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¿Huracanes en noviembre en el Caribe?

 

La temporada de huracanes inicia el 1 de junio y termina el 30 de noviembre. Años de investigación de estos fenómenos han llevado a la conclusión que las condiciones meteo-marinas que dan origen al fenómeno más devastador de la naturaleza, sean más adecuadas en este periodo del año, siendo octubre el mes más activo. Así que Otto, aunque parezca rara su aparición Ad portas de la temporada decembrina, está dentro de las posibilidades.   Aunque la formación y desarrollo de un huracán es un complejo juego de elementos marinos y atmosféricos que de vez en cuando algunos de ellos se alinean y los producen, los científicos han podido descifrar en gran medida el detonante de estos devastadores procesos.

Son tres esenciales: 1. un cúmulo nuboso inicial producto de la convección térmica, el paso de un frente atmosférico o una baja presión atmosférica, 2. Temperaturas superficiales del mar superiores a 26 oC (ésta la dará el combustible) y 3. Vientos débiles en la baja atmosfera (esto permitiría que se organice sin mucha resistencia). Cuando los tres elementos se combinan la receta para un huracán está lista. La costa este africana es ideal para que se conjuguen estos elementos y allí nacen la mayoría de los huracanes que afectan el Caribe, sin embargo en teoría en cualquier parte del Caribe podrían formarse, en el caso particular de Otto, el paso de un frente frío y las aguas cálidas frente a Panamá ayudaron a su formación (esta zona es especialmente caliente respecto al resto del Caribe y algunos autores les llama la piscina cálida del Darién).

Pero un huracán no se forma de inmediato, de acuerdo a como vaya evolucionando y organizando adquirirá mayor fuerza (traducido en el aumento de los vientos en la pared de su centro) y migrará desde una onda tropical (solo un disturbio atmosférico con mucha lluvia) a depresión tropical (se organizan las nubes y aumentan los vientos hasta 63 km/h) y cuando los vientos alcanzan los 64 km/h, se le denomina tormenta tropical y se le asigna el nombre de acuerdo a un listado previo del Centro Nacional de Huracanes (CNH) del año correspondiente, hasta alcanzar los devastadores H5 que tienen vientos de más de 250 km/h (en promedio la velocidad con que corre un auto de la F1). A la temporada 2016 se le había pre-asignado el nombre Otto a la tormenta No. 16 del año. Los párametros fisicos en las tormentas son medidos a través de satélites y un avión especial del CNH (El Caza Huracanes) , que en realidad no los caza, sino que vuela encima de ellos y deja caer una sonda multiparamétrica en el centro del huracán para medir los vientos y la presión para así poder estabecer su categoría.

La escala para categorizar los huracanes lo propusieron dos meteorólogos estadounidenses en los años 70´s: Herbert Saffir (1917-2007) y Robert Simpson (1912-2014), y es más conocida como la escala Saffir-Simpson. Por ejemplo, si un aviso de huracán establece vientos de 64 km/h, corresponde a los vientos cercanos al centro de la tormenta y la intensidad que pueda recibir una región dependerá de que tan lejos esté de su centro. Expertos han establecido un radio de 150 km respecto al centro la zona más peligrosa de los efectos directos de un huracán que van desde los vientos fuertes, oleaje, marejada (aumento significativo del nivel del mar), lluvias, etc.

Los huracanes son como los motores de los autos, con la diferencia que el combustible no es gasolina, sino, la energía al evaporarse el agua de mar superficial y siempre tratarán de buscar donde obtengan mayor 'combustible', es decir aguas más cálidas. La latitud donde se formen determinará que tanto puede afectar su trayectoria (tiende a curvarse a la derecha en el hemisferio norte) la rotación terrestre, más conocido como el efecto Coriolis (publicado por el matemático francés Gustav Coriolis por ahí en 1830).

Este 2016 ha sido especialmente significativo, en Caribe colombiano es una zona de muy baja probabilidad de afectación de tormentas y huracanes cuando la comparamos con las Antillas mayores y las costa sureste de EE.UU, pero este año no sólo tuvimos a Matthew muy cerca sino que ahora hay un riesgo potencial para nuestra área insular con la tormenta Otto.  Expertos en huracanes han establecido una fuerte correlación entre la actividad ciclónica en el Caribe a los periodos de transición Niño-Niña, como ha sido este año para nosotros.

Es probable que nuestro Archipiélago no sufra efectos significativos con Otto, como podría pasar con Costa Rica y Nicaragua y fuimos muy afortunados con Matthew en el continente hace un par de meses y aun así colapsaron zonas enteras por efectos indirectos, lo cual debería llevarnos a pensar y reflexionar lo que sucedería si un huracán tocara tierra colombiana en estos tiempos.

Frecuencia de huracanes en diferentes zonas del Caribe colombiano en los último 100 años (elaboración propia).

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