<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
  <title>Manuel Moreno Slagter</title>
  <link rel="self" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178" />
  <subtitle>Manuel Moreno Slagter</subtitle>
  <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178</id>
  <updated>2026-06-09T21:50:21Z</updated>
  <dc:date>2026-06-09T21:50:21Z</dc:date>
  <entry>
    <title>Sobre la carrera 51b</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25800819" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25800819</id>
    <updated>2022-05-12T15:18:47Z</updated>
    <published>2022-05-12T15:14:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;La ampliación de la Carrera 51B, comprendida a partir del inicio del corredor universitario hasta el casco urbano del municipio de Puerto Colombia, es un proyecto que ha requerido tiempo. Desde mediados de septiembre de 2018 la gobernación departamental anunció la intención de intervenir esa vía, sustentando sus propósitos en el empeoramiento de los atascos de tráfico que se generan, especialmente en las horas pico que coinciden con la entrada y la salida de los colegios y las universidades localizadas en su área de influencia. También se ha expresado que se busca dar facilidades a la movilidad de los eventuales turistas que podrían demandar acceso a todo ese sector. Ahora, tras varias revisiones y ajustes, todo parece indicar que las obras comenzarán a finales de este año o a comienzos del próximo, casi cinco años después del anuncio inicial.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Es importante considerar el tiempo que ha llevado definir esta iniciativa, al menos en la mayor parte de su trazado. Sin la excusa del afán, tan propia de nuestro entorno y que puede llevar a cometer errores, caben algunas observaciones razonables sobre el concepto fundamental tras el resultado de unos diseños tan prolongados. En vista de que no se han proyectado carriles exclusivos para el transporte masivo, ni se han previsto reservas para trenes ligeros o tranvías ni nada por el estilo, es coherente concluir que todo ese esfuerzo busca principalmente mejorar la circulación de los vehículos particulares. Para eso se han dispuesto, entre otras cosas, dos pasos deprimidos y la ampliación de cuatro a seis carriles en la primera etapa, entre la Avenida Circunvalar y la glorieta de la Universidad del Atlántico: una inversión de más de doscientos mil millones de pesos para mitigar las incomodidades de los conductores.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En vista de esa significativa cantidad de dinero, quizá en este caso había que empezar por otra zona, porque con los presupuestos públicos es obligatorio priorizar con cuidado. Yendo de Barranquilla hacia Puerto Colombia, después de superar el enredo que propone la aparatosa intersección con la recién estrenada Circunvalar de la Prosperidad, nos encontramos con el que a mi juicio es el tramo que reclamaba atención inmediata. A partir de ese punto, la antigua carretera conserva las mismas condiciones que recuerdo desde que tengo memoria: un par de carriles estrechos, sin bermas, mal señalizados y con varias curvas peligrosas. Aunque está prevista la adecuación de ese trazado, sin recursos por ahora, no se comprende muy bien por qué se ha preferido ajustar primero el sector que hoy tiene cuatro carriles y un comportamiento que sólo es crítico durante unas horas del día, una circunstancia que se podría mitigar considerablemente mediante la ejecución de algunas obras puntuales.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Los trabajos de mejora en toda la longitud de la Carrera 51B son necesarios y el corredor universitario está requiriéndolos hace rato. Mis comentarios, que eventualmente ampliaré en próximas columnas, están relacionados con la oportunidad y los tiempos. Lo bueno es que de alguna forma el proyecto va a empezar, así que habrá que esperar y confiar en que todo salga bien.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/sobre-la-carrera-51b-columna-de-manuel-moreno-slagter"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 14&amp;nbsp;de abril&amp;nbsp;de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-05-12T15:14:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Un trámite</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25800593" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25800593</id>
    <updated>2022-05-12T15:14:10Z</updated>
    <published>2022-05-12T15:04:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;Es muy fácil criticar las acciones del gobierno. Al fin y al cabo, es la organización más grande con la que se relacionan los ciudadanos y es, al menos, parcialmente responsable de varias de las cosas que les suceden. Si la inseguridad se agrava, si los servicios públicos fallan, si hay contaminación, si el dinero no alcanza; cualquier evento puede achacársele al leviatán. Además de ser lógica, tal postura resulta muy conveniente, dado que en ciertas circunstancias esos señalamientos ayudan a diluir las propias obligaciones y culpar a los demás, un acto muy natural, inherente a nuestra condición humana. Puede que entonces esa sea una de las funciones más notables (y menos aceptadas) de los estados, estar ahí para recibir el sinfín de quejas ciudadanas, servir como una suerte de desahogo, encajar los golpes.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Por eso es tan exótico que se reconozca cuando algo le sale bien. Usualmente quienes valoran positivamente alguna labor del gobierno son despreciados por serviles o por tener algún interés particular que se ve reforzado por el elogio. En un entorno plagado de desconfianza, como el nuestro, despierta sospechas quedar satisfecho después de adelantar una gestión con una entidad pública. Sin embargo, contra todo pronóstico, hace unos días viví una buena experiencia cuando me enfrenté con éxito a uno de esos trámites, tanto, que consideré apropiado contarla en este espacio.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Como muchos colombianos, a finales del año pasado me apuré a renovar la licencia de conducción. En ese momento tuve que hacer un examen médico en un centro de reconocimiento de conductores, un servicio que es facilitado por un operador privado y que no presentó mayores problemas. Casualmente unos días después el Gobierno nacional amplió el plazo para la renovación, de tal forma que dejé el resto del trámite para este año, evitando complicaciones adicionales en la época decembrina. Hace un par de semanas decidí terminar el proceso.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En primer lugar, la cita para presentarse en una de las sedes de la Secretaría de Tránsito y Seguridad Vial habilitadas para tal efecto se diligenció por&amp;nbsp;&lt;em&gt;Whatsapp&lt;/em&gt;&amp;nbsp;(aunque puede que eso les complique la vida a las personas mayores). Estaba muy incrédulo ante ese escenario, pero resultó funcionar de maravilla, logrando un espacio de atención para el día siguiente. Preparado para encontrarme las filas y las demoras que suelen ser comunes, llegué antes de la hora establecida, una prevención que no era necesaria puesto que el lugar estaba relativamente vacío. Una funcionaria me pidió el código QR que me habían dado el día anterior y el documento de identidad. Todo estaba en orden y luego de unos minutos para realizar el pago correspondiente, la toma de la huella digital y la fotografía, salí de ahí con la nueva licencia en menos de media hora. Ni siquiera fue necesario que llevase conmigo el resultado del examen médico, su vigencia fue comprobada en línea por la entidad.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Desde luego, todo el asunto se vio favorecido porque esa oficina estaba poco concurrida, pero en cualquier caso fue un trámite que se ejecutó con una agilidad inusual. Ojalá que así continúe y que no se complique excesivamente cuando el nuevo plazo esté por expirar.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/un-tramite-columna-de-manuel-moreno-slagter-900025"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 7&amp;nbsp;de abril&amp;nbsp;de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-05-12T15:04:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Los niños</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25800349" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25800349</id>
    <updated>2022-05-12T15:00:12Z</updated>
    <published>2022-05-12T14:54:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;Probablemente han visto la foto. Es un grupo de cinco hombres transportando a una mujer en camilla, hay soldados, miembros de una organización de salvamento y quizá algún civil apoyando la tarea. La mujer está claramente embarazada y herida, su rostro muestra el desconcierto involuntario de quien sufre un estado de trauma y tensión extremo, está pálida, tiene la mirada perdida y se cubre una parte del vientre con la mano izquierda. Se intuyen rastros de sangre en su pantalón. El fondo es un edificio de dos pisos que ha sido destruido por un misil, ya no tiene ventanas y quedan los vanos descubiertos, desde las paredes de la fachada cuelgan jirones del material aislante. El grupo se afana sobre un patio cubierto de ramas y tierra removida, en las caras hay signos de desesperación. La monocromía impuesta por los tonos pardos y grises se rompe por la sábana que cuelga de la camilla, es roja con puntos negros y unos toques verdes, como imitando a una fresa, el tipo de cosas que se encuentran cuando hay ambientes infantiles. En este caso se trataba de un hospital de maternidad.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Después se supo que la mujer y el bebé en gestación no lograron sobrevivir, se sumaron a las víctimas de los ataques a Mariupol, una ciudad al sureste de Ucrania que ha sido objeto de una considerable sevicia por parte de las fuerzas rusas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En Bogotá, la noche del sábado, un artefacto explosivo fue detonado contra el CAI de Arborizadora Alta, en la localidad de Ciudad Bolívar. El atentado ocasionó la muerte de un niño y una niña, de 12 y 5 años, múltiples heridos y algunos destrozos materiales.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Según el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, la persona que activó la bomba debía tener línea visual con el dispositivo para hacerlo funcionar, de tal forma que, aunque se habría dado cuenta de la cercanía de los menores, su plan no se alteró. La explosión ocurrió pocos minutos después de las siete de la noche, por lo que puede deducirse que la idea no era solamente atacar a los policías, una cosa igual de censurable, sino también afectar a los demás ciudadanos. No es fácil intentar comprender los niveles de bajeza moral que motivan a cualquier individuo que decida conscientemente comportarse de esa forma.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Son dos casos que responden a circunstancias muy diferentes, pero que comparten su sinsentido. Los rusos sabían que estaban atacando una instalación llena de madres y sus bebés, y el perpetrador del atentado en Bogotá estaba viendo a los menores cuando oprimió el botón.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Creo que entre todas las abominaciones de las que somos capaces las personas, una relación que lamentablemente no es breve, ninguna supera el infanticidio. Los niños son seres indefensos e inocentes: no se pueden valer por sus propios medios y no tienen la culpa de nada de lo que sucede, porque está claro que no han podido agredir ni ofender a nadie. Por eso merecen toda nuestra ayuda y apoyo, por eso requieren nuestra protección. Cuando ese mandato natural es traicionado queda muy poco por decir, salvo reconocer que ya se tocó fondo y que recuperarnos será más duro. Da lo mismo si las atrocidades se cometen en Ucrania o en Colombia.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/los-ninos-columna-de-manuel-moreno-slagter-898365"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 31&amp;nbsp;de marzo&amp;nbsp;de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-05-12T14:54:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Los viejos</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25798553" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25798553</id>
    <updated>2022-05-12T14:24:57Z</updated>
    <published>2022-05-12T14:21:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;Mientras deambulaba con él por los pasillos de la colección que administraba, un librero amigo me señaló una estantería con un centenar de libros que estaban en oferta. Se trataba de unos volúmenes que había intentado, sin éxito, devolver al distribuidor. La librería sustentaba su reclamo en algunas señales de deterioro que aparecieron durante los meses del encierro pandémico, pero no hubo acuerdo y optaron por rematarlos a mitad de precio. Tenían unas manchitas amarillas, imperceptibles, casi todas en el canto de las hojas, de tal forma que no afectaban su lectura ni mucho menos alteraban su contenido. Eran libros sin usar.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Al final salí de ahí con una versión de bolsillo de&amp;nbsp;&lt;em&gt;El hacedor&lt;/em&gt;, de Borges, un breve compendio de relatos y poemas tan potente como toda la obra del genio argentino, pero que todavía no había tenido la suerte de encontrar y que terminó en mi biblioteca por un precio ridículo. Luego de leerlo, y de refrendar la extraordinaria calidad del autor, me pareció que todo ese episodio, aunque real, funcionaría como una especie de parábola para evidenciar las injusticias que se cometen con la vejez, con los viejos, o con todo lo que va mostrando cualquier señal de desgaste estético.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Me fijé en dos pensamientos.&amp;nbsp;&lt;em&gt;Si el libro no hubiese tenido las minúsculas manchas me habría costado el doble.&lt;/em&gt;&amp;nbsp;Sin embargo, nada de lo que pude leer y sentir, la filigrana de los escritos, la admiración por la obra, la emoción propia de quien se conmueve ante el uso preciso del idioma; nada de eso se vio alterado por aquel factor que disminuyó su valor. El libro me costó menos, pero me produjo las mismas sensaciones que propiciaría un ejemplar inmaculado, recién salido de la imprenta.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;De todas maneras, en nuestras casas todos los libros se van manchando con el tiempo, así que ese destino es inevitable.&amp;nbsp;&lt;em&gt;La juventud y la vejez son estados transitorios.&lt;/em&gt;&amp;nbsp;Es una obviedad, pero da la impresión de que se nos olvida con frecuencia. Cuando se descalifica a alguien porque cuenta cuatro o cinco décadas, ignoramos que hace muy poco esa misma persona también era joven, sólo que ahora ha vivido más. No parece sensato invalidar las actuaciones de nuestros semejantes únicamente porque tengan una treintena de años de diferencia con respecto a un determinado grupo, menos cuando todos vamos caminando inexorablemente hacia esa etapa. Les aseguro que, ante eso, no hay Botox que valga.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Ignoro por qué, según parece, pasamos de admirar la sabiduría de los mayores, como insisten en algunas tribus, a despreciarla con reproche; pero sospecho que esa tendencia nos está trayendo complicaciones diversas. Todos queremos llegar a viejos, por lo tanto, convendría escuchar con atención a quienes lo lograron. Desde luego, los entusiasmos juveniles son necesarios y bienvenidos, no podríamos avanzar sin esas espoladas, pero no tienen que rendirse siempre frente a posiciones arrogantes y displicentes.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Quizá, entonces, vale la pena que emulemos al esclavo romano que susurraba al oído de los generales victoriosos, pero en lugar de advertir el final (recuerda que eres mortal), consideremos la transición previa. Como dijo Bufalino: con pasos de gato la juventud se va.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/crisis-en-el-transporte-publico-columna-de-manuel-moreno"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 24&amp;nbsp;de marzo&amp;nbsp;de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-05-12T14:21:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Minimalismo Digital</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25798182" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25798182</id>
    <updated>2022-05-12T14:17:55Z</updated>
    <published>2022-05-12T14:11:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;Hace unas cuantas semanas, mientras esperaba sentado en un sitio muy concurrido dentro de un centro comercial, me di cuenta de algo que ya puede parecer una obviedad. Al observar distraídamente el comportamiento de las personas, pude ver cómo casi todas tenían un celular en sus manos mientras caminaban por los pasillos y la mayoría, de hecho, estaba mirando la pequeña pantalla al avanzar. No se molestaban en subir la cabeza para percatarse de lo que sucedía a su alrededor, confiando en exceso en su visión perimetral y completamente absortos en lo que les mostraban sus aparatos. Algunos hablaban utilizando auriculares y otros incluso mantenían esa actitud a pesar de estar sentados en una mesa, con compañía. Me pregunté qué podía ser tan importante en sus vidas que ni siquiera les permitía darse un momento para detenerse y ocuparse de otras cosas, qué podía demandar una reacción tan inmediata y urgente. Esa pregunta me ha rondado desde entonces.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Intrigado hace tiempo por las motivaciones subyacentes que regulan los comportamientos de nuestros semejantes, sobre todo cuando encuentro rasgos tan repetidos como fastidiosos, unos días después empecé a leer el libro cuyo nombre da título a esta columna. Su autor es Cal Newport y en su obra intenta explicar, sin demasiados tecnicismos, por qué hemos terminado sometidos por unos algoritmos californianos y por qué eso no es bueno; para luego ofrecer algunas recomendaciones que nos permiten mejorar nuestra relación con el mundo digital. No se trata de despreciar las mejoras que las comunicaciones modernas han traído a nuestra cotidianeidad, sino de usarlas de una forma responsable y sana.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Uno de los datos más llamativos que se encuentran en el libro, es el tiempo que los adolescentes norteamericanos le dedican al consumo de entretenimiento digital, incluyendo el uso de redes sociales o servicios de streaming. Según la organización Common Sense Media, entre 2015 y 2019, es decir, antes de la pandemia, los jóvenes entre 13 y 18 años ocupaban entre 7 y 9 horas diarias en esas distracciones. Newport, que publicó el libro en 2019, supone que si este tipo de consumo desproporcionado puede llevar a manifestaciones de inestabilidad mental debería notarse primero en esa franja etaria, entendiéndolos como una especie de canarios en la mina. Lamentablemente lo que están viviendo los jóvenes hoy, sus ansiedades, angustias y el elevado reporte de casos de desórdenes mentales, parece confirmar lo que vaticinaban esas cifras. Desde luego, todo lo que trajo consigo la pandemia, que todavía no acaba, seguramente ha terminado por afectarlos más.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El mensaje del libro es relevante: lo importante es que las tecnologías faciliten la vida, no que la gobiernen. Para el caso de los celulares, no tiene sentido que con cada vibración o pitido que emiten esos artefactos dejemos todo y nos apuremos a revisarlos, o que lo hagamos con compulsión aunque no hayan emitido nada. Por eso vale la pena leer el libro, para que cada quien saque sus propias conclusiones y eventualmente se anime a darle un uso adecuado a unas herramientas que están diseñadas para que desperdiciemos nuestras vidas mirando sus pantallas.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/minimalismo-digital-columna-de-manuel-moreno-slagter"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 10 de marzo de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-05-12T14:11:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Caminar</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25787601" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=25787601</id>
    <updated>2022-05-12T14:20:03Z</updated>
    <published>2022-05-11T22:10:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;em&gt;Solvitur ambulando.&lt;/em&gt;&amp;nbsp;La expresión en latín, atribuida a Diógenes en el siglo IV —y también disputada por San Agustín— puede traducirse como «se soluciona caminando», y se dice que fue la respuesta del filósofo griego ante la pregunta sobre la veracidad del movimiento: la mejor manera que encontró para zanjar la cuestión fue levantarse y caminar. El acto es sencillo, instintivo, como respirar o masticar. Parte de lo que nos define como especie es eso, la capacidad de andar erguidos, ojos al frente, como los depredadores más temibles.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&amp;nbsp;A medida que inventamos medios para aligerar el esfuerzo físico, herramientas y artilugios que nos facilitaron las arduas tareas que permiten nuestra supervivencia, fuimos abandonando las relaciones más primarias con nuestro cuerpo y sus capacidades, intercambiándolas por una serie de beneficios que efectivamente nos entregaron mayor libertad. La fuerza bruta y la locomoción se encargó a las máquinas. Aunque nadie que tenga un juicio sensato puede esperar volver al azadón, no constituye necesariamente un ejercicio de añoranza comprobar que una víctima colateral de todo ese progreso fue la caminata funcional o voluntaria. Por eso, quien hoy camina por elección es sospechoso. Cada vez que me encuentro en una situación en la que aclaro que prefiero caminar para llegar a algún lado recibo miradas de profunda extrañeza, que anticipan la insistencia en el ofrecimiento de llevarme. No suele comprenderse que en muchas ocasiones elijo caminar en lugar del confort de una silla y el aire acondicionado, sobre todo cuando el clima acompaña. Más de una vez he sido derrotado y terminó amarrado por un cinturón de seguridad, mirando la ciudad pasando por la ventana de un carro y lamentándome por no haber podido ser convincente.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Quizá atribulados por los afanes que nos gobiernan, muchas personas se pierden los placeres y los regalos de una buena caminata. Rousseau confesó que para poder meditar necesitaba ponerse en movimiento, que su cerebro funcionaba en la medida que sus piernas lo hacían. Thoreau se explaya en las bondades del paseo en&amp;nbsp;&lt;em&gt;Walking,&lt;/em&gt;&amp;nbsp;un ensayo que fue concebido unos años después de su emblemática experiencia en el estanque de Walden, pero que fue publicado en su totalidad después de su muerte. En una línea similar, Kierkegaard deambulaba por Copenhague observando a sus semejantes como especímenes de un jardín botánico, evadiendo las aproximaciones más bucólicas de algunos de sus antecesores y prefiriendo, o quizá resignándose, al entorno urbanizado. Abundan los ejemplos que sustentan las posibilidades que se le abren a la mente cuando se vaga libremente, permitiéndole espacio y ritmo, propiciando calma y reflexión.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Nos dice Rebecca Solnit en su libro&amp;nbsp;&lt;em&gt;Wanderlust&lt;/em&gt;, que una ciudad es un lenguaje, un repositorio de posibilidades, y que caminar es el acto de hablar ese lenguaje, de seleccionar entre esas posibilidades. Temprano, para aprovechar el etéreo estado de la ciudad aún dormida, o cuando sus estrafalarias actividades ya acaparan todos los sentidos, caminar por Barranquilla todavía logra conceder alivio. Incluso en un entorno tan conocido, no encuentro una mejor forma para poner en orden las ideas, una necesidad que parece especialmente imperiosa ante la confusión que se presiente.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/caminar-columna-de-manuel-moreno-slagter-895058"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 17&amp;nbsp;de marzo&amp;nbsp;de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-05-11T22:10:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Dime con quién andas</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577498" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577498</id>
    <updated>2022-05-12T14:10:06Z</updated>
    <published>2022-03-03T23:21:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/stijn-swinnen-qwe8TLRnG8k-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;No es mucho lo que se puede aportar a la descripción del desconcertante momento que se vive en el este de Europa. Sabemos que Rusia ha iniciado una invasión a Ucrania, una como no se había visto desde hace más de ochenta años por esas tierras. Sabemos que poco a poco han empezado a morir civiles y niños, víctimas de los misiles rusos que están cayendo en sectores residenciales que no tienen ningún interés militar. Sabemos que Putin nos ha recordado, por si acaso padecíamos de amnesia, que tiene bajo su control el mayor arsenal nuclear del planeta y que más nos vale no interferir con sus planes.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;A pesar de todo eso, varios países han expresado sus posiciones frente a ese increíble atropello. Algunos han enviado ayudas a Ucrania, armas, municiones y equipos de combate; otros ya tienen planes para hacerlo. También han sido evidentes varias manifestaciones de solidaridad, aliviando trámites de visado para refugiados, como lo han hecho el Reino Unido y España, o siendo notablemente hospitalarios con quienes huyen de la violencia, como ha sucedido en Polonia. A la fecha más de 600 000 ucranianos han tenido que salir de su país.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Una breve revisión de los apoyos deja ver viejas fracturas y algún novel acuerdo. El bloque Occidental conformado por la OTAN y la Unión Europea, entre otros (incluyendo a Colombia), favorece la soberanía ucraniana. En defensa de la invasión han surgido los sospechosos de siempre, los miembros de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva, Corea del Norte, Irán, Siria, y similares. China, por ahora, se ha mantenido al margen y aparentemente está tratando de sostener una posición relativamente neutral, lo cual ya es muy diciente y no necesariamente bueno.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Notable, aunque no sorprendente, la rapidez con la que nuestros vecinos orientales proclamaron su complacencia con las acciones de Vladimir Putin, publicando discursos extravagantes, llenos de lugares comunes y retórica caduca. Siguen hablando de imperialismo, injerencias y demás zarandajas contra la OTAN. Curiosa interpretación, acusando a quienes todavía no han disparado ni una bala, o apenas apuntalan su defensa, mientras se pliegan ante quienes efectivamente están lanzando misiles, bombas y tanques contra otro país. Cierto es que las palabras dan para todo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En suma, recordando los momentos más radicales de la Guerra Fría, de un lado, siguiendo a Rusia, están aquellos gobiernos que no son tan amigos de las libertades, que prefieren mandatos con inclinaciones tiránicas, ánimo perpetuo y recelosos de los procesos democráticos; del otro, un grupo de países que intentan respetar los ideales humanistas y los principios liberales, imperfectos todavía, pero convencidos de continuar por ese camino, que ha dado grandes réditos en cuanto al bienestar y el nivel de vida de sus ciudadanos. Parece fácil escoger una posición sensata.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Dime con quién andas y te diré quién eres, reza un refrán popular. Por eso, aquí no caben opacidades ni medias tintas: puede interpretarse, con razón, que quienes acompañan la violenta avanzada de Putin o evaden expresarse al respecto, sienten afinidad con esos métodos y ambiciones, son permisivos con ese tipo de poder y con lo que representa. Tomemos nota.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/dime-con-quien-andas-columna-de-manuel-moreno-slagter"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 3&amp;nbsp;de marzo&amp;nbsp;de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-03-03T23:21:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Mucho pedir</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577468" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577468</id>
    <updated>2022-04-20T15:09:24Z</updated>
    <published>2022-03-03T23:15:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/max-a-z2yFMFL74-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Hace unos días conversaba con un familiar sobre la experiencia que vivíamos al ir al estadio en nuestra infancia, durante la década de los años ochenta. Nos referíamos a las peripecias que conllevaba sentarse (o estar de pie), en las tribunas del Romelio Martínez, de las incomodidades y las anécdotas. En el viejo Romelio, por ejemplo, una parte de las tribunas de sombra recibía sol, las columnas del techo y los postes de iluminación entorpecían la vista y además, tocaba irse varias horas antes para hacer a la intemperie una fila desordenada. Aún así, esas vivencias fortalecieron una afición auténtica, que naturalmente fue perdiendo pasión con el paso de los años, pero que nos entregó enriquecedores momentos de distracción.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;A pesar de todas las precariedades, las sensaciones eran mayoritariamente positivas. Pocas veces viví momentos de tensión o miedo, apenas un par de circunstancias en las que los aficionados volcaron su agresividad sobre alguna decisión del árbitro y las cosas parecían ponerse feas, pero poco más, se insultaba mucho pero nada trascendía. Los malos ratos siempre se debían a la pobre presentación de nuestro equipo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Describiendo un escenario alejado de las situaciones que acabo de contar, el pasado martes un artículo publicado en este diario explicaba lo que le pasó a una familia que asistió al estadio Metropolitano a ver el partido del domingo frente al América, una ocasión que terminó con disturbios y sobresaltos. Era la primera vez que llevaban a su hijo de 5 años al estadio y probablemente la última en mucho tiempo. Unas personas, vinculadas a algunas de las deplorables «barras bravas», invadieron a la fuerza la tribuna occidental alta, motivando caos e inquietud, sin que la diezmada fuerza pública pudiese evitarlo. Algunos testigos aseguraron que los agresores estaban en la búsqueda de hinchas del equipo contrario para agredirlos, blandiendo, según se pudo leer, cuchillos y puñales. Imagínense ustedes ese escabroso panorama: uno tratando de ver un partido de fútbol con su pequeño para encontrarse en la ruta de una horda de galavardos con claras intenciones de hacer daño. Mientras corrían huyendo de la barahúnda, emulando los momentos más dramáticos de La vida es bella de Roberto Benigni, los padres terminaron mintiéndole al niño para evitarle el mal rato, enmascarando lo que pasaba con historias más alentadoras.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Por supuesto, no va a pasar nada. La policía capturó a tres personas, que seguro ya están libres, Junior ganó, sumó tres puntos y ya piensa en los próximos encuentros. Eso es lo malo. Tan acostumbrados estamos a dirimir todo a las patadas que esos acontecimientos no reclaman mayor atención, supongo que unos heridos no merecen el desgaste, mucho menos unos vidrios rotos y el mal rato de algunos hinchas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;La pasividad de los clubes de fútbol y de la Dimayor es cómplice, con condenas y posturas de indignación no se van a arreglar las cosas. Ojalá se animen a tomar medidas más duras: la pérdida de los puntos de los equipos involucrados o restarles una buena cantidad en la tabla, un cierre prolongado del estadio o el destierro definitivo de quienes van a un partido con cuchillos; que se lo tomen en serio, que les cueste. Pero puede que eso sea mucho pedir.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/mucho-pedir-columna-de-manuel-moreno-slagter-889936"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 24&amp;nbsp;de febrero de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-03-03T23:15:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Un debate en el Caribe</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577344" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577344</id>
    <updated>2022-04-20T15:07:52Z</updated>
    <published>2022-02-17T21:15:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/shelagh-murphy-xy1oUOqobFA-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El pasado jueves 10 de febrero se celebró en Barranquilla un debate entre cuatro de los precandidatos a la presidencia. El evento, que fue organizado por el grupo estudiantil Cosmopolítica y la División de Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte, se llevó a cabo en las instalaciones de esa institución universitaria con transmisión libre por varios canales digitales. Fue un debate ordenado, en el que los participantes se vieron obligados a seguir unas reglas de juego muy claras, que entre otras cosas, limitaba las intervenciones con un tiempo muy corto, lo que invitaba a que fuesen concisos, evitando divagaciones inútiles. Son merecidas las felicitaciones a quienes tuvieron la responsabilidad de hacerlo posible.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Desde que las redes sociales protagonizan la mayoría de nuestras interacciones, a menos de que ocurra algo realmente sorprendente, una grosería imperdonable o un disparate mayor, creo que los debates políticos en realidad no suelen motivar cambios en la opinión de los electores. En la gran mayoría de los casos lo que dicen los participantes es utilizado por sus seguidores para reafirmar sus convicciones, o para darle más sustento al rechazo que puedan sentir por los rivales. Esto sucede porque generalmente los candidatos ya han expuesto casi todo lo que tienen que decir mediante miles de mensajes que diariamente publican en las plataformas digitales. Más que un escenario para plantear propuestas o ideas novedosas, los debates derivan hacia una cacería de errores que los partidarios militantes, o directamente a sueldo de las campañas, se encargan de replicar por todos los medios posibles. Quizá hace veinte años pasaba lo mismo sin la mediación de las benditas redes, pero al menos el ciudadano tenía un poco más de espacio para desarrollar sus propias conclusiones y no era bombardeado sin pausa por sentencias de 280 caracteres o por cortísimos videos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;De todas maneras los debates son necesarios porque sirven para comprobar el talante de los participantes, los tonos y actitudes ante cada pregunta, su lenguaje corporal, la coherencia de sus ideas. Como dije antes, constituyen un importante espacio de confirmación. Por eso no sorprende que aquellos que explotan el arte de la retórica siguieran utilizando viejas fórmulas que suenan bien, que inflaman sentimientos, pero que no siempre tienen fundamento en hechos concretos ni observan, con el detalle que merecen, las consecuencias reales de sus aproximaciones. Los que se acercan a los extremos, así lo evidenciaron; quien no tiene las cosas tan claras, sonó repetitivo; quien trata de ser sensato, continuó en esa línea. La coherencia si existió.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Por eso, me parece que lo más relevante del debate fue el orden y el respeto por parte de todos. Hubo un momento en el que uno de los moderadores le preguntó al otro, que era una estudiante, si avalaba una réplica que terminó siendo negada. El candidato involucrado se notó molesto, pero acató la decisión. Ojalá esa muestra de civilización fuese más común, se diera por hecho, y no hiciera falta resaltarla por excepcional. Ojalá la mesura y la moderación de ese debate sea una señal auspiciosa para nuestro porvenir.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/un-debate-en-el-caribe-columna-de-manuel-moreno-slagter"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 17&amp;nbsp;de febrero de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-02-17T21:15:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Barranquilla 2100</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577311" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577311</id>
    <updated>2022-04-20T15:06:33Z</updated>
    <published>2022-02-14T17:08:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/dawin-rizzo-JzrTU1ruTnc-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Las autoridades distritales organizaron un evento la semana pasada para presentar al público la iniciativa Barranquilla 2100. Se trata de una serie de ideas que plantean el futuro de nuestra ciudad y su área metropolitana con un horizonte de tiempo de 80 años, fundamentadas alrededor de una consultoría ejecutada por la prestigiosa firma danesa de arquitectura y urbanismo Bjarke Ingels Group (BIG) y con la participación de diversas entidades públicas y privadas del nivel local. Los trabajos tuvieron una duración de más de dos años, originados inicialmente por sensatos interrogantes sobre la ordenación de la enorme franja de terreno generada entre la avenida Circunvalar y la nueva Circunvalar de la Prosperidad. En su evolución conceptual, el estudio afortunadamente trascendió esos límites espaciales para también integrar las tramas urbanas existentes, una condición que era imprescindible para lograr coherencia y pertinencia en cualquier análisis prospectivo sobre el desarrollo de la conurbación.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Las ideas presentadas no son especialmente novedosas, muchas de ellas son estrategias ya probadas en diferentes ámbitos y escalas, pero precisamente por eso tienen valor, porque entran en el terreno de lo posible, o cuando menos, en los anales de lo recomendable. En términos generales, las propuestas buscan generar energía más limpia, regular y aprovechar los cuerpos de agua y los arroyos, entregarle a la comunidad núcleos de atención básica cercanos para suplir sus necesidades, reciclar edificaciones subutilizadas para revivir interacciones pérdidas, preservar las zonas que suponen riesgos ambientales y conectar a los ciudadanos de una manera más eficiente mediante la implementación de sistemas mixtos de transporte público. Todo eso fue sustentado con habilidad por el equipo de BIG, que demostró su potencia y experiencia al abordar los recurrentes problemas que impone la planeación urbana. Sin duda, un plan ambicioso.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El Alcalde anunció que se iba a establecer un comité que pudiese vigilar el cumplimiento de las principales líneas de acción del plan. Noble intención que será muy difícil de consolidar, pero que da una señal muy positiva: una que pretende buscar la manera de darle continuidad a una idea de ciudad que empieza a tomar forma y que objetivamente puede ofrecernos un entorno más amable y sostenible. Nada de lo propuesto es dañino.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Es posible que algunas personas juzguen como inútil una visión de futuro a tan largo plazo. También es probable que buena parte de las ideas se entiendan inalcanzables o fantasiosas, todo influenciado por décadas de frustraciones, incredulidad y precariedad; una percepción que aún persiste a pesar de las innegables mejoras de los últimos años. Incluso es comprensible que desde diferentes posiciones políticas se desprecien las propuestas porque no son coherentes con sus ideologías. El desacuerdo hace parte de la naturaleza humana. Sin embargo, considero que lo más relevante de este tipo de planteamientos es que nos invita a todos a reflexionar sobre nuestro porvenir, expresando nuestras opiniones a favor o en contra, pero desde un punto de vista que nos obliga a mirar lejos y a abandonar el cortoplacismo. Eso ya es una ganancia para todos.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/barranquilla-2100-columna-de-manuel-moreno-slagter-886428"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 10&amp;nbsp;de febrero de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-02-14T17:08:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Una buena historia</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577272" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577272</id>
    <updated>2022-04-20T15:04:36Z</updated>
    <published>2022-02-14T16:48:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/utsman-media-g4I_Lq-p4o0-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;De vez en cuando conviene evadirse. En dosis correctas el escapismo ayuda mucho a mantener la cordura, especialmente cuando los medios, los amigos, los colegas y casi todo, nos agobia con una relación infinita de cosas urgentes, de noticias inquietantes y malos augurios. El solaz que entrega una conversación superflua, poder perderse en la música o leyendo algún texto simple es lo que hace la vida vivible; no todo puede ser serio y consecuente. En esas andaba cuando me topé con una historia llamativa y sin mayores pretensiones, pero con un final parcialmente feliz, o cuando menos inofensivo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Puede que algunos de ustedes ya hayan conocido Wordle, un sencillo juego de palabras que acaparó el interés de miles de usuarios en internet durante los últimos meses. Con unas reglas muy fáciles de entender, una interfaz clara y una demanda de tiempo mínima y limitada, pues sólo permite jugarlo por unos minutos una vez al día, la modesta invención logró un alcance inesperado. Su creador es Josh Wardle, un joven nacido en el impronunciable pueblo de Llanddewi Rhydderch, un conjunto de casas con cuatro calles cercano a Abbergaveny, al sur de Gales. Wardle, hijo de una familia campesina dedicada a la crianza de vacas y ovejas, estudió en un colegio de Abbergaveny y luego pudo continuar su formación en Artes Mediáticas en la Royal Holloway, University of London. Tras esa experiencia se marchó a profundizar sus estudios en la Universidad de Oregon y terminó radicándose en Brooklyn, trabajando como ingeniero de software.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;La idea de desarrollar el juego surgió impulsada por el encierro pandémico, cuando lo diseñó para entretener a su novia, quien era aficionada a ese tipo de pasatiempos, especialmente al Spelling Bee. Al principio, lo compartió con su familia en su grupo de WhatsApp, hasta que decidió hacerlo de acceso al público en octubre del año pasado, instalándolo en una página web muy austera, sin publicidad ni mayores arandelas. Poco a poco, y debido fundamentalmente a la simpática manera de compartir los resultados de cada partida en las redes sociales, lo que comenzó como una curiosidad familiar se convirtió en un fenómeno masivo. En noviembre lo usaban 90 personas, dos meses después contaba con 300.000 usuarios, y hoy alcanza millones de interacciones diarias. Tanto ruido terminó por llamar la atención de algunos inversionistas, de tal forma que el lunes fue confirmado que el juego fue comprado por el New York Times por una cifra no revelada de siete dígitos. Wardle ha afirmado que la idea general es que el juego se mantenga como está, gratis y de fácil acceso, y de paso, ha reconocido que todo esto que ha pasado naturalmente desbordó cualquiera de sus expectativas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Siempre me ha parecido satisfactorio que aquellos que nos brindan bienestar, o que nos facilitan la vida, reciban una adecuada recompensa. Que un joven galés oriundo de Llanddewi Rhydderch haya recibido al menos un millón de dólares por darle sano entretenimiento al mundo es una buena historia, sin nada perverso detrás. Lo que pase con Wordle ahora que hace parte del New York Times no es ya tan importante, lo bonito será no olvidar cómo empezó y disfrutarlo mientras podamos.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/una-buena-historia-columna-de-manuel-moreno-slagter-884675"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 3&amp;nbsp;de febrero de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-02-14T16:48:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>El inútil afán</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577244" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577244</id>
    <updated>2022-04-20T15:02:45Z</updated>
    <published>2022-01-31T17:00:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/alessio-lin-aL9aBMxo2Qw-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En una tarde cualquiera, a una hora que no tenía relación con los mayores flujos de tráfico que suelen darse en nuestra ciudad, pude ser testigo de la que probablemente es la tontería más común que cometen los conductores cuando se aventuran por las calles.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Circulando por una vía preferente de un solo sentido, en medio de un barrio residencial, me iba fastidiando por varios minutos una masiva camioneta, acelerando y acercándose a mi carro de forma arriesgada intentando sobrepasarme. Decidí entonces orillarme y darle paso para evitar así su preocupante cercanía, una cosa que aquel conductor aprovechó para impulsarse a una velocidad que calculo por encima de los 80 km/h. Estaba en la cúspide de su aceleración, volando sobre los estoperoles, cuando en una intersección en curva otro conductor asomó la trompa de su vehículo un par de metros más de lo usual. El impacto era inminente. Fuertes frenazos acompañaron una aparatosa maniobra por parte de la camioneta, que estuvo a punto de volcarse debido a el imprevisto cambio de rumbo. Superado el susto, tras un par de segundos, el Fittipaldi urbano volvió a exigir su motor a toda capacidad y continuó su frenética marcha.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Tres cuadras más adelante, en un semáforo, encontré de nuevo a la flamante camioneta, detenida al lado mío, haciendo la fila mientras esperábamos el cambio de luces. Todo aquel afán resultó entonces inútil, dado que los dos estábamos en el mismo lugar a la misma hora, lo mismo dio andar a 40 o a 80, llegamos al mismo tiempo. La gran diferencia es que uno de nosotros puso torpemente en riesgo su vida y, lo que es mucho peor, la de otras personas. Tanta prisa, tanto susto y desgaste para nada.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En varias columnas he sustentado la inutilidad de las altas velocidades en la mayoría de las vías urbanas. No tiene mucho sentido acelerar cuando eventualmente, cada pocas cuadras, nos encontraremos con un semáforo o con una intersección regulada. Ya muchas ciudades han comprendido esa realidad y se han atrevido a imponer normativas que limitan el desenfreno de los conductores. Bilbao, Palma y Graz (Austria), entre muchas otras, han decidido limitar la velocidad permitida hasta los 30 km/h en más del 90% de sus vías, con resultados muy positivos desde varias variables: menos accidentes, menos mortalidad, menos ruido, etc. Recordemos que cuando los carros se desplazan a 80 km/h hay un 95% de posibilidades de que fallezca el peatón atropellado, pero cuando se baja la velocidad a 30 km/h la proporción se invierte. No creo que exista una justificación más poderosa.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Hay ciertas zonas en Barranquilla que podrían adaptarse a esas ideas, especialmente en los barrios residenciales. El incidente que describí sucedió en el barrio El Golf, un sector sin muchos establecimientos comerciales y relativamente apacible, en el que no hay necesidad alguna de superar una velocidad segura. No resultaría complejo hacer el ensayo, pero eso sí, acompañando la restricción con un ampliación de los andenes, de tal forma que el diseño de las vías, estrechando las calzadas e instalando reductores de velocidad, invite al conductor a calmarse. Eso no evitaría que de vez en cuando algún loco decida acelerar, pero sin duda se le haría más difícil.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/el-inutil-afan-columna-de-manuel-moreno-slagter-882855"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 27&amp;nbsp;de enero de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-01-31T17:00:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>El ajedrez</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577213" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577213</id>
    <updated>2022-04-20T15:01:21Z</updated>
    <published>2022-01-20T22:23:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/felix-mittermeier-nAjil1z3eLk-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Durante los últimos meses he descubierto las bondades del ajedrez. No es que no me haya percatado de su existencia, creo que casi todo el mundo ha oído mencionar el juego alguna vez y sabe, más o menos, de qué se trata; sino que, también, como casi todo el mundo, no le había prestado mayor atención. Guiado por mi abuelo paterno, quien me infligió en la niñez un inolvidable mate pastor (todavía lo recuerdo con inusual claridad), muy joven conocí las reglas fundamentales, los movimientos de las piezas y su propósito, pero poco más. Fueron necesarias unas conversaciones recientes con Von Furstenberg para despertar un novedoso interés, que encontró sustento en el encierro pandémico y en las facilidades que brinda internet.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;No soy un buen jugador, ni siquiera uno aceptable, pero incluso desde un desempeño y una comprensión mediocre, he podido hallar solaz al repasar los mecanismos de ese juego milenario. Sirvió mucho encontrar los entretenidos videos de Leontxo García, quien quizá es la persona más cultivada sobre el tema en la lengua española y sin duda uno de sus grandes promotores. Sus contenidos terminaron por convencerme de su valor.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Varias cosas llaman la atención. Primero, lo obvio: el ajedrez es un juego en el que el azar es prácticamente inexistente. Eso no es menor, porque significa que es muy difícil culpar de las derrotas a alguien, o a alguna circunstancia, lo cual suele ser muy común en otras actividades. Cuando un jugador pierde un partido no podrá decir que influyó el árbitro, o que le hicieron trampa, o que tuvo mala suerte. Cuando se pierde en el ajedrez es porque el adversario jugó mejor, y punto. Por eso, se dice que quien más aprende en una partida es precisamente el derrotado. Tras caer, vale la pena preguntarse ¿Qué hice mal? ¿Cómo puedo mejorar? ¿Dónde me equivoqué?, configurando así un provechoso ejercicio de autoanálisis que lleva, bien dirigido, a un perfeccionamiento continuo del pensamiento crítico. Sin chivos expiatorios, sólo queda la mirada frente al espejo y saber perder.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Desde luego, hay otros beneficios. Algunos estudios indican que su práctica regular puede prevenir o al menos retrasar la aparición de algunas enfermedades mentales que acosan durante la vejez, especialmente el Alzheimer. Igualmente, se ha podido comprobar que, para las personas con excesiva timidez, jugar ajedrez es una terapia que les permite estar relativamente cómodos e iniciar una comunicación especial con sus rivales sin ser necesario el uso inicial del lenguaje ni el contacto. Incluso, poco a poco se va entendiendo que puede ser una herramienta para la formación en valores desde muy corta edad, una metodología que algunas instituciones preescolares en Latinoamérica ya están ensayando con pequeños desde los dos o tres años.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En estos tiempos, en los que el éxito tiene tantas interpretaciones y hemos ensalzado a algunos deportistas como modelos para muchos jóvenes —algo que no siempre es bueno como lo demuestran los desatinos de Djokovic— conviene buscar asideros en actividades que dejen enseñanzas positivas y moderen el comportamiento. El ajedrez no tiene la fórmula milagrosa, pero puede ayudarnos a ser mejores personas.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="http://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/el-ajedrez-columna-de-manuel-moreno-slagter-881113"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 20 de enero de 2022&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-01-20T22:23:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Un año para mejorar</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577125" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577125</id>
    <updated>2022-04-20T14:59:45Z</updated>
    <published>2022-01-13T22:46:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/tim-mossholder-287SK3kxCHg-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Estos días finales suelen ser momentos llenos de propósitos y resoluciones. Hay quienes están decididos, por fin, a empezar una nueva dieta y a hacer ejercicio, a enmendar alguna relación rota, a evitar esa actitud que tanto daño hace, a dejar de fumar, a dejar de beber, a ahorrar, a dedicarle más tiempo a sus seres queridos; en suma, casi todos los propósitos de fin de año guardan la esperanza de cambios que se sobreentiende positivos. Nadie, libremente y en sus cabales, propicia cambios para empeorar sus propias circunstancias.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Sin embargo, los cambios que se reclaman no siempre guardan relación con los resultados que se pueden derivar de su implementación, o se enfocan en lo que se espera de ellos y no en los mecanismos que los harían posibles. Por eso, la mayoría de las entusiastas resoluciones que se adoptan en enero se van abandonando en febrero, de tal forma que se aplazan, o se retoman intermitentemente de acuerdo con algunas erupciones de optimismo. Eso no es tan grave cuando se trata de asuntos que soportan iteraciones, al fin y al cabo una dieta interrumpida se puede empezar las veces que sea necesario, cualquier día podemos volver al gimnasio, o hacer esa llamada pendiente. Hay que prestar más atención cuando nos metemos con asuntos que no tienen fácil arreglo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En Colombia estamos pidiendo cambios hace rato. Como en casi todos los países, hay muchos problemas que no parecen alcanzar solución si insistimos en los métodos de siempre, por lo tanto, se va agotando la paciencia y va creciendo la rabia. Temas evidentes como el funcionamiento de la justicia, los procedimientos burocráticos y la corrupción estatal, entre otros, merecen intervenciones tan complejas como inmediatas, pero concediendo que tomará algo de tiempo poder ver resultados y que seguramente será necesario ir perfeccionando las formas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Los cambios sostenibles no se logran de un día para otro, ni se conjuran con decretos y leyes mesiánicas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Se viene un año de elecciones. Inquieta comprobar que muchos colombianos quieren simplemente «un cambio», así, a secas, como para ensayar a ver qué pasa, aparentemente dispuestos a cualquier cosa. Aunque esa posición se puede entender —ya mencioné la impaciencia y la rabia— también es necesario advertir sobre sus peligros. Cambiar abruptamente el corazón de la economía y las reglas del comercio, por ejemplo, puede traer consecuencias devastadoras, acaso irreparables, incertidumbres y décadas de atraso. Ese sería un cambio, sin duda, pero uno que agravaría las condiciones de vida de los más vulnerables, que son justamente aquellos a quienes menos les convienen los experimentos extremos. Vale la pena recordar que todo puede ser peor, que no es necesario empezar de cero, que es preferible construir sobre lo que ya hemos logrado, y que no es sensato acabar con lo poco que tenemos para refundar forzados ideales.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Ojalá el año que viene sea un año para mejorar y para avanzar, para tomar buenas decisiones. Ojalá los colombianos encontremos el sosiego necesario para hacerlo. A mis lectores, los mejores deseos y muchas gracias por el tiempo dedicado, tras una pausa necesaria, volveré a estas páginas la tercera semana de enero.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/un-ano-para-mejorar-columna-de-manuel-moreno-slagter"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 30&amp;nbsp;de diciembre de 2021&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-01-13T22:46:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Los antivacunas</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577074" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23577074</id>
    <updated>2022-04-20T14:58:24Z</updated>
    <published>2022-01-13T22:40:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/diana-polekhina-dw6tvK_PuxM-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Tuve algunas reservas sobre la mejor forma de denominar al conjunto de personas que, teniéndolas a la mano, no ha querido ponerse la vacuna contra la covid-19. Desde hace rato creo que no es buena idea categorizar tan tajantemente a ciertos contingentes, puesto que tal tipo de señalamientos es el primer paso hacia la discriminación, malos tratos y cosas peores. Sin embargo, por practicidad me referiré a ellos como los antivacunas, aunque en ese grupo quepan algunos individuos que dejan de lado actitudes militantes para albergar dudas razonables y temores que podrían disiparse con paciencia y una buena explicación. También están, claro, los radicales que se niegan tajantemente y especulan sobre conspiraciones fantásticas e inverosímiles. Con ellos hay mayores incertidumbres.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Sería necio ignorar lo que está pasando en las sociedades más desarrolladas de Occidente ante la nueva ola de la pandemia que ha impulsado la variante ómicron. Las noticias que llegan desde Europa son ciertamente inquietantes. En Alemania un movimiento extremo, Sajones Libres, estaba planeando un atentado contra el primer ministro del Estado de Sajonia, como una reacción ante las medidas sanitarias que se han impuesto en ese país para contener el avance del virus. Los Países Bajos, Bélgica y Austria, han visto sus calles tomadas por protestas callejeras que no han estado exentas de violencia, fomentadas por grupos de personas que están en contra de la vacunación obligatoria y de cualquier directriz que intente regular la circulación de quienes no están dispuestos ni a vacunarse, ni a restringir sus supuestas libertades.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Esos grupos, los antivacunas, han llegado a comparar este momento de la historia con el que propició la persecución a los judíos europeos durante la primera mitad del siglo pasado. En Austria, en las protestas mencionadas, los participantes llevaban estrellas de David amarillas con el lema «no vacunado», haciendo una demencial alusión a los horrores que se vivieron en aquellos tiempos, victimizándose de cierta manera y acudiendo a uno de los recuerdos más terribles del viejo continente. Un recurso vil, que de paso irrespeta la memoria de las millones de víctimas del Holocausto y de las infamias Nazis. La Unión Europea ha recomendado tomar las medidas que sean necesarias para contener la proliferación de estos fenómenos, llegando hasta donde los límites legales lo permitan, pero dejando claro que no se pueden aceptar posiciones blandas ante tales disrupciones. Ciertamente hay cosas con las que no se puede jugar.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Es muy difícil entender ese tipo de reacciones. Se ha calculado que en Europa todavía hay unas 150 millones de personas que no se han vacunado a pesar de que hay abundancia y facilidad. Eso no parece importar, los antivacunas persisten. Seguramente durante los próximos años, los estudiosos del comportamiento de los seres humanos redactarán miles de tesis sobre lo que la pandemia nos enseñó, sobre cómo existieron legiones de individuos que no estuvieron dispuestos a ceder en lo mínimo, a quienes no les importó poner en riesgo a todos; sobre el egoísmo y la soberbia. Así somos, todavía hay quienes creen que la tierra es plana.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/los-antivacunas-columna-de-manuel-moreno-slagter-875027"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 23&amp;nbsp;de diciembre de 2021&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-01-13T22:40:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Creando antagonistas</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576942" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576942</id>
    <updated>2022-04-20T14:57:00Z</updated>
    <published>2022-01-13T22:18:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/afif-kusuma-mv38TB_Ljj8-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El título de esta columna lo he tomado de una entrevista que brindó José Ángel González Sainz en El País hace poco tiempo, a propósito de su nuevo libro La vida pequeña. El arte de la fuga; el primero de una trilogía. Con esa expresión el autor hacía referencia a la evolución del debate político en España, tan deteriorado allá como en cualquier otra parte del mundo. Notaba en sus declaraciones que a mucha gente le bastaba con tener unas cuantas ideas básicas para ir embistiendo por la vida, sin asco, arrasando con cualquier cosa que no encajase con lo que ya han estimado como correcto. Así, se atrevió a afirmar que en España no se estaban creando ciudadanos sino antagonistas, y que esa situación propicia la toma de decisiones nocivas, un escenario que parece plagar casi todos los ejercicios democráticos del hemisferio occidental.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En nuestro país estamos en las mismas. Deslumbrados por las soluciones finales, sin saber realmente los peligros que entrañan ni con el menor ánimo para revisar la historia, vamos apurando hacia territorios desconocidos. Casi con ingenuidad, y ciertamente con desespero, hay una aparente disposición para subir las apuestas y arriesgar cada vez más, tratando de demoler al adversario, aniquilarlo y borrarlo del mapa. Bajo la sombra de respaldos importantes hay quienes se dedican a prometer el oro y el moro, fabulando sobre asuntos muy serios que merecen un manejo técnico, pausado y alejado de la improvisación. Todo esto se ha repetido ya muchas veces, se han hecho las advertencias del caso, pero poco importa, como siempre, los extremos encuentran fundamento para sus causas. No sería la primera vez que los desastres sociales, morales y económicos, estuviesen acompañados por ensordecedoras aprobaciones populares.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Por eso, la sentencia de González Sainz es tan obvia como acertada. Es probable que varios de los lectores lo hayan vivido: cada vez es más complicado hablar de algunos temas, se pierden los estribos con facilidad, se sube la voz y se gesticula, incluso con quienes se tiene confianza, afecto y respeto. En público o en privado, el insulto y la burla es ahora lo que más rinde y anima. De las redes sociales mejor ni hablar. La vieja norma que invitaba a evitar las conversaciones sobre política o religión en las reuniones familiares, o en los convites entre amigos, encuentra últimamente un asidero renovado; una pérdida para quienes aprecian los beneficios de la discusión, están dispuestos a entender los diferentes puntos de vista, e incluso, a cambiar de parecer si las circunstancias así lo reclaman y los hechos lo demuestran.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Ojalá el ambiente de diciembre, con su carga emotiva y afectiva ahora más justificada que nunca, ayude a calmar los ánimos, sin embargo, dudo mucho que eso pase. Ojalá transitemos, aunque sea parcialmente y de forma incompleta, de ser antagonistas a ciudadanos. Desde esta tribuna, como columnista, queda la tarea de continuar con el compromiso de exponer algunos puntos de vista de la manera más sensata posible, tratando de entregar algo de información y análisis a las discusiones por venir. Habrá inevitables equivocaciones y torpezas, pero nunca mala fe.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/creando-antagonistas-columna-de-manuel-moreno-slagter"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 16&amp;nbsp;de diciembre de 2021&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2022-01-13T22:18:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Ver para creer</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576510" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576510</id>
    <updated>2022-04-20T14:50:08Z</updated>
    <published>2021-12-09T15:52:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/dave-phillips-efbJPjGM2eI-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Cada vez que inicio la redacción de una columna suelo revisar las aproximaciones que ya he publicado sobre lo que pienso exponer. Al sumar casi ocho años escribiendo en este espacio es inevitable que se repitan temas, por lo tanto, la tarea no está libre de dificultades. Es importante no aburrir al lector. Sin embargo, ciertas cosas parecen reclamar toda la atención posible y cuesta mucho no insistir. Por eso, me referiré de nuevo a un asunto que he tocado en columnas anteriores, aclarando, por si acaso, que no tengo ningún interés particular en ello. Mi opinión es libre y personal.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Esta semana se anunció con mucho despliegue la recuperación de la empresa Triple A, que pasará a ser controlada por el Distrito al obtener el 65% de sus acciones. Eso en principio suena bien, o cuando menos no parece nada extraordinario: es normal, aquí y en muchas partes del mundo, que las empresas que prestan servicios públicos sean públicas. Sin embargo, conviene no olvidar las circunstancias que llevaron a la privatización parcial, no solo del servicio de acueducto, aseo y alcantarillado de nuestra ciudad, sino de todos los demás.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Pude vivir, a finales del siglo pasado, lo que significó el colapso de las Empresas Públicas Municipales de Barranquilla, que tras décadas de servicio ejemplar pasaron a convertirse en un botín político que era explotado sin vergüenza. El agua que salía por los grifos era tóxica, el suministro irregular, la atención inexistente. Lo mismo sucedía con la recolección de basura y con el alcantarillado, nada funcionaba y todo se hundía gracias a los continuos robos y mangualas de la mano de quienes tenían el poder en ese entonces. Al surgir la posibilidad de levantar la empresa, de expedir acciones y empezar de cero, la ciudad lo celebró y la ciudadanía respondió.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Estábamos realmente tocando fondo. Sumado a los problemas del agua, los teléfonos no servían, la luz se iba con mucho más frecuencia que ahora, y no parecía haber forma de componer el camino. Fue entonces cuando los inversionistas privados propiciaron una complicada salida, que poco a poco permitió encontrar algo de dignidad para los barranquilleros. Y así fue. La historia nos demostró que era posible contar con un buen acueducto y en poco tiempo todo mejoró. Se pudo tomar agua sin temor. Simultáneamente, debido a procesos similares, los teléfonos daban «tono» y el servicio de energía comenzó a entregarnos menos dolores de cabeza. Eso es lo que no podemos olvidar: que en manos de las administraciones públicas se plantean grandes tentaciones asociadas a manejos corruptos. Es relativamente fácil. Hay quienes ya tienen gran habilidad para amañar contratos, para declarar excepciones y responder favores, para agilizar trámites y cobrar por eso, y otro sinfín de prácticas opacas que acosan al mundo público y lo entorpecen. Todo está inventado.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Desde luego, vale la pena entregarle un voto de confianza inicial a quienes tendrán en sus manos el enorme reto de mantener y mejorar la credibilidad de esa empresa. Triple A ha logrado mucho, pero no podemos pecar por ingenuos. ¿Seremos capaces de administrar una empresa pública con transparencia e integridad? Ojalá. Ver para creer.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/ver-para-creer-columna-de-manuel-moreno-slagter-871371"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 9&amp;nbsp;de diciembre de 2021&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2021-12-09T15:52:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Ómicron y África</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576202" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576202</id>
    <updated>2022-04-20T14:48:50Z</updated>
    <published>2021-12-02T17:43:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/martin-sanchez-j2c7yf223Mk-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;“La velocidad del grupo estará determinada por la velocidad del más lento de sus miembros». Eso dice, más o menos, un refrán que sentencia lo que está pasando con la aparición de la variante ómicron del coronavirus.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Las autoridades médicas vienen expresando hace rato que el esfuerzo por aumentar la cobertura de vacunación debe ser lo más parejo posible en todas las regiones del planeta. Eso no quiere decir que todos vayamos al mismo ritmo —ese es un escenario improbable— pero sugiere que se haga todo lo que esté al alcance para evitar rezagos mayores. Se ha entendido que el virus tiene la capacidad de mutar en la medida que encuentre espacios para su propagación, puesto que su probabilidad de hacerlo es directamente proporcional al número de veces que se replica. Por lo tanto, si existen lugares en los que todavía las vacunas no llegan a la mayoría de la población y el virus avanza sin mayor control, será allí donde pueden surgir las mutaciones que eventualmente plantearán un nuevo jaque. Eso fue lo que probablemente pasó en Sudáfrica. Eso no puede ser una sorpresa.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El continente africano es el menos vacunado entre todos, con apenas una cobertura del 11% para las primeras dosis y del 7.3% para el esquema completo. Estas cifras están muy lejos del promedio de los demás: en cualquier otro continente los porcentajes están entre el 60% y el 50% respectivamente. El rezago es considerable y no parece que se esté haciendo, como se reclama, todo lo posible por resolverlo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;La tarea no está libre de dificultades y no basta con enviar los viales a los aeropuertos, de hecho, hoy el mayor problema no es la falta de vacunas. Hay complicaciones varias. Los bajísimos niveles de desarrollo de los países africanos, la escasa calidad de sus sistemas de salud, la precariedad de su infraestructura, los obstáculos logísticos e incluso la falta de personal médico apropiado, impiden que las campañas de vacunación logren el impacto que se ha podido lograr en el resto del mundo. Sumado a todo esto, en esa región también hay escepticismo en cuanto a los beneficios de las vacunas, temores por posibles efectos secundarios y una enorme desconfianza en las instituciones gubernamentales. Podría asegurarse que los africanos se enfrentan a los mismos problemas que han tenido que resolver con mayor o menor éxito casi todos los países, pero con la desventaja de no tener recursos para hacerlo. Si en Europa y en los Estados Unidos aún hace falta vacunar a millones de personas y existe resistencia para ponérselas, no es difícil imaginar lo que pasa en sociedades menos educadas y más pobres. Todo resulta peor.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Conviene moderar las expectativas. Aunque vale la pena celebrar la posibilidad de relajar algunas de las medidas de distanciamiento y las prevenciones a las que nos hemos tenido que someter durante casi dos años, es necesario asumir que el virus va a estar fastidiándonos por mucho tiempo. Vacunarnos y no correr riesgos innecesarios, o los menos posibles, es lo correcto. También va a ser útil, por si acaso, rogarle a quien creamos para que no aparezca una variante que debilite el escudo de las vacunas y nos tire de nuevo a la lona. Saldríamos muy maltrechos de un segundo golpe.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/omicron-y-africa-columna-de-manuel-moreno-slagter-869865"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 2&amp;nbsp;de diciembre de 2021&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2021-12-02T17:43:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Homenaje a Escohotado</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576093" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576093</id>
    <updated>2022-04-20T14:47:36Z</updated>
    <published>2021-11-26T16:19:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/debby-hudson-asviIGR3CPE-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Antonio Escohotado, filósofo, ensayista y profesor universitario de origen español, falleció el pasado domingo 21 de noviembre en Ibiza. Tenía 80 años.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En ocasiones anteriores me he referido a Escohotado en este espacio, generalmente acudiendo a sus pensamientos relacionados con su notable aprecio por la libertad y la educación. Su obra ha pasado por varios intereses, aunque al tratar de establecer un balance, puede afirmarse que es conocido por dos temas fundamentales. El primero derivado de lo que puede entenderse como su libro imprescindible: Historia general de las drogas. Esa voluminosa investigación, cuya última versión (publicada en 1998), alcanzó las 1 500 páginas; comprende una detallada relación histórica y analítica, sobre el uso de los diversos fármacos con los que han experimentado los seres humanos durante los últimos milenios. En ella, además del rigor científico que expone al revisar objetivamente los efectos de esas sustancias sobre la química del cerebro, vierte también sus propias experiencias, dado que el autor había probado la mayoría de los compuestos que se mencionan en la obra. Como dato curioso, buena parte de ese libro lo redactó cuando estuvo preso en la cárcel de Cuenca, condenado a dos años por tráfico de estupefacientes en grado de tentativa imposible. Ninguna discusión sobre las drogas, sus usos y sus abusos, puede estar completa sin considerar los aportes que esta obra nos entrega.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El otro tema que lo ocupó significativamente fue su crítica sustentada a las posiciones de la izquierda, compiladas en su monumental trilogía Los enemigos del comercio, cuyo primer volumen se publicó en el 2008. En este trabajo revisa exhaustivamente la historia de la sociedad de consumo, con especial detalle en el tiempo que transcurre desde la Revolución Francesa hasta la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética. En unas declaraciones recientes al diario El País, Fernando Savater calificó esa obra como «extraordinaria, de una amplitud insólita, una reflexión de cómo determinadas ideas que son buenas intenciones, se convierten en un peligro social». Con su lectura se comprende cómo Antonio Escohotado pasó de ser un militante convencido de los ideales comunistas, incluso con actitudes revolucionarias y en ocasiones violentas, a revisar su postura y convencerse de que esas utopías, tan seductoras para la juventud, no tienen mayor asidero cuando se confrontan con la realidad y la naturaleza humana.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En estos tiempos, tan avivados por la rabia, la seducción de los extremos irreflexivos y las promesas insensatas, vale la pena hacer un esfuerzo por documentarse y superar el ámbito siempre restringido y mediado que sugieren las redes sociales y otras fuentes populares de información. La obra de Antonio Escohotado, al menos en los dos vastos temas que he mencionado, puede ofrecer mayores elementos para llegar a juicios responsables, estemos de acuerdo o no con sus postulados. Afortunadamente su obra está custodiada por La Emboscadura, una editorial dirigida por su familia, así que la tenemos a la mano. No puede haber mejor homenaje que leerlo y evitar que caiga en el olvido.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/homenaje-escohotado-columna-de-manuel-moreno-slagter"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 25&amp;nbsp;de noviembre de 2021&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2021-11-26T16:19:00Z</dc:date>
  </entry>
  <entry>
    <title>Trenes y carreteras</title>
    <link rel="alternate" href="https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576071" />
    <author>
      <name>Manuel Eduardo Moreno Slagter</name>
    </author>
    <id>https://www.uninorte.edu.co/c/blogs/find_entry?p_l_id=14178&amp;entryId=23576071</id>
    <updated>2022-04-20T14:46:16Z</updated>
    <published>2021-11-18T16:06:00Z</published>
    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img alt="" src="https://www.uninorte.edu.co/documents/22792416/0/claudio-schwarz-294j9hG1N3w-unsplash.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Un par de veces al año, más o menos, los medios registran alguna noticia sobre el proyecto del tren del Caribe, una iniciativa que debe conectar a las tres capitales más importantes de nuestra región. Se sabe que en estos momentos se adelantan unos estudios previos, un contrato de unos 5.000 millones de pesos, cuyos resultados finales deberán entregarse durante el primer semestre del próximo año. También se sabe que hay tres grandes opciones para su trazado y que se sugiere incorporar el transporte de carga en al menos uno de ellos. Todo parece avanzar al ritmo usual.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;La posibilidad de contar con una conexión ferroviaria entre Cartagena, Barranquilla y Santa Marta es atractiva. El tren es un medio de transporte seguro y confiable que seguramente impulsaría una dinámica interesante al facilitar los desplazamientos de trabajo y de ocio, incentivando así un mayor movimiento de personas y posiblemente de carga entre estas ciudades. Sin embargo, es obligatorio moderar la expectativa y el optimismo. Los antecedentes no invitan a suponer que veremos un tren caribeño durante las próximas décadas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En el tramo Cartagena-Barranquilla, uno de los trazados propuestos para el tren corre paralelo a la Vía al Mar, y otro, paralelo a la carretera de La Cordialidad. Como sabemos, estas son unas carreteras que tienen en la mayor parte de su recorrido una calzada sencilla con dos carriles. Hace incontables años se está ejecutando un proyecto para completar la doble calzada de la Vía al Mar y todavía está lejos de concluirse, dado que aparentemente no hay financiación para hacerlo y no pocos líos prediales. Algo similar sucede con la Carretera de la Cordialidad. En ambos casos las dobles calzadas se limitan a sectores relativamente cercanos a los cascos urbanos de las ciudades y han costado muchísimo, en términos financieros y de tiempo. El tren tendría que arrancar de cero.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El tramo Barranquilla-Santa Marta es más complicado. Tiene el río Magdalena como gran obstáculo y a la Ciénaga Grande de Santa Marta después. Salvar el río supone un extenso puente ferroviario, el más ambicioso que se haya concebido en nuestro país, y luego, habrá que solucionar el heroico reto de disponer los rieles de forma paralela a la carretera actual, que es de calzada sencilla y dos carriles. Por una infinidad de razones, tampoco se ha podido construir la doble calzada en este sector, así que el pronóstico no es muy esperanzador.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Es posible que en lugar de desgastarse con el complicado proyecto del tren, valga la pena concentrar los esfuerzos en terminar las carreteras. Si la Vía al Mar, La Cordialidad y la carretera Barranquilla-Ciénaga contaran con doble calzada, disminuirían notablemente los tiempos de desplazamiento entre estas ciudades y se mejorarían los índices de accidentalidad. Además, se ahorrarían una cantidad significativa de recursos en construcción, operación y mantenimiento. Aunque es innegable que el tren brindaría muchas ventajas, por ahora parece un proyecto que se escapa de nuestras posibilidades reales y que tiene el riesgo de desviar el interés que deberíamos invertirle a completar nuestra red vial.&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1614351080849_1438"&gt;&lt;strong&gt;Fotografía tomada de https://www.unsplash.com&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p id="yui_patched_v3_11_0_1_1603378906771_1583"&gt;&lt;a href="https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/manuel-moreno-slagter/trenes-y-carreteras-columna-de-manuel-moreno-slagter"&gt;Publicado en El Heraldo el jueves 18&amp;nbsp;de noviembre de 2021&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <dc:creator>Manuel Eduardo Moreno Slagter</dc:creator>
    <dc:date>2021-11-18T16:06:00Z</dc:date>
  </entry>
</feed>

