Filosofía y Humanidades Filosofía y Humanidades

El blog 'Tales por cuales' es uno de los espacios donde estudiantes y profesores del Departamento de Filosofía y Humanidades comparten sus textos que van desde la filosofía y pasan por la literatura, el arte, la política y demás intereses particuales de cada uno de sus creadores. 

 

 

 

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Desde el balcón

Por: Sara Martínez Vega

Miro desde el balcón con mi taza de café en la mano
Los primeros rayos de luz rompen el negro celeste
Un hombre de tez oscura trapea los bordes de una piscina
La abuela teñida de rubio pasea al perrito
Su pelaje es tan brillante, tal vez sea feliz 
O ya esté harto de mimos

Escultural, una pareja corre hacia el parque
Dos obreros de tensa musculatura la cruzan
El fitness se toma sus cuerpos a golpes de mona
La dieta no es voluntaria
Esta tarde fumarán marihuana en los bancos del boulevard
Reirán con ganas, hablarán fuerte
Puede que al llegar a casa
Aún tengan aliento para ese sexo que es más recompensa que deber

Enfrente, un hombre de amplia cintura entrado en años 
Abre el garaje para que el carro del patrón salga
Los que sirven no se pensionan
Cuidan otras casas, crían hijos de otros.
Estas cabañas tienen aire de resort
Algunos viven de vacaciones
Cuando ponen sus pies fuera de la cama
La limpieza está hecha, el desayuno servido

Una mujer robusta, con delantal, barre la terraza
Se persigna, agradece barrer
Para que sus niños coman, vayan a la escuela
Tal vez a la universidad 
Si lo hacen, quizá no tengan que limpiar
El alcalde dijo que no hay que estudiar filosofía
Los hijos de los siervos no deben mirar desde el balcón

Mientras intento levantar la cabeza

Por: Nico Rueda

Para empezar, debo manifestar lo difícil que es no dejarse sumergir por el presente, para poder estar a la altura de nuestra época. Es tan complejo preciso en estos momentos en que nuestro país se polariza entre el sí y el no a la paz. Más si todo lo que leo, sobre todo en Nietzsche, me ha llevado a pensar en las historias detrás del SI y del NO.

Me he preguntado yo, si al pensar que quienes votan SI a raíz de una reflexión rigurosa eran los contemporáneos, porque eran capaces de mirar el pasado, ver más allá del presente desigual y oscuro que podría orientar al no, y pensar; soñar el futuro del sí. O si era yo quien me encontraba ya demasiado sesgado por mi contexto y no podía pensar más allá de mí. 

Así, me vi - otra vez - intentando quitarme el disfraz del presente para poder hacer todo lo que Nietzsche sugería era el problema del historicismo. Me vi cayendo en mis propias redes al buscar elevarme por los aires intentando anular la realidad en la que estoy inmerso.

Así llegué a la conclusión de que debía volver a su texto y dialogar con él. Mis ojos se deslizaron por esas líneas como quien se encontraba perdido en su propio mundo e intenta encontrarse en otro. Intenté encontrarlo para ver si él podía responder qué sería lo intempestivo para mi país.

Debo decir que en sus palabras encontré un poco de consuelo y a la vez un poco de vértigo. Consuelo, porque en él encontraba “el método” de vivir entre tensiones. Pero el vértigo me invadía al pensar cómo volver a ser ese “niño que juega en confiada inconsistencia entre las cercas del pasado y el futuro sin tener aún que rechazar nada de su pasado”. Cómo volver a él sin que el ya aprendido ‘fue’ no se volvería el centro de atención; cómo hacerlo sin elevar como un monumento mi propia existencia al recordarme perecedero.

Así recordé que alguna vez oí a un filósofo diciendo en su ponencia que no era el momento de construir museos de la memoria del conflicto de Colombia, porque esas cosas llevaban su propio ritmo. Que aún estaba muy presente el conflicto y que aún el olvido ni se había asomado. En ese momento no tenía la fuente para leer entre líneas y en mí no se suscitó ninguna pregunta.

Pero hoy pienso en ¿Cuál sería el ritmo?  ¿Qué papel juega el olvido? ¿Los artistas están llamados a crear monumentos? ¿Cuál es el papel del artista en la construcción de memoria? ¿Son las artistas quienes deben construir esa memoria?

Como en mí no estaban las respuestas volví a Nietzsche. Volví a él sabiendo que en sus palabras estaban las pistas para que yo en mi “tempo” encontrará el atisbo de luz en mi oscuridad.

“Lo ahistórico y lo histórico son en igual medida necesarios para la salud de un individuo, de un pueblo o de una cultura” (Nietzsche, p.45)

En mis palabras, el olvido y el recuerdo en su justa medida. Pero, ¿cuál sería esa justa medida? ¿Cuál sería la justa medida para una víctima del conflicto armado? ¿Cuál sería la justa medida para un artista que no ha sentido en carne propia ese conflicto armado? ¿Cómo encontrar en el desplazamiento continuo esa justa medida? ¿La justa medida debería también desplazarse? 

En medio de esas preguntas hay algo recurrente, así como mis pensamientos se van moviendo como olas, así también golpean recurrentemente a unas piedras. Entonces ¿Qué representarían esas piedras aparentemente estáticas? Acaso las piedras serían “Ese monstruo naciente al que estamos vinculados” (Woolf, p.188). Ese monstruo del que habla Virginia en su libro ‘Las Olas’ es el presente. Ella posa su mirada sobre la historia y entre metáforas esboza esa misma tensión entre el presente, pasado y futuro, y advierte que no logra encontrar donde se reúnen esos tres conceptos, dice, a su vez, que no encuentra tierra firme y que al cerrar los ojos “se le defrauda a la historia de la humanidad la visión de un momento (…) Se cierra su ojo, que mira a través de mí, si me duermo ahora; por descuido o cobardía, enterrándome en el pasado, en la oscuridad; o asiento contando cuentos.” (Woolf, p.189)

Las palabras de Virginia siempre oportunas me llevan a que esa justa medida se encuentra en el desplazamiento continuo, en ese abrir y cerrar de ojos . En palabras de Nietzsche, la justa medida la encontramos al distinguir qué olvidar y qué recordar para vivir; es decir, “utilizar el pasado como instrumento para la vida, transformando lo acontecido en Historia nueva”(p.46) y cerrar los ojos ante una realidad que nos paralice y nos impida actuar.

Así me voy acercando a lo que sería el papel del artista en la construcción de memoria. Ya sé, por lo menos, que no se trata de construir monumentos ni de seguir llenando el mundo de pasado sin sentido.

Quizá la verdadera tarea de todos y todas es tomar ese pasado que nos es tan próximo y malearlo, transformarlo. Tomar de él solo lo que nos permita seguir viviendo y dejar a un lado lo que nos petrifique como un monumento. Todo con un ritmo, como el de las olas que una y otra vez golpean a las piedras. Olas que jamás son las mismas, olas que golpean contra unas piedras que se ven transformadas casi de manera imperceptible. Piedras que tampoco son las mismas, piedras que se resisten como el presente, como nosotros. Olas que son pasado y presente continuo. Piedras que son presente y futuro continuo. 

También las piedras pueden ser una metáfora de las víctimas que son golpeadas una y otra vez por su pasado, pero que para seguir viviendo se transforman y son quienes hoy nos invitan a tomar tan solo lo que nos permita seguir adelante.

Así como ellas, llego a está conclusión: Votar sí, porque es lo que nos permite seguir adelante, pues negarnos a la posibilidad de cambio es hacerle un monumento a esa guerra de 52 años y es, en palabras de Nietzsche,  que dejo otra pregunta en el aire, “con ese NO del hombre suprahístorico que no ve la salvación en el proceso, para quien, más bien, el mundo está completo y logra su fin en cualquier momento particular. Pues ¿qué podrían diez años más enseñar que no hayan enseñado ya los diez anteriores?

 

Nietzsche, F. (1999). Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida. Madrid: Biblioteca Nueva.

Woolf, V. (2010). Las olas. Madrid: Catedra Letras Universales.

Agamben, G. (2008). ¿Qué es lo contemporáneo?

 

Nada

Por: Yojan Murcia

Había empezado a ir al gimnasio., Llevaba yendo, como mucho, tres días seguidos y ya sentía un dolor para nada placentero. Pero hoy…hoy era el día perfecto para ausentarse a ese lugar repleto de sudor, óxido y gritos de guerra, que más que ser el antesala de una batalla que decidiera el futuro de una nación, parecían ruidos provenientes del clímax de una relación sexual, de una muy fea, donde seguro la pareja del emisor de esos ruidos estaría preguntándose a sí mismo si estaba con una persona, una vaca, una oveja o un alienígena.

Ese ritual realizado en ese extraño lugar fue un completo martirio para Álvaro. Pero hoy el día estaba nublado, por ende, su excusa estaba completamente asegurada. Cuando los entrenadores sonrientes, musculosos y bastante mano largas del gimnasio de su esquina lo vieran en algún lugar, ya sabía qué responder. No es que Álvaro compartiera espacios con esos bultos cargados de esteroides, pero en lo poco que llevaba de vida había pasado bajo  cuatro escaleras, pisado cinco gatos negros y había perdido  la virginidad un viernes 13. Por esto sabía que podría encontrarse a cualquier entrenador en el momento más inesperado.

Álvaro salió a su balcón. Sacó una silla y se sentó para deleitar el hermoso arte de la cotidianidad efímera y plástica de su barrio, es decir, a no hacer nada. Estas últimas palabras retumbaron en su cabeza y su percusión fue de una felicidad repentina que se apodero de todo su cuerpo. Tanto, que a forma de bostezo dijo – cómo amo no hacer nada-.Cuando dijo esto, sintió un ruido casi inentendible. Lo volvió a escuchar y se percató de que a lo lejos le decían -¿Nada?-. Pero no veía a nadie. Bajó la mirada y la calle estaba vacía por las nubes grises. Miró hacia los negocios que estaban cerca de su casa y estaban cerrados. Miró hacia dentro de su casa. Como ya sabía, sus padres no estaban y su hermano aún estaba en la escuela, entonces de dónde provenía ese nada que lo cuestionaba. No es que fuera una persona incuestionable, pero no quería ser el tipo que escuchaba voces, la vida de esas personas nunca termina bien. Fue en ese instante cuando vio la telaraña y el ave negra que se posaba en el cable más alto de electricidad  y que lo miraba fijamente. Álvaro sonrió y pensó en lo estúpido que sería que esa ave negra y enigmática que parecía estar disfrutando del clima lleno de brisas frías fuera el emisor de ese ‘’ ¿Nada? ’’, Así que para decir algo gracioso, pronunció las palabras: Nunca más. A lo cual el ave le respondió: Una vez más,  Álvaro quedo estupefacto y vio como el cuervo bajaba lentamente y se posaba cerca de él. Antes de que Álvaro dijera algo, el cuervo le dijo:-Tranquilo, no ha pasado nada malo. No estás loco y mucho menos es un efecto de los pudines felices que comes con tus amigos los fines de semana.

-¿Pudines felices? No sé de qué hablas- Al pobre muchacho le había sorprendido más el hecho que alguien supiera esto y el riesgo potencial de que sus padres se enteraran, a darse cuenta del hecho  que estaba hablando con un cuervo.
– Vamos, por favor, vengo aquí todas las tardes, pero eso no es lo importante. Has dicho la palabra clave y por ella estoy aquí.
-¿Palabra clave?
-Sí, has dicho nunca más
-Está bien ¿y qué se supone que pase ahora? ¿Quieres algo?
-Hablar-Dijo el cuervo de manera muy misteriosa- No quiero que pienses que como soy un ave me preocupo  solo por los asuntos terrestres Mientras reposaba en ese nido de serpientes negras, escuché decir que amabas hacer nada y esto me causo mucha intriga. ¿Cómo logras no hacer nada?

Al escuchar la pregunta Álvaro se quedó atónito por lo tonta que él suponía era la respuesta. Así que le dijo:
-Pues es fácil, mírame todos los días y verás qué es no hacer nada.
-¿Seguro?
-Claro. Pensé que me estabas viendo hace un momento. Justo en ese instante estaba realizando el maravilloso y difícil arte de no hacer nada. Dijo en torno burlón.
-Pero cuando dices que  “no haces nada’’ estás haciendo algo: estás hablando. E incluso aunque no estuvieras hablando, estarías sentado, que también cuenta cómo hacer algo, ya que de no ser así no podríamos diferenciar a alguien que está de pie  de alguien que está sentado. Y lo más importante: estás pensando.
-Podría dejar de pensar. Dijo Álvaro con inseguridad en su voz.
-¿Alguna vez lo has hecho?

Álvaro enmudeció porque no recordaba ningún momento donde hubiera dejado de pensar. -¿En los sueños?- dijo para sí mismo, pero ha habido momentos donde ha tenido conciencia dentro de los sueños e incluso sabe que aunque no los domine, uno de los rasgos del pensar son las imágenes y los sueños son imágenes mentales. Fastidiado por no poder responder, no se animó a mover los labios.

-Si me lo permites, te diré que tampoco existe la nada. Lo que existe es el concepto de la nada, que permite tener una idea de lo que esta sería. Cuando entras a un cuarto lleno de basura y dices  “Aquí no hay nada’’ en realidad hay basuras, hay objetos. Dices que no hay nada, porque no hay algo que te sea útil, pero hay cosas en ese lugar. Esa manía de los humanos de considerar algo como existente solo por su utilidad es algo bien sabido en el  mundo animal. Incluso si el lugar estuviera vacío, hay vacío, hay una espacialidad que permite o que da a la posibilidad a  que objetos la ocupen. La nada no da objeto a nada, ni a la espacialidad.
Álvaro estaba perplejo. No tenía argumentos para responder. Se quedó helado y petrificado. Las palabras del cuervo habían sido como una mirada de Medusa.
Se limpió las gotas de sudor de su frente y habló consigo mismo: ¿Pero qué mierda está pasando? -se preguntó. –Vale, Álvaro, piensa, primero: ¿por qué un maldito cuervo habla? Segundo: ¿qué haces hablando con el maldito cuervo? Tercero: ¿por qué parece que esa ave negra es la reencarnación de Sócrates o de alguno de esos locos? Justo en ese momento Álvaro levantó su mirada y vio que el cuervo lo miró y de alguna manera le guiñó el ojo y luego levantó su vuelo hasta el cable eléctrico más alto. 

Álvaro logró salir de su modo estatua y se convenció de que lo mejor que podía hacer en ese momento era ir al gimnasio, para olvidar todo ese episodio que parecía sacado de una serie de efectos de las drogas, con un coro de pésimos orgasmos y mucho sudor. Decidió bajar a toda prisa. No se dio cuenta de que no llevaba su ropa deportiva y volteó  para ver si el cuervo estaba ahí. Se dio cuenta de que no estaba, -No hay nada, ¿nada?  ¡Maldición!- dijo el joven.
Cuando entró al gimnasio, un saco de esteroides se quedó bastante extrañado de la ropa de salida que llevaba el joven, sudado y con cara de espanto, así que se acercó con una sonrisa falsa, de esas que pretenden decir que todo está bien y le dijo:

-Hola amigo. ¿Pasó algo? ¿Por qué esa ropa?
Álvaro, al analizarse y verse unos mocasines, camisa y pantalón, solo pudo decir: Nada, no ha pasado nada.

Libertad

Por: Gabriela Castro.

 

¡Nosotros!

Los de la soga desatada y sin cuello

tenemos para vivir: un banco de peces muertos,

y amores que pertenecen a gritos de un tiempo pasado.

Ellos

Quienes se atreven a tener el delirio y no la libertad,

tienen las jaulas vacías

de nuestros pájaros tristes.

Yo

Tengo la voz desubicada y en pedazos,

de tanto gritar nombres llenos de esperanza.

Quiero el amor y no la guerra en todas las esquinas de la ciudad

armada como un cuartel que casi parece imaginario.