LOS COMPROMISOS DEL LIDER |
| Por Prof. Lucila Stella González Q. No todo lo que configura nuestra existencia es fruto de una elección. Si observamos con cuidado percibimos lo contrario. La mayor parte de nuestra vida es más el resultado de las circunstancias que de una decisión. No se elige la familia, ni la nacionalidad, ni la cultura, ni la época histórica. Muchas veces ni siquiera se eligen los amigos. De alguna manera nuestra vida está prefigurada aún antes de nacer, de modo que la presión social y cultural suplantan la libertad de elección. Cada vida se va estructurando en el juego entre escasas elecciones y acomodo a circunstancias. Puede suceder sin embargo que una vez que estamos en medio de una situación asumamos el rol que se espera desempeñemos y es posible que logremos identificarnos con nuestro papel que llegamos a considerar que es lo mejor que nos ha podido pasar. Estas consideraciones las hago porque si con alguno de los oficios que la vida me ha permitido ejercer me identifico más, es con el de profesora. Desde esta perspectiva escribo esta nota. Es un oficio que ejerzo aún en la categoría de artesano, pero por el que me esfuerzo por lograr la maduración espiritual y el conocimiento necesario para hacerlo arte. Un profesor es esencialmente un formador. Una persona que asume el rol de preparar a otros seres para que se desempeñen con habilidad y acierto en la vida que nos marca cada época y sociedad. Es entonces una persona que tiene la oportunidad de mostrar una visión de la realidad y contribuir a su construcción. Sin duda, este es el papel de liderazgo muy particular ya que su tarea conciste precisamente en la formación de líderes. En una sociedad estratificada e inequitativa como la nuestra, acceder a los estudios universitarios tanto de pregrado como de postgrado, constituye un privilegio, tanto por el hecho de ser una oportunidad restringida para unos pocos, como porque sin duda quienes tienen esta condición están preparándose para ocupar los puestos de dirección y decisión en las diferentes actividades en que se organiza toda sociedad. Hay pues, un refuerzo y una intención por parte de las propias instituciones educativas y de los estudiantes para desarrollar las condiciones necesarias que permitan el ejercicio idóneo del liderazgo. Pero no todo son privilegios, estos entrañan compromisos serios que asumir para hacerse digno y merecedor de aquellos. ¿ Qué es un líder ? Si buscamos en el diccionario -ejercicio que recomiendo hacer de manera habitual- encontramos que un líder es un director, jefe o conductor de un partido, de un grupo social o cualquier otra colectividad. Tenemos entonces, que un líder es esencialmente un guía, alguien que transita con otros un camino que los lleva a un lugar deseado. Si vemos en la historia cómo han sido los líderes que han construido los modelo humanos a emular, podemos apreciar que estos han variado mucho en las distintas épocas y que precisamente lo que caracteriza el espíritu de cada período son sus valores, los móviles por los que los hombres orientaron sus vidas. En el mundo occidental la referencia a la cultura Griega es obligada. En la antigüedad arcaica encontramos dos grandes epopeyas conocidos como la Iliada y la Odisea, que permiten conocer la vida, costumbres y el espíritu de un pueblo encarnado en sus héroes. Estos héroes lo eran porque habían logrado desarrollar las virtudes que les hacían acreedores del honor. Los héroes griegos se distinguían por haber alcanzado la "areté", palabra que podría traducirse como excelencia y que era la integración de los valores griegos de la valentía heróica, la justicia, la bondad y la belleza. Los héroes griegos se nos muestran como valientes guerreros que no dudan en sacrificar su vida, leales en la amistad y en el amor a la patria, orgullosos de un linaje noble, justos y buscadores de la verdad y la belleza, entendida esta última no tanto como la perfección de las formas, sino como armonía y equilibrio. No se le exigía a un héroe que fuera filósofo , pero tampoco desdeñar el conocimiento. Podría decirse que la paideia griega, nombre que se corresponde con el de educación, se orientaba al desarrollo de estos valores y por eso se sometían desde pequeños a la preparación del cuerpo y la mente para poder alcanzarlos. También conocemos a los griegos por ser modelos de organización política, sin duda porque la búsqueda de su realización como pueblo y como sociedad, primaba sobre los intereses particulares. Para un griego los asuntos que tienen que ver con el Estado; es decir, con lo público, con los intereses colectivos, tenían prioridad. Aquí, encontramos un punto para detenernos en los compromisos del líder. Por definición , un líder es un político ya que ambos son conductores de colectividades y ambos tienen el deber de anteponer las causas colectivas sobre las particulares. Pero además, tienen compromisos adicionales que ya hemos esbozado con los héroes griegos ,porque también un líder es un modelo a imitar . De modo que si se es líder o se pretende serlo es porque se es el mejor o porque se está en el trabajo de serlo. Los líderes conforman la "aristocracia" de una sociedad . Esta palabra aristocracia , también de origen griego, como buena parte de nuestro saber , se compone de dos vocablos: aristos: los mejores y cratos: gobierno. Literalmente traduciría el gobierno de los mejores. Desafortunadamente, la historia la mayoría de las veces contradice esa aseveración. Aproximadamente 2800 años nos separan de la época en que la Iliada y la Odisea fueron escritas, pero su ejemplo sigue vigente y esperanzador. No lo digo con nostalgia por el pasado , sino en el sentido de enseñarnos que alguna vez los hombres tuvieron el sueño colectivo de ser los mejores. Seguramente más de uno estará pensando que presento una imagen idealizada de la realidad griega y está en lo cierto, pues si bien no se me escapan las contradicciones, los conflictos y todos los vicios que sin duda existieron en Grecia, me interesa resaltar el hecho de la existencia de un proyecto social , de una imagen de perfección que alimentaba la utopía por la cual orientaban sus vidas. A los ideales griegos sucedieron los Cristianos. Un nuevo modelo de hombre y de líder guía el proceso de formación. Ya no es el héroe que se enfrenta a enemigos que le permiten demostrar su supremacía. Ahora, la batalla es contra el mal encarnado en los muchos y varios pecados que tientan al hombre para hacerlo caer. El héroe es suplantado por el santo y todos los esfuerzos habrían de orientarse para alcanzar esta condición. Claramente este proyecto es más de reto personal que colectivo, aunque el ámbito de lo social no fue enteramente descuidado. San Agustín escribe la Ciudad de Dios y hay mandatos cristianos con un profundo sentido solidario: "Ama a tu prójimo como a ti mismo", Sin duda no se necesitaría ninguna otra regla para alcanzar la armonía y la equidad social. Los valores cristianos prescritos en el Decálogo y llevados a su plena realización por Jesús , mensajero de una utopía de amor, quien se ofrendó a Dios como demostración de la máxima entrega, han ido cambiando en el tiempo por las manipulaciones de que han sido objeto por parte de quienes sucesivamente se han ido considerando sus depositarios. Lo colectivo se anula o queda relegado a un discurso que s e desvirtúa por la práctica de un liderazgo marcado por la intolerancia y la discriminación. El Renacimiento forja un nuevo modelo humano: sabio, culto y rico. El hombre desvincula su relación con Dios de la vida social. Lo religiosos quedan cada vez más en el ámbito de lo privado, aunque faltarán unos cuantos siglos para que esta situación quede legalizada en el ordenamiento jurídico. El hombre del Renacimiento es esencialmente triunfador. Ha superado los fantasmas, los miedos y las privaciones, pues no sólo los conocimientos se ven estimulados por la indignación y la experimentación libre de las censuras dl pasado que enfrentaban la fe a la verdad, sino que también nuevas fuentes de riqueza aparecen. El mundo mismo crece ofreciéndose como fuente inagotable de recursos. La idea de progreso invade los espíritus y de nuevo el hombre ocupa el centro del universo, aunque en un sentido distinto del antropocentrismo griego. Esta época , llamada también Moderna, sienta las bases de la sociedad y de la condición humana actuales. Los cambios se han acelerado al punto de aturdirnos y cada día nos esforzamos vanamente por lograr la adaptación que nos permita continuar en el juego de la dinámica social. Los deseos de riqueza y de poder permanecen, pero hemos cambiado el valor intrínseco del conocimiento por el saber pragmático y hemos trocado los sueños por la utilidad inmediata y el goce instantáneo. El imperio de la sociedad es derrocado por el del individuo y la competencia suplanta a la solidaridad. No es casual que las últimas utopías hayan sido escritas en el siglo XIX, ya que la obra de Huxley "El Mundo Felíz", escrita en este siglo mas bien podría considerarse una antiutopía por presentar una sociedad deshumanizada y Walden II de Skinner proyecta un hombre adaptable y manipulable, que en este contexto significa esencialmente lo mismo. Nuestros modelos educativos son más adaptativos que proyectivos, o a lo sumo este último aspecto lo es sólo para lograr una mayor eficiencia dentro del mismo modelo. El proceso formativo contemporáneo está orientado por un interés técnico que privilegia el uso instrumental de ella, razón en detrimento de otras formas de conocimiento menos pragmáticas pero no por eso menos útiles al hombre. Esta separación y el privilegio del conocimiento orientado a la acción, casi siempre productiva, sobre el conocimiento que se interesa por la comprensión de la realidad humana en sus múltiples aspectos y en la prefiguración de utopías, han originado un tipo de persona hábil en hacer pero con desconocimiento e incluso apatía por todo aquello que no pertenezca a su parcelado dominio. Una especie de experto ignorante que puede exhibir un título universitario. Ya son muchas las voces y las realidades que demuestran el fracaso del modelo. Si bien se ha alcanzado un dominio técnico sobre la naturaleza y se exhibe como logro el control de aspectos y procesos de la realidad que se nos ofrecían como inescrutables; también lo es que la gran mayoría de la población mundial continúa padeciendo de las mismas dolencias y carencias que atormentaban la existencia de nuestros congéneres de siglos pasados y seguimos siendo avasallados por las mismas pasiones. Por otra parte, el control y el dominio de la naturaleza ha implicado su destrucción y con ella se ha puesto en peligro la supervivencia humana. Nunca como ahora los retos y los compromisos del líder han sido mayores. Su misión de conducir no está iluminada por el resplandor de una utopía que nos congregue en el esfuerzo por alcanzarla. No nos sentimos identificados con nuestro líderes, si aceptamos dar ese nombre a quienes toman decisiones por nosotros. Mas bien percibimos que a nombre de lo colectivo y sacrificándolo, se persiguen intereses particulares. Hay pues una deformación del sentido del liderazgo. A mi modo de ver el líder de hoy tiene un doble papel: el de criticar y denunciar el fracaso del proyecto societario y humano actuales y el de ofrecer una salida y prefigurar una nueva realidad. No podemos aceptar el fin de las utopías. Creo que a los docentes nos corresponde un liderazgo en esa tarea; así, a veces resulte molesta y se nos califique de aguafiestas. No concibo la docencia sin una profunda fe en lo que puede lograr el ser humano. El camino no es claro pero no nos queda alternativa distinta que recorrerlo. Sin pretender tener respuestas a las mil preguntas que en este sentido a diario me formulo, vislumbro algunas posibilidades. La primera por ser tal vez la inicial, es tomar la decisión de cambiar , de desarrollar en nosotros mismos los valores que tendría el ser humano que queremos ser. Como nuestra condición social implica la necesidad de otros , hay que ir trabajando solidariamente con otro en la construcción de espacios cada vez más amplios en don de esos valores sean compartidos. Valores como la tolerancia que presupone la aceptación de la diversidad y la diferencia, el respeto que reconoce en el otro capacidades y necesidades, la justicia que nos iguala en derechos y deberes y nos lleva a la equidad, eliminando privilegios inmerecidos y desigualdades ignominiosas. Serviría también un poco de humildad para reconocer nuestras limitaciones y la existencia de personas que nos aventajan. Seguramente mi lista esta incompleta, precisamente se trata de construirla colectivamente. Me anima la convicción profunda de que ella realidad es el ámbito para la construcción y la destrucción . En nosotros está la posibilidad de elegir. Confío en que lo sepamos hacer. |