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El blog 'Tales por cuales' es uno de los espacios donde estudiantes y profesores del Departamento de Filosofía y Humanidades comparten sus textos que van desde la filosofía y pasan por la literatura, el arte, la política y demás intereses particuales de cada uno de sus creadores. 

 

 

 

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Nada

Por: Yojan Murcia

Había empezado a ir al gimnasio., Llevaba yendo, como mucho, tres días seguidos y ya sentía un dolor para nada placentero. Pero hoy…hoy era el día perfecto para ausentarse a ese lugar repleto de sudor, óxido y gritos de guerra, que más que ser el antesala de una batalla que decidiera el futuro de una nación, parecían ruidos provenientes del clímax de una relación sexual, de una muy fea, donde seguro la pareja del emisor de esos ruidos estaría preguntándose a sí mismo si estaba con una persona, una vaca, una oveja o un alienígena.

Ese ritual realizado en ese extraño lugar fue un completo martirio para Álvaro. Pero hoy el día estaba nublado, por ende, su excusa estaba completamente asegurada. Cuando los entrenadores sonrientes, musculosos y bastante mano largas del gimnasio de su esquina lo vieran en algún lugar, ya sabía qué responder. No es que Álvaro compartiera espacios con esos bultos cargados de esteroides, pero en lo poco que llevaba de vida había pasado bajo  cuatro escaleras, pisado cinco gatos negros y había perdido  la virginidad un viernes 13. Por esto sabía que podría encontrarse a cualquier entrenador en el momento más inesperado.

Álvaro salió a su balcón. Sacó una silla y se sentó para deleitar el hermoso arte de la cotidianidad efímera y plástica de su barrio, es decir, a no hacer nada. Estas últimas palabras retumbaron en su cabeza y su percusión fue de una felicidad repentina que se apodero de todo su cuerpo. Tanto, que a forma de bostezo dijo – cómo amo no hacer nada-.Cuando dijo esto, sintió un ruido casi inentendible. Lo volvió a escuchar y se percató de que a lo lejos le decían -¿Nada?-. Pero no veía a nadie. Bajó la mirada y la calle estaba vacía por las nubes grises. Miró hacia los negocios que estaban cerca de su casa y estaban cerrados. Miró hacia dentro de su casa. Como ya sabía, sus padres no estaban y su hermano aún estaba en la escuela, entonces de dónde provenía ese nada que lo cuestionaba. No es que fuera una persona incuestionable, pero no quería ser el tipo que escuchaba voces, la vida de esas personas nunca termina bien. Fue en ese instante cuando vio la telaraña y el ave negra que se posaba en el cable más alto de electricidad  y que lo miraba fijamente. Álvaro sonrió y pensó en lo estúpido que sería que esa ave negra y enigmática que parecía estar disfrutando del clima lleno de brisas frías fuera el emisor de ese ‘’ ¿Nada? ’’, Así que para decir algo gracioso, pronunció las palabras: Nunca más. A lo cual el ave le respondió: Una vez más,  Álvaro quedo estupefacto y vio como el cuervo bajaba lentamente y se posaba cerca de él. Antes de que Álvaro dijera algo, el cuervo le dijo:-Tranquilo, no ha pasado nada malo. No estás loco y mucho menos es un efecto de los pudines felices que comes con tus amigos los fines de semana.

-¿Pudines felices? No sé de qué hablas- Al pobre muchacho le había sorprendido más el hecho que alguien supiera esto y el riesgo potencial de que sus padres se enteraran, a darse cuenta del hecho  que estaba hablando con un cuervo.
– Vamos, por favor, vengo aquí todas las tardes, pero eso no es lo importante. Has dicho la palabra clave y por ella estoy aquí.
-¿Palabra clave?
-Sí, has dicho nunca más
-Está bien ¿y qué se supone que pase ahora? ¿Quieres algo?
-Hablar-Dijo el cuervo de manera muy misteriosa- No quiero que pienses que como soy un ave me preocupo  solo por los asuntos terrestres Mientras reposaba en ese nido de serpientes negras, escuché decir que amabas hacer nada y esto me causo mucha intriga. ¿Cómo logras no hacer nada?

Al escuchar la pregunta Álvaro se quedó atónito por lo tonta que él suponía era la respuesta. Así que le dijo:
-Pues es fácil, mírame todos los días y verás qué es no hacer nada.
-¿Seguro?
-Claro. Pensé que me estabas viendo hace un momento. Justo en ese instante estaba realizando el maravilloso y difícil arte de no hacer nada. Dijo en torno burlón.
-Pero cuando dices que  “no haces nada’’ estás haciendo algo: estás hablando. E incluso aunque no estuvieras hablando, estarías sentado, que también cuenta cómo hacer algo, ya que de no ser así no podríamos diferenciar a alguien que está de pie  de alguien que está sentado. Y lo más importante: estás pensando.
-Podría dejar de pensar. Dijo Álvaro con inseguridad en su voz.
-¿Alguna vez lo has hecho?

Álvaro enmudeció porque no recordaba ningún momento donde hubiera dejado de pensar. -¿En los sueños?- dijo para sí mismo, pero ha habido momentos donde ha tenido conciencia dentro de los sueños e incluso sabe que aunque no los domine, uno de los rasgos del pensar son las imágenes y los sueños son imágenes mentales. Fastidiado por no poder responder, no se animó a mover los labios.

-Si me lo permites, te diré que tampoco existe la nada. Lo que existe es el concepto de la nada, que permite tener una idea de lo que esta sería. Cuando entras a un cuarto lleno de basura y dices  “Aquí no hay nada’’ en realidad hay basuras, hay objetos. Dices que no hay nada, porque no hay algo que te sea útil, pero hay cosas en ese lugar. Esa manía de los humanos de considerar algo como existente solo por su utilidad es algo bien sabido en el  mundo animal. Incluso si el lugar estuviera vacío, hay vacío, hay una espacialidad que permite o que da a la posibilidad a  que objetos la ocupen. La nada no da objeto a nada, ni a la espacialidad.
Álvaro estaba perplejo. No tenía argumentos para responder. Se quedó helado y petrificado. Las palabras del cuervo habían sido como una mirada de Medusa.
Se limpió las gotas de sudor de su frente y habló consigo mismo: ¿Pero qué mierda está pasando? -se preguntó. –Vale, Álvaro, piensa, primero: ¿por qué un maldito cuervo habla? Segundo: ¿qué haces hablando con el maldito cuervo? Tercero: ¿por qué parece que esa ave negra es la reencarnación de Sócrates o de alguno de esos locos? Justo en ese momento Álvaro levantó su mirada y vio que el cuervo lo miró y de alguna manera le guiñó el ojo y luego levantó su vuelo hasta el cable eléctrico más alto. 

Álvaro logró salir de su modo estatua y se convenció de que lo mejor que podía hacer en ese momento era ir al gimnasio, para olvidar todo ese episodio que parecía sacado de una serie de efectos de las drogas, con un coro de pésimos orgasmos y mucho sudor. Decidió bajar a toda prisa. No se dio cuenta de que no llevaba su ropa deportiva y volteó  para ver si el cuervo estaba ahí. Se dio cuenta de que no estaba, -No hay nada, ¿nada?  ¡Maldición!- dijo el joven.
Cuando entró al gimnasio, un saco de esteroides se quedó bastante extrañado de la ropa de salida que llevaba el joven, sudado y con cara de espanto, así que se acercó con una sonrisa falsa, de esas que pretenden decir que todo está bien y le dijo:

-Hola amigo. ¿Pasó algo? ¿Por qué esa ropa?
Álvaro, al analizarse y verse unos mocasines, camisa y pantalón, solo pudo decir: Nada, no ha pasado nada.