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¡Pero profe, solo llegué 5 minutos tarde!

Esta es una de las frases más escuchadas por estos últimos días del semestre, demostrando, desde mi punto de vista, que la puntualidad no tiene mucha importancia y que para muchos cinco minutos no son tantos como para obtener una falta de asistencia, impedir la entrega de un trabajo o un examen final. Sin embargo en el mundo profesional hay situaciones más complejas, donde cada segundo cuenta y hace la diferencia entre aprovechar o no una oportunidad.

Cada vez que escucho esta frase me hace recordar una experiencia personal que marcó mi vida desde entonces y que me hizo entender que un minuto de atraso es suficiente para acabar con los sueños propios y ajenos. Eran las 9:00 de la mañana del 6 de Julio de 2012, y nos encontrábamos ultimando los detalles para presentar un proyecto a la convocatoria del FDC (Fondo de Desarrollo Cinematográfico), proyecto en el cual habíamos trabajado sin parar por algo más de 6 meses. Todo transcurría de manera normal, el documento escrito de casi 150 páginas estaba en los ajustes finales y el teaser que debíamos presentar y en el cual habíamos trabajado tanto tiempo estaba a punto de terminar su procesamiento en el computador. Ese día, sentíamos que el tiempo avanzaba más rápido de lo normal y veíamos cómo se iba la mañana y se acercaba con rapidez las 5:00 de la tarde, hora límite para entregar el sobre con el proyecto de la convocatoria en la oficina de Proimagenes.

A las 4:00 de la tarde, "todo estaba listo", solo faltaba argollar el documento y quemar las dos copias en DVD del teaser. Con afán y mucho estrés terminamos de grabar los discos y salimos corriendo al centro de copiado más cercano para proceder con el anillado. Extrañamente, el centro de copiado estaba más lleno de lo habitual y en ese momento pensamos que Murphy podría tener algo de razón cuando dijo “Si algo puede salir mal, entonces saldrá mal”.

Faltaban 10 minutos para las 5:00, y mientras íbamos en el taxi con emoción por haber terminado, caímos en cuenta que las páginas del documento no estaban numeradas, lo cual era un requerimiento obligatorio de la convocatoria. A mano, empezamos a numerar las páginas, en ese momento miramos al frente y de repente nos vimos en la mitad de un trancón producto del tráfico capitalino. Faltaban pocas cuadras, entonces decidí bajarme del auto en compañía de la productora ejecutiva y recorrer la distancia restante a pie. Llegamos a la oficina, miramos el reloj, eran las 4:59 pm, ingresamos, nos dirigimos al cubículo donde se debía entregar el documento y cuando llegamos, sin tomarnos el tiempo de saludar, le dijimos al señor que veníamos a entregar la propuesta para la convocatoria. Lo habíamos logrado, por fortuna el reloj de la máquina que emite el sello de recibido marcaba las 5:00 pm y estábamos dentro. Un minuto después, y mientras el señor revisaba que toda la información contenida en el sobre estuviera correcta, llegó otra persona con su propuesta, lastimosamente la máquina del sello marcaba las 5:01 y su proyecto no podía ser recibido. Nunca olvidaré la cara de frustración de aquella persona.

Semanas después nos enteramos que solo tres proyectos se habían presentado a la convocatoria, uno de ellos descalificado por falta de un documento y que el Ministerio había decidido entregar el estímulo de producción de $650 millones de pesos a los otros dos proyectos restantes. Si, nuestra propuesta era uno de los dos ganadores del premio que permitía continuar con el proyecto y hacerlo realidad. Hoy, después de 5 años, el proyecto se convirtió en una película, que está dando la vuelta al mundo en festivales y muestras audiovisuales con mucho reconocimiento por parte de la crítica especializada.

No puedo decir que el proyecto habría fracasado si hubiésemos llegado 1 minuto tarde, pero sin duda, el haber estado en el lugar y la hora indicada produjo el mejor final que cualquier guionista se hubiera podido imaginar. Por eso, siempre que un estudiante me dice "¡Pero profe, solo llegué 5 minutos tarde!", me tomo esos cinco minutos para contarle esta misma historia e intentar demostrarle el valor del tiempo y la importancia que tiene la puntualidad... sin dudarlo le digo “hoy está en juego una nota, mañana será una beca, un empleo o una convocatoria”.

 

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