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"Quién pidió pollo" y otras expresiones que solo entendemos los colombianos
Publicado en: mar, 18 oct 2016 07:00:00 -0500
Félix Villalba, investigador del programa de Español como Lengua Extranjera del Instituto Caro y Cuervo.

Expresiones idiomáticas como “gaseosa mata tinto” o “¿quién pidió pollo?” son comunes para los habitantes de las distintas regiones de Colombia. Frases que resultan un enigma para visitantes del extranjero, incluso si hablan el español. Dichas locuciones son resultado de una construcción propia de la cultura de Colombia, que surge de la manera en que sus habitantes conciben el mundo.

“¿Por qué los colombianos señalan con la boca?, ¿por qué ‘manejan todo con palanca’, ¿por qué todo les parece ‘una boleta’?”, se cuestiona de manera retórica del profesor de español Félix Villalba al iniciar su su conferencia en Uninorte, titulada "Las expresiones cotidianas colombianas y la lingüística cognitiva", que se llevó a cabo el pasado 10 de octubre.

Aunque ahora entiende perfectamente qué quieren decir los colombianos con sus particulares dichos —fruto de varios años residiendo en el país, donde se desempeña como profesor investigador del programa de Español como Lengua Extranjera (ELE) del Instituto Caro y Cuervo—, Villalba explica que en un principio no comprendía muchas de las expresiones cotidianas que se oyen nuestro país.

Un ejemplo que señala es la expresión para ofrecer disculpas: “qué pena”, la cual comúnmente se utiliza en otros países para indicar lástima. “Cuando iba por el aeropuerto y alguien me chocaba con su maleta, escuchar un “qué pena” me desconcertaba, porque yo esperaba una disculpa o al menos algo a lo que estuviese acostumbrado”, comenta.

Otro ejemplo que resalta es la utilización de “siga” por comerciantes para invitar a potenciales clientes a sus establecimientos. “En este caso es una expresión que, para quien no está acostumbrado, puede sonar imperativa o incluso ofensiva. En España intentamos mitigar la sensación de lo que decimos es una orden, diciendo “siga, siga”, o siendo indirectos, porque entre menos impositivos seamos existe la sensación de que somos más educados”, explica Villalba.

El académico afirma que esto ocurre porque al hablar “apenas si nos damos cuenta de lo que decimos porque tenemos ritualizado lo que decimos y los que nos van a contestar, y eso varía de acuerdo a un sitio u otro y de acuerdo a sus condicionantes culturales”.

“¿Qué ocurre cuando confluyen distintos elementos y actuaciones comunicativas? Allí se confrontan dos formas de ver la vida y de comunicarnos diferentemente, porque la lengua no es un producto cerrado, es algo que elaboramos diariamente. Los jóvenes elaboran una lengua distinta a la que elaboraron sus padres y diferente a las que elaborarán sus hijos. Esa lengua que crean lo hacen de acuerdo a su visión de mundo”.

La manera como se construye y se transforma una lengua según una cultura puede estudiarse a partir de la lingüística cognitiva. Esta disciplina relaciona el conocimiento de la lengua con procesos cognitivos del cerebro, como lo son la percepción y la memoria. “La lingüística cognitiva nos permite acercarnos a qué sucede en nuestra mente que nos lleva a utilizar la lengua de una manera determinada, y qué, por ende, nos lleva a crear una lengua”.

Un aspecto muy interesante de esta perspectiva que señala Villalba es que busca entender el carácter semántico de los significados. “Antes se pensaba que había una separación entre lo que las palabras significaban y lo que tú conocías del mundo. Ahora están totalmente unidas”, explica, añadiendo que esto “nos permite acercarnos a la idea de que todos los conceptos que elaboramos, tanto en la lengua como generales, se relacionan con dominios cognitivos generales o con estructuras de conocimiento”.

La idea de desayunar puede existir en distintas lenguas, pero lo que refiere en cada una de ellas es totalmente distinto. “En Turquía se entiende por una comida antes del café. En Cantón (China) literalmente se entiende como una comida que alegra el espíritu. En Colombia se le dice ‘el algo’, ‘medias nueves’, ‘onces’; no se sabe si es la comida entre comidas o la primera comida del día”, indica, y señala que esta diferencia en un mismo concepto parte de la variedad de dominios cognitivos entre varias culturas.

Otro elemento importante en la lingüística cognitiva, es que el significado en la lengua no deriva exclusivamente de las palabras sino de cómo percibimos las cosas. “Un vaso puede tener poca agua o un poco de agua. Si pongo el acento en lo que falta diré que ‘hay poca agua’, pero si lo pongo en lo que hay diré “hay un poco de agua. En algo tan sencillo como eso, el significado de las palabras es algo que deriva de nuestros sentidos. Eso es lo que nos aporta esa visión diferente de la lengua”, sostiene Villalba.

“La lengua nos permite acercarnos a esa experiencia desde el individuo y a la experiencia colectiva a partir de las interacciones cotidianas”, añade Villalba. “Es una cosa que no está muerta que tenemos que crear todos los días y que nos sirve para comunicarnos, para relacionarnos y para transformar el mundo”.

Por Andrés Martínez Zalamea

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