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Los periodistas y los trajes del poder

A propósito de la celebración del día del periodista, así como de algunos casos colombianos en los cuales las acciones periodísticas han determinado importantes sucesos políticos, o por el contrario los periodistas han sido afectados por movidas políticas, traigo a cuento dos películas de hace un par de años, basadas en hechos reales, que sitúan la tensión existente entre las salas de redacción y el contexto social y político en el que están inmersos los medios.

Una película cuyo tema central es el periodismo es "La Verdad", en ella, Mary Mapes, en la coyuntura electoral del 2004 en Estados Unidos, indaga sobre una información según la cual George Bush habría utilizado influencias para evitar ir a la guerra del Vietnam, la cual termina siendo presentada por el reconocido Dan Rather en una emisión del programa 60 Minutos de la CBS. Lo que se podría esperar es que esta información sirviera a la sociedad para reflexionar sobre el manejo de las influencias por parte de las élites y que tuviese injerencia a la hora de votar. Sin embargo, George Bush ganó las elecciones y tiempo después los periodistas en cuestión terminaron despedidos.

La reacción de sectores favorables a Bush y luego del mismo medio, se centró en desvirtuar las pruebas, las fuentes y la intencionalidad de la periodista. Al final queda la sensación de que desvirtuar alguna de las pruebas o de las fuentes no quiere decir que en la realidad no se haya dado el hecho. Sin embargo, una de las condenas a las que se somete el periodismo es que una "verdad" puede ser "verdad a voces", pero sin una prueba para demostrarla, será tan solo un rumor. Ahora bien, en cuanto a la intencionalidad del periodista, es de suponer que es legítima una postura política, como por ejemplo, la de generar información para el fortalecimiento de la democracia. Sin embargo, no puede ser una postura partidista o personalista que lleve bien sea a convertirse en relacionista público de una persona, partido o sector social, o por el contrario en instrumento de tergiversación y difamación.

Otra película con el periodismo como protagonista es "En Primera Plana", en la cual Marty Baron llega como nuevo Editor en Jefe del Boston Globe, transforma la rutina periodística del equipo de investigación -Spotligth- y logran desenmascarar el ocultamiento sistemático que la iglesia hace de las prácticas de pedofilia. En este caso la información impulsó importantes cambios en la iglesia, así como un premio Pulitzer para los periodistas.

Aquí llama la atención la postura del periodista como "extranjero", que supera la connivencia con las dinámicas del poder, bien sea religiosas, culturales, económicas o políticas. Es lo que en investigación se llama reflexividad y tiene que ver con la capacidad que debe desarrollar quien investiga de verse a sí mismo, un poco desde fuera, para determinar como influyen en el ejercicio periodístico su rol, sus condiciones y su contexto.

Nunca había entendido con tanta claridad lo que significa un periodismo que genere cambios. Y hablo simplemente desde una comprensión funcionalista del ejercicio periodístico en una sociedad liberal, donde una de sus mayores labores es velar por el mantenimiento de las instituciones. Entendí la diferencia entre el afán de la chiva y el espectáculo coyuntural, y la preocupación por las consecuencias de la acción periodística: no se trata de denunciar un caso aislado, sino de poner en cuestión a una institución en el marco de un sistema, expresaba el jefe de redacción preocupado por un periodismo en el que el medio fuese necesitado por su propia comunidad no por su postura cómplice con sus valores morales, ni por la entretención de su sensacionalismo, sino por la función social que está cumpliendo.

Entendí también que hay gran diferencia entre distintas sociedades y sus medios, y que el periodismo allí mostrado es sólo una postal para ser deseada. Inclusive sentí ganas de que tuviésemos más periodismo así: que consulte a las fuentes académicas no solo para soportar una nota de prensa, sino para profundizar en su propia investigación; que indague en cada fuente con todo el rigor, buscando la explicación y la evidencia más contundente; un periodismo que se aleje del espectáculo y se acerque a la información; pero sobretodo, un periodismo que como en estos casos se atrevió a evidenciar cosas que todos veían o intuían, que estaban a favor de unos pocos y en contra del conjunto de la sociedad, pero que poner sobre la mesa significaba romper una complicidad colectiva, al menos con las élites del poder.

Tal como se puede ver en las dos películas el resultado del ejercicio periodístico puede traer satisfacciones, premios y glorias o por el contrario persecución y acciones negativas en contra.  Sin embargo, de ese tipo de periodismo hace mucha falta por estos lares, porque como en el caso de la fábula, también tenemos emperadores que se pasean desnudos, mientras el conjunto de la sociedad alardea de la belleza de sus trajes.

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