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Mercados satélite

No suelo frecuentar el centro histórico de nuestra ciudad. Ninguna de mis actividades cotidianas me invita a visitarlo, siendo solo puntuales compromisos de trabajo los que me llevan a desplazarme hasta ese sector, por lo que con suerte puedo encontrarme allí más o menos una vez al mes. Cuando eso ocurre, casi siempre cumplo con mis labores y me voy, sin detenerme a pasear o a aprovechar el momento para realizar alguna otra tarea. Hace unos días la temprana resolución de un asunto que me ocupaba me llevó a tomarme unos minutos para realizar un breve recorrido, en una zona específica relativamente cercana al edificio de la Gobernación. Al contar con tiempo para detenerme y mirar, comprobé que la oferta de frutas y verduras que encontré en mi camino tenían una calidad que superaba lo que usualmente veo en los supermercados en los que acostumbro abastecerme, tanto, que decidí comprar varias cosas para llevarlas a casa. Con esa breve e incómoda experiencia, dado que estuve siempre rodeado de ruido, desorden y suciedad, constaté una vez más que buena parte del potencial de nuestro Centro está dilapidado, atrapado por unas condiciones socioeconómicas y espaciales que no dejan mucho espacio para su desarrollo.

El esfuerzo que demandaría la recuperación del Centro de Barranquilla es enorme, incluso acordar en qué consistiría esa recuperación plantea un extenso debate. La constancia que tal empresa reclama es realmente abrumadora, harían falta varias décadas y un continuo compromiso por parte de las administraciones distritales para comenzar a ver algunos resultados. Creo que, por eso, porque los tiempos no responden a los intereses de quienes se eligen cada cuatro años, ha costado tanto que ese reto se asuma de una manera seria y estudiada.

Sin embargo, hay acciones relativamente sencillas que nos podrían ir señalando el camino. Una de ellas, que no es en absoluto una novedad, es la implementación de mercados satélite. Con proyectos de este tipo, estratégicamente ubicados en todos los sectores de la ciudad, todos nos veríamos beneficiados. El vendedor tendría mucha más población a su alcance, el comprador podría hacerse con productos de buena calidad y a mejor precio y, además, el ambiente del Centro podría aliviarse, aunque sea mínimamente, del barullo que lo atormenta diariamente. Al estar más relacionados con lo que el Centro nos puede ofrecer, se podrían sentar las bases para ser más ambiciosos y emprender un verdadero proyecto de recuperación de los mercados, cambiando la percepción negativa, no infundada, que tiene el ciudadano.

Valdría la pena atreverse, empezar con un alcance modesto, ensayar, darse la posibilidad de equivocarse y, si toca, empezar de nuevo. Por mi parte, celebraría la oportunidad de encontrar un mercado satélite, ordenado y limpio, en algún lugar más cercano a mi cotidianeidad. Creo que tenemos que ser más arriesgados con este tipo de propuestas.

Fotografía tomada de https://www.unsplash.com

Publicado en El Heraldo el jueves 29 de agosto de 2019

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