Filosofía y Humanidades Filosofía y Humanidades

El blog 'Tales por cuales' es uno de los espacios donde estudiantes y profesores del Departamento de Filosofía y Humanidades comparten sus textos que van desde la filosofía y pasan por la literatura, el arte, la política y demás intereses particuales de cada uno de sus creadores. 

 

 

 

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Carta de la coordinadora

Por: Leonor Villaveces

No recuerdo haber sentido mayor emoción que en clases de filosofía. (Seré afortunada si logro producir eso en mis estudiantes alguna vez). La pregunta por la filosofía misma era la pregunta por mi ser; su irrupción respondía a mi búsqueda; establecía un vínculo (sagrado) entre la totalidad y mi inescapable singularidad. 

 
El pensar metódico fue girando hacia un pensar poético, que al tiempo incluyó a la gente (¡qué necedad la de un pensar que sobrevive sin el auxilio de la realidad!). Las personas, sus historias, sus problemas, se volvieron insumos para mi pensamiento y alguna vez pensé en convertirlas en fines, en sí mismas. 
 
Pero pronto me encontré lejos de mi centro, fijada en una realidad externa tan insatisfactoria como desesperanzadora, árida. Me vi en la necesidad de volver a mi. En el proceso, me encontré de nuevo (¡y sin buscarlo!) en la mitad de la filosofía. 
 
¡Que curiosos son los rumbos que toma la historia propia! 
 
Abandonarse al fundamento, sin consideración de las cosas, es mística. La búsqueda metódica del fundamento, remitiéndose a la realidad (y al espíritu de la época), es filosofía. La disección metódica de la realidad, es ciencia. El dejar ser al pensar, a la realidad, al fundamento, al ser mismo, es poesía. 
 
Lo que atraviesa toda búsqueda es el "si mismo" desde la existencia no-determinada, que encuentra (en la palabra) las formas de su determinación. Ese "si mismo" (creador, infinito en su finitud radical) es al mismo tiempo místico, filósofo, científico, poeta, sobreviviente. Aunque no lo sepa, aunque le falte la oportunidad. 
 
Me alejé de la filosofía por académica, y la encontré de nuevo en el simple pensar. Me alejé de la filosofía porque duda y duda y duda (la exigencia del método), y llegué a un punto en donde fue insoportable dudar más (la racionalización como forma de vida no tiene más destino que la errancia). Entonces, la mística. Entonces, lo sagrado (¿no fue esa, siempre, la búsqueda?). El abandono de "mi" y del control (científico, metódico ¡que importa!), para tener, efectivamente vivir, la experiencia de totalidad. Una totalidad que remite de manera constante a la negación (Hegel), a la indeterminación, a aquello que trasciende el logos. 
 
Puesto que trasciende el logos, no hay posibilidad de filosofar con ello (¿no fue esta la declaración del fin de la filosofía? ). Cuando las palabras dejan de ser suficientes para nombrar lo místico, surge la experiencia de unidad. Cuando las palabras dejan de ser suficientes para nombrar el horror, surge la voluntad de transformar. Surge la conciencia de que no estamos solos, de que el dolor de mi hermano es el mío (¿y no es eso, también, una experiencia religiosa?). 
 
No he encontrado otra manera de hacer Filosofia que partiendo de mi. No he encontrado otra manera de darme y proteger a la gente que cuidándome a mi misma (y eso, también, es Filosofia). No he encontrado otra manera de trabajar que educando (abriendo mentes, amando la pregunta, la curiosidad). No he encontrado otra manera de vivir que, en últimas, al final de la noche de la vida y cuando todo termina de pasar, quedándome en silencio, agradeciendo lo abierto y todo lo que queda por abrir. 
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