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No tenemos críticos

Hay mucha queja a tu alrededor.  La gente desprevenidamente saca sus conclusiones sobre lo que circula en los medios de comunicación. "Ese programa es terrible", "estamos llenos de tele-basura", "qué porquería de reality", "ese noticiero siempre habla de lo mismo". Sin embargo, son estas mismas personas las que se mantienen siendo una audiencia fiel para estos programas y la queja se queda en la calle porque no tienen poder de difusión. 

En Colombia la critica de medios, entendida como un oficio, parece recaer únicamente en manos del especialista Omar Rincón, quien sólo habla de televisión. También hay franjas de defensoría del televidente en horarios que todo el mundo desconoce y no son espacios de crítica, si no más bien, de resolver entuernos por cartas que reciben de los espectadores.  Con una nota de disculpas resuelven el "deber social" sin embargo, no se revisan de manera integral, ni ocurren cambios estructurales. Algunas franjas de defensoría del televidente se han centrado en explicar cómo funcionan y se producen los medios, lo  que ayuda bastante, pero, de momento, no es esencial. 

En el país tampoco hay una crítica especializada sobre los programas de radio, saturados de lenguaje ofensivo y poco respeto por la comunidad LGBT.  NI mucho menos, espacios para hacer meta-análisis de lo que circula en Youtube y en redes sociales.  En cuanto al cine, se leen un par de críticos en la revista Semana y el Tiempo,y poco queda de programas o franjas en el noticiero para debatir sobre películas. Y sobre teatro, se cuentan con lo dedos de las manos quien reseña las obras publicamente y las analiza. 

Se notan más los críticos de moda, reinados, estética,  música y deportes. No se nos da bien la crítica.  Dentro de los retos de la alfabetización medíatica, está, sin duda, el poder construir discursos sobre lo que circula en los medios.

Desde los espectadores hay una mirada valiosa desde lo que gusta o no, basado en principios de empatía o de si el medio cumple con valores con los que me identifico. Hay otra cara, que es la especializada, la que habla de detalles que un consumidor casual no alcanza a ver y que nutre la discusión porque aporta elementos académicos. 

Esta mirada tiene dos dificultades: no es popular y  suele manejar un lenguaje rebuscado y complicado que el público en general no comprende. Desde las asignaturas de lectura de medios, buscamos que ese ciudadano del común pueda tener lo necesario para dudar y cuestionar lo que circula en los medios, especialmente en esta época, en donde los medios juegan un papel determinante en "la pausa" política en la que nos encontramos, tratando de recoger los estragos del Si fallido. 

Se necesita que los mismos medios de comunicación tengan auto-crítica especializada de primer nivel, con buena difusión y publicidad y dejen el miedo de confrontarse. Si la crítica no es vista como oportunidad, seguiremos dando vueltas sobre el mismo tipo de programa, esos que nos alejan más de ayudarnos a ser mejores ciudadanos. ¿Cómo construimos  en Colombia crítica especializada sobre medios?