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ISSN 0124 - 0897


No. 8- Noviembre de 2.003
¿CÓMO PODEMOS CONCEBIR A LOS SOFISTAS?


Cindy Camaño
I semestre de Psicología

Comencemos por conocer el significado del término “sofista”. Este proviene del griego sophi, que significa experto, maestro, artífice. Es decir, que en esta época, estos personajes eran guías y orientadores, de todas aquellas personas que tenían el deseo de triunfar en la polis, pues este era el objetivo primordial del ciudadano.

Debido a que en Atenas se experimentaba un auge tanto cultural como comercial, los sofistas pasaron a ser los protagonistas de la época, ya que estos eran expertos en sostener sus posiciones, con base en el arte de la retórica y la persuasión. Estas eran enseñadas con la finalidad de facilitarle a sus discípulos técnicas útiles para alcanzar el éxito en la vida pública. Este aspecto fué uno de los que permitió considerarles en la historia de la filosofía personajes ambiciosos; primero porque argumentaban lo que estuviera a su alcance, con la única finalidad de obtener reconocimiento en la vida pública, y segundo porque las enseñanzas que impartían tenían un alto precio.

Pero no solamente los sofistas eran personas estereotipados con términos como astutos o engañosos, hay que reconocer que lograron dominar a la sociedad interesándose en el sujeto, separándolo de la naturaleza. Reconocieron en éste, un ser que piensa, siente, quiere, que no solamente es un sujeto dentro del mundo, sino un ser que puede interpretar y transformar su realidad, partiendo de sus intereses. En este sentido, se puede apreciar una semejanza entre lo anterior y algunos principios planteados dentro de la Psicología por la corriente humanista : enfocarse preferentemente en el ser humano reconociendo su subjetividad.

Los humanistas surgieron en contra de aquel reduccionismo de los procesos psicológicos a las bases fisiológicas que proclamaban los conductistas y se interesaron por un hombre con opciones para desarrollar sus posibilidades, que lo llevara a una libertad plena.

Por su parte, la intención practico-educativa de los sofistas, condujo a concentrar sobre el hombre el interés filosófico, Gracias a ellos se inicio un periodo antropológico dejando a un lado el periodo cosmológico, abriendo el camino que le permitió a la Psicología fundamentar sus teorías mas tarde.
Recordemos los principales representantes de esta academia : Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontina, Pródico de Ceos, Hipáis de Eles, entre otros.

Protágoras, uno de los primeros personajes a quien se denominó sofista,.resume su postulado fundamental en la siguiente máxima: “el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y en las que no son, en cuanto no son”. Con ella se refiere a que cada persona percibe su realidad y que esta percepción es aceptada por los sentidos destacando de este modo la importancia de trabajar al nivel funcional: si queremos saber de la vida, tenemos que estudiarla tal como se presenta ante nosotros, seres vivos en el mundo. ( Brennan 1999). Dentro de esto Protágoras afirma que el conocimiento de cada cual, depende de sus antecedentes y experiencias como repuesta del contacto con el mundo, por consiguiente para ellos no existe una verdad objetiva.

Esto es algo que en la actualidad se ha ido estructurado por largos años de investigaciones y estudios, incluyendo hallazgos en todas las ramas del saber como la psicología, pero más concretamente en el área de la psicoterapia, pues esta, parte del hecho de que la visión que tiene la persona acerca de su entorno es gracias a la interacción con este, compartiendo de esta manera la concepción que tenia Protágoras. Pero a diferencia de este reconocen verdades objetivas, basadas en teorías científicas, que le permiten darle un soporte sólido y claro a la terapia.


BIBLIOGRAFIA

  • MUELLER, F.L. Historia de la psicología: De la antigüedad a nuestros días. Fondo de
    Cultura Económica: México, 1993.
  • BRENNAN, J. Historia y sistemas de la psicología. Prentice Hall: México, 1999.
  • LEAHEY, T.A. Historia de la psicología. Prentice Hall: Madrid, 1998.