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La educación es siempre un quehacer político

Este titular no es mío, ya quisiera yo ser tan claro y profundo al respecto como el gran pedagogo Paulo Freire.

Esas palabras nacen de la respuesta del propio Freire, a partir de una entrevista que Karmentxu Marín realizó al brasileño más universal, un educador, que se encontraba en Ginebra durante su exilio.

Decía Freire “No hay, pues, una dimensión política de la educación, sino que ésta es un acto político en sí misma”. Parece conveniente recordar este valioso fundamento a partir de la propuesta del proyecto de ley que el centro democrático estudia para las aulas, la educación colombiana y la libertad de cátedra, protegida -por cierto-, por la sentencia de la Corte Constitucional T-588 de 1998. Esta propuesta deja el carácter político de la educación, únicamente para el área de ciencias sociales y enfatiza en la perspectiva "criminalizante" del docente que “se salte la regla” para que el estudiante o quien corresponda (desde una relación de sospecha antieducativa y no de democracia- propia de lo educativo-), pudiera denunciar los hechos hacia la Administración educativa correspondiente del Estado.

Sin embargo, a mi juicio, lo más grave del asunto, desde una perspectiva educativa de este proyecto de ley, no está en el carácter jurídico (libertad de cátedra claramente vulnerada), sino en los propios principios axiológicos, teóricos y prácticos de lo pedagógico; matando la naturaleza de la Pedagogía.

Es conveniente poner en relieve que el proceso educativo no tiene sentido (“significatividad”), si el mismo acto educativo, donde se buscan aprendizajes que sean útiles -que puedan generar saberes para la vida- , no puede permitir la mejora existencial a nivel individual, colectiva y comunitaria.  Generar en la educación instrucciones conceptuales de contenidos de naturaleza prohibicionista, memorística e impositiva (más propias de las dictaduras y de los regímenes totalitarios vinculados a corrientes pedagógicas muy tradicionales), presenta unos graves riesgos para la educación y la sociedad, tales como:

  • Se parcializa la educación, sin lógicas de coherencia y relación entre las áreas (ciencias sociales, ciencias naturales, ética, cultura religiosa, música y artes, etc.), generando problemas para el aprendizaje, desde “buenas prácticas” pedagógicas basadas en proyectos o en problemas, y no en contenidos de unas u otras materias. 
  • Se instrumentaliza a la educación, haciéndola pura instrucción de reglas, de tal manera que se le prohíbe su carácter de la autoafirmación y emancipación que genera el propio proceso educativo afín de poder desarrollar el pensamiento y la actitud crítica, claves en formación y en la toma de decisiones de las y los educandas (os).
  • Se anulan los principios de la renovación pedagógica que centra el aprendizaje en modelos pedagógicos socioconstructivistas y de la complejidad (Ausbel, Vigotsky, Gardner, Morin, etc.) y sociopedagógicos (Freire, Dewey, Úcar, Caride, Jara, etc.) para que el aprendizaje puede construirse a partir de experiencias reales del estudiantado, desde los elementos y realidades del contexto. La educación únicamente puede darse si permite mayor autonomía, autogestión y un proceso educativo que apunte al desarrollo humano, social y sostenible.
  • Se vuelve a la historia de la educación infanto-juvenil, “magistocéntrica” (donde el docente tiene el único saber) sin reconocer que todos los seres humanos poseen saberes (del territorio, el contexto, la historia de vida, etc.) y la educación se construye “entre” y nunca “hacia”; como todos los estudios psicológicos y pedagógicos contemporáneos muestran al respecto del aprendizaje significativo.
  • Se modela desde una actitud prohibicionista, que no centra los principios educativos en los valores del diálogo, el respeto a la diversidad y a la pluralidad; fundamento de la convivencia; sino en el miedo y el castigo, contrarios a las competencias pedagógicas y ciudadanas.

La educación siempre será política, porque nos enseña a ser y convivir como polis (origen etimológico de Política) (ciudad y ciudadano/a) para desarrollarnos en responsabilidad con nuestra vida y la de nuestras comunidades  ¿No será que sin una educación política (ciudadana), siempre tendremos el riesgo, (como Freire), de poder vivir el exilio (real, emocional, cognitivo o ético) por un Estado, un grupo político, un grupo o una persona que no permita que vivamos de acuerdo al compromiso de la Libertad?

 

Marín, E (1978) Entrevista a Paulo Freire. La Educación es siempre un quehacer político. Recuperado de: https://elpais.com/diario/1978/05/20/sociedad/264463223_850215.html

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