La Universidad del Norte y la Universidad Militar Nueva Granada, articuladas a
tres asociaciones extranjeras y el Modelo Nacional de Riesgo Sísmico como
referente, han demostrado la utilidad de usar la investigación aplicada para
comprender lo ocurrido en el sismo de Paratebueno, Cundinamarca, el 8 de junio
de 2025. Siguiendo pasos sencillos como visitar el lugar, observar lo ocurrido,
compartir información, calibrar y difundir hallazgos, demuestran cómo la
investigación en ingeniería se hace también para salvaguardar vidas.

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Investigar exige respuestas a preguntas aparentemente sencillas, en este caso pensadas con rapidez y exactitud, que se resuelven mejor con la presencia y la consecuente medición del impacto en campo. Como lo sabe el ingeniero y profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad del Norte, Jorge Archbold, el objetivo final está en encontrar razones y formular nuevos saberes para compartir y enriquecer tanto a las comunidades locales y sus habitantes como al gran espectro científico global. Así de simple y también de importante: observar, preguntar, proponer y probar hipótesis, y compartir saberes –en este caso desde Paratebueno, Cundinamarca–, para quienes trabajan en asuntos relacionados con la construcción y la ingeniería sísmica a nivel local, regional o mundial–, puedan perfeccionar sistemas y encontrar salidas que eviten la repetición de percances probados.


Archbold ilustra la misión en Paratebueno con una analogía poderosa: la labor, junto a Julián Carrillo de la Universidad Militar Nueva Granada (UMNG), fue la de "detectives" científicos.

“Caminamos por las calles y observamos detenidamente las casas, los puentes, las vías y las escuelas para ver cuáles estaban bien y cuáles habían quedado dañadas. Tomamos fotos y notas para no olvidar lo que vimos. Eso nos ayudó a entender cómo diferentes tipos de construcciones resisten o no un temblor”.

El objetivo fue inspeccionar estructuras, documentar daños y comprender cómo diferentes tipos de construcciones fallaron o resistieron el evento sísmico. Esta observación minuciosa y la recopilación de datos son esenciales para formular nuevos saberes y perfeccionar los sistemas de construcción para la seguridad futura. El riesgo sísmico se entiende como un hecho que combina la amenaza sísmica con la vulnerabilidad y posibilidad de que se produzcan daños por movimientos terrestres en un momento determinado. Se convierten en factores de referencia para "tomar cartas en un suceso" a partir, generalmente, de observaciones y acciones de campo que ayudan a proponer soluciones a futuro.

Archbold, especialista encargado del estudio de la fragilidad y vulnerabilidad de las estructuras de concreto reforzado y la mampostería confinada, ha podido observar, presencialmente, éste y los terremotos de México 2017 y Puerto Rico 2020, entre otros. Por su parte, el profesor Carrillo ha participado en brigadas nacionales e internacionales para investigar el daño en estructuras y elementos no estructurales, en algunos casos de manera virtual, después de los sismos en Ecuador (2016), en México (2017, 2020 y 2022), en Mompós (2020), en Taiwán (2022 y 2024) y Myanmar (2025). Experiencias que enriquecen la mirada sobre los llamados movimientos telúricos, en una labor por "comprender de qué manera se comportan las construcciones y la sociedad" cuando ocurre un terremoto, en el caso de Paratebueno "un sismo de magnitud moderada".

Realizan un ejercicio de investigación-acción (Lewin 1944-1946) en el que se planifica, observa, actúa, reflexiona y transfiere a la comunidad prácticas y asuntos que ayudan a reducir el impacto observado, si llegase a ocurrir un evento similar en el futuro.

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Profesor Jorge Archbold en Paratebueno
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Sismo de Paratebueno:
detalles y afectaciones

Carrillo, director del Grupo de investigación en Estructuras y Sísmica del Departamento de Ingeniería de la Universidad Militar Nueva Granada, y Archbold –en nombre de la comunidad científica–, viajaron al centro del país pocos días después del suceso y recorrieron las zonas afectadas por el evento de magnitud 6.4 que se produjo el 8 de junio de 2025 a las 8.08 a.m., con epicentro en el Piedemonte Llanero colombiano, aproximadamente a 15 kilómetros del municipio de Paratebueno. Gracias a estudios previos, los dos profesores sabían que Colombia se encuentra influenciada por la interacción de tres placas tectónicas (Nazca, Caribe y Suramericana) y que la cordillera oriental hacia los Llanos Orientales está catalogada como un lugar de continuos movimientos y rupturas sísmicas (Survey & Paris, 2000) que hacen parte del sistema de fallas del Piedemonte: sólo basta recordar los terremotos de Quetame (2008) y Calvario (2023).

El movimiento del 8 de junio se alcanzó a sentir en lugares relativamente cercanos como Villavicencio, y tan lejanos como Bogotá, a 100 kilómetros del epicentro, y a lo largo de las siguientes 48 horas se registraron 149 réplicas. Una primera observación de las autoridades permitió constatar daños estructurales, sobre todo en edificaciones de poblaciones pequeñas construidas en adobe o apenas reforzadas con estructuras livianas de concreto. Datos recogidos posteriormente permiten constatar el alcance de lo ocurrido en edificaciones, infraestructura, comercio, transporte y servicios básicos.
  • En los sectores rurales de Santa Cecilia, Japón, Medina, y parte de Villanueva y Barranca de Upía:
  • 508 personas se vieron afectadas directamente.
  • 308 casas sufrieron daños, 84 colapsaron y 319 terminaron siendo no habitables.
  • 4 iglesias (tres de ellas en la zona de Medina), 17 centros comunitarios y 8 de salud también presentaron afectaciones.
  • Más de 1400 personas debieron trasladarse a albergues.
Cabe recordar que dos semanas después, el 27 de junio,fuertes vientos afectaron parcialmente varios de los albergues teporales, lo que hace reflexionar en que la amenaza es multidimensional y debe estudiarse considerando diferentes fuentes; tener en cuenta de manera conjunta, por ejemplo, la amenaza. sísmica, con la asociada a fenómenos de remoción en masa (deslizamientos), en conjunto con la amenaza eólica. Sus conclusiones se expresan ípicamente en un marco que le entrega a la sociedad la probabilidad conjunta de verse afectada por diversos fenómenos naturales o de acción atrópica.
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Red global de Información y el Modelo Nacional de Riesgo Sísmico

La respuesta a los interrogantes propios de una investigación resultan esenciales en el presente e igualmente relevantes para mejorar a futuro, y para cumplir con los compromisos adquiridos con distintas organizaciones que hacen parte de una red global de información —en la que están los dos profesores en representación de sus dos instituciones—, cuyo fin es conocer en detalle lo ocurrido, obtener explicaciones adecuadas, recibir patrones para un análisis y estudiar propuestas de solución de tal forma que los hechos —en general estructurales— puedan garantizar seguridades para todos. Claro, incluyendo los cientos de estudiantes de este sector de la cordillera oriental colombiana.

La triple red nacional-global está compuesta por:

  • CEER (Red Colombiana de Investigación en Ingeniería Sísmica).
  • STEER (de Reconocimiento de Eventos Extremos Estructurales, financiado por la National Sanitation Foundation, NSF de EE. UU.).
  • EERI (Instituto de Investigación de Ingeniería Sísmica, con sede en California).

Podría decirse que los tres entes y sus miembros conforman un gran centro de interés, articulado entre sí, con el fin de promover la acción y mantener informada a su comunidad sobre riesgos sísmicos incluyendo observaciones en la materia, de tal forma que se nutra un saber de interés global en fenómenos de esta naturaleza.

Un cuarto componente para la realización de las tareas fue tener como referente el Modelo Nacional de Riesgo Sísmico(MNRS), proyecto gestionado por varias instituciones educativas y que tuvo como coordinador general a Carlos Arteta, director del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad del Norte. El modelo, integrador de tres grandes componentes —amenaza sísmica, exposición y vulnerabilidad de edificaciones—, tiene como objetivo "anticipar la ocurrencia desafortunada de asentamiento donde la vulnerabilidad y la amenaza se combinen de manera negativa, tal que el riesgo sísmico sea alto, es decir donde pueda producirse mayor debido a un evento sísmico", como lo explica el profesor Arteta.

Igualmente cabe destacar que la aplicación de códigos de construcción modernos ha demostrado reducir de forma significativa las pérdidas humanas y económicas en los sismos. Un informe de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) de EE. UU. muestra que, gracias a la actualización de sus normas sísmicas, el país evita cada año cerca de 7 000 millones de dólares en pérdidas, con un costo adicional mínimo en la construcción. Diversos estudios internacionales coinciden en que, por cada dólar invertido en construir o reforzar con criterios sismo-resistentes, se ahorran entre 4 y 11 dólares en pérdidas. Casos como el terremoto de California en 1994 o el de Chile en 2010 confirman que, cuando las normas se cumplen, hay menos colapsos y menos víctimas.

Archbold no duda en reconocer que, en Colombia, por ejemplo, las construcciones más recientes, con diseños de concreto reforzado que cumplen con la norma sismoresistente, han demostrado buen desempeño ante fenómenos de esa naturaleza.

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Calibración del riesgo
sísmico en Paratebueno

En Paratebueno se partió de una pregunta sencilla: cómo se comportaron las estructuras y cuáles podrían ser las fallas estructurales a partir de un movimiento brusco de la corteza terrestre. "Pudimos calibrar", asegura, y tomar decisiones, integrar variables y poner a prueba el significado de transformar lo existente con un propósito. Había un compromiso global y local: "ir al campo, observar y caracterizar las construcciones rurales" e igualmente estaba la necesidad de proponer "mejoramientos de las construcciones". De resolver "a partir de la caracterización de estas"; decidir "validando modelos de riesgo sísmico y documentando daños estructurales", e informar "sobre riesgos sísmicos y fallas estructurales evitables". Se trabajó sobre hechos ocurridos con el foco puesto en entender procesos; "hay demasiadas incertidumbres", recalca Archbold, y los procesos "se deben resolver a gran escala".

En la elaboración de modelos —que dan a conocer los riesgos que existen—, en algunos momentos se reproduce o mantiene lo estipulado; en otros, se rediseña a partir del pensamiento crítico y la innovación. Con la información de datos y en una labor de laboratorio, los investigadores pueden mejorar el modelo e identificar puntos que ayudan a calibrarlo, que se comparten para sofisticar códigos y reglamentos.

Esta tarea constructiva se reflejó en la elaboración de un informe de circulación global para que "la comunidad científica conociera el caso y sacara enseñanzas de ello". Así se motivan investigaciones más profundas que contribuyan a la reducción del riesgo sísmico local y globalmente, sobre todo teniendo en cuenta países con contextos similares.

En uno de sus apartes, el reporte enviado en esta ocasión –que incluye una visión panorámica y una síntesis de lo informado por los medios de comunicación–, señala que el mayor daño (en Paratebueno) se concentró en construcciones residenciales: desde paredes agrietadas hasta el colapso total.

• Muchos colapsos se dieron en casas de un piso, con trabajos de ladrillo y pañete, de albañilería no reforzada.

• Las edificaciones de mampostería con confinamiento, que cuentan con vigas, columnetas, etc. y un espaciamiento de 4.5 metros, no se cayeron.

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El impacto en
las construcciones escolares

Pero un hecho llamó en especial la atención de los investigadores: el impacto en las construcciones escolares. En Paratebueno y en Medina, zonas muy afectadas, se brinda educación en todos los grados de Preescolar, Básica y Media. Según un informe inicial de la Unidad de Gestión y Riesgo, 56 escuelas se vieron afectadas con el sismo de magnitud moderada. Un reporte posterior publicado por la Gobernación de Cundinamarca, el Ministerio de Educación y el Fondo de Financiamiento de la Infraestructura Educativa da cuenta de 87 edificaciones afectadas.

Estado/Lugar Paratebueno Medina
Demolición total 2 10
Demolición parcial 11 9
Daños menores 13 42

Afortunadamente, recalca el profesor Archbold, estudiantes y docentes estaban en día de descanso cuando ocurrió el movimiento. De todas maneras y según fuentes oficiales, se inició un proceso de reconstrucción para el 70 por ciento de las edificaciones del sistema educativo.

Hay 32 sedes en la zona que requieren intervenciones mayores, asegura el informe institucional de julio, que certifica la realización de jornadas informativas para las comunidades y habla de 11 aulas móviles y 9 baterías sanitarias alquiladas, en servicio. Así, para los investigadores, pensar en la educación fue, también, resolver asuntos de solidez estructural.

Entonces: ¿Por qué algunas edificaciones fallaron y otras no?
La secuencia gráfica muestra el estado en el que quedaron las escuelas en Paratebueno, algunas sin daño alguno. Con todo, en el informe oficial de los investigadores se recomienda contribuir a la elaboración de Modelos de riesgo para la infraestructura educativa colombiana, integrando factores estructurales, geotécnicos e indicadores de vulnerabilidad social. Un primer vistazo permitió registrar algunos colapsos estructurales totales en las instituciones educativas. Fue señalado como caso crítico el de la institución Santa Cecilia, localizada a 15 kilómetros de Paratebueno, en la que cuatro edificios se derrumbaron.
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La edificación marcada con el rectángulo amarillo, subraya el informe, y con estructura de concreto reforzado, no sufrió daños a pesar de las aberturas grandes y las columnas cortas. Las que aparecen señaladas en los marcos verdes y rojos, construidos con mampostería no reforzada, se cayeron.
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Enseguida es posible observar lo que produjo el movimiento en otros lugares de la misma Institución. De arriba hacia abajo, edificaciones antes del terremoto, construidas con ladrillos de arcilla perforados horizontalmente y mortero (de cemento); igualmente se ve el resultado al interior y la fachada caída. Es de anotar que el techo no colapsó.
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La siguiente serie de fotografías muestra edificaciones escolares sin daño y estructuras que resistieron el movimiento, con derrumbe parcial del techo. Hay restos de computadores personales, aparatos repartidos por el Gobierno en áreas rurales.
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El daño en las escuelas también se puede observar en el corregimiento de Japón, localizado a 10 kilómetros de Paratebueno, en la siguiente secuencia gráfica.
 
  • La edificación enmarcada en amarillo fue levantada 40 años atrás usando ladrillos.
  • La señalada en rojo es de los años 90 del siglo pasado y tiene concreto reforzado y albañilería: no sufrió mayores daños.
  • Uno más, que utilizó concreto reforzado, se mantiene prácticamente intacto.
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Conclusiones y recomendaciones para un futuro más seguro

Otras recomendaciones estratégicas del grupo de investigación fueron:
· Utilizar más herramientas de visualización, aplicaciones móviles e inspección con drones asistidos por IA.
· Avanzar en una estrategia nacional para el mantenimiento y conservación de los puentes.
· Fomentar una apropiación comunitaria educando en prevención y participación, en especial en las comunidades rurales y en coordinación con autoridades regionales.

Es un llamado a reforzar la cultura de la construcción segura con aplicación de las normas de seguridad establecidas.

Con lo que pasó el 8 de junio de 2025, recalca el profesor Carlos Arteta refiriéndose al Modelo Nacional de Riesgos Sísmicos, podremos calibrar sus resultados con un evento reciente que no fue utilizado para su desarrollo. Es decir, podemos extrapolar los resultados del modelo y verificar la calidad de sus resultados con un evento real.

De acuerdo con Arteta, es importante dar un paso adicional para conformar una red multidisciplinar, que integre saberes de varias disciplinas y enriquezca la aproximación a entender los efectos de los fenómenos naturales. A lo que se une el consejero para evaluación de las necesidades post-desastre del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Julián Carrillo, cuando recomienda que estas experiencias se lleven frecuentemente a clase para mostrarles a los estudiantes de ingeniería civil problemáticas a resolver que tienen que ver con la vida de las personas.

Ahora bien, un sentimiento que llena a quienes realizan este trabajo es confirmar que "lo observado concuerda con lo esperado", como lo dice el profesor Archbold. Saber que hay evidencias claras relacionadas con el impacto y el uso o no de ciertos códigos y modelos. Poder formular recomendaciones a políticas en factores como amenazas, vulnerabilidad, exposición y fragilidad.

Una recomendación final, recalca el profesor Carrillo, es que el gobierno, como interlocutor directo y apoyado en las mejoras detalladas por investigadores en códigos y reglamentos, "tiene la responsabilidad de hacer cumplir lo que sugerimos desde la ingeniería sísmica y estructural; sobrecoge ver que algunas comunidades, a pesar de lo que se ha dicho, siguen construyendo igual". De todas maneras, sofisticar un enfoque sociotécnico para resolver necesidades representa otra manera de poder generar un cambio, con menos afectación humana y económica.