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El blog 'Tales por cuales' es uno de los espacios donde estudiantes y profesores del Departamento de Filosofía y Humanidades comparten sus textos que van desde la filosofía y pasan por la literatura, el arte, la política y demás intereses particuales de cada uno de sus creadores. 

 

 

 

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Borges: Ficciones que trascienden realidades

Por: Tawny Moreno

Adentrarse en la obra de Jorge Luis Borges, es sin duda sumergirse en una literatura cuya sensibilidad filosófica constituye un elemento fundamental. Más allá de las frecuentes referencias a distintos filósofos y sus respectivas doctrinas, las ideas expresadas en los poemas, ensayos y ficciones del argentino incitan al lector a asumir una posición reflexiva y curiosa ante los misterios de una -mal llamada, quizás- realidad que no logramos comprender. Posiblemente, en la lectura de sus narraciones podemos encontrar la intención de desdibujar la tradicional distinción ficciónrealidad; intención que podría entenderse como una afirmación de su perspectiva filosófica, sustentada por un profundo escepticismo que niega todo posible acceso a una veraz comprensión de realidades que sean algo más que la mera consumación de una de las posibilidades creativas e interpretativas del ser humano, individuo perplejo ante su incapacidad de concebir con autenticidad qué ajenas leyes rigen el laberinto que lo rodea. 

En estas breves palabras se busca exponer, partiendo del deslumbramiento producido por el genio creativo de Borges y su capacidad para explorar las posibilidades literarias de la filosofía (propósito señalado por él mismo, según María Esther Vásquez en Borges: imágenes, memorias, diálogos, 1977: 107), cómo existe en parte de su obra la propuesta de la ficción y la fantasía, expresadas a través del lenguaje, como afirmación de la capacidad humana de concebir nuevas realidades, y quizás -¿por qué no?- la posibilidad de que al concebirlas con integridad minuciosa, como en Las ruinas circulares, estas surjan como caminos a través de los cuales se acceda a nuevos mundos, a pesar de que ello suponga el aceptar la humillación de no ser más que la proyección de un sueño (Borges, 2011: 57-64).

Se podría comenzar recordando que, a lo largo su existencia, el ser humano se ha esforzado por explicar el funcionamiento del mundo al que ha sido arrojado y, para ello, ha recurrido a las distintas facultades intelectuales que le han sido dadas. Unas veces con ayuda de la racionalidad, otras gracias a la imaginación, el hombre ha logrado, a partir del lenguaje, construir interpretaciones que puedan dar cuenta del orden que subyace a la multiplicidad de fenómenos que acaecen en esta realidad caótica y abrumadora. Sin embargo, la predilección -que logró dominar gran parte de la historia del pensamiento occidental- por las explicaciones basadas en una supuesta razón capaz de someter a eternos y universales conceptos unas leyes inhumanas tan complejas y heterogéneas, ha relegado la imaginación y la ficción al campo de la "falsedad", olvidando que los frutos del pensamiento, aún del llamado racional, no son más que arquetipos no menos "ficticios" que los productos de la fantasía, en tanto que ambos responden a la capacidad creativa propia del hombre, así como a la necesidad -la cual, dada nuestra condición humana no podemos eludir- de reducir y simplificar a través de conceptos abstractos la ilimitada serie sucesos que percibimos. [Ejemplo de esta mencionada necesidad podemos encontrarlo claramente en Funes el memorioso, con la imagen de un hombre que es capaz de acumular una infinita cantidad de recuerdos y de percepciones, viéndose librado del reduccionismo del concepto, pero a su vez incapaz de concebir alguna idea, incapaz de llevar a cabo el ejercicio de abstracción que supone la humana facultad del pensar: "...sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos." (Borges, 2011: 134)].

Cabe resaltar que durante el siglo XIX y más a principios del XX, empezaron a levantarse con fuerza ciertos discursos que ponían en duda la irrefutabilidad del pensamiento científico-racional, haciendo insostenible la fundamentación metafísica de la realidad y eliminando la posibilidad de encontrar una verdadera realidad oculta. La inexistencia una verdad cognoscible, que sea accesible al entendimiento meramente fenoménico del intelecto humano, restituiría el estatus ontológico de lo ficticio, asemejándolo a la realidad en el sentido de que ambos no son más que el agotamiento de una de las muchas posibilidades (Muñoz, s.f: 7). Esto quiere decir que, de la misma forma en que decidimos concebir la realidad a partir de una u otra doctrina filosófica o religiosa, subordinando todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos, es decir, eligiendo una de las infinitas posibilidades, el creador de ficciones debe optar por una de las diversas disyuntivas que se le aparecen a la hora de construir su realidad alternativa. A partir de lo anterior puede comprenderse mejor por qué los metafísicos del maravilloso -u horrible- mundo de Tlön juzgan la metafísica como una rama de la literatura fantástica. Siendo conscientes de la inutilidad de emprender la búsqueda de la verdad, buscan en la filosofía nada más que el asombro (Borges, 2011: 25). Esta originalidad encontrada en el célebre relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertrius sirve para ilustrar los memorables aportes de Borges a la filosofía, y cómo desde la literatura la incentiva a retornar críticamente la mirada hacia sí misma. Otro ejemplo podría encontrarse en la soñada muerte del bibliotecario Juan Dalhmann, el cual, deseoso de evitar una muerte considerada patética "para un hombre valiente", recrea para sí el sueño de una romántica muerte de orillero, la cual termina por imponerse -para él- como la real, hasta el punto de que el lector podría no percatarse -acaso intencionadamente- de que físicamente Dalhmann se encuentra muriendo en la cama de un hospital. Como podemos darnos cuenta, es en esta tensión entre lo considerado "real" y lo ficticio, donde Borges sitúa sus narraciones, desdibujando los límites y sometiendo a juicio la veracidad de cada una de estas dimensiones; reivindicando la libertad del hombre de escoger y forjar su propia realidad y porvenir más allá de las posibilidades materiales.

Como se habrá podido notar en los cortísimos ejemplos expuestos, el argentino Jorge Luis Borges es sin duda un escritor que, más allá de las sentencias definitivas y de la ingenua fe en una filosofía que logre someter la realidad a sus postulados, impregna de reflexiones profundas sus ficciones para sumir al lector en un constante asombro y cuestionamiento del mundo; cuestionamiento que asciende más allá de la simpleza, el aburrimiento y el horror que pueden causar un mundo sin misterios indescifrables, y se torna hacia el mundo dominado por leyes inhumanas que no acabamos nunca de comprender. Las narraciones de este autor incitan a vivir en el constante asombro y fascinación de ser, aspirando contemplar las infinitas posibilidades del genio humano y reivindicando la libertad de este como único dueño de su propia realidad. En ese sentido, Borges, es sin duda un escritor que supo incluir inteligentemente, y con belleza literaria, los grandes temas de estudio de la filosofía e introducir al lector de manera más agradable en la perplejidad de existir.

Bibliografía:

Báez, F. (2003). ¿ Borges, filósofo?. A Parte Rei: revista de filosofía, (25), 5.

Borges, Jorge Luis. (2011). Ficciones. Editorial Penguin Random House. Bogotá, Colombia.

Muñoz Merchán, M. (s.f). Borges. Filosofía, ficción y verdad. Universidad de Sevilla. Recuperado de https://pendientedemigracion.ucm.es/info/ especulo/numero41/borgesfi.html.

Vásquez, María Esther. (1977), Borges: imágenes, memorias, diálogos. Monte de Ávila Editores. Buenos Aires, Argentina.