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De la escuela a la universidad

Dejar a un lado nuestra niñez y comenzar la formación como adolescente es todo un lío, te comienzan a gustar cosas que antes no, te interesas más por tu aspecto y tu forma de vestir, e incluso, comienzas a escuchar las opiniones de los demás. Puedo decir con total seguridad que la adolescencia es algo que no es fácil llevar. Pensar de qué dependerá mi vida, mis proyectos a futuro e incluso mis metas por cumplir, son cosas que comienzan a rondar en mí, y ni hablar de la mayor preocupación: ¿qué es lo que puedo o debo estudiar?, ¿cuál es la mejor decisión a tomar con un gran portafolio de carreras debajo del hombro? e incluso ¿para qué puedo ser bueno?

Vaya que es difícil pensar en todas estas cosas, sumando la presión que causa el mayor de los temores escolares: Las pruebas Saber Icfes 11. Examen que puede proporcionarte múltiples beneficios a largo plazo, siendo por una beca, por la oportunidad de recibir un buen crédito para financiar tu anhelada carrera, entre otras. Piensa que todo esfuerzo trae una recompensa, si te dedicas a salir de tu escuela con buenas bases, al estudiar con osadía para tus Icfes e incluso en planificarte para encaminar tu proyecto de vida con una carrera a fin, ya son puntos importantes para poder decir “Que el esfuerzo sea tan intenso que la guerra parezca un descanso”.

Al culminar todas estas etapas, tan sólo te queda la tarea de escoger una buena carrera, con un excelente plan de estudios y por supuesto una universidad con grandes estándares académicos, que no sólo se adapte a los requerimientos de la institución sino también a la formación integral, ya sea en tus habilidades deportivas, artísticas e incluso en capacidades de emprendimiento y liderazgo. Recordar mi proceso de selección universitaria no es un arduo trabajo, puesto que, en mi experiencia, he crecido tanto de forma personal como profesional a lo largo de mi estadía en ella; verás, yo era una estudiante promedio cuando estaba en el colegio y no tenía recursos suficientes para estudiar una carrera profesional, sin embargo, al investigar un poco descubrí que ciertas universidades te brindaban oportunidades de financiamiento e incluso becas ya sea medias o completas. Al enterarme me inscribí por una serie de registros y papeleos sin pensar que todo ello podría cambiarme la vida más tarde. Un mes después de la inscripción me llamaron de la universidad para que realizara una entrevista, y en cuestión de días, sin pensarlo ya era oficialmente becada.

Comenzar mis clases en la universidad, me ayudó a conocer muchas cosas en poco tiempo, habilidades que tenía pero que tal vez no había desarrollado en el transcurso de mi estadía escolar. Mi mayor ejemplo es mi talento en los deportes. Al poseer un poco de tiempo libre en el transcurso de una clase a otra, se me ocurrió inscribirme en un curso de voleibol mixto dentro de la misma institución, sin saber los beneficios que me traería a largo plazo. Generó en mí habilidades de liderazgo, trabajo en equipo y por supuesto, mejoré mucho en el deporte como tal, descubrí que tenía un talento para ello. Hoy en día practico tres deportes con disciplina y constancia que me han permitido estar con buen estado físico y seguir creciendo en valores.

Con todo ello, me gustaría expresarles que es importante observar que la vida universitaria, no es sólo un paso de la pre-adolescencia a la adolescencia sino también una gran oportunidad para cumplir tus metas, conocerte un poco más y empavonarte de nuevas experiencias, que pueden ser de gran provecho para el rumbo de tu vida y tu carrera.

 

Por: María L. Pernett Rojas.

Estudiante de Ingeniería mecánica.

Redactora semillero mercadeo.

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