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Contra la montaña

Hace unos días la principal vía que comunica los Llanos Orientales con el resto de Colombia sufrió un derrumbe que la dejó fuera de servicio. Según los cálculos que reveló la ministra de transporte tomará unos tres meses rehabilitarla, una situación que podría afectar considerablemente la economía, no solo de esa importante región, sino también la de todo el Pais y especialmente la de los departamentos cercanos. Se ha estimado que por esa vía se mueven unas 14 000 toneladas de alimentos diarios e importantes cantidades de ganado y otros insumos, un volumen de comercio nada despreciable cuya interrupción se hará sentir. Que una carretera de esa importancia esté tan vulnerable a las fuerzas de la naturaleza no puede dejarnos indiferentes.

Hay sin embargo, dos aspectos relevantes cuya concurrencia vale la pena considerar. En primer lugar, reconocer que para nuestro País constituye un enorme reto superar los obstáculos que le pone la complicada geografía y el clima que lo configura. Tres cordilleras mayores, ríos de difícil navegabilidad y un extremo régimen de lluvias, plantean enormes dificultades para el desarrollo. Varios autores, entre ellos Jared Diamond y Thomas Sowell, han descrito con acierto cómo los factores geográficos y todos los que se le asocian, imponen unas condiciones que en muchas ocasiones son determinantes para la prosperidad de determinados pueblos. «La geografía no es igualitaria», expresó Sowell en uno de sus libros recientes, explicando cómo África, por ejemplo, a pesar de tener más del doble del tamaño que Europa, cuenta con una extensión de litoral marino más corta. Lo que esto significa en términos de comunicaciones y facilidades logísticas es evidente: el continente africano jugará siempre con esa desventaja. En nuestro caso, el territorio nos obliga a construir aparatosas infraestructuras, no siempre bien concebidas ni ejecutadas y generalmente mal mantenidas.

El segundo aspecto se relaciona directamente con estas realidades. Creo que hay que aceptar que la incapacidad de nuestros gobiernos para asumir los grandes desafíos que la naturaleza nos ofrece alcanza dimensiones épicas. Tenemos un sinfín de ministerios, instituciones, corporaciones y agencias, que pretenden estudiar y comprender el medio físico, que se supone que evalúan opciones y seleccionan o aprueban respuestas coherentes a sus problemáticas, y sin embargo, parece que siempre estuviésemos empezando de cero, que no aprendiésemos nada. Las carreteras se siguen desbaratando, los puentes se caen, y mejor ni hablemos de los trenes o del transporte fluvial. Apagando incendios con una frecuencia pintoresca, nuestros funcionarios públicos se preocupan más por salvar su pellejo que por solucionar aquello que no funciona, siempre culpando a la anterior administración.

La geografía no va a cambiar, pero sí podemos cambiar la manera de enfrentarla. ¿Seremos capaces?

Fotografía tomada de https://www.pexels.com

Publicado en El Heraldo el jueves 20 de junio de 2019

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