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Proyecto del Centro de Consultoría lleva soluciones sostenibles a comunidad de Galapa
La iniciativa fortalece la seguridad alimentaria, la economía circular y la educación ambiental en la comunidad de La Inmaculada, mediante procesos de formación dirigidos a docentes y estudiantes, así como el desarrollo de soluciones sostenibles.
Por: Karina De La Hoz
07 may 2026
En el marco de uno de los proyectos del Centro de Consultoría y Servicios, en alianza con la empresa Triple A, la Universidad del Norte entregó el miércoles, 6 de mayo, un prototipo de ecoshut y huerta comunitaria en el Barrio La Inmaculada, en Galapa, con el objetivo de fomentar la conciencia ambiental y la resiliencia colectiva en la comunidad, mientras impulsa áreas como la seguridad alimentaria y la economía circular.
El proyecto de cocreación, denominado EducAcción, surgió en 2023 y se desarrolló en los barrios Las Nubes, en Barranquilla, y La Inmaculada, en Galapa, con un equipo multidisciplinario conformado por psicólogos, agrónomos, biólogos, ingenieros, arquitectos y economistas. Este busca, principalmente, crear capacidades en las comunidades ante sus necesidades y transformarlas en soluciones.
La iniciativa fue liderada por el docente del programa de Economía, José Luis Ramos, quien explicó que la vinculación de la universidad se dio por invitación de Alix Castro, directora de Capital Social en Triple A y egresada de la Maestría en Desarrollo Social de Uninorte.
“Desde la empresa Triple A siempre se le ha apuntado a la sostenibilidad y dentro de sus iniciativas está poder fortalecer el tejido social donde la empresa tiene injerencia”, señaló Cesár Saavedra, gestor de proyectos de la Fundación Triple A, durante la entrega en el colegio Francisco de Paula Santander, en el municipio de Galapa.

Para el caso de la comunidad del barrio La Inmaculada, tras un proceso de caracterización con sus miembros, identificaron los problemas que requerían soluciones sostenibles. Uno de ellos corresponde al tema de garantizar la seguridad alimentaria. Como respuesta, se propuso la creación de una huerta comunitaria, que finalmente se ubicó en la institución educativa. Debido a las condiciones del suelo, que dificultaban el cultivo directo, se optó por un invernadero para facilitar su desarrollo.
Implementación
Para desarrollar la iniciativa, se capacitó a los docentes en temas como manejo y control de huertas, tipos de semillas, entre otros. Esto ha permitido que estudiantes de décimo y undécimo, junto a profesores de distintas áreas, trabajen de manera conjunta. Según Kailyn Muñoz, docente de Biología y Química de la institución, la huerta funciona como un espacio en el que se fortalecen las habilidades de los jóvenes en relación con su entorno.
Para Keren de la Hoz, estudiante de décimo grado y participante de la modalidad de Promotoría en Manejo Ambiental, la experiencia en la huerta tipo invernadero ha marcado un antes y un después en su formación. Desde el año pasado, ha recibido capacitación en Fundamento Ambiental, Diseño de Proyectos y Promotoría, además de adquirir conocimientos prácticos sobre análisis de suelos, toma de muestras y procesos de reforestación.
Más allá del componente técnico, destacó el cambio en su relación con el entorno, al tomar conciencia del impacto de las acciones humanas en el medio ambiente. Para ella, este proceso no solo fortalece su formación académica, sino que también impulsa a los estudiantes a adoptar hábitos más responsables. “Es importante que cambiemos nuestros hábitos y que adoptemos acciones más conscientes con el medio ambiente”, comentó.
Para David Roa Verdugo, rector de la institución educativa Francisco de Paula Santander, la alianza entre Uninorte y la Triple A ha sido clave por los beneficios que ha traído a la comunidad educativa. Además, resaltó el papel de las ecohuertas en la seguridad alimentaria, al enseñar a los jóvenes a producir alimentos en espacios reducidos.
“Hacer pedagogía y producir nuestros propios alimentos resulta muy importante para nuestra vida, porque seguramente con mucha formación y tecnología, necesitaremos del campo para sobrevivir”, sostuvo Roa.

Por su parte, Saavedra destacó que el objetivo del proyecto es garantizar su continuidad y apropiación por parte de la comunidad educativa. En ese sentido, explicó que la iniciativa busca que los estudiantes fortalezcan capacidades relacionadas con el trabajo en la tierra, la siembra y la seguridad alimentaria, de manera que estos conocimientos se transmitan entre generaciones.
Asimismo, señaló que la intención es que los jóvenes lleven lo aprendido a sus hogares, ampliando el impacto en sus familias y comunidades. “La idea es que este proyecto continúe, sea circular y se desarrollen nuevas iniciativas junto a los docentes para impactar a toda la comunidad”, afirmó.
Otro de los problemas identificados fue la falta de espacios para la disposición de residuos plásticos. Frente a esto, se implementó una estrategia para fomentar el reciclaje y generar conciencia ambiental, así como oportunidades de emprendimiento. En ese contexto, cinco madres de familia comenzaron a elaborar escobas sostenibles a partir de botellas recicladas, que se almacenan en el ecoshut.

“Estas iniciativas nos enseñan mucho, nos fortalecen como seres humanos, nos muestran el valor de la vida desde el comienzo de reciclar para mejorar nuestra salud, nuestro entorno y sobre todo para dejarle un legado a nuestros hijos”, señaló Yelissa Ordoñez, miembro de la Junta de Acción Comunal del barrio la Inmaculada y del Comité Socioambiental de Triple A con Uninorte.
En el caso de Ordoñez, la participación en el proyecto ha sido enriquecedora tanto a nivel personal como comunitario, gracias a los conocimientos adquiridos en economía circular, alimentación saludable y agricultura. Además, destacó que este emprendimiento puede convertirse en una fuente de ingresos para las familias beneficiadas. Actualmente, el proyecto de “ecoescobas” se encuentra en etapa de prototipado y busca acceder a capital semilla.
Para Ramos, una de las principales conclusiones es la importancia de trabajar de la mano con las comunidades para transformar hábitos. “Vale la pena involucrar a todos los actores del entorno, especialmente a los jóvenes, para que contribuyan a cambiar los comportamientos que como adultos hemos normalizado”, concluyó.
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