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Sólo debía conocerme

Me encontraba a tan sólo unos metros de una persona que vi en la inducción, no sabía ni cómo hablarle, ni cómo expresarme. Quería que me notara y se acordara que yo estaba ahí, además damos dos clases juntos y necesito conocer compañeros de clase, me lo prometí al salir de la escuela: tener mayor confianza personal.

Alrededor de mi vida he luchado conmigo mismo, no me gusta ser el centro de atención, intento vestirme de manera básica para que la gente en lo posible, no note mi presencia. Hoy llevo unos jeans azules, con una camiseta negra y unos tenis planos color negro, el cabello un poco desarreglado y mi morral habitual, un morral espacioso en el que puede caber cualquier pertenencia que necesite llevar, no necesito más, así soy yo, podría ser mejor, pero me asusta serlo. 

No comprendo cómo es que a alguien le asusta ser mejor, invertir tiempo en él mismo. Es molesto no saber nada sobre mí ni entender cómo es que todos a mi alrededor dialogan de manera tan natural mientras yo enredo las palabras en una conversación, balbuceo y pierdo la atención en el momento en el que las personas ya están atentas a lo que estoy diciendo. ¡No hay nada peor que sentir esa sensación!

Necesito hablar con esa chica, no tengo grupo para la clase que tengo en dos horas y sé que a ella le falta un integrante, ¿tendré posibilidad de ser yo esa pieza que falta para completar su grupo?, espero que sí, sin embargo, no entiendo cómo no tengo el valor de acercarme a una persona y poder hablarle.  

Han pasado 15 minutos desde que tengo presente en mi cabeza la idea de acercarme y realizar una simple pregunta, pero me apena todo, pierdo oportunidades en la vida por no perder mis miedos: miedo al no saber expresarme, a no darme a entender, a que las personas me juzguen, e incluso, a que yo mismo lo haga. Es momento de enfrentar mis problemas y seguir adelante, no preocuparme por lo que piense la otra persona ni creer tan poco en mis capacidades, al final, no creo que sea tan difícil decir: Hola, estás en una clase conmigo, escuché que te faltaba un integrante y no tengo grupo, ¿podría ponerme contigo?.

Así fue, por primera vez, me acerqué e hice la pregunta, la chica amablemente me dijo que sí, que no había problema e inmediatamente me comentó que se acordaba de mí, que me había visto en la inducción pero que me recordaba como una persona solitaria, que si quería podía quedarme con ellos hasta que comenzara la clase. Hasta el día de hoy soy muy amigo de aquella chica que no sabía cómo hablarle, y entendí que el problema no estaba en ser incapaz de hacer algo, el problema era yo mismo, la confianza que me tenía. 

Comencé a manejarlo de una mejor manera porque me lo propuse y aunque lo creía imposible, hoy en día no me apenan las cosas, me tomé el tiempo de encontrar el mejor estilo que podía portar con mi ropa, a gastar el tiempo en ver qué cosas son las que me hacían mejor como persona, porque a mi vida le faltaba confianza y autoestima, todo lo que nunca pensé que podría llegar a tener, ahora lo tengo gracias a ello, porque el creer en uno mismo tiene el mayor poder político, social e interpersonal. No dejes de reforzar tu confianza, de sentarte y analizar qué estás haciendo mal en el día, de cuestionar tus actos y, sobre todo, permítete ser tú mismo. 

“Cuando la confianza es alta, la comunicación es fácil, instantánea y efectiva”- Anónimo.

Por: María L. Pernett Rojas.

Estudiante de Ingeniería mecánica.

Redactora semillero mercadeo.

 

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