Filosofía y Humanidades Filosofía y Humanidades

El blog 'Tales por cuales' es uno de los espacios donde estudiantes y profesores del Departamento de Filosofía y Humanidades comparten sus textos que van desde la filosofía y pasan por la literatura, el arte, la política y demás intereses particuales de cada uno de sus creadores. 

 

 

 

Blogs Blogs

Atrás

Proyecto crítico kantiano: ¿hacia una posible antropología?

Por: Tawny Moreno

(La difícil cuestión a la que nos enfrentamos, la pregunta acerca de si "¿puede hablarse del proyecto crítico de Kant como de un problema fundamentalmente antropológico?", fue suscitada por la profesora Daniela Pabón).

Tratar de dar posibles respuestas a la mencionada pregunta es un asunto espinoso. Sin embargo, quizá puedo plantear un camino que, no exento de dificultades y riesgos, nos conduzca hacia un resultado provisional. Para comenzar, considero necesario partir de la noción misma de crítica. En la quinta de sus Conferencias sobre la filosofía política de Kant, la filósofa alemana Hannah Arendt afirma que, salvo excepción de Sartre, ningún pensador se ha hecho tan célebre como Immanuel Kant con una obra titulada como crítica (Arendt, 2012: 64). Los posibles motivos que laten bajo la decisión de escoger tal poderosa palabra para designar su propuesta filosófica son fundamentales. Numerosas veces el siglo XVIII, Siglo de las Luces o de la Ilustración, ha sido caracterizado como una época de criticismo, y Kant, con espíritu fiel a su tiempo concibe tal Ilustración como un proceso de liberación de prejuicios y fanatismos. El pensar por sí mismo se erige como el resultado de un proceso crítico: "Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración" (Kant, 2013: 87). Y en tal búsqueda de autonomía en el pensar, el proyecto crítico de nuestro filósofo se constituye como un tratar de descubrir las fuentes y los límites de la razón (Arendt, 2012: 65). Frente a las doctrinas de la metafísica dogmática del siglo XVII y al escepticismo generado como respuesta a las falencias de las primeras, el proyecto filosófico de Kant no pretende (en principio) dar a luz una nueva doctrina metafísica. Lo que se encuentra en juego para él es, fundamentalmente, emprender una exploración de la estructura del pensamiento. Gracias a la comprensión, siempre sujeta a progresivas mejoras, del proceso del entendimiento en sí mismo, con sus límites y virtudes, el hombre adquiriría un mayor conocimiento de sí. La pregunta por el qué puedo conocer, la cual implica el cómo conocemos (o pensamos), conduce hacia una mejor y más amplia comprensión de aquel ser racional: que, a fin de cuentas, no es otro sino el hombre mismo. Esta última afirmación puede, en parte, verse sustentada gracias a la célebre anécdota sobre las clases impartidas por Kant en la universidad de Königsberg, la cual es retomada de la siguiente manera en la segunda conferencia de Arendt:

“Son conocidos los tres celebres interrogantes que, según Kant, debe tratar de responder la filosofía: ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me está permitido esperar? En sus seminarios, Kant solía añadir una cuarta pregunta: ¿qué es el hombre? Y precisaba: "todas juntas pueden denominarse antropología, porque las tres primeras cuestiones se refieren a la última.” (Arendt, 2012: pp. 31).

En la medida en que nuestro filósofo busca aproximarse hacia el entendimiento de los procesos más generales y estructurales de la razón (en sus diferentes ámbitos, ya sea teórico, práctico o trascendente), emprende un proyecto que tiene como centro la comprensión de la más humana de las facultades. Así, a lo largo del desarrollo de su proyecto crítico, el filósofo de Königsberg irá dibujando, cual arquitecto, los contornos de una respuesta a la fundamental pregunta por el ser humano.

Hasta el momento, nuestro camino ha sido trazado con gran cautela y quizá algo de timidez. Sin embargo, podríamos adentrarnos un poco más en la interpretación de Arendt para tomar una ruta más peligrosa y arriesgada (sin duda, más emocionante). La mencionada autora emprende el proyecto de justificar que, si bien no escrita de manera formal, en el pensamiento crítico kantiano puede encontrarse una sólida filosofía política. Una afirmación como tal supondría que "deberíamos ser capaces de encontrar [tales implicaciones políticas], en la medida de lo posible, en el conjunto de [la] obra [de Kant] y no sólo en unos pocos ensayos habitualmente agrupados bajo esa etiqueta" (Arendt, 2012: 63). A su vez, ha de ser necesario que los escritos posteriores a 1784, explícitamente dedicados a cuestiones sobre la historia y la política, no aborden sólo temas marginales, sino que los contenidos allí esbozados se encuentren en directa relación con sus obras filosóficas centrales. Debido al limitado espacio de caracteres que me ha sido otorgado, me limitaré a citar un aspecto (el cual considero crucial) que la filósofa alemana retoma para argumentar su posición. Una vez aclarados los sentidos en los cuales se considera crítica la filosofía de Kant, "si consideramos una vez más la relación de la filosofía con la política resulta evidente que el arte del pensamiento crítico tiene siempre implicaciones políticas" (Arendt, 2012: 76). En la medida en que busca guiarse por los propios preceptos, no adoptando los principios que imponen la autoridad y la tradición sin antes haberlos sometido a examen, "el pensamiento crítico es, en principio, antiautoritario". Resulta peligroso para los poderosos en la medida en que busca y exige para su propio desarrollo la "libertad de pluma", es decir, la libertad para publicar y comunicar a los otros lo que se piensa, y por lo tanto la posibilidad de someter a un examen "público" las consignas de las autoridades, tanto académicas como gubernamentales. Según Kant, la facultad de pensar depende del uso público de la razón: "[la] Ilustración tan sólo requiere libertad y, a decir verdad, la más inofensiva de cuantas pueden llamarse así: el hacer uso público de la propia razón en todos los terrenos" (Kant, 2013: 90). La razón depende de los otros, "la compañía es indispensable para el pensador", en la medida en que esta sólo se adapta a la comunicación, no al aislamiento. El pensamiento crítico supone comunicabilidad, y sólo se puede ser crítico, incluso de uno mismo, gracias al "contraste que resulta del contacto con el pensamiento de los otros" (Arendt, 2012: 82). La idea de comunicabilidad ligada al pensamiento crítico implica una comunidad de seres que escuchan, que están interrelacionándose entre sí gracias a la vocación natural de comunicación que les impone su facultad racional. El pensar críticamente requiere ser "imparcial" (término que hay que tomar en sentido estrictamente kantiano), es decir, considerar los puntos de vista de los demás; requiere comparar los propios juicios con los posibles juicios de los otros, para lo cual es necesario ponerme en su lugar. La facultad que me permite hacer posibles a los otros, que me permite desarrollar una forma crítica de pensar, no es otra que la imaginación (Arendt, 2012: 84). La fuerza de la imaginación, en juego con el entendimiento, permite el desarrollo de individuos y comunidades cada vez más autónomas y valientes en la tarea del pensamiento. El afirmar que los hombres se necesitan entre sí para pensar, y por ende para ir desarrollando cada vez más el conocimiento de la estructura de la propia facultad razonante, implica reconocer el carácter político del hombre, como un ser que no puede vivir al margen de la comunidad. Si es posible encontrar, como lo plantea y desarrolla con gran astucia Arendt, una filosofía política en el conjunto de la crítica kantiana, ello implicaría que en ella yace una reflexión fundamental sobre el hombre mismo en tanto que ser inherentemente político.

Referencias:

Kant, Immanuel (2013). ¿Qué es la Ilustración? Y otros escritos de ética, política y filosofía de la historia. Alianza Editorial. Madrid, España.

Arendt, Hannah (2012). Conferencias sobre la filosofía política de Kant. Editorial Paidós. Barcelona, España. 

Comentarios
No hay ningún comentario aún. Sea usted el primero.