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Tres increíbles experiencias de profesores que usan tecnología en el aula

Estos maestros encontraron métodos innovadores de usar aplicaciones y dispositivos tecnológicos para potenciar el aprendizaje de sus alumnos, tanto en el área de informática como en humanidades.

Ser un profesor innovador en tecnología en Colombia no es cosa fácil. La conectividad y el acceso a dispositivos en las escuelas sigue siendo bajísimo. Solo el 47% de los estudiantes colombianos tiene conexión a Internet en su colegio y, en promedio, hay un computador por cada siete estudiantes.

Sin embargo, algunos profesores innovadores se la rebuscan invirtiendo su propio dinero, creando gafas de realidad virtual y prototipos de ingeniería de materiales reciclables y diferentes tipos de estrategias encaminadas a incentivar el conocimiento tecnológico.

El uso de tecnología no solo será fundamental en la vida laboral y universitaria de los jóvenes, sino que ayuda a motivarlos con el aprendizaje, con el desarrollo de sus competencias socioemocionales y su proyecto de vida.

SEMANA Educación quiso resaltar las historias de tres maestros que usan la tecnología de forma creativa para potenciar el aprendizaje de sus alumnos y que participaron este año, por sus pedagogías disruptivas, en el evento Microsoft Education Exchange en París.

Hernán López
Viajar por Skype

Cuando este profesor de Ciencias Sociales llegó al colegio Marsella, en la localidad de Kennedy, en Bogotá, empezó a pensar cómo superar los retos que veía: los estudiantes no estaban motivados con las clases, no les interesaba la historia y ‘capaban’ mucha clase.

Hace dos años, tuvo la idea de contactar por medio de Skype a otros docentes de otra parte del mundo. Pensó que sí debía enseñar política internacional, qué mejor que de las bocas de quienes la viven.

“Yo quería que mis estudiantes supieran qué es que lo que está pasando en la crisis política de Nicaragua, así que me contacté a través de Twitter con un periodista de Managua, y él les explicó desde su celular qué estaba pasando. Les mostraba cuál era las calles donde habían sido las protestas”, cuenta el profesor.

“Una vez nos comunicamos con un profesor en el Cairo, y él les mostró las pirámides, entró, les hizo el recorrido por la ciudad. Y a la siguiente clase, cuando les digo que vamos a ver el Islam, pues el tema se ve solo, porque ellos ya quieren saber qué fue lo que vieron, por qué había personas con hiyab y comprender cómo es que otras personas viven en otras partes del mundo”.

Cuando estaban aprendiendo sobre dictaduras en América Latina, hablaron con una representante de las Madres de la Plaza de Mayo. La entrevistaron y conocieron su experiencia de primera mano.

Otra modalidad del proyecto es Mystery Skype, un juego en el que deben adivinar en qué país está el profesor con el que están haciendo la videollamada: “una vez adivinan, hacen un intercambio cultural. Acá les hacemos una presentación a la otra clase, cuáles son las costumbres acá de Colombia y la otra clase les enseña a los chicos qué se come allá, cómo se viste, etc.”, cuenta.

Hoy sus estudiantes se han contactado con más de 30 países, calcula López. “Se han dado cuenta que los derechos que ellos tienen como ciudadanos y que dan por sentados, en otros países hay quienes no los tienen. Y que a pesar de las dificultades que tenemos como país, tenemos democracia. Eso saca a mis estudiantes de Kennedy para estar en una esfera mundial, donde los derechos son una cosa muy frágil que hay que hacer lo posible por conservarlos”, concluye López.

Involuntariamente, también han aprendido inglés, al esforzarse a hablar con otros estudiantes y profesores por las videollamadas. “Al principio yo les traducía todo, porque el nivel de inglés no era tan bueno. Pero he visto que los estudiantes cada vez más se animan a hablar ellos”

Entre 2017 y 2018 la pérdida de la asignatura se redujo el 60% gracias al proyecto. Principalmente, porque mejoró drásticamente las asistencia a clase. Como los estudiantes no saben cuándo habrá una videollamada, procuran ir siempre.

Pero el logro más grande, en opinión del profesor, es que el proyecto les ha “abierto el mundo”.

Por ejemplo, han contactado egresados del colegio que hoy viven en Europa, y les demuestran que estudiando y trabajando duro pueden viajar a cualquier parte del mundo, a pesar de las limitadas condiciones socioeconómicas de muchos. Ahora, el profesor ve en ellos deseos de explorar, viajar, salir del país.

“Muchos puede que no estudien nada relacionado con las ciencias sociales, pero más allá de los conocimientos que desarrollan lo que están aprendiendo son habilidades para la vida: el liderazgo, el pensamiento crítico, la ciudadanía global, la conexión tecnológica. Y esas cosas les va a servir para cualquier cosa en que se desempeñen en la vida”, dice.

John Cifuentes
Enseñar con el juego

John Cifuentes enseña Lenguaje en colegio Diego Echavarría Misas, en Itagüí, pero siempre le gustaron los juegos y la computación. Por eso tuvo la idea de hacer su clase más interactiva y atractiva para los estudiantes mediante la gamificación.

Probó con varias aplicaciones para llevar al salón de clase, como Hazoot o Class Craft, pero finalmente se terminó decidiendo por Minecraft.

En este juego, las personas pueden moverse en un mundo digital y construir prácticamente cualquier cosa. El profesor se inventó un mapa educativo en el que los estudiantes se conectan e investigan temas de la clase de Español.

Por ejemplo, cuando estaban estudiando literatura de la Edad Media, diseñó un mapa medieval que los estudiantes recorren y encuentran textos alusivos a la malla de lectura. “El estudiante debía ir buscando casa por casa, hablando con los personajes y estos le iban dando información de los escritores que estábamos trabajando”, explica. También les pone pruebas, donde el estudiante avanza en un laberinto y debe responder bien preguntas de clase para encontrar la salida.

En el mundo, cada vez son más los profesores que usan las posibilidades educativas de este juego -Hidekazu Shoto, uno de los 10 finalistas del Global Teacher Prize, la usa para enseñar inglés-. “Minecraft muchas veces se usa para áreas como las ciencias exactas, pocas veces se usa para las humanidades”, dice Cifuentes.

Gracias a esto, sus estudiantes mejoraron en promedio 60% en las pruebas de Lenguaje. La lectura literal pasó de 25,5 a 95 puntos, la inferencial de 28 a 84 y las competencias de lectura de 26,8 al 88.

“Mi sueño es que la plataforma se pueda convertir un día en una Escuela de Minecraft, donde el estudiante, desde cualquier lugar del mundo, pueda ingresar desde su casa, conectarse con otros jóvenes y quiera aprender, no solamente de Español, sino sobre cualquier área”, comenta.

Camilo Andrés Cardona
Tecnología en el resguardo

El profesor Cardona desarrolló Proyectivida en la institución educativa El Águila, en Belalcazar, Caldas, donde la mayoría de la población es de origen indígena Embera Chami. La idea del docente era apoyar el proyecto de vida de los estudiantes, teniendo la tecnología como vehículo.

Al principio buscó desarrollar junto con los alumnos unas gafas de realidad virtual con materiales reciclables para que los muchachos pudieran imaginar cómo eran sus sueños profesionales.

“Tenía un estudiante que quería ser astronauta entonces podían ver viajes al espacio en 3D. Otro quería ser médico y podía recrear una cirugía”, cuenta Andrés Cardona.

“Ellos no veían para qué ir a la escuela. Por eso nació el proyecto, para aumentar su motivación y ayudarlos en su proyecto de vida”, dice. Con su proyecto, hoy se redujo la deserción en un 50%.

Por otro lado, los resultados de las pruebas Saber 11 mejoraron, y, el año pasado, fueron los mejores del municipio. Un logro no menor si se tiene en cuenta que compiten con otras escuelas donde el español es la lengua materna.

“Logran manejar bien la tecnología en medio del resguardo. Uno cree que para trabajar en tecnología debe tener muchas herramientas para desarrollar e innovar. Pero esto prueba que lo que tenemos lo podemos aprovechar y optimizar lo que tenemos. Hemos logrado mucho con recursos escasos”, explica el profesor.

Fuente: Revista Semana

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