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LA RESPONSABILIDAD, LA SUERTE Y LOS EXTORSIONISTAS EMOCIONALES

Llevaba algunos meses compartiendo con un grupo de personas en un pequeño barrio del municipio de Tasajera, un conjunto de casas de madera y barro ubicadas bajo la berma de la Ruta de Sol, entre Barranquilla y Santa Marta. Después de varios encuentros concluimos que había que hacer algo con las basuras que rodeaban sus casas y sus caminos. Eran generaciones de desperdicio flotando sobre un agua verde oscura, adornada de retazos de espuma ocre y todos los diferentes empaques de Colombina, FritoLay y Postobón. No viene al caso describir el olor, pero era difícil permanecer ahí por mucho tiempo.

 

Con ayuda de amigos y familiares le ayudamos a la comunidad a coseguir palas, guantes, botas, mascarillas y 100 metros de malla negra para cercar la zona e impedir que la basura continuara navegando hacía sus casas. 26 personas organizadas en pequeñas cuadrillas recogieron toda la basura en tres días. Todo metido en 50 sacos de fique que agruparon en una pequeña montaña frente a sus casas. “Lo logramos”, pensé. Pero había un problema: el olor aún estaba ahí. Había que mover la montaña. 

 

Como no tenían servicio de recolección de basura, a uno se le ocurrió que podían usar dos bici-taxis para llevar los sacos a una fosa cercana. El alquiler de ambos costaba $20.000 pesos por día. En ese momento, uno de los líderes de barrio me preguntó si también podía ayudarles con el transporte de la basura, a lo que respondí sugiriéndole que si organizaban una colecta de mil pesos por persona podían pagar el alquiler y la gaseosa. Había que dejar que fueran ellos los responsables, pensé. 

 

Por cosas de la vida no pude volver a Tasajera en un mes, hasta el día en que entendí la verdadera necesidad de éstas personas. La montaña de sacos de fique aún seguía frente a sus casas, intacta. Había cometido un grave error: todo el tiempo que estuve compartiendo con la comunidad había estado viendo mi necesidad en la de ellos, no la de ellos. Desde mi perspectiva, las basuras representaban enfermedad, incomodidad y malas costumbres; desde la de ellos, así es la vida. Su verdadera necesidad era que les dieran algo, era pedir.

 

Los Extorsionistas

 

Desde que uno estaciona el carro sobre la berma, niños de todas las edades comienzan a acercarse a la ventana para pedir algo, lo que sea. Sus rostros muestran signos de tristeza, desesperanza y ganas de hacer una carrera en actuación. Se arrecuestan fijamente al vidrio moviendo sus manos hacia arriba, como quien sale de una tumba. La cabeza a medio lado y entre sus labios un balbuceo lento e indescifrable (uno no se puede ir de ahí así no más). Pero una vez reciben algo se voltean, caminan un poco y continuan jugando trompo o pateando botellas plásticas sobre volquetas de arena. Si sacas la cámara todos te sonrien y parece que la pelicula fuera otra. Son actores profesionales, son pequeños extorsionistas emocionales. 

 

Al igual que sus progenitores, los niños de Tasajera son utilizados y educados para pedir desde que nacen. Es lo que ven todo el tiempo y no hay nada que pueden hacer para evitarlo. Como todo niño, ellos no pueden escoger a sus cuidadores, a sus vecinos, al contexto, ni a muchas de sus experiencias de infancia. Les tocó así, como nos toca a todos hasta que podemos ser completamente responsables de nosotros mismos (¿18 años?). Esa ha sido su suerte, o como la llaman ahora los genetistas, el 80% de toda su herencia genética.

 

Ellos no crecieron escuchando que tenían que trabajar para salir adelante - como si muchos de nosotros; ellos salen adelante pidiendo. ¿Qué podemos entonces esperar de ellos cuando llegan a la adolescencia? Pues salen con fuego y palos a pedir a la calle, ya no extorsionándonos con sus caras tristes, sino con el miedo y el dolor que han dejado en ellos el maltrato y el abandono de sus cuidadores y su gente. Se involucran en pandillas y salen a las ciudades a devolver aquello que por tantos años recibieron sin haberlo pedido. Y claro, existen siempre casos excepcionales, como el de un tasajereño que llegó a ser alcalde y solo lo veian cuando pasaba en su carro.

 

¿Responsabilidad o Suerte?

 

Aunque cada persona es en últimas la responsable de salir adelante en su vida, no podemos dejar de lado que muchas de las decisiones que tomamos se encuentran determinadas por las interacciones y experiencias que hemos tenido en el pasado, particularmente por aquellas que ocurrieron durante nuestros pinitos. En este sentido, las responsabilidades que podemos tomar están intimamente ligadas a todas aquellas cosas que sin haberlas pedido se nos dieron, a nuestra suerte, para bien y para mal.

 

Esta relación entre responsabilidad y suerte es uno de los epicentros de conflicto más complejos de nuestra sociedad actual. Parece que estuviéramos divididos entre aquellos que creen que la mejor manera de ayudar a otros a salir adelante es a través de un empleo que les permita ser responsables de si mismos, y aquellos que consideran prioritario ayudarle a las personas a reparar de alguna manera su "mala" suerte. Es la eterna lucha entre emprendedores y populistas, entre republicanos y demócratas, entre capitalistas y socialistas, entre responsabilidad y suerte. 

 

Algunos emprendedores apuntan a ambas cosas. Por una parte, generan oportunidades de empleo para que otros puedan progresar y acabar así con la pobreza y la desilgualdad. Y por otra, a través de fundaciones o programas ofrecen alternativas educativas y de desarrollo social que buscan reparar la suerte de comunidades en contextos de vulnerabilidad, como lo hacen Empresarios por la Educación, Fundación Promigas, entre otros. 

 

Aunque seguramente logran generar algún impacto, el problema es que varios de estos esfuerzos se encuentran desarticulados entre sí, por lo que resulta más difícil y lento generar verdaderas transformaciones sociales en dichas comunidades. Sumado a ello, algunos de esos esfuerzos son más de carácter asistencial (recursos, capacitaciones, programas temporales) y no existe en todos los casos un proceso continuo de acompañamiento pedagógico, social y psicológico que ayude realmente a las personas a que puedan asumir nuevas responsabilidades. Otros esfuerzos van dirigidos exclusivamente a la evasión de impuestos.

 

Creo que, así como no deberíamos pensar que el simple hecho de darle cosas a camunidades vulnerables va a solucionar nuestros problemas de pobreza y desigualdad, tampoco podemos seguir pensando que el empleo es el mejor camino para el progreso. Hay personas cuya suerte les ha permitido estar preparadas para progresar a través del empleo, y por tanto no es bueno que abandonemos esta idea. Pero hay otras personas que no están preparadas para ello, y desafortunadamente en Colombia son muchas.

 

Los Otros Extorsionistas

 

Es difícil entrar a juzgar las intenciones de nuestros actuales líderes políticos, pero tal vez no sea coincidencia que detrás de sus propuestas de gobierno se vean reflejadas estás dos posturas: los de la Derecha que promueven principalmente el progreso a través del empleo (de la responsabilidad), y los de la izquierda que lo hacen a través de la reparación y la justicia social (de la suerte). ¿Por qué se da una separación casi que irreconciliable entre estás dos posturas, ambas importantes para el progreso del país?

 

Los enfrentamientos que algunas veces tenemos en las redes sobre estás ideas, podrían estar siendo el resultado de nuestra afiliación emocional (antes que racional) con una u otra ideología política, con uno u otro candidato. Tal vez estemos siendo extorsionados emocionalmente por otros a quienes únicamente les interesa gobernar. Una relación necesaria se convierte de repente en una polarización innecesaria, y así nos tienen a muchos agarrados de los cojones. 

 

Creo que si de verdad queremos salir adelante necesitamos concentrar esfuerzos en ambas cosas: el apoyo a la generación de empleo, así como a la implementación de estrategias a nivel de Estado que realmente contribuyan a la reconstrucción social y psicológica de las comunidades más vulnerables. Lo que tenemos no nos aguanta para disminuir la pobreza y la desigualdad, y no solo es por la corrupción que estamos como estamos. Necesitamos exigir a nuestros líderes que dialoguen más entre sus ideales políticos, que busquen convergencia entre sus objetivos de gobierno y dejen de estar queriendo hacer ver los problemas del país entre blancos y negros.

DE NUESTRO FOLKLOR PEDAGÓGICO

Llegaba al salón para continuar una clase con profesores de instituciones oficiales de medía básica de la ciudad. Allí se encontraba una profesora de Biología, sentada en la última fila mientras observaba a cuatro estudiantes de ingeniería resolver un ejercicio. Una estudiante tenía un iPad, otros dos tenían calculadoras y la otra estudiante iba escribiendo en el tablero. "Ahí están, cuatro mentes jóvenes, un sábado al medio día, haciendo un buen uso de la tecnología para resolver juntas un problema", le decía a la profe. Ella en silencio los seguía observando.

 

Cuando estaban a punto de salir del salón, la profe preguntó: “Chicos ¿y ese 360 qué es; grados, manzanas, piñas, qué?”. La respuesta no estaba completa, era necesario establecer la unidad. En un balbuceo medianamente entendible uno de los estudiantes contestó: “No, si profe, el procedimiento está bien, esa es la respuesta”. La profe insistió una vez más: “Si, entiendo, ¿pero qué significa esa respuesta, 360 qué? Ninguno contestó. Ya fuera del salón una estudiante se despidió jovialmente diciendo: “esa es p, profe!”. La profe se llevó la mano a la frente.

 

Durante la mañana habíamos revisado junto con los profesores, un aparte del documental de Michael Moore, “where to invade next” (2015), en el que Moore va a Finlandia para entrevistarse con la Ministra de Educación y varios profesores, estudiantes y directivos de las escuelas. Nos llamó la atención que en ese país, cuya educación es una de los mejores del mundo, los niños y jóvenes son educados para encontrar una manera de aprender a ser felices. Esa es la columna vertebral de su modelo educativo: los motivan desde niños a disfrutar el aprendizaje. 

 

Los estudiantes de ingeniería no sólo tenían dificultad para interpretar la respuesta del ejercicio, sino que también habían obtenido la respuesta equivocada al dividir 120/20=60, lo cual hizo que ésta diera 360 y no 36 - que era la respuesta correcta. En otro contexto se habrían electrocutado. La profe manifestó que este es un fenómeno que ha observado por más de 25 años en todas las escuelas donde ha trabajado: estudiantes que no son capaces de solucionar realmente los problemas porque son educados para “aprender a la fuerza”.

 

Así mismo, los profesores de distintos que hacían parte de la clase manifestaron que nuestros estudiantes - a diferencia de los finlandeses - están siendo constantemente presionados y estresados por sus familias, la sociedad y la escuela para obtener buenas notas y puntajes altos en las pruebas de estado; para resolver los ejercicios y aprender de memoria los conceptos del libro; para estudiar lo que más se pueda y aprender lo que haya que aprender, así no les guste. Ir a la escuela y estudiar termina siendo para los estudiantes una necesidad impuesta desde fuera; una obligación, no un placer. Los profesores comparten la misma realidad.

 

Como lo explica Ken Robinson, nuestro modelo educativo actual obedece a los intereses de la revolución industrial, y en este sentido a un modelo de sociedad y educación que se preocupa más por el producto que por el proceso, por la calidad más que la felicidad (Robison, 2015). Finlandia es uno de varios países (e.g., Hong Kong, Paises Bajos, Reino Unido) que han optado por modelos educativos alternativos y actualmente obtienen buenos resultados no sólo a nivel educativo, sino también a nivel social (Darling Hammond y Lieberman, 2012). Esto no es nuevo, existen actualmente varios video documentales, además del de Moore, que intentan generar conciencia sobre este hecho (e.g., La Educación Prohibida).

 

 

Tal vez sea momento para que como sociedad, no sólo como comunidad académica, repensemos seriamente cómo y para qué estamos educando a las futuras generaciones. Seguimos siendo una sociedad altamente competitiva, que se preocupa más por resultados cuantificables y que emula al modelo educativo tradicional de occidente (i.e., estandarización, instrumentalización, capitalización), sin reconocer realmente lo que ocurre en el contexto de sus aulas. Nuestras escuelas y la sociedad le están quitando a nuestros niños y a los estudiantes la alegría natural de aprender. En este sentido, necesitamos repensar ésto no únicamente desde lo estrictamente curricular, sino más bien desde lo ideológico, desde lo cultural, desde nuestro folklor pedagógico.

 

 

Referencias

Darling-Hammong y Lieberman, A. (2012). Teacher education around the world: changing policies and practices. New York: Routledge.

Moore, M. (2015). Where to invade next (video documental). Extraído de youtube.com.

Robison, K. (2015). Escuelas creativas: la revolución que está transformando a la educación.

CADENAS SOCIALES

Él es Abel, un palenquero radicado en Cartagena que trabaja como carpero en una de las playas de Bocagrande, y a quien conozco desde hace más de 20 años. Desde ese entonces nos ha unido el mar, en una paradoja que no ha dejado de causarnos gracia: cuando las olas están buenas para el surf, están malas para su negocio. Pero tal paradoja se quedaría corta después de nuestras primeras cervezas.

Haciendo uso de una mezcla exquisita de Bantú y Castellano, me contaba que en los tiempos de Benkos Bioho - verdadero libertador de esclavos y héroe de Palenque, las personas del pueblo lloraban cuando nacía un niño y hacían una gran fiesta cuando alguien moría. Eran las cadenas metálicas, que se oxidaban alrededor de sus tobillos, razones suficientes para llorarle a la vida y reirle a la muerte.

"Pero ahí siguen las cadenas", me decía. Vive en un sociedad donde al entrar con su esposa a una discoteca, la gente de "alta clase", la alcurnia cartagenera, lo saluda preguntándole extrañada: "¿Oye Abel, y tu que haces aquí?" Y una vez lo ven allí, se van, no vuelven más a ese lugar. A los ojos de Abel y su esposa, ellos terminan siempre por "perratearles el lugar" (del verbo perratear, o desvalorar). 

Y así les pasa no sólo en las discotecas; les pasa también en los restaurantes, los centros comerciales, los barrios y los lugares de recreo y descanso. Similar a sus ancestros de hace 400 años, hoy Abel se siente "encadenado", esclavizado por cadenas sociales que se oxidan alrededor de su dignidad y la de su familia.

Hoy Abel no le llora a la vida, pero teme por el futuro de sus cuatro hijos. Teme que tengan que crecer en una sociedad clasista, donde no se les permita desarrollar libremente por el color de su piel o su raza, o por su procedencia familiar, o simplemente porque no encajan dentro los estándares sociales de quienes tienen más poder en la sociedad. 

Hoy no hubo tiempo para reir con el mar.

PAZ, AMOR y AMISTAD

Hace poco me encontraba en una de las playas de Pradomar revisando un poco la historia de Colombia en el libro de David Bushnell (Colombia: Una Nación a Pesar de Si Misma, 1996). Al rato se me acercó un jovén de unos 21 años a preguntarme si quería algo de tomar. Después de conversar un rato con él, le pregunté:

 

"Oye y tu vas a votá?"
"A votá, cómo así?
"Si ombe, en lo del plebiscito"
"Y esa vaina plebiscito qué eh?"
(Pausa)
"Ombe lo de los acuerdos de paz"
"Ah ya... Nombe ese Santos lo que es es un caremonda ombe!"

 

No sabía si mi sorpresa había sobrepasado a mi ingenuidad. Yo estaba esperando iniciar una conversación con Miguel, contarle un poco sobre lo que estaba leyendo para ver que sabía, que pensaba. Tal vez me diría que estos otros del libro también eran unos "caremonda". Nunca lo sabré. Hablé un rato más con él, tratando de entender los argumentos que él tenía para pensar así de Santos. Pero fue muy difícil; ni él mismo los sabía.

 

¿Será qué así estamos? ¿Será qué hay muchos Colombianos que están como Miguel? La verdad es que no lo sé; pero lo que si me quedó claro es que Miguel tal vez no vote, y si lo hace, lo hará en contra del "caremonda" de Santos.

 

En esa oportunidad no pude quedarme hablando mucho con Miguel; él estaba trabajando y yo había ido a descansar. Pero nuestra corta conversación me llevó a reflexionar acerca de la responsabilidad que tenemos todos los que hemos tenido la oportunidad de formarnos y educarnos en contextos con mejores posbilidades para el desarrollo, de comunicarnos y relacionarnos con otras personas que quizá no hayan contado con dichas oportunidades. No para que otros voten a favor del "No" o del "Si"; mas si para generar conciencia sobre lo que estamos viviendo actualmente en el país; para que otros entiendan que la decisión que vamos a tomar es importante y nos va a afectar a todos; para que otras comprendan que tenemos que comenzar por cambiar en nuestros corazones y que nuestros verdaderos enemigos no son los "caremondas" de Santos o Uribe, sino aquellos que llevamos por dentro. Es ahí, en y entre nosotros mismos, donde está el cambio que más necesitamos.

 

John Lederach nos advierte que la paz no puede pensarse simplemente como la ejecución de unos planes y unas soluciones, sino como "la apertura de espacios para recomponer relaciones." (La Imaginación Moral: El Arte y el Alma de la Construción de la Paz, p. 15). Con esto, Lederach nos llama a acortar la "distancia que produce la guerra". Dicho de otra forma, el llamado es a que abramos los espacios donde día a día nos relacionamos con los demás (e.g., la playa) y nos acerquemos más al otro. La guerra no ha sido solo la de grupos guerrilleros; la guerra en nuestro país ha sido de clases, de desigualdad, de corrupción, de indiferencia, de egos, de promesas sin cumplir y de abandono de los más necesitados.

 

Para poder cerrar las brechas económicas y sociales tan grandes que actualmente tenemos en el país, es importante que comencemos por cerrar las brechas psicológicas que nos distancian de nuestra cotidianidad; con el vecino, con el del taxi, con el empresario, con la señora del aseo, con el amigo del face, con nuestros maestros - a los que ya poco valoramos, con el del "Si", con el del "No", con nosotros mismos. Hay que hacernos más amigos de la compasión, de la bondad, de la buena voluntad, del amor por el prójimo, de la camaradería, y sobretodo, hay que hacernos más amigos de nosotros los Colombianos.

 

 Que viva la paz, el amor y la amistad.

Educación y conciencia: pensando en una sociedad más sensible de si misma.

..Allá, asomado pidiendo más cemento, se encuentra un obrero, que como muchos hace un trabajo que requiere de altos niveles de concentración y talento. Se cuelga de correas sobre un andamio para pegar ladrillos, teniendo constantemente que equilibrarse contra el viento y pasarse la mano por la frente para quitarse el sudor. Además, es un artista - esos ladrillos están perfectamente alineados, todos puestos a mano.

 

Y así, hay muchos otros que tiran martillo y cincel como si fueran de juguete; otros que cortan perfiles de acero como cortando mantequilla; y otros que se recuestan a la sombra a hacer nada - los hay en todas partes.

 

Trabajan literalmente de sol a sol. Llegan a las 6am y salen a las 6pm. Algunas veces siguen de corrido al medio día y vienen los domingos a reparar algún descuido que tuvieron durante la semana.

 

A pesar de esto, su trabajo es uno de los menos valorados por nuestra sociedad. Y no es sólo por la poca remuneración salarial que reciben; la mayoría de ellos se encuentra en los niveles mas bajos de nuestra estructura social. Más valor social le dan las abejas a sus obreras.

 

Su situación la empeora el hecho de que, como no tienen "educación", muy poco pueden pretender alcanzar un mejor nivel de vida a través de su trabajo. Esto debería ponernos a pensar sobre el tipo de sociedad en la estamos viviendo, particularmente sobre nuestros modelos de funcionamiento social, económico y político, donde valoramos más a los conocimientos y aptitudes académicas que a lo que realmente podemos hacer bien y contribuye significativamente a un bienestar social común.

 

No vamos a decir que el trabajo de ser médico, que si es "educado", es igual de complicado que el de ser obrero; pero lo cierto es que de ambos puede llegar a depender la vida de otras personas. Sin embargo, uno de ellos puede llegar a ganar 100 veces más que el otro y tener una posición social y política mucho más elevada. Y ahí vamos, todos tratando de echar para adelante... ¿Será?

 

Creo que aquí la pregunta de fondo debería ser, ¿cómo hacemos para lograr una sociedad más justa, más equitativa? Muchas personas estarían de acuerdo en que la respuesta sería la "educación". Pero, ¿y cuál educación? ¿La que al final del proceso nos avala como "profesionales"? ... Yo personalmente no creo que esa sea la respuesta.

 

Nuestro problema no es de educación en el sentido tradicional del término - me perdonan mis colegas; nuestro problema es de conciencia. En particular, de conciencia colectiva. Nuestra sociedad no necesita gente más "educada", sino gente más humana, gente más enterada de y comprometida con lo del otro. Gente con un verdadero sentido de comunidad.

 

Hay que educarnos no sólo para la vida profesional y la convivencia, sino también para la construcción de conciencia. Ese sería un proyecto de Educación más pertinente para nuestra sociedad actual, uno que proponga una sociedad más sensible de si misma.

La "cultura de las pruebas" y el asolamiento del sistema educativo colombiano

Hace poco se publicó en la revista Semana, un artículo que hacia referencia a la preocupación que existe en torno al uso “obsesivo” de las Pruebas Saber y su valoración como indicador de calidad de la educación primaria y secundaria en Colombia. Dicha preocupación se extiende hacia el privilegio que dan dichas pruebas a la adquisición de un determinado tipo de conocimientos y competencias, lo cual, según la doctora Consuelo Pabón, obedece a una “tendencia neoliberal que busca crear grandes masas productivas, pero silenciosas y acríticas” y que no da cabida a “conocimientos que permitan pensar.” (Semana, 2016, p. 1).

Dejando de lado el espíritu conspiratorio que parece transpirarse entre algunas líneas del artículo, dicha preocupación merece toda la atención l@s Colombian@s. Las Pruebas de Estado en nuestro país, así diseñadas, no permitirán que mejore nuestro sistema educativo; por el contrario, lo está asolando desde adentro. Pero, ¿por qué? ¿Qué es lo grave de estas pruebas?    

Las pruebas estandarizadas tipo test (como lo son las Pruebas Saber) no sólo pueden dar cuenta de un grupo limitado de conocimientos y competencias, sino que usualmente lo hacen de forma completamente descontextualizada (Kubiszyn & Borich, 2007). Nos hemos tragado el cuento de que una prueba a papel y lápiz mide realmente lo que alguien a carne y hueso puede hace en un contexto de desempeño real.

Algun@s afirman, confiados en la bondades de la estadística inferencial, que las Pruebas de Estado pueden predecir el desempeño de los estudiantes. Si revisamos los modelos estructurales en los que se sustentan tales afirmaciones, es sorprendente encontrar que los puntajes de las pruebas explican, en el mejor de los casos, un 35-40% de la variabilidad en el desempeño (e.g., Garzón & Vega, 2014). Pero, ¿qué ocurre entonces con el otro 65-60%? ¿Podrían las pruebas explicar ese mismo porcentaje de variabilidad en el desempeño si consideramos otras variables en la ecuación? Al parecer no estamos muy seguros.

Aquí podríamos entrar a conjeturar muchas cosas. Por ejemplo, podríamos decir que ese alto porcentaje de la variabilidad en el desempeño de una persona podría estar determinada por un conjunto de actitudes y aptitudes que nada tienen que ver con las matemáticas, ni la ciencia, ni la literatura, y que tampoco tienen algo que ver con el pensamiento crítico ni con competencias de “orden superior”. Tal vez ese alto porcentaje de variabilidad restante se deba a que el mundo del aula, tal y como lo conocemos, resulta ajeno al contexto social y cultural vigente; a que muchas veces son mas importantes ciertas competencias de orden social y emocional al momento de desempeñarse académica y laboralmente; a que el día de la prueba estábamos nerviosos o no nos sentíamos al 100%; a que no logramos entender bien al profesor de Cálculo porque durante ese año nos enamoramos por primera vez y andábamos en la nubes; a que lo que queríamos era sólo jugar con nuestros amig@s porque nos dimos cuenta que jugando aprendíamos mejor; a que un@s avanzamos y crecemos a un ritmo diferente; o quizás, a que simplemente no nos gustaba la escuela.

El fenómeno de las pruebas estandarizadas y su excesiva valoración por parte de los organismos de estado responsables de la educación, ha producido resultados muy preocupantes en los sistemas educativos de otros países. Una muestra de ello fue lo que ocurrido recientemente en Estados Unidos a partir de las políticas del programa “No Child Left Behind”, donde se dio prioridad a los resultados de las pruebas de estado para dar cuenta del desempeño, no solo de l@s estudiantes, sino también de las instituciones y l@s maestr@s.

En menos de 20 años, Estados Unidos dejo de tener uno de los sistemas educación primaria y secundaria mas fuertes del mundo, a ser uno de los países “del montón”. Se generó un fenómeno conocido con el nombre de “test culture” (trans. cultura de las pruebas), lo cual trajo consigo graves problemas a nivel curricular, pedagógico, institucional y social en dicho país (Imig & Imig, 2006). Desafortunadamente en Colombia parece que vamos por el mismo camino, y lo más grave es que nosotros en estos momentos ya somos de los países “del montón” en materia de educación.

Con los problemas de orden político, social y económico que enfrenta actualmente el país, sería muy grave que nuestro sistema educativo siguiera por este camino. Nuestr@s niñ@s necesitan otro tipo de educación, y por tanto otros sistemas de evaluación. La realidad actual de nuestro contexto requiere que eduquemos para la paz y la convivencia, para el desarrollo de competencias socioafectivas, para el buen uso del medio ambiente, etc.

En el caso de las Competencias Ciudadanas, por ejemplo, las Pruebas Saber apuntan a la evaluación de un conocimiento científico-social, pero no a la evaluación de actitudes y conocimientos de orden cognitivo, emocional, comunicativo y de integración que realmente den cuenta de una adecuada interiorización de competencias ciudadanas (Del Pozo, 2016). En sintonía con lo que afirma Del Pozo, tanto el aprendizaje como la evaluación de tales competencias deberían estructurarse desde “una serie de principios en los que se brinden múltiples oportunidades para su práctica y se involucre a toda la comunidad educativa.” (p. 85).

Dada las implicaciones negativas y los riesgos potenciales que tiene el uso de pruebas estandarizadas para la educación el país, pienso que es fundamental que como ciudadanos responsables nos pronunciemos de forma más activa, haciendo uso de los recursos democráticos que nos ofrece el Estado, e invitemos a nuestros gobernantes a repensar si queremos en el país una “cultura de las pruebas”.

 

Referencias

Del Pozo, F. (2016). Pedagogía social escolar en Colombia: El modelo de la Universidad del Norte en formación directiva y docente para la ciudadanía y la paz. Revista Iberoamericana de Educación, 70, 77-90.

Garzón, M. A., & Vega, S. A. (2014). Modelo estadístico de correlación de resultados examen Saber 11 (ICFES) y Saber Pro (ECAES). Universidad del Rosario. Bogotá, Colombia.

Imig, D. G., & Imig, S. R. (2006). The teacher effectiveness movement: How 80 years of Essentialist control have shaped the teacher education profession. Journal of Teacher Education, 57(2), 167-180.

Kubiszyn T., & Borich, G. (2007). Educational testing and measurement: Classroom application and practice. Hoboken, NJ: John Wiley and Sons.

Revista Semana (2016). Cuando los colegios solo buscan resultados. Archivo electrónico extraído el 14 de Marzo de 2016 de http://www.semana.com/educacion/articulo/todo-lo-que-tiene-que-saber-sobre-las-pruebas-de-estado/464931

 

Education Socioafectiva: Clave para un desarrollo integral en la infancia

La psicologia educativa nos ofrece multiples herramientas para facilitar en nuestros estudiantes el desarrollo de competencias sociales y emocionales, que les permitan convivir de forma pertinente en sus entornos. Sin embargo, la educación tradicional en Colombia se ha centrado en lo cognitivo, mientras descuida las dimensiones sociales y emocionales.

De acuerdo con Unicef, “el desarrollo infantil integral suele definirse a través de los cambios que los niños atraviesan en términos físicos, cognitivos, emocionales y sociales que los habilitan a una vida autónoma y plena”. Aunque en la actualidad algunas instituciones sociales, políticas y educativas colombianas reconocen la importancia de un adecuado desarrollo de tales dimensiones, la mayoría de propuestas y proyectos de ley que apuntan hacia el mejoramiento de la formación integral del infante, continuan mayormente enfocados hacia el desarrollo de la dimensión cognitiva y la dimensión física (e.g., salud en primera infancia, desarrollo cognitivo, nutrición).

Los movimientos constructivistas y socio-culturalistas que comenzaron a hacer su aparición en la psicología educativa de la década de los 50, abrieron la puerta al concepto de aprendizaje para incluir aspectos subjetivos, emocionales y autorreferidos, claves en la construcción del individuo. La psicología educativa realzó la importancia de las emociones y las competencias sociales para el adecuado desarrollo de otras dimensiones propias del infante, tales como las dimensiones cognitiva, física y espiritual-moral.

De acuerdo con María Victoria Trianes y Antonio García de la Universidad de Málaga, desde la educación infantil se entiende que, además de promover el desarrollo cognitivo y físico, las instituciones educativas deben también promover un adecuado desarrollo de conocimientos y competencias de orden social y emocional, lo que podría garantizar la prevención de problemas de violencia y salud mental que afligen a nuestra sociedad.

Hablamos entonces, por un lado, de educación para la convivencia, la cual busca promover competencias sociales en alumnos de niveles pre-escolar, primaria y secundaria. En este sentido se entiende por competencias sociales a aquellos procesos internos del individuo (e.g., pensamiento autorregulado, procesamiento de información social) que permiten que sus comportamientos sean pertinentes para otros miembros de su grupo social, y que tienen como objetivo el éxito en las relaciones sociales.

Por otro lado, nos referimos también a la educación emocional, definida como un proceso de aprendizaje continuo que busca favorecer el desarrollo de competencias intrapersonales (e.g., autocontrol, autoestima, conciencia emocional), como complemento indispensable del desarrollo cognitivo del infante. En este sentido, se habla de una interdependencia entre lo cognitivo y lo emocional, lo cual es esencial para el desarrollo de una personalidad integral (Goleman, 2015).

Pedro Gallardo, profesor de la Universidad de Sevilla, sugiere que es necesario terminar con la separación entre emoción y cognición, reconociendo que “el desarrollo intelectual está dinámicamente enlazado con las emociones y, en consecuencia, es necesario educar conjuntamente ambos aspectos de la inteligencia, favoreciendo la construcción de aprendizajes intelectual y emocionalmente significativos”.

A la luz de ello, se podría afirmar que la escuela, como una de las instituciones sociales de mayor repercusión en la vida de los seres humanos, “se convierte entonces en uno de los contextos más influyentes de cara a la configuración de la personalidad infantil”, dice Gallardo. Es así como los educadores infantiles adquieren un rol central en el desarrollo en los procesos tempranos de socialización e introspección del infante.

Los programas de Licenciatura en Pedagogía Infantil estamos llamados a fortalecer la formación de futuros docentes en temas relacionados con la educación socioafectiva. Esto no es solo un compromiso pedagógico de la educación infantil; es además, un compromiso social de la educación.

Asi pues, parte de la responsabilidad social que tienen las instituciones de educacion superior en el pais es  el diseńo de programas de formación de docentes que apunten a la interiorizacion de conocimientos y prácticas relacionadas con el desarrollo socioafectivo, la naturaleza del mundo emocional y social humano, programas de intervención psicoeducativa para el desarrollo de competencias sociales e intrapersonales, entre otros.

La educación infantil en Colombia, así como la formación de educadores infantiles colombianos, debe acelerar el giro hacia el reconocimiento de la importancia de la educación socioafectiva, y hacia el diseño, ejecución y evaluación de programas que promuevan el mejor desarrollo emocional y social en niños y niñas.