| LA INTROSPECCION Y EL DESARROLLO PERSONAL |
| Por: Carlos Acosta B. Se ha dicho que el hombre moderno ( hombre y mujer) cada día se aleja más de lo natural. Esto se observa de forma evidente en estos tiempos de cientificidad y sofisticada tecnología, tanto a nivel de la sociedad industrial como en la vida cotidiana. Se ha dicho incluso que la tentación moderna es en el fondo ser como Dios (García, 1987). Como posible reacción de insatisfacción ontológica respecto a este mundo moderno también se observa en el ser humano contemporáneo un despertar espiritual -entiéndase en el sentido general y sin particularizar algún grupo religioso- o lo que es lo mismo, una búsqueda de sentido (interior) a la vida. Esto último es claro aun en algunas teorías del desarrollo organizacional en la que se destaca el valor de la formación a través del trabajo ( entre otros, Kim Woo-choong, 1993; Peter Senge, 1990) o, en general, lo que se ha denominado en muchas publicaciones como calidad total. Si bien se puede considerar que existe un despertar espiritual (hay que tener cuidado en quien lo despierta a uno), también se observa en estas personas una fuerte tendencia a desarrollar sólo lo devocional ( oración, meditación, reuniones con fines religiosos, programas de tv , lectura y estudio de textos espirituales, etc) y no necesariamente el aspecto personal ( conciencia del modo de ser de uno, identificación e intentos de manejo de lo instintivo, conciencia ecológica, etc). Por razones del trabajo profesional, el psicólogo y el psiquiatra -sobre todo los clínicos- poseen una privilegiada ventana para presenciar ciertos asuntos personales que en otras circunstancias parecerían increíbles. En este orden, se pueden observar personas en crecimiento espiritual que viven literalmente con un Libro Sagrado debajo del brazo, saben de memoria páginas y capítulos de estos Textos y además manejan una hermenéutica con brillante erudición, pero -al mismo tiempo- son terribles como personas: odian al nieto porque su hijo no se casó a través de la religión que profesa la familia; siente celos enfermizos cuando una sobrina tiene éxito profesional; siente una furia casi incontrolada cuando escucha una interpretación diferente a la suya, respecto al Libro Sagrado que sigue; considera al tendero de la esquina como un delincuente de la más baja calaña, aunque no tiene ninguna prueba concreta de esto; agrede a la muchacha del servicio o secretaria diciéndole que es una miserable, una negra repugnante y que debería morirse en el instante, simplemente porque ésta rompió un vaso (vaso que le regalaron de propaganda y que además tiene media docena más guardados); empresario que contrata un trabajo por un valor, pero le dice a sus socios que el contrato es de mayor cantidad; profesor que siente supremo placer haciendo las cosas muy difíciles para los alumnos, sin tener un claro objetivo pedagógico de esto; habla y dicta cursos sobre el desarrollo humano y de la autenticidad, pero ofende y agrede con mucha violencia y cinismo a la esposa e hijos. En fin, hay muchos matices de esto, incluso de personas que se roban el dinero de los feligreses o matan en nombre de Dios. También se pueden observar individuos que desarrollan sólo lo personal, es decir, conocen muy bien la teoría y la práctica del desarrollo humano, tratan de mejorar sus pasiones, comprenden enormente al otro, están atentos para no hacer daño al prójimo y, en general, son considerados por su grupo social como buenas personas, pero -al mismo tiempo- no tiene inclinaciones de tipo espiritual. Estas últimas personas normalmente cuando llegan a la tercera edad -siempre que no tengan mucha soberbia- empieza un gusanillo a molestarles: miedo a la muerte, vacío interior o existencial, revisión de lo que se hizo durante la vida, etc. Sería insensato e injusto si se deja de decir que estos son dos extremos de tipos de personas, es decir, que hay excepciones muy honorables en todo lo que se ha mencionado. Pero también sería deshonesto y falto de objetividad si se deja de decir que la gran mayoría (casi todos) de las personas estamos en algún punto entre estos dos extremos o entre un grupo de individuos que los asuntos trascendentes y personales no son esenciales. Es importante subrayar que los grandes Líderes espirituales, los Santos reconocidos en cada grupo religioso o espiritual , nunca se comportaron enfatizando más en lo devocional que lo personal o viceversa. Estos Sabios encarnaron de manera perfecta una vida de altísima espiritualidad y, al mismo tiempo, una excelentísima vida ética ( no hay lenguaje para hablar de estos dos asuntos cuando se refieren a la Divinidad). Así pues, se puede considerar como una verdadera construcción trascendente de lo humano (lo espiritual) el proceso por medio del cual se tienen en cuenta los dos aspectos señalados: lo devocional y lo personal. Este proceso se puede comparar a un pájaro, el cual vuela si tiene las dos alas equilibradamente funcionando. Si hay desarmomía o defecto -asi sea en una de las alas- entonces el pájaro puede golpearse con algún objeto y caer. Para desarrollar la chispa devocional fundamentalmente se recurre a la oración y/o meditación. Estas se pueden considerar de más calidad en la medida en que no sean tomados como una carga. Para desarrollar lo personal se considera importante requerir de un medio que permita el crecimiento de la conciencia. Infortunadamente la terapia psicológica y psiquiátrica casi siempre son de difícil acceso para la gente por los costos que conlleva. Y aun cuando se da esta oportunidad terapéutica, éstas no siempre ponen a la conciencia como meta primordial de trabajo, en razón a los diferentes enfoques paradigmáticos que se aplican. Un medio para desarrollar la conciencia se desprende de los planteamientos de Sócrates y en este artículo se denominará introspección socrática, la cual se realiza por medio de preguntas ( y repreguntas) y respuestas de manera secuencial y caracterizadas por una alta dosis de auto-sinceridad. En este proceso se puede hacer hincapié en dos beneficios concretos que las personas logran. Por un lado, los que practican la instrospección socrática pueden generalmente discriminar con claridad cuando un comportamiento está motivado por un deseo ( pulsión interna ) y cuando lo es por un hábito ( adquisición por aprendizaje). Con base en esto pueden sortear en mejor forma las situaciones. Por otro lado, la introspección socrática permite que los individuos puedan darse cuenta que la mayoría de las veces interpretan una situación particular teniendo en cuenta sólo una opción y, por tanto, desconociendo otras igualmente posibles y válidas. Por ejemplo si una persona A llega tarde a una cita dada por B , este último generalmente interpretará basado en una sola opción ( que normalmente es de tipo conflictiva ), la cual puede ser que él (B) no es tan importante como para que la gente le cumpla los compromisos. En esta situación B está desconociendo otra opciones, tales como que A pudo haber tenido dificultades para parquear su carro o que A tuvo una calamidad doméstica y no pudo comunicarse o que estuvo lloviendo por el sitio donde vive A y éste tardó en llegar por los arroyos,etc. En otro documento se explicará con mayor detalles el procedimiento y demás aspectos conceptuales para intentar conocerse a sí mismo. Por ahora, sin embargo, se puede afirmar que esta introspección socrática -una vez se tenga práctica en algún grado- genera en las personas unos importantes avances en el "darse cuenta como soy" y se puede evidenciar esta conciencia a través del comportamiento externo de estos individuos. No debe entenderse esta introspección como un "paquete gringo" para la solución de los problemas respecto a la pasión humana o como un "curso para hacerse santos". Esta introspección no debe entenderse ni siquiera como una tarea terapéutica que se le plantea a un paciente, sino como una manera de convertirse en alguien, es decir, llegar a ser. Por esto se requiere de las personas una disciplina y sinceridad para tener una atención flotante ( no obsesiva) sobre cómo somos y actuamos, como también considerar las implicaciones que conllevan dichas actuaciones. El acto de hacerse conscientes es tan importante que grandes pensadores lo han destacado, entre otros, en el diálogo de Platón Hipias menor se dice que el mentiroso conciente vale más, en cierto modo, que el veraz inconciente; como también en la Apología se plantea que una vida sin examen no merece ser vivida. Igualmente, Saint-Exupéry en El Principito dice que es mucho más difícil juzgarse uno mismo que juzgar a los otros. Así mismo, Goethe expresa: se ha dicho y repetido en todas las épocas que deberíamos tratar de conocernos a nosotros mismos (Schwartzmann, 1994). San Agustín, a su vez, ha advertido: no sigas adelante, retírate dentro de ti mismo. (Mueller, 1984). Esta es una propuesta de lo individual, más no debe considerarse como individualista, pues lo que se busca a través de la introspección socrática no es el desarrollo de las pasiones personales; por ejemplo el egoísmo y totalitarismo, sino, por el contrario, hacerlas conscientes para intentar manejarlas y, de esta forma, ser mejor persona. Así pues, es muy importante inflar correctamente las llantas de la bicicleta para poder manejar con menos posibilidades de caernos... BIBLIOGRAFIA García, J. Antropología filosófica contemporánea. Barcelona. Anthropos. 1987 Mueller, F. Historia de la Psicología. México. FCE. 1984 Sain-Exupéry, A. El Principito. Bogotá. Gráficas Modernas. 1994 Platón. Diálogos. Vol I. Madrid. Gredos. 1985 Schwartzmann, F. Autoconocimiento en occidente. Santiago. Dolmen. 1994 Senge, P. La Quinta disciplina. Barcelona. Granica. 1990 Woo-Choong, K. El mundo es tuyo pero tienes que ganártelo. México. Grupo editorial Iberoamérica. 1993 |