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El blog 'Tales por cuales' es uno de los espacios donde estudiantes y profesores del Departamento de Filosofía y Humanidades comparten sus textos que van desde la filosofía y pasan por la literatura, el arte, la política y demás intereses particuales de cada uno de sus creadores. 

 

 

 

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Viajazos

Por: Cristian Jimenez 
 

Partiendo de la invitación a hacer una suerte de comparación de mis opiniones y actitudes antes de tomar el curso y luego ya con lo que se estudió frente al problema: cómo conocemoscuáles son los límites de ese conocimiento, problema al que Kant nos sumerge en su trabajo en la Crítica de la razón pura, he de decir que no acabé muy lejos de las suposiciones que alguna vez llegué a plantearme a mí mismo.

Vale, que tampoco de la manera en la que Kant se esforzó en identificar y caracterizar cada elemento que es partícipe del proceso de elaboración del conocimiento, pero sí que pensaba, por ejemplo, que en nuestro conocer respecto a las cosas del mundo debía existir un papel muy importante que queda en los hombros de nosotros mismos y en nuestras particulares cualidadesy/ofacultadesentantosereshumanos,nopensabaqu eestaban ahílascosasy nosotros sólo las traducimos al lenguaje en el que trabajamos con ellas en nuestra mente para mágicamente terminar con un conocimiento de ellas después de esa traducción y que sólo hubiesen personas, por ejemplo más perezosas en emprender ese trabajo de traducción. Que después de todo, terminaba dudoso respecto a mis cavilaciones y en algunos momentos terminaba simplemente por afirmar a mí mismo que sí existía dicha traducción que yo, efectivamente,pertenecíaalgrupodepersonasd otadascon perezaparaemprenderalguna majestuosa traducción de las verdades que están en las cosas mismas. Y también recuerdo entonces, en mis pucheros por pertenecer al grupo de perezosos del cual me daría pereza salir en mi juventud afirmar que, personajes como Aristóteles, Albert Einstein o Newton no eran más que simples hombres que nacieron con algún tipo de derivado de Red Bull en su sangre que los libraba de la pereza de traducir las verdades que están en las cosas del mundo. Y respecto a las cosas que “conocemos” respecto a los problemas que se escapan de la experiencia de las cosas del mundo casi siempre pensé que eran un gran “viajazo” que se permitían estos llenos de energía o fe que no tienen ninguna validez en el mundo real de las cosas que están en el mundo. Dígase, no me interesaba en pensar que teníamos que preocuparnos por cosas del tipo “¿cómo se sustenta la naturaleza del cosmos en su totalidad?” cuando, como las únicas cosas que tengo de ese supuesto cosmos en su totalidad para analizar en sólo mi planeta y algún satélite cercano sólo teníamos que traducirlas lo suficientemente bien para saber cómo seguir existiendo a costa de ellas.

Ahora bien, sabía que esos “viajazos” (hemos de llamar ideas de conocimiento metafísico) de alguna manera son inevitables y que nunca podremos arrancarnos de nuestra humanidad el cuestionarnos cosas como la exp licación de en qué consiste el yo, en qué consiste Dios, en qué consiste el universo. Esto me llevaba a la conclusión que me ponía amargado de que por esta misma razón nunca podremos librarnos de las religiones del mundo pues siempre habrán personas que se dejen llenar de esa energía de fe que llena los vacíos dejados por la ignorancia y que los aleja de estar en la prudente pereza que debemos tener frente a cuestionar tales ideas. Y aquí es cuando argumentaba a favor de mi grupo de perezosos.

Ahora pues, Kant nos afirma, y creo que ha llegado persuadirme en muchos momentos, que distinto a tener más o menos energía para traducir la verdad de las cosas que están en mundo lo que tenemos es una imposibilidad de conocer la verdad de las cosas como son en sí mismas pues no tenemos nunca en realidad tal oportunidad de interactuar con las cosas en sí mismas. ¿En qué sentido estamos imposibilitados si parece que todo el tiempo estamos rodeados de las cosas del mundo? Para esto, Kant caracteriza más bien un encadenamiento de ordenamientos y regularizaciones de las sensaciones a forma de materia prima y elementos en bruto que percibimos del mundo y que nos dejan con lo que será el material para la elaboración de nuestras intuiciones y posteriores juicios: los fenómenos. Dichos fenómenos son con lo que realmente interactuamos nosotros, dejándonos “ciegos” de lo que sean las cosas en sí. Y para todo este trabajo de ordenamiento y regularización de fenómenos contamos con bases universales y necesarias que están puestas a priori a toda experiencia. Estas, Kant las ubica en dos secciones del trabajo de la crítica de la razón pura: las bases universales y necesarias con las que contamos en el ordenamiento de lo sensible para dar unidad y sucesión a los datos empíricos (sensaciones) y a los datos internos (vivencias, estados psíquicos) que son las nociones de espacio y de tiempo respectivamente. Estas, las distingue de ser algo que se encuentre en el mundo y que lleguen a nosotros a partir de la experiencia ni son, por lo tanto existente por sí mismas ni ser inherente a las cosas sino condición universal y subjetiva de la intuición interna. Produciendo una revolución copernicana en el conocimiento, pues ya no es el sujeto el que se adecua (el que traduce) al objeto y lo conoce tal cual es, sino que los objetos son los que se pliegan a la forma a priori del sujeto; también están las bases universales y necesarias del entendimiento que nos permiten unos conceptos igualmente a priori que según su modo son de cantidad, cualidad, relación o modalidad que dan como resultados unas categorías a priori (ej. la unidad y pluralidad, la negación y la realidad, la causalidad o dependencia o la necesidad y contingencia, entre otras categorías).

Pero para evitar lo que digo yo sería un problema lógico en su trabajo, Kant aclara que existe, a parte y anterior a un sujeto contingente, un sujeto trascendental que nos brinda una unidad de conciencia lógica para todos los encadenamientos de orden que nos llevan a hacer ciencia. Este sujeto, en ningún momento se hace evidente para nosotros pero sin embargo está presente como sustento lógico en nuestra cognición. Haciendo la analogía, sería como pensar en el algoritmo que da sustento al programa de Excel del que se desprenden otros comando que lo componen y permiten trabajar en él bajo ciertas características dadas. El algoritmo no es evidente para nosotros al trabajar en Excel pero es su sustento lógico el que nos deja trabajar con dicho programa en cualquier tarea.

De esta manera Kant acabaría con mi creencia en la existencia de un trabajo de interpretación de las cosas en el mundo tal cual y son, al igual que lo haría con las nociones de los movimientos empiristas. Pero siendo un intento de solución lógica también para los problemas del racionalismo. 

Proyecto crítico kantiano: ¿hacia una posible antropología?

Por: Tawny Moreno

(La difícil cuestión a la que nos enfrentamos, la pregunta acerca de si "¿puede hablarse del proyecto crítico de Kant como de un problema fundamentalmente antropológico?", fue suscitada por la profesora Daniela Pabón).

Tratar de dar posibles respuestas a la mencionada pregunta es un asunto espinoso. Sin embargo, quizá puedo plantear un camino que, no exento de dificultades y riesgos, nos conduzca hacia un resultado provisional. Para comenzar, considero necesario partir de la noción misma de crítica. En la quinta de sus Conferencias sobre la filosofía política de Kant, la filósofa alemana Hannah Arendt afirma que, salvo excepción de Sartre, ningún pensador se ha hecho tan célebre como Immanuel Kant con una obra titulada como crítica (Arendt, 2012: 64). Los posibles motivos que laten bajo la decisión de escoger tal poderosa palabra para designar su propuesta filosófica son fundamentales. Numerosas veces el siglo XVIII, Siglo de las Luces o de la Ilustración, ha sido caracterizado como una época de criticismo, y Kant, con espíritu fiel a su tiempo concibe tal Ilustración como un proceso de liberación de prejuicios y fanatismos. El pensar por sí mismo se erige como el resultado de un proceso crítico: "Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración" (Kant, 2013: 87). Y en tal búsqueda de autonomía en el pensar, el proyecto crítico de nuestro filósofo se constituye como un tratar de descubrir las fuentes y los límites de la razón (Arendt, 2012: 65). Frente a las doctrinas de la metafísica dogmática del siglo XVII y al escepticismo generado como respuesta a las falencias de las primeras, el proyecto filosófico de Kant no pretende (en principio) dar a luz una nueva doctrina metafísica. Lo que se encuentra en juego para él es, fundamentalmente, emprender una exploración de la estructura del pensamiento. Gracias a la comprensión, siempre sujeta a progresivas mejoras, del proceso del entendimiento en sí mismo, con sus límites y virtudes, el hombre adquiriría un mayor conocimiento de sí. La pregunta por el qué puedo conocer, la cual implica el cómo conocemos (o pensamos), conduce hacia una mejor y más amplia comprensión de aquel ser racional: que, a fin de cuentas, no es otro sino el hombre mismo. Esta última afirmación puede, en parte, verse sustentada gracias a la célebre anécdota sobre las clases impartidas por Kant en la universidad de Königsberg, la cual es retomada de la siguiente manera en la segunda conferencia de Arendt:

“Son conocidos los tres celebres interrogantes que, según Kant, debe tratar de responder la filosofía: ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me está permitido esperar? En sus seminarios, Kant solía añadir una cuarta pregunta: ¿qué es el hombre? Y precisaba: "todas juntas pueden denominarse antropología, porque las tres primeras cuestiones se refieren a la última.” (Arendt, 2012: pp. 31).

En la medida en que nuestro filósofo busca aproximarse hacia el entendimiento de los procesos más generales y estructurales de la razón (en sus diferentes ámbitos, ya sea teórico, práctico o trascendente), emprende un proyecto que tiene como centro la comprensión de la más humana de las facultades. Así, a lo largo del desarrollo de su proyecto crítico, el filósofo de Königsberg irá dibujando, cual arquitecto, los contornos de una respuesta a la fundamental pregunta por el ser humano.

Hasta el momento, nuestro camino ha sido trazado con gran cautela y quizá algo de timidez. Sin embargo, podríamos adentrarnos un poco más en la interpretación de Arendt para tomar una ruta más peligrosa y arriesgada (sin duda, más emocionante). La mencionada autora emprende el proyecto de justificar que, si bien no escrita de manera formal, en el pensamiento crítico kantiano puede encontrarse una sólida filosofía política. Una afirmación como tal supondría que "deberíamos ser capaces de encontrar [tales implicaciones políticas], en la medida de lo posible, en el conjunto de [la] obra [de Kant] y no sólo en unos pocos ensayos habitualmente agrupados bajo esa etiqueta" (Arendt, 2012: 63). A su vez, ha de ser necesario que los escritos posteriores a 1784, explícitamente dedicados a cuestiones sobre la historia y la política, no aborden sólo temas marginales, sino que los contenidos allí esbozados se encuentren en directa relación con sus obras filosóficas centrales. Debido al limitado espacio de caracteres que me ha sido otorgado, me limitaré a citar un aspecto (el cual considero crucial) que la filósofa alemana retoma para argumentar su posición. Una vez aclarados los sentidos en los cuales se considera crítica la filosofía de Kant, "si consideramos una vez más la relación de la filosofía con la política resulta evidente que el arte del pensamiento crítico tiene siempre implicaciones políticas" (Arendt, 2012: 76). En la medida en que busca guiarse por los propios preceptos, no adoptando los principios que imponen la autoridad y la tradición sin antes haberlos sometido a examen, "el pensamiento crítico es, en principio, antiautoritario". Resulta peligroso para los poderosos en la medida en que busca y exige para su propio desarrollo la "libertad de pluma", es decir, la libertad para publicar y comunicar a los otros lo que se piensa, y por lo tanto la posibilidad de someter a un examen "público" las consignas de las autoridades, tanto académicas como gubernamentales. Según Kant, la facultad de pensar depende del uso público de la razón: "[la] Ilustración tan sólo requiere libertad y, a decir verdad, la más inofensiva de cuantas pueden llamarse así: el hacer uso público de la propia razón en todos los terrenos" (Kant, 2013: 90). La razón depende de los otros, "la compañía es indispensable para el pensador", en la medida en que esta sólo se adapta a la comunicación, no al aislamiento. El pensamiento crítico supone comunicabilidad, y sólo se puede ser crítico, incluso de uno mismo, gracias al "contraste que resulta del contacto con el pensamiento de los otros" (Arendt, 2012: 82). La idea de comunicabilidad ligada al pensamiento crítico implica una comunidad de seres que escuchan, que están interrelacionándose entre sí gracias a la vocación natural de comunicación que les impone su facultad racional. El pensar críticamente requiere ser "imparcial" (término que hay que tomar en sentido estrictamente kantiano), es decir, considerar los puntos de vista de los demás; requiere comparar los propios juicios con los posibles juicios de los otros, para lo cual es necesario ponerme en su lugar. La facultad que me permite hacer posibles a los otros, que me permite desarrollar una forma crítica de pensar, no es otra que la imaginación (Arendt, 2012: 84). La fuerza de la imaginación, en juego con el entendimiento, permite el desarrollo de individuos y comunidades cada vez más autónomas y valientes en la tarea del pensamiento. El afirmar que los hombres se necesitan entre sí para pensar, y por ende para ir desarrollando cada vez más el conocimiento de la estructura de la propia facultad razonante, implica reconocer el carácter político del hombre, como un ser que no puede vivir al margen de la comunidad. Si es posible encontrar, como lo plantea y desarrolla con gran astucia Arendt, una filosofía política en el conjunto de la crítica kantiana, ello implicaría que en ella yace una reflexión fundamental sobre el hombre mismo en tanto que ser inherentemente político.

Referencias:

Kant, Immanuel (2013). ¿Qué es la Ilustración? Y otros escritos de ética, política y filosofía de la historia. Alianza Editorial. Madrid, España.

Arendt, Hannah (2012). Conferencias sobre la filosofía política de Kant. Editorial Paidós. Barcelona, España.