El estado de los mangles de Ecocampus sembrados en la Ciénaga Grande

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Con el monitoreo realizado el pasado 4 de septiembre se confirmó la muerte de 817 plántulas de mangles.

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13 sep 2016

En diciembre de 2014, unas 837 plántulas de mangles rojos y amarillos fueron sembradas en la Vía Parque Isla Salamanca por un grupo de estudiantes y profesores de la Universidad del Norte, para así contribuir a la reforestación y restauración de la zona, la cual padece alteraciones en su ecosistema.

Otro objetivo que se tuvo para esta plantación de árboles, fue sensibilizar a los estudiantes acerca de la importancia de preservar los manglares, ya que estos prestan múltiples servicios para el hombre y la naturaleza, tales como purificar el agua y el aire, proteger las costas de la erosión y retener los sedimentos. También juegan un papel importante en la reproducción de los peces que viven y ponen sus huevos entre las raíces sumergidas. Incluso para las aves migratorias, estos espacios naturales son ideales para alimentarse y refugiarse tras un largo viaje.

Es por esto que un grupo interdisciplinar de profesores de Uninorte realizó el pasado 4 de septiembre, el primer monitoreo de los mangles que se plantaron en el Parque Isla Salamanca, para registrar su proceso de crecimiento y supervivencia en esta zona protegida, que hace parte de la Ciénaga Grande de Santa Marta.

El grupo estuvo conformado por Juanita Aldana, profesora del departamento de Química y Biología; Carrol Gómez, representante de Ecocampus Uninorte; Andrés Vargas, profesor de Economía, y Oscar Rojas, quien es investigador y experto en restauración de ecosistemas. A la labor de monitoreo también asistieron Omar Gutiérrez, quien actualmente apoya a la Asociación Selva, grupo de investigación dedicado a conservar la biodiversidad; y Julio Díaz, agricultor de la zona que desde hace 20 años participa en proyectos de reforestación en la Ciénaga Grande.

Adentrarse en los manglares

La travesía de estos expertos empezó bajo el Puente Pumarejo, allí tomaron una canoa para luego navegar por el poco profundo Caño Clarín, que es conocido como el principal conector del río Magdalena con la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Tras varios kilómetros de recorrido sobre las aguas de colores terrosos, el grupo llegó finalmente a la ciénaga, en la que se podía percibir el olor de la descomposición de materia orgánica, acompañado por un leve aroma a mar, producto del desbalance entre el agua dulce y salada que hay en el ecosistema, y que ha contribuido al deterioro del mismo.

Debido al fenómeno de El Niño y la falta de lluvias, los niveles del agua en algunas áreas de la ciénaga han descendido a menos de un metro de altura, por lo que la canoa de grupo encalló; así que con el sol del medio día sobre ellos, continuaron adentrándose en los manglares a pie. Allí encontraron que terrenos que debían estar cubiertos de agua, estaban secos, solo tapizados por las hojas marchitas de los árboles. A lo lejos podían ver otros espacios afectados por la mortandad de los mangles, ya que estos estaban blancos, secos y sin follaje.

Caminando, finalmente llegaron hasta un terreno cercano al kilometro 18 de la vía que comunica a Barranquilla con Santa Marta, la zona en la que hace dos años se sembraron más de 800 plántulas de mangles rojos. Allí fue donde los expertos encontraron que solo sobrevivieron 20 ejemplares de esa siembra, los demás perecieron a causa de la salinidad y las difíciles condiciones climáticas del lugar.

“La especie de mangle rojo es las que menos concentraciones de salinidad resiste, así que es la primera en sufrir cuando hay problemas de salinización de los cuerpos de agua”, dijo la profesora Juanita Aldana para explicar la ausencia de estos árboles, y añadió que “esto es debido al deterioro que está viviendo toda la Ciénaga Grande, a la disminución de agua dulce que está entrando de los ríos, y que hace que el ecosistema se afecte”, manifestó la bióloga.

Aldana también destacó que es el correcto balance entre el agua dulce de los ríos, y la salada que viene del mar, lo que permite la estabilidad de este complejo lagunar; pero que debido a las sequías y la falta de mantenimiento de los caños, ha aumentado la concentración de sales, lo que genera falta de oxígeno y un alza en la temperatura del líquido, que afecta por igual a la fauna y flora de la ciénaga.

Por esta razón, la docente considera excepcionales a estas 20 plántulas que sobrevivieron a pesar de las adversidades, y espera que próximamente puedan reproducirse y aportar al proceso de recuperación y reforestación.

Por su parte Julio Díaz, agricultor y habitante del sector que ha acompañado el proceso de siembra y monitoreo de estos manglares, asegura que el grave estado de la ciénaga ha impactado negativamente en el potencial pesquero del lugar, ya que por los bajos niveles de oxígeno mueren continuamente peces y otros animales como caimanes e hicoteas. “Siempre se dice que la Ciénaga Grande está en estado de coma, pero no le buscamos la medicina, y ella está esperando que la curemos”, expresó Díaz.

Por María Margarita Mendoza

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