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¿Qué se siente ser primíparo?

Siempre es bueno despejar la mente, disfrutar en familia y compartir con amigos. Qué mejor momento que en las vacaciones de final de año donde podemos analizar si cumplimos los objetivos que nos prometimos al inicio de año e incluso, si se mira la vida de manera introspectiva podríamos ya tener los propósitos y metas que podríamos cumplir el siguiente año. Todo culmina y tuvimos que retomar los estudios, continuar en el proceso para llegar a terminar la vida universitaria y estar más cerca de ser un excelente profesional. 

Es curioso volver a la universidad y darme cuenta cómo año tras año se repite el mismo ciclo, pero no por mi parte, sino que cada día una nueva persona entra e inicia su carrera universitaria. Yo estuve allí en alguna ocasión, lo desconocido siempre genera algo de miedo ya que no sabemos con qué nos vamos a encontrar, es por eso que en el blog de esta semana contaré mi experiencia en mi primer día universitario y algunos consejos para lidiarlo. 

Soy estudiante de Ingeniería mecánica y al comenzar creo que como todos tenía el miedo y la ansiedad de saber cómo sería mi primer día. Me desperté muy temprano, más de lo que me exigía el horario de clases para estar lista, para verme linda pero no tanto ya que había visto algunos chistes y memes en las redes sociales acerca de “no llevar la ropa del 31 de diciembre a mi primer día de clases”. Es que eso de ser un “primíparo” me tenía con un manojo de nervios inexplicable, sin embargo, pese a ser un miedo natural por el cual todos pasamos no es nada grave. 

Al llegar a la universidad miré mi horario impreso porque mi celular no funcionaba, gritaba a lo lejos que era una “primípara”, muchos rumoraban que si preguntaba por algún curso me harían el chiste de la capilla o de la piscina puesto que actualmente la universidad no cuenta con ninguna de estas instalaciones, sin embargo, tuve la valentía de preguntar ya que debo admitir que tengo un mal sentido de orientación y para mi sorpresa esos chicos y chicas fueron muy amables conmigo, de hecho me llevaron hasta mi salón porque ellos tenían que pasar por el para llegar a sus clases. 

Encontrarme con ciertas personas que vi en la inducción me sirvió de mucho y considero que es de las mejores actividades que pueden hacer en la universidad para los estudiantes de primer ingreso porque ya no te sientes tan solo a la hora de llegar a una clase, estamos acostumbrados a ver año tras año a las mismas personas en el colegio que al no verlos pueda que se sume otro temor a la hora de llegar el primer día a la universidad. Sin embargo, no te preocupes, si estuviste en la jornada de inducción por lo menos a alguna persona conoces. Mi primer consejo es que no falten a ella porque en primera instancia es divertida, tienes la oportunidad de conocer las instalaciones y a tus nuevos compañeros. 

Al entrar a la primera clase y ver al profesor tenía la incertidumbre de cómo sería, toda la noche anterior lo pensé puesto que en la escuela me vendieron una imagen que los profesores de las universidades son más estrictos y no hay duda de ello, pero no en un mal sentido, no son ogros que no tengas la posibilidad de preguntar algo y al final, así como los del colegio están para ayudarte y asesorarte. Mi segundo consejo es que no le tengas miedo a tus maestros, anota lo necesario en la clase, ve con la mejor actitud y disposición de aprender que al final ese es el objetivo de tanto esfuerzo que hacen nuestros padres para que podamos cumplir nuestros sueños en el ámbito profesional. 

Me di cuenta, al final de mi primer día de clases en la universidad, que todo era más el miedo a lo desconocido y que era un lugar más para estudiar con muchas ventajas por el hecho de que ya no tenía que ver algunas materias que no me gustaron en la escuela. Recuerdo llegar a mi casa agotada ya que no estaba acostumbrada a un lugar tan grande puesto que el colegio donde estudié es muy pequeño, sin embargo, vencí mi temor y me di cuenta que no era tan malo como pensaba, la universidad es una mini ciudad en donde podía conseguir de todo, ya no tenía que preocuparme por si un día se me quedaba la cartulina o lapiceros e incluso era una nueva oportunidad para conocer nuevas personas y estrechar buenos lazos en el ámbito personal y profesional. 

Por: María L. Pernett Rojas.

Estudiante de Ingeniería mecánica.

Redactora Semillero Mercadeo.

 
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