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La Cultura en Nuestras Manos

La mayoría de habitantes de nuestra ciudad se queja  del declive de la cultura en Barranquilla y el porcentaje restante repite como loro la crónica de una muerte anunciada. Si bien es cierto que éste nunca ha sido un tema prioritario en las dinámicas de funcionamiento costeño, en los últimos años se ha dado en la ciudad una mayor preocupación estatal y se han implementado proyectos y asignado mayores recursos al desarrollo de la cultura.

Pero esto  no significa que encontramos la solución a las falencias en el desarrollo de las prácticas culturales, casi nunca nos hemos preguntado ¿y qué puedo hacer yo por la cultura de mi ciudad? Viéndolo como un problema que me atañe a mí tanto como a la administración distrital, nuestra negligencia cívica se refleja en la  deficiencia que tenemos como ciudadanos de dejar toda la responsabilidad de la cultura en manos y absoluta resolución de las entidades gubernamentales.

Así como hemos sido investidos de derechos ciudadanos también tenemos deberes con nuestra ciudad que apuntan a mejorarla desde diferentes disciplinas y a procurar su desarrollo para convertirla en un territorio de sostenibilidad urbana. Cuando logremos entender que cada uno de nosotros, habitantes de estas calles caribeñas, transeúntes, peatones, trabajadores, ambulantes, jóvenes, adultos, niños, desde nuestra condición de ciudadanos comunes podemos hacer parte de este proceso de recuperación cultural y juguemos a ser paramédicos del rescate del arte, de lo autóctono, de lo nuestro, realmente comprometidos con la causa de evitar la eterna agonía del arte local, en ese momento con un esfuerzo colectivo la enfermedad de la negligencia cívica recibirá antibióticos de muchos miligramos.

La infección de todo padecimiento debe ser erradicado desde adentro pero no desde la crítica sin obras, porque casualmente quienes más hablan son los que menos hacen, sino desde la proposición llevada a la realización de proyectos, de iniciativas ciudadanas, de planes que generen cambios en el comportamiento del barranquillero frente a la apropiación de su espacio, cada uno de nosotros puede hacer algo para conseguirlo, y la clave está en crear espacios para promover manifestaciones culturales, desde nuestro barrio, desde la casa, el colegio, la universidad, el combo de amigos, etc. podemos construir iniciativas de cambio sin ser expertos en desarrollo social, guiados por la necesidades que tenemos como un público ávido de cultura, de arte, de música, de pintura, de letras o de cualquier manifestación artística.

Recuerdo que cuando era niña, armaba con mis hermanas shows de música, danza  y teatro y los exhibía en la terraza de mi casa, además de nuestros amiguitos asistía mucha gente, hasta cobraba entrada, vivíamos disfrazadas casi todo el tiempo y más allá de ser un juego era la forma en la que se daban las prácticas culturales en esa época, lo que nos permitía crear el poco conocimiento que teníamos de algo a esa edad, imagínense si todos los barranquilleros con el ingenio que nos ha dado esta tierra de mestizaje nos propusiéramos generar un proyecto para promover nuestra cultura, cuánta magia resultaría de ese experimento.

Ha llegado la etapa de evolución local en la que renunciamos a estas limitaciones y abrimos la mente, la visión y los caminos para explorar nuevas formas de trascender culturalmente, de expresarnos y generar espacios para mostrarlas más allá de los teatros, estadios y escenarios oficiales, despertemos, espabilemos esa consciencia cívica dormida, podemos ser un gran colectivo de ideas, el colectivo artístico más grande del país, y además costeños, por dentro estamos hechos de música, de colores, de poesía, saquémoslo a la superficie y así como nos emocionamos por un partido de fútbol, emocionémonos y gritemos por una obra, por una canción inédita, por el poemario de nuestro amigo.

Teatro en casa no es solo el aparato electrónico que conectamos para ver una película, podemos evolucionar este concepto a crear en las salas de nuestros hogares escenarios para mostrar obras producidas por nosotros mismos, presentado a los vecinos, el patio de la abuela puede convertirse en un gran salón para una feria gastronómica o el parque en un club de lectura, lo que tenemos son ideas inexploradas, llevémoslas a cabo y no dejemos esa responsabilidad en otras manos porque también es nuestra.

Con esto no construiremos grandes obras arquitectónicas que sirvan de edificios culturales pero sí podemos crear plataformas de exhibición mientras llegan soluciones para la restauración de estas sedes, pero eso es otro tema, lo de hoy es nosotros, lo que hacemos o dejamos de hacer, lo que aportamos o restamos. A lo largo de estas publicaciones les estaré contado las cosas que me he atrevido a hacer, las que se han quedado en el camino y las que aún no han nacido.

No me considero artista, como muchos me llaman, solo alguien con sensibilidad hacia el arte, no me considero conocedora de todos los temas culturales pero sí alguien  que lucha desde mi condición de ciudadana común para mantener tan solo un poco activa a la moribunda cultura, abrir el pecho de mi ciudad y poner electrochoques para revivir su corazón, ver cada calle respirando arte  y pensar que todo esto empezó porque un día una chica con el corazón roto se preguntó ¿y qué puedo hacer yo? porque soy terca, porque soy perseverante, porque soy barranquillera.

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