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El blog 'Tales por cuales' es uno de los espacios donde estudiantes y profesores del Departamento de Filosofía y Humanidades comparten sus textos que van desde la filosofía y pasan por la literatura, el arte, la política y demás intereses particuales de cada uno de sus creadores. 

 

 

 

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Renunciar a la venganza, como mantra de reconstrucción de nación.

Por: María Jose Angarita F. 

El vídeo titulado "dejemos de matarnos" realizado por la filósofa, historiadora y locutora Diana Uribe, tiene como objetivo principal explicar  los acuerdos de paz,  conduciéndonos  a una reflexión sin rencor sobre el plebiscito, la justicia y las víctimas a través de una colección de vídeos animados.

Con mucho pudor y palabras llenas de valentía, la locutora colombiana nos hace un llamado de atención, en el cual nos invita a dejar de lado las diferencias  políticas y económicas, para así poder comprender que lo que se busca es un sí a La Paz, un cese al conflicto y  no un sí a un partido político.

Uribe, experta en historia toma como referente los procesos de paz realizados en otros países a lo largo de la historia, entre esos Sudáfrica  un país donde el odio fue ley durante tantos años, pero aun así cambio su destino y Ruanda, en donde decidieron perdonarse en  lugar de vengar el genocidio de una tercera parte de la población.

 Si estos países pudieron dar testimonio de paz, de superación de conflicto Colombia también puede. Firmar el proceso de paz no sólo nos ayuda a nosotros como individuos, ayuda a la humanidad entera a reconstruir una historia libre de rencor, tal como los ejemplos mencionados inspiraron a este país a dar el paso decisivo de cesar el fuego. "Estamos en un momento histórico", dice Diana Uribe puesto que nosotros como ciudadanos podemos definir la historia de este país para las siguientes generaciones y saldar las terribles cuentas que tenemos con el pasado.

Lastimosamente los colombianos dice la historiadora, poseemos un sentido de fatalidad colectiva, por eso la invitación es a comprometernos con el país, informándonos en primer lugar y no sustentando nuestra decisión del sí o del no en rumores, en lo que dicen que dice el acuerdo y sobretodo siendo conscientes de que es la decisión del destino de un país. Dejar de heredar odios, y renunciar a la venganza es la mezcla perfecta para esta mujer, para dejar de matarnos.

¿Dónde quedan los ojos?

Hace un tiempo mi pequeña prima me preguntó dónde quedaban los ojos. Es algo que provoca risas porque todos estamos convencidos de saber dónde se encuentran, ¿cierto? A nadie se le ocurriría escribir algo similar a unas “Instrucciones para encontrar la ubicación de los ojos”.

Por: Gabriela Castro.

Pero hace unos días pensé que quizá no sería algo tan extraño. Yo iba caminando por la universidad mientras chateaba con mi celular, estaba jorobada y cada cierto tiempo levantaba un poco la vista para ver qué había delante de mí. Suelo burlarme de este comportamiento, pero ahí estaba, cediendo ante él de todos modos. Un joven que venía caminando hacia mí, en la misma posición distraída, frenó de repente cuando estábamos a punto de estrellarnos.

Este casi accidente me sacó de mi ensimismamiento. Y por un momento miré alrededor y me encontré con la misma escena en todas partes, parecía sacada de una película futurista sobre el fin del mundo: jóvenes a punto de chocar los unos con los otros, tan cerca pero tan lejos entre ellos, medio zombificados, quizá la palabra más adecuada para describirlos sería “tecnificados”.

Tal vez no sería extraño pensar que dentro de poco desconoceremos incluso el significado de la palabra “mirada”, si ya no lo hacemos nunca, eventualmente podría desaparecer del lenguaje. Es una hipótesis acaso llena de resignación porque la escribo desde un computador y será luego publicada en una plataforma de internet.

No intento decir, ¡deténganse, por favor! Porque no tendría sentido invertir palabras en lo que se presenta como inevitable. Suena extremista, casi fatalista quizá, pero resulta en una pregunta que es casi una propuesta: ¿cuándo fue la última vez que usted miró a alguien a los ojos?

Mientras intento levantar la cabeza

Por: Nico Rueda

Para empezar, debo manifestar lo difícil que es no dejarse sumergir por el presente, para poder estar a la altura de nuestra época. Es tan complejo preciso en estos momentos en que nuestro país se polariza entre el sí y el no a la paz. Más si todo lo que leo, sobre todo en Nietzsche, me ha llevado a pensar en las historias detrás del SI y del NO.

Me he preguntado yo, si al pensar que quienes votan SI a raíz de una reflexión rigurosa eran los contemporáneos, porque eran capaces de mirar el pasado, ver más allá del presente desigual y oscuro que podría orientar al no, y pensar; soñar el futuro del sí. O si era yo quien me encontraba ya demasiado sesgado por mi contexto y no podía pensar más allá de mí. 

Así, me vi - otra vez - intentando quitarme el disfraz del presente para poder hacer todo lo que Nietzsche sugería era el problema del historicismo. Me vi cayendo en mis propias redes al buscar elevarme por los aires intentando anular la realidad en la que estoy inmerso.

Así llegué a la conclusión de que debía volver a su texto y dialogar con él. Mis ojos se deslizaron por esas líneas como quien se encontraba perdido en su propio mundo e intenta encontrarse en otro. Intenté encontrarlo para ver si él podía responder qué sería lo intempestivo para mi país.

Debo decir que en sus palabras encontré un poco de consuelo y a la vez un poco de vértigo. Consuelo, porque en él encontraba “el método” de vivir entre tensiones. Pero el vértigo me invadía al pensar cómo volver a ser ese “niño que juega en confiada inconsistencia entre las cercas del pasado y el futuro sin tener aún que rechazar nada de su pasado”. Cómo volver a él sin que el ya aprendido ‘fue’ no se volvería el centro de atención; cómo hacerlo sin elevar como un monumento mi propia existencia al recordarme perecedero.

Así recordé que alguna vez oí a un filósofo diciendo en su ponencia que no era el momento de construir museos de la memoria del conflicto de Colombia, porque esas cosas llevaban su propio ritmo. Que aún estaba muy presente el conflicto y que aún el olvido ni se había asomado. En ese momento no tenía la fuente para leer entre líneas y en mí no se suscitó ninguna pregunta.

Pero hoy pienso en ¿Cuál sería el ritmo?  ¿Qué papel juega el olvido? ¿Los artistas están llamados a crear monumentos? ¿Cuál es el papel del artista en la construcción de memoria? ¿Son las artistas quienes deben construir esa memoria?

Como en mí no estaban las respuestas volví a Nietzsche. Volví a él sabiendo que en sus palabras estaban las pistas para que yo en mi “tempo” encontrará el atisbo de luz en mi oscuridad.

“Lo ahistórico y lo histórico son en igual medida necesarios para la salud de un individuo, de un pueblo o de una cultura” (Nietzsche, p.45)

En mis palabras, el olvido y el recuerdo en su justa medida. Pero, ¿cuál sería esa justa medida? ¿Cuál sería la justa medida para una víctima del conflicto armado? ¿Cuál sería la justa medida para un artista que no ha sentido en carne propia ese conflicto armado? ¿Cómo encontrar en el desplazamiento continuo esa justa medida? ¿La justa medida debería también desplazarse? 

En medio de esas preguntas hay algo recurrente, así como mis pensamientos se van moviendo como olas, así también golpean recurrentemente a unas piedras. Entonces ¿Qué representarían esas piedras aparentemente estáticas? Acaso las piedras serían “Ese monstruo naciente al que estamos vinculados” (Woolf, p.188). Ese monstruo del que habla Virginia en su libro ‘Las Olas’ es el presente. Ella posa su mirada sobre la historia y entre metáforas esboza esa misma tensión entre el presente, pasado y futuro, y advierte que no logra encontrar donde se reúnen esos tres conceptos, dice, a su vez, que no encuentra tierra firme y que al cerrar los ojos “se le defrauda a la historia de la humanidad la visión de un momento (…) Se cierra su ojo, que mira a través de mí, si me duermo ahora; por descuido o cobardía, enterrándome en el pasado, en la oscuridad; o asiento contando cuentos.” (Woolf, p.189)

Las palabras de Virginia siempre oportunas me llevan a que esa justa medida se encuentra en el desplazamiento continuo, en ese abrir y cerrar de ojos . En palabras de Nietzsche, la justa medida la encontramos al distinguir qué olvidar y qué recordar para vivir; es decir, “utilizar el pasado como instrumento para la vida, transformando lo acontecido en Historia nueva”(p.46) y cerrar los ojos ante una realidad que nos paralice y nos impida actuar.

Así me voy acercando a lo que sería el papel del artista en la construcción de memoria. Ya sé, por lo menos, que no se trata de construir monumentos ni de seguir llenando el mundo de pasado sin sentido.

Quizá la verdadera tarea de todos y todas es tomar ese pasado que nos es tan próximo y malearlo, transformarlo. Tomar de él solo lo que nos permita seguir viviendo y dejar a un lado lo que nos petrifique como un monumento. Todo con un ritmo, como el de las olas que una y otra vez golpean a las piedras. Olas que jamás son las mismas, olas que golpean contra unas piedras que se ven transformadas casi de manera imperceptible. Piedras que tampoco son las mismas, piedras que se resisten como el presente, como nosotros. Olas que son pasado y presente continuo. Piedras que son presente y futuro continuo. 

También las piedras pueden ser una metáfora de las víctimas que son golpeadas una y otra vez por su pasado, pero que para seguir viviendo se transforman y son quienes hoy nos invitan a tomar tan solo lo que nos permita seguir adelante.

Así como ellas, llego a está conclusión: Votar sí, porque es lo que nos permite seguir adelante, pues negarnos a la posibilidad de cambio es hacerle un monumento a esa guerra de 52 años y es, en palabras de Nietzsche,  que dejo otra pregunta en el aire, “con ese NO del hombre suprahístorico que no ve la salvación en el proceso, para quien, más bien, el mundo está completo y logra su fin en cualquier momento particular. Pues ¿qué podrían diez años más enseñar que no hayan enseñado ya los diez anteriores?

 

Nietzsche, F. (1999). Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida. Madrid: Biblioteca Nueva.

Woolf, V. (2010). Las olas. Madrid: Catedra Letras Universales.

Agamben, G. (2008). ¿Qué es lo contemporáneo?

 

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