho conjunto de porciones, y que es tal vez la divergencia entre las áreas de estudio que tratan de comprender a tales mendrugos lo que ha suscitado que se refiera al ser humano como una entidad fragmentada a veces sin relación correspondiente entre sus partes. Por otro lado, si lo peor de esto es que dentro de cada una de estas áreas divergentes de estudio existentes diferencias epistemológicas, metodológicas y ontológicas, algunas veces significativas, entre sus representes, más aún resulta el hecho de que presida el dogma sobre la reflexividad dentro de las posturas de éstos, sobre todo, en cuanto a la concepción de hombre se refiere.

De esta última reflexión, a mi manera de ver, así como no han de ser excluidos dentro de tal categoría muchos teóricos sobresalientes pertenecientes a las áreas de estudio mencionadas, tampoco lo es en este caso Soren Kierkegaard. Este filósofo y teólogo Danes concibe al hombre como un ser individual cuya existencia descansa en una dialéctica espiritual, definiendo la existencia como un proceso de realización del individuo consigo mismo por medio de la libre elección entre alternativas y el propio compromiso. Su dialéctica espiritual consiste en como se actualiza el espíritu humano en forma individualidad por medio de la transición de tres estadios: el estético, el ético y el religioso, en el cual el individuo alcanza la máxima expresión de sus existencia subjetiva, siendo éste el responsable de tal transición o, en el extremo de los casos, de su irreflexivilidad. Aunque parezca extraño, a pesar de acudir al reclamo de la subjetividad, Kierkegaard da por sentado que dichos estadios comprenden la existencia de cualquier ser humano. Tal generalización, a mi modo de ver, aunque parece ser reflexiva por tratar de comprender la existencia subjetiva de los seres humanos en tres estadios espiritualmente dialécticos, no es más que una pretensión dogmática de concebir al hombre. Al toma dichos estadios espirituales como universales, Kierkegaard, antes de expandir las posibilidades del ser humano, lo que hace es militar su existencia a un poco democrático sistema, en el cual, la tan heterogénea raza humana sólo tiene la posibilidades, por decirlo de alguna manera, de pretender a tres formas distintas de existir.

Tal situación se ha de prestar, por aquello de la heterogeneidad, aciertas anomalías en cuanto su universalidad. Aunque no pretendo desbaratar la teoría Kierkegaardiana en un par de páginas, si me parece oportuno para dar validez a mi reflexión, exponer un contraejemplo real en el cual, a mi juicio, no aplica coherentemente la teoría Kierkegaardiana de la transición de estadios.

Según Kierkegaard, el hombre estético esta dominado por la sensibilidad, por el impulso y la emoción, caracterizado por la ausencia de principios morales universalmente determinados, contrario a lo que sucede en el estadio ético en donde el hombre acepta determinados principios y obligaciones morales, sometiéndose a los dictados de la razón universal a través de los cuales define la forma y consistencia de su vida, su existencia. Y en el estadio religioso, en el cual, como dije antes, el individuo alcanza la máxima expresión de su existencia subjetiva, presentando una relación con Dios como un alto personal y trascendente (Copleston, 1989), que sería equivalente a la autoafirmación del espíritu, es decir, su más alto grado de trascendencia. Ahora, la pregunta es ¿puede estar comprendido un individuo en dos de estos estadios simultáneamente? Yo creo que sí.

Este sería el caso de un individuo que, en contra del Estado y del monopolio globalizado de la desigualdad social y económica, busca defender unos ideales de igualdad que descansan en una filosofía puramente comunista; sería el caso entonces de los pioneros del movimiento guerrillero que tuvo sus inicios en Colombia en la década de los 50. Para un sistema político Kierkegaardista, cada una de estas personas se encontraría enmarcada dentro de un estado estético debido a que no esta sujeta a principios morales y éticos universalmente establecidos, es decir, que como el pagano, estaría sumergido un el placer y en la irresponsabilidad de su propio vida. Pero ¿sería correcto afirmar esto? ¿Se encontraban aquellas personas inmersas en el placer y la total complacencia desgracia de si inevitable sensibilidad, solo por no atender a unas normas universalmente establecidas? Yo creo que estas personas luchaban, en ese entonces, por su libertad, por la justicia ante un sistema corrupto de gobierno que suprimía a una gran parte de este país. No creo que esto sea paganismo como le llama Kierkegaard. Pienso por el contrario, que antes que nada estas personas buscaban autoafirmarse , reclamar su existencia como parte significativa de un sistema que hasta entonces los excluía; no veo el porque el espíritu sea en este caso vago y sin fuerza como sería característico del estadio estético, y mucho menos como una necesidad de placer justificada en la sensibilidad. Quiero dejar claro que sin embargo no estoy de acuerdo con los medios que utilizaron estos individuos para conseguir tal fin; me centrado sólo en sus motivos. Y aunque actualmente se duda fervientemente de dichos motivos, se sabe muy bien que en principio fueron genuinos.

Los que he querido mostrar aquí es que Kierkegaard, y en general cualquier teórico que pretenda dar resultados positivos (si se llegase a poder) del objetivo planteado en principio, no debería, a mi modo de ver, establecer teorías en forma dogmas o determinismos, pues en el ser humano caben sin duda alguna excepciones a la regla. Más bien deberíamos acudir, como proponen Karl Jaspers, Auguste Comte, en otros, a la reflexión como una posible vía para llegar (repito, si se puede) a comprender la naturaleza del ser humano en toda su complejidad.


BIBLIOGRAFIA

  • COPLESTON, F. Historia de la filosofía (2 ed.) Ariel Filosofía: Barcelona. 1989.
  • KIERKEGAARD, S. El concepto de angustia. Documento extraído el 1 Mayo, 2003 de
    http//:www.uninorte.edu.co