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Manuel Eduardo Moreno Slagter

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ACERCA DE MÍ Arquitecto con estudios de maestría en medio ambiente y arquitectura bioclimática en la Universidad Politécnica de Madrid. Decano de la Escuela de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad del Norte. Defensor de la ciudad compacta y densa, y de las alternativas de transporte sostenible. Coleccionista de música.

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35 años de cine

El pasado 8 de septiembre, la Cinemateca del Caribe cumplió 35 años. Que en nuestra ciudad sobreviva una institución de esa naturaleza, dedicada a promover la exhibición de películas que suelen evadir las carteleras comerciales y a propiciar foros y encuentros alrededor de la industria cinematográfica, es sin duda un motivo para celebrar. Por eso, es necesario llamar la atención sobre su labor, con el ánimo de recordar que su subsistencia es también un esfuerzo colectivo, que depende en buena parte de la comprensión de sus valiosos aportes a la cultura barranquillera.

Tengo claros los recuerdos de las primeras veces que pude asistir a las funciones de la Cinemateca, cuando tenía una sala de proyección en su sede del barrio Boston. Su programación resultaba muy llamativa y permitía descansar de la homogeneidad de la oferta local, tan limitada como previsible. En aquella época, todavía sin Netflix o Youtube, era muy complicado poder ver cualquier cosa que no viniese desde los grandes distribuidores. ¿Qué posibilidades podía tener un joven barranquillero de ver y repetirse, Karakter, un denso y cautivante drama holandés de mediados de los noventa? ¿O de permitirse la sorpresa de ver Corre, Lola, Corre, sin saber ni siquiera de qué se trataba? Sin la Cinemateca, ninguna.

En Barranquilla cuesta mucho mantener a flote las iniciativas culturales. Vemos, por ejemplo, cómo los museos tienen que enfrentarse a tremendas dificultades para subsistir, y acaso algunos terminen definitivamente por desaparecer, agonizando en medio de una indiferencia pasmosa. Igualmente, es muy escasa la oferta de bibliotecas, que, aunque va mejorando poco a poco durante los últimos años, sigue estando muy por debajo de los ideales para una ciudad que pretenda sustentar su crecimiento con un avance en la educación integral de sus ciudadanos. Las librerías también se cuentan con los dedos de las manos y se limitan a las grandes cadenas, con algunas, muy pocas, excepciones. Del teatro mejor no hablemos.

En este entorno difícil, la Cinemateca lo ha logrado. Hasta que la pandemia lo permitió, cumplía todos los días con su misión, respondiéndole a los aficionados al cine con una programación diversa y esmerada. Hace poco, además, renovó sus equipos y cuenta con un moderno proyector digital, manteniéndose al día en cuanto a los avances tecnológicos del medio. Si todo sale bien, durante las próximas semanas volverá a abrir su sala actual, en la sede Country de Combarranquilla, y continuará ofreciendo cine de calidad.

Valen entonces los agradecimientos a todos aquellos, personas e instituciones, que desde 1986 tuvieron el atrevimiento y el tesón de embarcarse en esta improbable aventura: no me alcanzaría el espacio de esta columna para nombrarlos. A su actual directora, María Fernanda Morales, quien ha tenido que capotear los duros tiempos de la pandemia, manteniéndose al frente con esperanza y convicción. Pero desde luego, nada de esto sería posible sin los espectadores, más de tres millones, que desde el primer día han pasado por las salas de la Cinemateca del Caribe y han permitido que este proyecto siga brindándole incontables horas de entretenimiento a todos los barranquilleros. Gracias a todos ellos.

Fotografía tomada de https://www.unsplash.com

Publicado en El Heraldo el jueves 16 de septiembre de 2021