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En tiempos del coronavirus que no nos corone el pánico

Por: 

Ana Rita Russo y Karen Pacheco*

Vivimos una pandemia que nos está afectando a todos en los diferentes ámbitos de nuestras vidas. Y nos toca también a nivel emocional. Por un lado, frente a lo que vamos conociendo del coronavirus y, por el otro, ante las medidas que debemos tomar para evitar el contagio.

Sabemos que cada uno de nosotros lo recibe desde su lugar; no solo un lugar físico, sino desde las posibilidades simbólicas que cada uno de nosotros tiene frente a esta novedad: de cómo las transitamos, de las herramientas que tengamos para afrontarla desde nuestro mundo interno, desde nuestra historia, desde nuestros recursos y referentes, así como desde el mundo exterior, la red familiar, los amigos, la sociedad, el gobierno.

Desde la Maestría en Psicología Clínica de la Universidad del Norte queremos invitarlos, en primer lugar, a tomar las medidas de prevención que los expertos y el Gobierno nos indican. Una vez tomadas las medidas de mantenernos en casa, lavado de manos, limpieza permanente, uso de tapabocas si tenemos gripa, entre otros, queremos acompañarlos y convocarlos a propiciar ciertos cortes y ritmos en casa que vayan a contramano de lo monótono que podría tornarse este tiempo de cuarentena. Animarlos a buscar estados de motivación en familia, a construir conjuntamente momentos de esparcimiento, dando lugar a un nuevo encuadre en nuestro quehacer cotidiano.

Los invitamos a volver a pensarnos desde esta nueva experiencia, afianzando lo que nos sirve y dejando lo que nos hace más difícil el sostenimiento de esta situación. No se trata de pretender estar exentos de emociones y sentimientos, no se trata de negar la realidad. Se trata de poner en palabras lo sentido y buscar hacer algo con eso, de tal forma que no caigamos en un padecimiento psíquico mayor. Es importante que podamos dar cuenta de lo que está ocurriendo, del daño que puede ocasionar y de las acciones que podemos y debemos tomar, encontrándole un sentido al para qué de ellas.  Este sentido propio que cada uno pueda armar tendrá efectos en las motivaciones para crear y conservar estados de ánimo alentadores junto a quienes nos rodean física, emocional y socialmente, logrando así la contención suficiente para atravesar estos tiempos y la solidaridad que reclama esta contingencia para todos.

Se trata de unirnos, de solidarizarnos, de reconocernos en las diferencias y acompañarnos, de pensar con los otros. Que la unión sea motor en este momento que nos llama a repensarnos, a recrearnos y a quedarnos en casa. El lazo social llama a una reformulación colectiva del espacio, de los tiempos, de los quehaceres, de las expresiones emocionales, que requieren de una apertura a escucharnos y a hacer acuerdos para encontrar nuevas formas de relacionarnos en medio de esta situación que irrumpe con un cambio significativo que conmueve y trastoca nuestras vidas.

Una vez establecidos los acuerdos y organizadas nuevas formas de “estar-con” es posible que se den discrepancias y expresiones emocionales que pongan en jaque el lazo. Apostemos por reconocer, aceptar, tolerar y acompañar estas señales de angustia de algunos de nuestros miembros de la familia. Una vez pase la angustia, acudamos de nuevo a nuestros acuerdos y a los cuidados que estamos teniendo al quedarnos en casa. Movimientos que apelan a la conservación de la vida y de las relaciones afectivas que preservan nuestro bienestar físico y emocional.

Esta vez no se trata de un “sí quiero”. Se trata más bien de una responsabilidad que implica renuncias necesarias para la aceptación y cumplimiento de las medidas señaladas. Se trata de la solidaridad que hace presente la convicción de decisiones que no traicionan la ética del sujeto, que abrazan y sostienen a quienes anhelamos y apostamos por un país mejor. Los invitamos a que no nos dejemos coronar por el pánico. Sí a estar advertidos para hacerle frente a la crisis, a que aceptemos nuestras renuncias, a repensar nuevas formas de encuentro y disfrute con nuestras familias y con nosotros mismos. Por eso te lo pedimos: quédate en casa. Depende de ti que hagas de ella un mejor lugar.

 

*Ana Rita, directora de la Maestría en Psicología Clínica de la Universidad del Norte y directora del Programa de Desarrollo Psicoafectivo Pisotón.

*Karen Pacheco, profesora de la Maestría en Psicología Clínica de la Universidad del Norte.

 

Columna también publicada en El Espectador

 

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