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Inclusión selectiva

 

 

 

 

 

 

 

 

He observado ciertas situaciones que pueden englobarse con el término “inclusión selectiva”, suena extraño ¿o no?, ¿cómo puedo ser incluyente de forma selectiva?, pues cuando en nombre de la inclusión doy un trato extraordinario a una persona con discapacidad, la línea entre la inclusión selectiva y el trato preferencial que merecen en determinados momentos las personas con discapacidad (PcD) puede ser un poco difusa. De hecho esto es precisamente lo que busco, abrir un debate sobre dónde termina una o comienza la otra.

Puede que una persona con discapacidad física sienta dolor o molestias al estar mucho tiempo de pie, por eso hacer una fila extensa puede resultar bastante engorroso e incluso producirles fatiga. Es entendible que ante esta situación cedamos nuestro puesto. Sin embargo, ¿qué impide a alguien con discapacidad auditiva realizar la fila a la par de una persona sin discapacidad?

Como este, puede haber otros ejemplos. No obstante, considero que la mayoría de los casos son una extensión del sentimiento de lástima que se asocia con la discapacidad, siendo este un prejuicio que debemos erradicar. Por lastima podemos tener cierto favoritismo y una PcD podría aceptar o buscar este trato extraordinario.

Algún día la discapacidad será vista como algo cotidiano, entenderemos que simplemente es una capacidad diferente de hacer las mismas cosas y no tendrá ese sensacionalismo que tiene hoy. Cuando ese día llegue quizá no será necesario hablar de discapacidad; pero mientras tanto debemos pararnos a pensar ¿estoy dando un trato igualitario ó acaso mi inclusión es selectiva?

Con esa reflexión me despido, no sin antes invitarlos a todos a participar de este espacio, aún queda mucha tela por cortar, varios prejuicios por derribar, entre ellos la diferencia entre incluir e integrar; entre excluir y segregar. Ojalá lo investiguen.

Por: Daniel Q. Guardias, estudiante de Medicina.

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