Blogs Blogs

Atrás

Abajo las etiquetas

No encontraba mis zapatos amarillos, los busqué por todos lados, tanto era la desesperación por encontrarlos que desorganicé todo mi cuarto, saqué todo lo que tenía en el clóset. Corriendo subí a buscar a mamá para ver dónde podría haberlos dejado. No estaban en el patio en las cosas de lavar, no estaban en su cuarto, ni en el de mis hermanos. Ya era hora de irme a estudiar, el tiempo que demoré buscando mis zapatos pude haberlo cogido para desayunar, pero es que era tan importante encontrar esos zapatos que tanto me gustan, que para mí fue imposible sentirme bien ese día. 

 

Llegué a la universidad, me sentía extraña, como si hubiera olvidado algo significativo, llevo una flor en mi cabello de rizos coloridos, mi ropa habitual, y me siento distinta, siento que día a día todos observan cómo luzco o cómo me visto, sin embargo, eso para mí nunca ha sido un problema, tan sólo ese día, el día que había perdido mis zapatos amarillos. Llegué a mi clase y todos se detuvieron a verme, me sentía indefensa e insegura, hasta llegué a pensar que tal vez había manchado mi camiseta.  

 

Luego de salir de clases llamé a una amiga con la que frecuento almorzar. Ella es una persona muy amable, muy básica para mi estilo, siempre utiliza jeans, camisetas con colores neutros y sus tenis blancos. Ese día me saludó con euforia, llegó a contarme que en su clase le habían hecho un quiz sorpresa. Sorprendida, luego de su relato, me preguntó que por qué no llevaba mis zapatos favoritos así que me detuve yo a contarle todo lo que me había pasado. Aquella tarde ella me hizo entender muchas cosas que nunca hubiera podido sacar por mi cuenta. 

 

Lo primero fue que unos zapatos no determinaban mi seguridad, ni mucho menos una prenda de vestir, estuve tan afanada por sentir que todo fuera justo como quería que fuese que no tuve tiempo en el día de sentirme bien conmigo misma. Lo segundo es que todos somos diferentes, así como mi amiga se siente orgullosa de lucir como es, yo también debía hacer lo mismo. No importa al final si me encanta utilizar prendas vistosas, mi cabello o flores coloridas en mi cabeza, debía sentirme orgullosa de quien soy, y no sentir que portar cosas diferentes definen mi valor, es mi esencia y debo estar orgullosa de ello.

 

Todos en algún momento nos hemos sentido vulnerables por cómo somos o cómo nos vestimos, tener un estilo propio no está mal pero una prenda de vestir, unos zapatos o accesorios tampoco determinan quiénes somos, la apariencia no determina nuestra esencia; por lo menos en mi caso, aunque yo tendiera a utilizar muchos colores en toda mi ropa y aspecto físico las personas intuían que era “hippie”, “extrovertida” y un sin fin de etiquetas que sólo dieron lugar a sentirme insegura de lo que me gusta y lo que soy. Sé tú mismo, no le des paso a los estigmas, y por último recuerda que lo que lleves puesto no te define como persona.

 

Pdta: Se preguntarán qué pasó con mis zapatos, mi madre me los escondió y luego me los devolvió porque decía que me los ponía todos los días y tenía más cosas que podía utilizar. Al final, seguí utilizándolos hasta que se dañaron porque eran realmente cómodos y me sentía bien con ellos.

 

Por: María L. Pernett Rojas.

Estudiante de Ingeniería mecánica.

Redactora Semillero Mercadeo.

 
Comentarios
No hay ningún comentario aún. Sea usted el primero.