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Tres claves para la excelencia docente

La manera cómo los docentes actúan en los procesos de enseñanza, repercute directamente en los resultados de los procesos de desarrollo de la calidad educativa, tanto a nivel de estudiantes como de instituciones; si un estudiante o una institución educativa fracasa en alcanzar los objetivos de calidad que se trazan, también fracasa el profesorado; si la institución o modelo educativo pierde vigencia, también lo hacen los maestros que lo integran. En este orden de ideas, la Política Pública colombiana referente al talento humano docente en Colombia se ha enfocado históricamente hacia la formación profesional y a los mecanismos de evaluación de la labor del maestro, siendo evidencia de los anterior los múltiples esfuerzos a nivel nacional y de las entidades territoriales por implementar acciones tendientes a promover profesionalización del profesorado, entendiéndola como las acciones que buscan el mejoramiento de los procesos internos de la trayectoria profesional del docente, tales como los niveles de formación inicial y durante el ejercicio profesional, el ingreso a la profesión de nuevos agentes con alto nivel académico, los sistemas de evaluación, los ajustes salariales, entre otros aspectos.

Sin bien estas acciones están revestidas de un gran valor y una potencialidad indiscutible para mejorar la calidad educativa a través de los docentes, debe reconocerse que el énfasis que en este momento ostenta la política educativa en la materia puede llegar a dejar de lado aspectos esenciales de ser humano detrás del profesor, un actor privilegiado en cuyas manos descansa una parte importante del éxito de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Ahora bien, es importante considerar si estos aspectos del docente pueden llegar a impactar la forma en que este desarrolla los procesos de enseñanza-aprendizaje. Sobre este interrogante, Colciencias[1] a través del Instituto de Estudios en Educación y el Observatorio de Educación de la Universidad del Norte ha recopilado información sobre algunos aspectos personales que históricamente han sido considerados de forma marginal en la política educativa, desconociendo su relación con el desarrollo de competencias conceptuales y prácticas de los docentes y por ende la calidad de la educación:

  1. Superar el conflicto familia-trabajo: Para el desarrollo integral del docente, resulta fundamental contar con herramientas que le permitan entender, controlar y superar los situaciones de estrés derivados de las situaciones conflicto entre familia y docencia,  que se generan por el nivel de desgate físico y mental que experimentan por su labor, así como por la necesidad de disponer de tiempo para desarrollar procesos de la cualificación.  

  1. Aumentar el reconocimiento social: Si bien las fuentes de satisfacción de los docentes son factores relacionados con su trabajo y la relación con sus colegas, es generalizada la insatisfacción respecto a la subvaloración que la sociedad da a su profesión. El escaso estatus de la profesión docente comparada con otras carreras universitarias da lugar en algunos casos a que los candidatos a ser maestros sean disuadidos por la presión social y por sus familiares a favor de otras alternativas con mejor prestigio social y mejor remuneradas, este enfoque permea de forma significativa la forma en la cual el maestro asume los retos que se le presentan durante su ejercicio profesional.

  1. Aprovechar la vocación: La evidencia indica que los docentes más competentes han estado desde muy jóvenes inclinados por la educación atendiendo a factores personales y vocacionales, relacionados con aspectos tales como la presencia de docentes excepcionales que tuvieron en su vida escolar, el hecho de tener familiares maestros y la experiencia previa en procesos de enseñanza en prácticas de alfabetización, obviando en muchos casos el contexto laboral desfavorable que permea muchos sistemas educativos.

A partir del reconocimiento de estos factores cabe preguntarse si las reformas encaminadas a aumentar la calidad profesional del profesorado incluyen factores que impactan un ámbito tan importante para el desempeño pedagógico como la satisfacción con el ejercicio de la docencia, así mismo lleva a cuestionar la suficiencia en la comprensión de los procesos que a nivel socio-afectivo sustentan la apropiación y aplicación de las competencias que se promueven en la formación del profesorado. En el caso particular de la Región Caribe, tanto los investigadores del Institutito de Estudios en Educación (IESE) de la Universidad del Norte y en especial el Observatorio de Educación adscrito a él, han venido insistiendo en la necesidad de mejorar las prácticas pedagógicas de los maestros mediante propuestas que superen la práctica tradicional de capacitación a través de cursos. Sin duda, hay que apostar por la formación docente, pero teniendo muy presente que las capacitaciones tradicionales no generan inevitablemente cambios efectivos; debe promoverse una transformación integral del educador, por lo que se hace necesario el desarrollo de nuevas estrategias, políticas, programas, currículos entre otros que integren componentes no tradicionales y que impacten de forma significativa todos los aspectos sensibles que intervienen en el proceso de transformación de la practica pedagógica.

 


[1] Actualmente la Universidad del Norte a través del CEDU y el OE, viene ejecutando el programa de investigación titulado: Desarrollo de un modelo de acompañamiento para el fortalecimiento pedagógico de profesores de programas de licenciatura en Matemáticas y lenguas de la región caribe colombiana; del cual participan investigadores y grupos de investigación del Institutito de Estudios en Educación (IESE) y el  departamento de Comunicación Social.

 

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