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Devoción iconoclasta en el MET

En la moda existen temas que siempre logran polarizar opiniones y crear amores y odios a partes iguales. Uno de ellos es la fascinación que la religión – en este caso particular, el catolicismo– ejerce en esta industria, hasta el punto de convertirse en eterno sello estético de algunas de las firmas más importantes en el mundo. Esta precisamente es la temática de la nueva exposición del Museo Metropolitano de Nueva York y de la gala anual que se celebra bajo el mismo nombre junto a la Revista Vogue.

Bajo el nombre de Cuerpos Celestes: La moda y la imaginación católica (Heavenly Bodies: Fashion and The Catholic Imagination), la santísima trinidad de la moda americana (Anna Wintour, Andrew Bolton y el MET) nos presenta uno de los contenidos más controversiales a los que se ha enfrentado el museo, que en esta ocasión se acerca directamente a la sensibilidad humana. Una muestra que expone un diálogo entre la moda y las obras maestras del arte religioso para examinar  el compromiso de esta industria con las prácticas devotas y las tradiciones religiosas.

Durante siglos los diseñadores han jugado y retorcido cada vez más su creatividad con este tipo de referentes, en especial los católicos, adaptando a sus estilos colores, mosaicos y pinturas religiosas hasta indumentaria representativa de la iglesia: Coco Chanel desde su imaginario retomaba los uniformes de las niñas de su hospicio y los atuendos de las monjas a la hora de crear diseños históricos como el LBD –Little black Dress–, Valentino inspiraba algunos de sus trajes más famosos en las túnicas de frailes de Zubarán y popularizó el rojo, uno de los tonos litúrgicos del catolicismo, como parte fundamental de su discurso narrativo; Cristóbal Balenciaga retomó un crucifijo de la imaginería de un claustro para crear un icónico vestido de novia, y Dolce & Gabbana, cuyos modelos actuales descubren su base en la iconografía clásica de los mosaicos sicilianos.

Pero no todo ha sido gozo en esta relación. El vínculo religión-moda es muy controversial y complejo, con momentos imposibles de olvidar. La colección otoño-invierno 2000/2001 presentada por John Galliano para Dior, bajo el título de Freud or Fetish’, por ejemplo, ha sido una de las pasarelas más polémicas al exponer este tema; una que el diseñador abrió su desfile con un sacerdote al que le siguieron modelos vestidas con metros de cuero y diseños sensuales, convirtiendo la presentación en una orgía fetichista más que en una propuesta de inspiración preciosista. Un caos total. Otra fue Alexander McQueen con su colección It’s A Jungle Out There. En ella, el diseñador estampó en una de las chaquetas a modo de patchwork el cuadro del flamenco Robert Campin Gestas, el mal ladrón (1430), que fue crucificado a la izquierda de Cristo.

Sin embargo, el hecho de que la iglesia tenga claro el papel que juegan la indumentaria a momento de construir su identidad y demostrar su jerarquía desde el comienzo de la historia, ha permitido que, no solo aprueben, sino que compartan y se sumen a esta gran exposición. El cardenal Gianfranco Ravasi, brazo cultural del Vaticano, ha sido el encargado de lograr esta fusión entre la institución eclesiástica y el famoso museo.

 Para Cuerpos Celestes: La moda y la imaginación católica, se han prestado un total 40 trajes de la Sastrería de la Capilla Sixtina, escogidos y curados por Andrew Bolton, uno de los curadores oficiales de la exposición y mano derecha de Anna Wintour. Para su muestra, el Vaticano solicitó que las piezas se exhibieran solas, separadas de la sección de moda, por lo se han dedicado dos galerías del Instituto del Vestuario a la colección del Vaticano en el Anna Wintour Costume Center, y los diseños contemporáneos –unas 150 prendas– en las galerías medievales del MET así como en su sucursal The Cloisters en el alto Manhattan.

45 nombres en total, entre diseñadores y casas de moda, firman las obras de arte expuestas en Cuerpos Celestes: La moda y la imaginación católica (Heavenly Bodies: Fashion and The Catholic Imagination. A.F.Vandevorst, Azzedine Alaïa, Cristobal Balenciaga, Jean-Charles de Castelbajac, Gabrielle Chanel, Domenico Dolce and Stefano Gabbana (Dolce & Gabbana), John Galliano (House of Dior y su firma homónima), Jean Paul Gaultier, Christian Lacroix, Karl Lagerfeld,Jeanne Lanvin, Rick Owens, Yves Saint Laurent, Elsa Schiaparelli, Riccardo Tisci, Philip Treacy, Donatella Versace (Versace), y Gianni Versace, son solo algunos de ellos.

Desde que Eleanor Lambert ideó la Gala del MET hace 70 años, la élite neoyorquina se reúne en el Museo Metropolitano de Nueva York para un evento benéfico que no tiene otro propósito que recaudar fondos para el Instituto del Vestuario del Museo de Arte Metropolitano (The Costume Institute). Sin embargo, desde que en 1995 Anna Wintour, tomó las riendas del evento para celebrar la noche más importante de la moda, este se convirtió en una de las vitrinas publicitarias más importantes de todos los tiempos.

Ahora, como cada primer lunes de mayo desde hace 23 años, el MET despliega una alfombra roja que recorren diseñadores –que acuden a la gala acompañados de alguna famosa afín a la firma–, famosos y las personalidades más importantes del momento, para inaugurar oficialmente la exposición anual y recaudar fondos, a través de los 275.000 dólares por persona que deberán pagar quienes no estén en la exclusiva lista de invitados y quieran tener un lugar en una de las mesas.

Para celebrar la inauguración de la exposición de este año Cuerpos celestes: la moda y la imaginación católica, que va desde este 10 de mayo al 8 de octubre de 2018, la MET Gala se celebró este pasado 7 de mayo.

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