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La historia de una Cuchara… Colorá



La comunicación ha definido mi vida, no solo como profesión, si no como comprensión de que el lenguaje permea todo, desde el nacimiento e incluso antes de él. El alimento también. Más allá, se puede llegar a ver el alimento como forma de comunicación. Por ejemplo, degustar un plato de Takehiro Ohno, chef japonés de herencia samurái, es saber cuál es su forma de ver y vivir la vida, cada bocado habla de él y de su cocina, que se basa en tres de los principios de esta élite guerrera: respeto, honestidad y honor.

Hace casi tres años decidí entonces unir dos de mis grandes pasiones: la gastronomía y la comunicación. Y empecé a reseñar mis experiencias gastronómicas, a través de un personaje hablador, mamador de gallo y bien Caribe, materializado en una cuenta de Instagram, así nació @lacucharacolora. En ella, podía probar y degustar estrategias digitales, sin necesidad de poner en riesgo el proyecto de ninguno de mis clientes y al mismo tiempo, disfrutar de hablar con los seguidores y contar las experiencias en cocinas ajenas y en la propia.

De tantas cosas que uno hace en esta vida, jamás uno se imagina que será conocido por comer. Es así como sin saber qué era, me fui convirtiendo en una “influenciadora”, llegando a mi primera conclusión: que en redes sociales no hay mejor estrategia que la de contenidos, en la que prima la información útil, que cree valor, y entretenida, como muchos me han dicho, que distensiona, en un mundo que puede volverse tan denso, espacios así son oasis, por muy superficial que pueda parecer.

 Y mucho menos se imagina uno que una cuenta de redes sociales cobre vida propia (Supongo que eso se siente cuando se van los hijos). Que tenga sus propios principios y filosofía, que como en el caso de la Cuchara empiece a priorizar la comida tradicional o al emprendedor local. Y que hasta le pongan sobrenombres como “La Cuchi” “Cucharita” o “La Cucha” esta última es la que menos me gusta jajajaja. Una vida en la que los seguidores reclamen la cuenta “cuando esté perdida” o que le digan cuando regaña, como buena matrona, “ya está dando palo hasta con la cuchara” o cuando estoy de chismosa “Ya viene a meter la cuchara”.

Es así como la Cuchara empezó a crecer en números, en credibilidad y hasta en hijos. Y salió de la virtualidad a la realidad, y es ahí donde se empiezan a crear verdaderas redes sociales, y es que para mí las redes se hacen en la calle, en las casas, y eso se ve reflejado en las cuentas virtuales ¿O es al revés? (inserte emoticón pensante).

Hoy en día las cucharas hechas a mano con pino reforestado de @lacucharacolora van de casa en casa y ese fue el primer hijo de esta cuchara, un producto artesanal (Y de paso me convirtió en abuela). Pero después ese fogón se puso más candente y nació La Clandestina, experiencias gastronómicas temáticas en las que tres socios servimos mes a mes a 20 comensales, patrocinamos a un artista local, promocionamos a un chef emergente y ponemos a gozar a 40 ojos, 40 oídos, 40 manos y 20 bocas, porque es una experiencia con sentido y para los sentidos.

Ahora la Cuchara se prepara a viajar, porque es lo que más le gusta y como mejor aprende. Y podría seguir desmenuzando la historia de esta Cuchara pero las cuentas en redes sociales hablan por sí solas y ya esto se vuelve largo y yo hablo mucho y muy rápido ¿O se los mastico más despacio?

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