Escritura y cultura: de Guadalajara a Barranquilla

Escritura y Cultura: de Guadalajara a Barranquilla

Crónica de viaje

Por Sergio Álvarez Uribe

El martes 22 de octubre salió una delegación del Centro de Escritura ECO de la Universidad del Norte para el IV Congreso de la Red Latinoamericana de Centros y Programas de Escritura y el III Encuentro de Tutores en la Universidad Iteso, en Guadalajara, México: el director, la tutora especializada y dos Guías de Escritura. Guadalajara superó todas las expectativas. Fue un viaje de aprendizaje, de amistad y de disfrute.

Para las Guías de Escritura, María Camila Benítez, estudiante de Derecho, y Katty Robles, estudiante de Ingeniería Industrial, era la primera vez en un avión y la primera vez en un viaje fuera del país. Para Yanuacelly Guariguata, era su primera ponencia internacional.

 

Día uno, la ida:

Llegué con mi esposa al Ernesto Cortissoz y ya había llegado Katty, acompañada por sus tíos. Creo que les dio tranquilidad que viajara con mi esposa. Me acordé de Pacho, mi amigo y colega del Departamento de Español, que me dijo que siempre le había ido mejor en sus viajes cuando iba con su esposa. Yanua y Mila, nada que llegaban. Les escribimos por el grupo de WhatsApp que creamos desde un par de semanas antes del viaje para compartirnos ideas y hacernos recomendaciones.

Yanua y yo llevábamos planeando el viaje desde hacía un año. Logramos el apoyo del Instituto de Idiomas, claro, con algunas limitaciones. Hay 17 Guías de Escritura, que es el nombre que preferimos en el Centro en vez de “tutor” (creemos que refleja mejor lo que hacemos). Solo podíamos elegir dos Guías. La selección no fue fácil. Un requisito era que estuvieran en los semestres más bajos posibles para que su experiencia pudiera ser aprovechada en el Centro por más tiempo. Finalmente, Yanua y yo acordamos que fueran Katty y Mila.

El primer trayecto fue corto. Un vuelo de menos de hora y media. El aeropuerto internacional de Tocumen, Ciudad de Panamá, no nos sorprendió. Lo que sí nos sorprendió fue que el “almuerzo” nos costó 300 mil pesos al cambio y nada más nos comimos un sánduche de Subway. Esperamos cinco horas y nos embarcamos en el vuelo a Guadalajara, Jalisco.

La llegada fue a la media noche. No nos dejaron pasar inmigración como grupo. A Katty le registraron tanto la maleta que casi no la cierra después. A Yanua le hicieron un cuestionario larguísimo por ser venezolana. La incertidumbre y el malestar que se siente muchas veces en los puntos de entrada a otro país no es nada agradable. Lo olvidamos rápidamente, no había mucho que pudiéramos hacer.

Luego de pasar por la aduana, el recibimiento fue una hamburguesa de Burger King. Empezamos a medir la diferencia entre pesos mexicanos y colombianos. Para simplificar, multiplicamos todo por 200. Sacamos plata en un cajero para probar las tarjetas y cuadramos un transporte para irnos a dormir. En el camino al apartamento de Airbnb que alquilamos, Mila contó como nueve Oxxos (la séptima cadena comercial de Latinoamérica con más de 14 mil tiendas, un poco como las Olímpicas de Barranquilla, guardando las proporciones). Luego de 20 minutos por el Anillo Periférico (nuestra circunvalar), llegamos a un barrio residencial en absoluto silencio. Calle Vista al Amanecer, un par de códigos para entrar y listo. Revisamos la nevera: vacía. Katty, Mila y yo salimos en una expedición por agua al Oxxo 24 horas que estaba a dos cuadras de nuestro apartamento. Empezamos a ver marcas distintas y productos nuevos. La cajera nos alertó sobre la inseguridad del sector. Juntamos un par de cosas y de regreso. Las calles empinadas y la falta de aire nos recordaron que estábamos en una parte alta del área metropolitana: San Pedro de Tlaquepaque, en Paisajes del Tesoro, a más de 1500 metros sobre el nivel del mar.

 

Día dos, el Congreso:

Baño, desayuno y a la puerta. Según el mapa estábamos a 17 minutos a pie de la Universidad Iteso. Entre entender el mapa y preguntarles a las pocas personas que encontramos en el camino, llegamos a los 20 minutos. Nos registramos en el bloque M. Saludé a Estela Moyano, presidenta de la Red Latinoamericana de Centros y Programas de Escritura, y a Violeta Molina, fundadora de la Red y del primer centro de escritura de Colombia. En Uninorte las queremos mucho y hemos trabajado con ellas. Entramos al auditorio para la conferencia de apertura a cargo del invitado principal, Ben Rafoth.

No tenía ni idea de quién era Ben. Pero no había necesidad de saber sobre sus 30 años de experiencia y que venía de Indiana University of Pennsylvania, su conferencia fue inspiradora. Sus diapositivas eran obras de arte (literalmente imágenes de obras desde Warhol hasta un recorrido por el arte mexicano). Tenía la voz y el tempo de un señor muy sabio. Se me quedó grabada la idea de que “la conversación es una forma muy potente de pensamiento” que se ha ido saliendo de las aulas de clase. Es como el superpoder que usamos en los centros de escritura.

Salimos con la sensación de haber sido testigos de algo importante, una especie de conocimiento compartido sobre algo que apenas estábamos entendiendo. Nos dividimos y fuimos a diferentes ponencias. Lo más grato fue descubrir que Uninorte es reconocida por su Programa Eficacia Comunicativa y su Centro de Escritura ECO, y que los libros de Pacho (Francisco Moreno Castrillón), mi amigo y colega del Departamento de Español, son parte de la bibliografía básica de un curso en una universidad en Ecuador. Me sentí orgulloso.

El almuerzo fue cortesía del Congreso. Finalmente pude comer tortillas realmente mexicanas.

Por el auditorio principal, el Congreso había dispuesto una zona de exhibición de artesanías de una iniciativa universitaria de comercio justo. Si uno compraba estaba apoyando a una comunidad entera de artesanos asociados. Así que compramos.

Yanua y yo nos regresamos al apartamento a ajustar nuestras presentaciones y hacer la última revisión. En la tarde-noche (anochece más tarde por esta época del año) volvimos a Iteso al Festival Cultural Universitario. Vimos una presentación de acrobacia indígena impresionante. Intuimos un aprecio genuino por la cultura indígena de México, no como algo del pasado que vale la pena preservar, sino como algo vivo. Disfrutamos del campus, muy verde y con agua por todos lados. Me llamó la atención ver en distintos puntos de la universidad mesitas con repelente para mosquitos con un afiche que explicaba el riesgo de dengue en la ciudad. Luego, fuimos a comer cerca. Comimos y pedimos canciones.

 

Día tres, las ponencias:

Todavía me da susto presentar frente a una audiencia más o menos desconocida. ¿Les aportaré algo?, ¿les haré perder su tiempo?, ¿será muy obvio lo que presento como hallazgos? Por las caras de aprobación de las personas que alcancé a mirar a la cara, creo que me fue bien. Un par de colegas de otros centros se acercaron con preguntas en el receso. Luego conversé con Estela Moyano sobre el entusiasmo que hay alrededor de los centros de escritura y los profundos problemas de alfabetización académica que agobian a casi todas las universidades. Creo que los centros son un apoyo a la tarea de educar en la universidad y no la solución única (o mágica) a una realidad tan compleja. La empatía, que es un valor esencial de todos los centros, es la base para construir espacios colaborativos, pero estos espacios deben crecer con el conocimiento del lenguaje y de las disciplinas de cada universidad. Ese crecimiento puede buscarse a través de aspectos específicos de la escritura como la cohesión léxica. Es lo que argumenté en mi ponencia.

Yanua siempre está calmada. No importa si es la primera vez en algo, se comporta como si nada. Hizo su ponencia al mismo tiempo que la mía. Mila se aseguró de registrarla. Su propuesta era revisar más a fondo la multiatención, un fenómeno, que surgió de manera espontánea en el Centro de Escritura ECO, en el que una Guía de Escritura atiende a dos o más personas con tareas de escritura diferentes, o la misma tarea, pero con tema diferente. Se trata de una interacción muy dinámica que intercala personas, periodos de escritura y periodos de discusión. La sorpresa fue saber que también ocurre en otros centros, pero ni se ha estudiado ni hay un protocolo de cómo enfrentarla. La idea de Yanua es responder a las necesidades emergentes del Centro, que a veces se presentan de forma caótica, sin perder de vista la reflexión sobre la práctica para prepararnos como equipo y poder dar una respuesta adecuada. La multiatención es una manera de liberar un poco la tensión en los procesos de escritura y desmitificar la idea de la escritura como un acto solitario y solemne para imprimirle la energía de la colaboración y la interacción entre pares.

Nos encontramos al finalizar y buscamos opciones de almuerzo en la u. Más tortillas, en distintas presentaciones, deliciosas, y de postre, mazapán de maní.

Luego nos dividimos entre los cuatro talleres del Congreso. Yo fui al taller de Sergio Reyes Angona, amigo y colega que nos había visitado en Uninorte con un taller sobre innovación educativa. Su energía es inagotable, uno al final siente que realmente hizo algo. Yanua fue al taller de Violeta Molina, para comprender y confirmar las implicaciones administrativas y vitales de los centros de escritura. Mila fue a un taller sobre diálogo reflexivo que reiteró la necesidad de reunirse a hablar como grupo en los centros de escritura por lo menos una vez a la semana. Katty fue al taller sobre el uso de redes en los centros de escritura y vino con ideas para crear contenidos.

Katty y Mila continuaron sin pausa al III Encuentro de Tutores de la RLCPE que fue su cita principal. Cuando salieron me tranquilizó saber que hacemos lo bueno que se hace en muchos otros centros. Es necesario validarse con otros, con una comunidad amplia. A Katty le emocionó ver cómo, para todos los tutores que se reunieron, era muy importante una comunicación transparente entre tutores y con las personas que vienen a cada atención. Hay una preocupación compartida de no perder el sentido del escrito que se trabaja, y eso es algo que solo puede lograrse si quien guía está en la misma sintonía de la persona guiada. Parece que hay cosas que no se dicen pero que todos hacemos, en el sentido de que hay prácticas intuitivas que funcionan de manera global y que luego refuerza la teoría.

Por la noche, el Congreso ofreció un espacio de socialización con música, vino y picadas. Fue muy emocionante sentirse parte de una comunidad tan activa y apasionada en un ambiente alegre y festivo. Terminamos bailando y cantando.

 

Día cuatro, fin del Congreso:

Nos dividimos, yo a la escritura y ellas a explorar la ciudad.

La conferencia de cierre del Congreso fue muy especial, dos reconocidas académicas estadounidenses (Rebbeca Day Babcock y Terese Thonus), con un nivel medio de español, tradujeron su ponencia y sus diapositivas del inglés para hablar, con acento extranjero, de diversidad, multilingüismo y centros de escritura globales. Fue un gesto muy significativo para el contexto latinoamericano del Congreso. Me quedé pensando en que el problema cuando hablamos de diversidad o diferencia es un problema de dirección, ¿desde dónde y hacia quién está dirigida la palabra diversidad o diferencia? ¿Respecto a quién se define lo diverso o lo diferente? Diversidad parece más neutra, más incluyente, y diferencia parece que señala la otredad con más énfasis. La inclusión puede resultar entonces de una sensación compartida entre personas que se reconocen diversas sin importar la distancia, la cantidad o la orientación de sus diferencias, para no concebir de antemano algo como normal por frecuente, y algo como diferente por poco común. Puede ser un ideal lograble.

La última actividad académica fue la Asamblea de la Red. Ayudé a escribir el acta para consignar las decisiones tomadas: nueva junta directiva (Minerva Ochoa de Iteso, presidenta; Karen López de Javeriana Cali, vicepresidenta; Rocío Mendoza de Iteso, secretaria). El próximo congreso será en Santa Marta, Colombia. Y si todo sale bien, el siguiente será en Monterrey, de nuevo a México.

Aplausos y abrazos y promesas de proyectos. El entusiasmo de los congresos a veces no alcanza para terminar los proyectos, pero es la mejor forma de concebirlos.

Llego a la portería, guardo la escarapela del Congreso y me voy directo para el centro de Tlaquepaque a encontrarme con mi esposa, Yanua, Mila y Katty. Ellas ya habían ido a la icónica Universidad de Guadalajara, al MUSA, habían almorzado en El Parián, recorrido las artesanías y el taller de “Nuestros Dulces”. Nos encontramos en El Jardín Hidalgo. Pasamos por el mercado y yo me comí una quesadilla, nada del otro mundo, solo una quesadilla de mercado.

Entramos a una licorería artesanal y compramos un par de regalitos. Recibimos una clase corta sobre el tequila y el mezcal. Recordé que me recomendaron la marca 4 conejos, pero en realidad eran 400, muy famoso. La señora de la licorera me sugirió que mejor llevara un mezcal artesanal. Le compré el Tribu a mi hermano. Entendí que hay gente más de tequila y gente más de mezcal. Yo no soy ni de tequila ni de mezcal. Pero nos pusimos la regla de no llevar nada a Colombia que se pudiera conseguir en Colombia.

Tlaquepaque es un pueblo mágico, así se denominan varios pueblos que hacen parte de una iniciativa estatal para visibilizar lugares históricos. Es muy colorido y provoca pasar el tiempo de café en café y de restaurante en restaurante. Fuimos al Parián por la noche. Era inevitable, teníamos que ver un show de mariachi. Nos tomamos una bebida que sirven en una olla de barro que se llama cazuela, lleva cítricos en trozos, jugo de toronja y un trago de tequila que sirven al lado como opcional. Se siente como una sopa fresca por la presentación. Cenamos y disfrutamos de un par de canciones y al apartamento.

 

Día cinco, la cultura:

Fuimos a pie a la Iteso, desayunamos y entramos a la librería Porrúa que está dentro del campus. Primera parada cultural del día y primer gasto grande. Tenía una lista de quince libros que me tocó reducir a seis.

Teníamos todo un itinerario de los sitos a los que queríamos ir, pero en el taxi hacia Zapopan, el taxista nos supo leer muy bien y nos hizo cambiar de planes. Nos llevó al Hospicio Cabañas (sede del Instituto Cultural Cabañas) que fue un albergue para niños huérfanos y ahora es el santuario de 57 frescos de José Clemente Orozco. Ver el Hombre en Llamas, en una cúpula, a 27 metros del piso fue alucinante. Son de esas experiencias que hacen valer la pena todo, como si de repente todo lo demás se anulara.

El Hombre en Llamas

Antes de salir, pasamos por una exhibición itinerante que venía de Ciudad de México llamada “Maíces, biodiversidad y cultura: una aproximación desde su consumo cotidiano”. La cortina de maíz fue un símbolo muy diciente. Iba del piso al techo de la sala de exhibición, 64 variedades nativas de maíz. También entendimos un poco el método único que siguen en distintas regiones de México para preparar alimentos con maíz: la nixtamalización que viene del náhuatl y significa la mezcla de la masa de maíz cocido y cenizas de cal. Por eso es que las tortillas no quedan igual a la colombiana.

Cortina de maíz

Al salir, detallamos las esculturas de los Magos Universales, en la Plaza Tapatío (ese es el nombre del gentilicio de Guadalajara). Son esculturas extrañas, medio alienígenas, medio parecidas a Dalí, aunque son del artista Colunga.

También vimos una mandala enorme hecha de flores en el piso, que hizo una pareja de hippies que vimos llegar cuando recién entrábamos al Hospicio. La ciudad se estaba preparando para el día de los muertos.

Luego fuimos a Chapultepec y nos encontramos el bulevar (camellón, le dicen en Guadalajara) lleno de artesanías y música en vivo. Alrededor, muchos restaurantes y la librería del Fondo de Cultura Económica José Luis Martínez que la mayoría identificamos con la sigla FCE del logo. Desde fuera se veía como el paraíso de los libros. Decidimos comer primero antes de entrar a la librería FCE. Nos metimos a un lugar llamado Socialista, buen rockcito, platos nuevos y un ambiente muy relajado. Pasó demasiado tiempo, nada más teníamos una hora antes de que cerraran la FCE. Parecíamos comprando dulces, por color, por tamaño. Todavía no he revisado todos los libros que compré.

Caminamos un rato por el camellón y compramos los últimos regalitos. Ya eran las 10 p.m. y parecía que no íbamos a dormir porque debíamos estar listos para ir al aeropuerto a las 2 a.m.

 

Día seis, el regreso:

A las 2 de la mañana del domingo 27 de octubre la hora cambió en México a la 1 a.m. El transporte ya nos estaba esperando así que nos fuimos más temprano de lo que habíamos planeado para nuestro vuelo que salía a las 5 a.m.

Un día medio perdido, pero sirvió para procesar el viaje. La escala de doce horas en Panamá pasó entre comer con más cuidado, dormir sin que nos importara mucho quién nos veía y pensar en Guadalajara. Recordé a mis colegas mexicanos de Uninorte, Luis y Leopoldo, y pensé que tenían razón cuando me dijeron que Guadalajara representaba bastante lo que en general se asocia a la palabra “México”. Ahora el referente era más concreto, incompleto, sí, pero más concreto. Seguro se nos quedaron muchas cosas por hacer y por conocer. Igual pasa con Barranquilla. Es difícil decir que alguna vez se conoce una ciudad completamente, y mucho menos un país.

En el taxi, de regreso a la casa, escribí por el grupo:

“Por ahora, se acabó Guadalajara. Cada quien tendrá su versión. Lo que es seguro es que volvimos con un poquito de más amistad, más confianza, un poquito de más cultura, un poquito de más sabiduría, de más alegría. Gracias a todas por todo. Habrá que dejar que pasen varios días para procesar mejor el viaje y darle mejores nombres a cada experiencia. No nos abrumemos con el golpe de la cotidianidad de mañana, pronto nos reunimos para compartir los nombres que saldrán de vivir por dentro lo que ya vivimos. Por ahora, disfrutemos volver y que ¡viva México!”.

¡Únete al movimiento de las palabras!

*Discurso de apertura del Centro de Escritura ECO pronunciado el 27 de agosto de 2018 por Sergio Álvarez Uribe. La resolución rectoral 102 del 10 de noviembre de 2018 estableció el 10 de septiembre de 2018 como la fecha de inauguración oficial de operaciones del Centro de Escritura ECO.

Por Sergio Álvarez Uribe

¡Únete al movimiento de las palabras! Esa fue la frase que se me ocurrió para expresar la visión conjunta de los departamentos de Español y de Lenguas Extranjeras. Ahora esa frase es el lema del nuevo Centro de Escritura Eficacia Comunicativa ―ECO―. No les puedo decir exactamente cómo se me ocurrió, pero sí les puedo decir el significado que creo que está encapsulado en esas seis palabras.

Únete no es una orden, es una invitación. A pesar de la forma imperativa que utilizamos usualmente para dar órdenes, el significado de unión impide que se perciba como una orden. Y esto lo sabemos mejor por el lenguaje publicitario que nos da órdenes para que compremos cosas innecesarias que leemos como invitaciones a ser parte de algo importante. Espero que no sientan la misma manipulación cuando efectivamente les hago la invitación a que se “unan” a un movimiento especial. Movimiento tiene varios significados, demasiados. El más familiar es el que experimentamos en la vida diaria como cambio de posición. Le sigue el movimiento como conjunto de manifestaciones artísticas, ideológicas o culturales referido a una época, una corriente o a un grupo de personas. Podríamos ahondar en la definición de movimiento en la física, en la música, en la medicina. Pero me interesa particularmente en la escritura: un movimiento puede ser una de las cuatro herramientas más utilizadas de la edición al lado de borrar, reescribir y adicionar. Un texto se puede aclarar o tergiversar solo con mover un fragmento de un lugar a otro. Un movimiento es el paso de una idea a otra, como una serie de pequeñas pulsaciones de información delicadamente dispuestas para construir un oleaje de significado. En la argumentación, que es lo que más estudio, el movimiento es una forma de explorar el posicionamiento respecto a una controversia. Nos posicionamos, casi corporalmente, frente a cualquier fenómeno para tomar un punto de vista, un ángulo. Movimiento es también una forma de orientarnos en un texto. Decimos adelante, atrás, por un lado, en la superficie, en primer lugar. Creo que no somos muy conscientes de la presencia del movimiento en la escritura. La invitación es a explorarlo, a caminar por los hilos que hacen los textos. La palabra texto tiene en su origen el significado de tejido, y se necesitan muchos movimientos para construir un tejido sólido que no se rompa con los ojos. El movimiento nos lleva, por lo menos en la escritura, a las palabras, en plural, a la exploración del significado. ¿Por qué una palabra en vez de otra? ¿Qué palabra pude haber elegido en lugar de la que elegí? El lenguaje se nos revela como un sistema de opciones, como un potencial de significado, que habita, en parte, en la potencia de las palabras.

Llevo 458 palabras que pretenden decir lo que ya dije con seis.

La invitación es a que se unan al movimiento que puede suceder aquí [en el Centro de Escritura ECO], a que exploren su propio movimiento.

A mí el movimiento de las palabras me ha llevado de la filosofía a la literatura, al cine, a la lingüística, a esta ciudad [Barranquilla], a esta universidad [Universidad del Norte].

No recuerdo cuántas propuestas hice de este centro de escritura. La última presentación la tengo marcada con “versión 22”. Pero estoy seguro de que hubo más versiones no numeradas que se relacionan con todas las personas con las que las trabajé o a las que les consulté algo, personas que están hoy aquí [en la inauguración] y muchas que están en libros, en conferencias, en artículos. Por eso creo que la escritura es movimiento, en muchos sentidos.

La escritura se asocia con lo acabado, con el fin, con lo permanente. Pero esa asociación esconde un movimiento incesante que es siempre un punto de partida.

Hoy les doy la bienvenida al movimiento de las palabras.

Haiga o no haiga… una explicación

Por Sergio Álvarez Uribe

Es muy común en ambientes académicos que alguna persona diga haiga y todos al unísono digan haya para corregir lo que se considera, sin mucho análisis, un barbarismo. Sin embargo, tanto los que dicen en coro haya como la persona que escucha el eco de su equivocación no tienen muy claro por qué debe ser haya en lugar de haiga, y mucho menos tienen claro que haiga sí existe. Haiga es una conjugación del verbo haber algo problemática y un sustantivo con dos significados poco conocidos.

Lo problemático de haiga usado como primera o tercera persona del subjuntivo del verbo haber es que en la mayoría de contextos es reconocido como una forma equivocada de conjugación en la que debería usarse haya. Pero sucede que hay otros contextos en los que es perfectamente aceptable y cumple su función comunicativa de expresar la posibilidad de la existencia o no de algo. Un estudio sobre el español del Caribe ha registrado, incluso, usos de haiga en el habla considerada culta (Izquierdo, 2011). Parece entonces que no solo se trata de razones sin discusión sino de usos  identificados en determinados casos como problemáticos. Lope Blanch (1972) caracterizó el problema de la norma lingüística del español a través del concepto de prestigio que puede explicar en gran parte por qué debe usarse haya y no haiga.

Una explicación más sencilla y lógica puede ser que haiga es resultado de una asociación con las formas verbales traiga y caiga. La asociación es un fenómeno que la mayoría de las veces favorece el aprendizaje de una lengua al transferir un uso aceptado a una situación considerada equivalente. Pero la asociación no siempre es acertada porque existen demasiados factores, muchos de ellos extralingüísticos, que influyen en la escogencia de una forma sobre otra para que eventualmente una palabra se fije como normal o correcta.

Una explicación más filológica, que demanda mayor documentación, tiene que ver con la grafía ig que según Pérez Esáin (2015) se usaba en la Edad Media para el sonido de y. El autor sustenta esta explicación convencido de que “las palabras tienen en su significado la historia de su procedencia” (párr. 1, 2015). Se puede deducir entonces que muchos hablantes prefirieron seguir el sonido literal de ig y por eso la popularidad del uso de haiga en lugar de haya. En consecuencia, el uso de haiga hoy es calificado en muchos casos como un arcaísmo por lo anticuado o como un vulgarismo por referencia al grupo de personas del común, sin mucho acceso a la educación, entre los que haiga se volvió popular. La discusión a este respecto puede llegar hasta la evolución de otros verbos como roer, la existencia registrada en el español antiguo de trayo en vez de traigo, la relación con fenómenos similares en otras lenguas romances (Epilio, 2009) y la aparición de haiga en el judeoespañol (Ariza, 2005).

 

 

La consideración de vulgarismo dio origen en España al uso de haiga como sustantivo para referirse a un automóvil grande y ostentoso. Este significado es el único que recoge el diccionario de la Real Academia de la Lengua en el que se especifica su uso coloquial y con un sentido irónico. El sentido irónico viene de la frase repetida por cierta clase emergente de nuevos ricos cuando les preguntaban qué coche querían comprar y respondían: “el más grande que haiga”. Por su origen, este significado se puede considerar como un españolismo poco frecuente.

Ahora bien, el segundo significado de haiga como sustantivo no tiene ninguna discusión y hace referencia a un tipo de arte pictórico de origen japonés basado en la composición poética, también de origen japonés, denominada haikú. Y aunque existe una revista en línea especializada en este tipo de arte, es casi desconocido.

En últimas, el lenguaje es de los hablantes. Si los hablantes perciben el uso de una palabra como normal entonces es normal. Aunque hay casos en los que la normalidad puede estar reducida a una comunidad muy pequeña, o comunidad nuclear como lo establecen Parodi y Ana (1997), y al salir de ella cabe la posibilidad de enfrentarse a ser señalado o estigmatizado así haiga o no una explicación… perdón, haya. Así que la próxima vez que piense en usar haiga, o en corregir a alguien que usa haiga, piénselo dos veces.

 


 

Referencias:

Ariza, M. (2005). Algunas notas de fonética y de léxico del judeoespañol. Anuario 2005. Centro Virtual Cervantes. Recuperado de http://cvc.cervantes.es/lengua/anuario/anuario_05/ariza/p03.htm

Epilio, (18 de noviembre de 2009). Castellano: -ig, y. Recuperado de http://forum.wordreference.com/threads/castellano-ig-y.1605520/

Izquierdo, M.A. (2011). Fenómenos gramaticales en el habla culta de la generación joven de La Habana, Cuba. Materiales para su estudio. Itinerarios, 13, 29-51.

Lope Blanch, J.M. (1972). El concepto de prestigio y la norma lingüística del español. Anuario de Letras, 10.

Parodi, C. & Ana, O.S. (1997). Tipología de comunidades de habla: del español rural al estándar. Nueva Revista de Filología Hispánica, 305-320.

Pérez Esáin, C. (9 de marzo de 2015). “Donde dije Diego digo digo…”. Castellano Actual, Universidad de Piura, Perú. Recuperado de http://castellanoactual.com/donde-dije-diego-digo-digo/