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Todo es culturalmente posible



Hacer agenda en Barranquilla no es fácil, pero tampoco imposible. Es un asunto de paciencia y perseverancia que he cultivado durante los tres años y medio invertidos en mantener mi proyecto de AGENDA CULTURAL en pie. El año pasado decidí hacer una pausa para dedicarme a organizar y dirigir el colectivo comparsa LA PUNTICA NO MA', pero la ausencia de un medio actualizado que informe sobre el “qué hacer” en la ciudad, fuera de caminar los centros comerciales, me ha llevado a replantear el proyecto para relanzarlo próximamente.

En la editorial de abril de 2016  de AGENDA CULTURAL, escribía sobre la situación del arte en la ciudad: “Donde antes pastaban las vacas sagradas de las barrancas de San Nicolás, fluye el progreso a diestra y siniestra. El desarrollo se levanta como apariciones mágicas de un futuro prominente que construye y destruye los recuerdos de una villa próspera e históricamente pudiente. Estos milagros de la evolución tienen poco que ver con la religión y son más actos de fe de una comunidad ávida por lograr un nivel social por encima de lo cultural”.

Y luego al año siguiente en el mismo mes volvía a reseñar el desdén cultural de la ciudad: “...Barranquilla, florece inexplicablemente. Y florece en medio de una cadencia decadente. Culturalmente, la ciudad va cada vez más como el cangrejo: cada vez hay menos tolerancia en las calles, las manifestaciones culturales han pasado a un segundo plano y los escenarios para su difusión se dejan al olvido”. Ha pasado el tiempo y nada parece cambiar.

Es triste ver que una ciudad declarada Capital Mundial de la Cultura en 2013 se encuentre sumida en un aletargamiento causado, en gran parte, por una mala gestión pero sobre todo por el pobre sentido de pertenencia de cada uno frente a nuestras responsabilidades como habitantes de Barranquilla.

En medio de un incierto panorama político de cara a las elecciones presidenciales y de un paradójico camino hacia la realización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, la ciudad se amaña y mal acostumbra ante la politiquería y el deporte. Dejando el arte y la cultura en un plano alejado de su realidad, pero que sobrevive gracias a la subsistencia de los emprendimientos culturales y a las iniciativas particulares.

Es también importante el aporte de fundaciones culturales y de grandes y activos protagonistas del arte en la ciudad como la Alianza Francesa, CLENA y la Universidad del Norte, entre otros, que mantienen a flote la escena cultural y ayudan a convertir sus debilidades en fortalezas.

Pero el cambio no se dará nunca si no cambiamos nuestra forma de pensar y de actuar. Es nuestra tarea asistir a los eventos propuestos, hacer parte de la agenda cultural que se nos propone, inculcar en nuestros familiares el amor al arte, hacernos compradores de arte, mantener los escenarios en buen estado, recoger nuestra basura y botarla en los sitios destinados para ello, vivir la cultura y hacer parte activa de ella. Solo así podremos resurgir a Barranquilla como capital cultural y mantenerla de esta manera frente a las necesidades del progreso.

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