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Adios a la Democracia

Con la instalación de la Asamblea Constituyente, bajo fuertes sospechas de fraude masivo,  la remoción de la Asamblea Nacional que fue electa por el pueblo venezolano y la violación de la misma constitución bolivariana,  se le dio la estocada final a la democracia venezolana y se consolidó el autoritarismo bolivariano, negando aquellas épocas en que  los chavistas ganaban las elecciones. Con más de 150 muertos y 5.000 presos políticos, el balance no podría ser más negativo. Se aniquila la constitución bolivariana para mantenerse en el poder a como de lugar. Todo indica que para ellos las elecciones eran buenas mientras se ganaban, pero al reducirse la renta petrolera se desvaneció el apoyo popular. 

Entre mucha gente de izquierda se identifica democracia con capitalismo. Para acabar con el capitalismo, erróneamente se tiene que aniquilar la democracia. Se olvida que esta es una técnica social que, según John Dewey, nos permite vivir en sociedad, y en la historia antecedió al capitalismo. Marx creía que la dictadura del proletariado iba a ser la más amplia de las democracias y que la democracia que el conoció no era más sino la junta de negocios de la burguesía.  

La tradición siguió con Lenin, Mao, etc., y así se convirtió en un desprecio hacia la democracia. Por eso, los marxistas no pueden deslindar campos con los autoritarismos que se entronizaron en los antiguos países socialistas.  Corea del Norte es una dictadura familiar. China es la dictadura de un partido y Cuba no es diferente. Nicos Poulantzas, un autor marxista, aclaró estos problemas en su libro Estado, Poder y Socialismo antes de morir en 1979. La experiencia ha mostrado que la mezcla de socialismo y democracia no ha existido. Los socialismos conocidos han terminado siempre en autoritarismos horrendos de todo tipo.

El régimen venezolano, sin ser socialista, ahora se mueve en esa dirección. La cúpula de militares y chavistas, quienes se han lucrado del poder a la sombra de las banderas de Bolívar y Chávez, no están dispuestos a perder su posición privilegiada. En lugar de socialismo del siglo XXI, lo que tenemos es un país capitalista, con cierto capitalismo de Estado, que dilapidó su renta petrolera en populismo y que no fue capaz en casi dos décadas de sacudirse en algo de la dependencia petrolera.  

Carlos Duque García, en la página Razón Pública, nos demuestra con claridad que el sector privado en Venezuela controla el 58,1% de la economía, genera el 79,3% de los empleos y la informalidad cunde con 3,9 millones de trabajadores. El fracaso venezolano es pues el fracaso de una agrupación política en el manejo del shock petrolero, con una completa ignorancia de las leyes de la economía. Con reservas de petróleo mayores a las de Arabia Saudita, el 93% de sus ciudadanos no pueden hoy alimentarse, la tasa de cambio negra disparada a 900 veces la tasa oficial, y los militares en el centro del negocio de las divisas.  Es una especie de dictadura militar como la de Burma (Myanmar), disfrazada de chavismo con rojos pendones y gorras, pero bien alejada del tal socialismo del siglo XXI, que nunca se supo que era.

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