El Científico de datos

 Economista (2009) y magister en   Economía (2014). Soy un experto   en temas de desarrollo de ciudad,   he trabajado en Barranquilla   Cómo Vamos, en la Secretaría de   Planeación de la alcaldía de   Barranquilla, en Fundesarrollo y   Bancoldex. Actualmente soy   director de investigaciones en la   gerencia de Desarrollo de Ciudad.

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¿El resurgir de la Puerta de Oro?



El 7 de abril Barranquilla conmemoró 205 años de haber sido declarada Villa. Si bien en el territorio donde hoy estamos existen registros de comunidades indígenas, mestizas, zambas y mulatas que se asentaron siglos atrás, es en 1813 cuando se comienza a contar con una estructura administrativa y social más compleja, que aprovechó la cercanía con el rio y el mar para adquirir alimentos y comerciar con sus vecinos. 

Tomando como referencia los dos últimos siglos, los historiadores han identificado un periodo particular por haber sido el lapso en donde la ciudad presentó su mayor auge económico y social. Fue entre 1870 y 1950 cuando el sector público y privado consiguió sus hitos más recordados, si se compara con lo que sucedía en las otras ciudades colombianas. Durante esos años fue cuando se acuñó la famosa frase “Barranquilla Puerta de Oro” y se presentaron la mayoría de logros que luego se convertirían en frases cliché repetidas por los docentes en los colegios para hacernos sentir orgullosos de ser barranquilleros: primera línea férrea del país, primer servicio telefónico en Colombia, ciudad donde nació la primera empresa de aviación comercial, la urbe con la primera empresa municipal de servicios públicos, la ciudad en donde surgió la primera emisora comercial y se construyó el primer estadio olímpico de Colombia.

A partir de los años cincuenta Barranquilla comenzó a presentar un estancamiento relativo en su actividad productiva y década tras década se distanciaba más de las principales ciudades del centro del país. El inicio del decaimiento coincidió con el surgimiento de Buenaventura como el principal puerto del país, y la política de sustitución de importaciones que cerró las fronteras colombianas. Si bien la situación en los noventas mejoró, nuevamente a principios de los años dos mil la situación era complicada. 

Hoy, siete décadas más tarde, después del fin de nuestro primer gran auge vale la pena preguntarnos si actualmente estamos viviendo el renacer de la Puerta de Oro: ¿cómo catalogará la historia el momento actual que atraviesa la ciudad?

Las cifras demuestran que vamos por buen camino. En los últimos 10 años Barranquilla fue la ciudad colombiana que más redujo la pobreza monetaria (del 43% al 20%); y la pobreza extrema (10% en 2008 a 2,4% en 2017); además de acuerdo con el tamaño de su población, fue la que más generó empleo multiplicándose por 1.42 veces (seguida por Medellín que se multiplicó por 1,33 veces); el crecimiento promedio anual del ingreso de los hogares fue del 3,6% en términos reales, superando a la capital del país que registró un decrecimiento de -0,3%. Lo anterior evidencia que los barranquilleros ganaron poder adquisitivo acortando diferencias entre los hogares ubicados en las principales ciudades del país.

Ante una coyuntura nacional difícil uno de los aspectos más importantes a resaltar es que el aparato productivo de la ciudad siguiera creciendo con una tendencia positiva y por encima del promedio del país. Por ejemplo, las exportaciones de las empresas barranquilleras se han mantenido en cerca de los US$1.300 millones durante los últimos 5 años, cuando a nivel nacional disminuyeron a la mitad, y en Bogotá, por ejemplo, se redujeron el 25%. 

Ahora, identificar si esta tendencia nos permite catalogar este periodo como en el inicio de un nuevo resurgir, no es fácil, ya que todavía tenemos varios retos por superar. Lo que sí es evidente es que nos encontramos en un punto de inflexión, en donde la historia evaluará las decisiones que tomen los principales actores de la ciudad durante los próximos 5 años frente a nuestro futuro productivo y urbanístico. 

En mi opinión, el principal reto que tendrán los próximos gobiernos locales será lograr que las intervenciones que se hagan tengan mayor retorno social y económico, y permitan al sector empresarial ser más productivos y competitivos (ya que son los que generan el 90% del valor agregado de la ciudad); un reto amplio que implica hacer de Barranquilla un lugar cómodo en términos urbanísticos y culturales, en donde de gusto vivir, y donde la iniciativa privada cuenta con todas las facilidades e infraestructura para prosperar.

Más sobre Juan Manuel Alvarado.